
Dominación totalitaria y recuperación de la agencia ciudadana
A pesar del marcado énfasis determinista que algunos medios internacionales le han tratado de imprimir a al análisis de la crisis del sistema totalitario en Cuba, la situación actual no puede entenderse únicamente en clave de presiones externas, amenazas militares o coyunturas económicas. Aunque estas existen, resultan secundarias frente a un proceso más profundo que solo puede leerse en las fibras del tejido social cubano: un colapso civilizatorio gestado desde dentro, como consecuencia directa de un modelo de vida que ha erosionado progresivamente las bases materiales, morales y simbólicas de la sociedad. En este contexto, la inmovilidad de amplios sectores de la ciudadanía frente al colapso, tiene lecturas que se desgajan del discurso político tradicional, el cual tiende a simplificar la realidad nacional en términos reduccionistas. Es desde ahí que se impone abordar el problema de la indefensión.
La indefensión del ciudadano en el sistema totalitario no puede comprenderse únicamente desde las categorías de represión política o control económico. Si bien estos factores han sido relevantes, resultan insuficientes para explicar la persistencia de conductas de apatía, sumisión y posesión ideológica observable en una parte sustancial de la población.
En trabajos previos, hemos defendido la idea de que el sistema totalitario cubano no solo se sostiene mediante la coerción, la violencia y la fuerza, sino que es soportado además por un entramado persuasivo altamente eficiente, orientado a modelar percepciones, afectando gravemente la subjetividad de la ciudadanía. En este sentido, el aparato simbólico —vehiculado a través del discurso político, los relatos culturales, la educación y los rituales públicos— ha desempeñado un papel central en la configuración de lo que puede denominarse una “indefensión inducida”. Desde un punto de vista operativo el sistema persuasivo totalitario ha sido tan o más eficiente que el sistema represivo para dominar la voluntad del pueblo.
Este fenómeno puede vincularse con lo que la psicología denomina “indefensión aprendida”, concepto desarrollado por Martin Seligman en el que la indefensión no es necesariamente una debilidad del individuo, sino el resultado de experiencias sistemáticas de falta de control que luego condicionan el comportamiento personal.
Sin embargo, en el caso cubano, esta indefensión no surge únicamente de la experiencia repetida de fracaso individual ante el poder, sino de un proceso organizado de distorsión de la realidad que es, en última instancia de naturaleza simbólica. Es decir, no solo se limita a coartar la capacidad de acción del individuo, sino también su capacidad de percibir correctamente su entorno.
La manipulación simbólica, entendida como el conjunto de estrategias destinadas a reconfigurar los marcos de interpretación de la realidad mediante la producción y repetición de símbolos, mitos y narrativas, actúa directamente sobre los mecanismos de percepción. En este sentido, se diferencia de la propaganda y del adoctrinamiento que son tácticas persuasivas más puntuales. Para que exista una verdadera manipulación simbólica la intervención en la consciencia individual y los imaginarios colectivos debe ser sistemática y continuada. Por esa razón, estrictamente hablando, esta forma de manipulación estructural solo es posible en contextos cerrados y fuertementecontrolados por el agente generador del mensaje persuasivo. Justo lo que es un Estado totalitario clásico como el cubano.
Este tipo de control mental tiene consecuencias profundas. En primer lugar, genera una desconexión entre la realidad objetiva y la representación subjetiva de esa realidad. En segundo lugar, produce una parálisis conductual; el individuo no actúa necesariamente porque tema las consecuencias, sino porque no logra conceptualizar alternativas viables o incluso reconocer la naturaleza del problema. En tercer lugar, facilita la internalización de la ideología dominante (posesión), dando lugar a un estado mental en el que el sujeto reproduce activamente el discurso del poder, incluso en contra de sus propios intereses. Este estado de posesión ideológica es precisamente la consecuencia directa de la manipulación (simbólica) sostenida en la esfera de las representaciones colectivas.
Dentro del tejido sociopolítico desformado por la ideología, las conductas de apatía, sumisión o defensa del sistema opresor no deben interpretarse de manera simplista como cobardía o ignorancia, sino como el resultado de este proceso prolongado de intervención realmente invasiva en la psique de la masa.
Otro elemento clave para comprender la indefensión a nivel social es el cierre de las vías cívicas de cambio. La imposibilidad de transformación pacífica refuerza la indefensión y además la legitima simbólicamente, porque la mentalidad del derrotismo justifica la inacción y la sumisión. Cuando el sistema logra presentarse como inmutable o inevitable, como una forma de naturaleza fabricada, la demanda de soluciones externas emerge como una respuesta comprensible a la falta de opciones internas. Sin embargo, esta falta de agencia interior, este traslado de las responsabilidades colectivas a una tercera parte, puede ser un arma de doble filo. No hablamos ya de la dimensión logística, militar o estrictamente política sino, especialmente, de la importante esfera de las representaciones. Un pueblo que nunca ha podido ganar su libertad si no es de la mano de algún actor exterior, nunca será un pueblo realmente libre, al menos no en las profundidades de su imaginario compartido. El efecto que esto causa en la psique de la masa no debe ser menospreciado.
No obstante, es fundamental subrayar que esta indefensión no constituye una esencia del sujeto cubano. Por el contrario, debe entenderse como una “costra simbólica”,resultado de un proceso político específico, que ha demostrado tener una resiliencia difícil de comprender desde el modelo materialista y determinista del análisis político contemporáneo. Esta distinción es crucial, ya que plantea la alternativa de la reversibilidad. Porque demuestra que, si la indefensión ha sido inducida, también puede ser desmontada.
Desde este punto de vista, el desafío central que enfrenta hoy la sociedad cubana más que político, es profundamente ético y civilizatorio: la recuperación de su propia agencia. Superar la indefensión implica desmontar no solo las estructuras colectivistasde control, sino también las formas internalizadas de pasividad, dependencia y delegación de la responsabilidad histórica. Ningún proceso de liberación auténtico puede sostenerse sobre la inercia de una conciencia colonizada. La madurez como pueblo comienza precisamente en ese punto de inflexión, cuando se asume que la libertad no es un acontecimiento otorgado, sino una construcción consciente, sostenida y, sobre todo, propia. Solo entonces deja de ser una aspiración abstracta para convertirse en una práctica antropológica real.
Hay que reconocer que el encapsulamiento totalitario a la masa ha sido tan obstinado que no será fácil de superar, sin embargo, hay esperanzas. Para nuestra sociedad civil, afalta de la fuerza cinética para generar el cambio necesario hacia la auténtica liberaciónde Cuba, se puede ir trabajando en todo aquello que queda fuera del alcance del terror comunista: dígase en los nuevos relatos culturales emancipatorios, la educación cívica y la alfabetización política de la masa, el debate público amplificado en las plataformas sociales digitales y toda forma de agencia criolla cuya agenda sea claramente la superación del régimen opresor. Esto es básicamente lo que se conoce como saneamiento simbólico de la nación. Dos ideas son importantes aquí: la primera es que la dictadura totalitaria se afianzó, no solo mediante su aparato represivo sino, especialmente, a través de su sistema persuasivo ideológico. La segunda es que, para superar la dictadura, será necesario liberar a la masa de ese encapsulamiento, incluso si se lograra la libertad a través de la influencia de terceros actores. Eso tomará tiempo, dinero y esfuerzos, pero es indispensable.
- Fidel Gómez Güell (Cienfuegos, 1986).
- Licenciado en Estudios Socioculturales por la Universidad de Cienfuegos.
- Escritor, antropólogo cultural e investigador visitante de Cuido60.
