Un breve balance del 2018 en Cuba

Lunes de Dagoberto

El año 2018 termina hoy. Estos días en cualquier parte son siempre tiempo de balance y proyectos para el Año Nuevo. También en Cuba, los hijos de esta tierra le damos una nueva oportunidad a la esperanza, aunque la terca realidad nos hunda en la frustración. Se hacen muchos análisis del año que concluye. El 2018 ha sido, quizá, uno de los años más críticos para Cuba. Hay realidades que no podemos ignorar aunque los discursos digan lo contrario. Quiero compartir aquí algunas de mis opiniones en lo generacional, lo económico, lo político, lo social, lo cultural, lo comunicacional:

  1. Balance generacional

Ha ocurrido el cambio de persona al frente del Estado y el Gobierno. Está terminando una generación. El tiempo es inexorable y una generación joven, civil, tecnócrata, va sustituyendo a la llamada generación histórica, anciana, militar y épica. He escuchado a mucha gente sencilla y pegada a la realidad que esperaban junto al cambio de nombre y de cargo, “algo bueno y mejor para el pueblo”. Pero, otra vez, la tozuda realidad dice en voz del pueblo que “la cosa está más mala y peor”. Así de simple pero contundente es la experiencia de lo que se vive. No hay discurso, ni estadísticas, ni balances triunfalistas, ni campañas de maquillaje que puedan convencer a las personas que están viviendo una realidad diametralmente opuesta al discurso y las consignas.

  1. Balance económico

No vamos a recurrir a las cifras siempre complicadas, manipulables y con frecuencia engañosas. Veamos en la cotidianidad. El país ha entrado en 2018 en una situación que ya venía siendo peor, pero que ahora se ha manifestado en toda su compleja gravedad multisectorial. El mismo gobierno ha aceptado la ineficiencia del modelo económico “que no funciona ni para nosotros mismos”, que las inversiones no se amortizan por sí mismas, que no hay ni marco jurídico seguro ni pago de lo que debemos, por lo que no vienen las necesarias inversiones extranjeras directas, la agricultura no es capaz de producir los alimentos necesarios y se importa más del 80% de los alimentos en un país tropical, rodeado de mares y con campesinos laboriosos pero maniatados por falta de recursos, por el monopolio de compras y ventas y por nuevos impuestos. En general, la crisis sistémica ha regresado a nuestros hogares, nunca se ha ido desde hace 60 años, pero ha tenido “períodos especiales” de mayor precariedad. Solo mencionaremos seis palabras que se repiten cada mañana con la incertidumbre, que es la mejor compañera de la escasez: el pan, la harina, los huevos, el agua, el transporte y la vivienda. Esto es lo que puede resumir el año que termina, y está claro que sin cambiar el modelo económico no se podrá salir de este laberinto, ni esperar que la “Cosa” mejore.

  1. Balance político

El 2018 ha estado marcado por el cambio de persona, por justificar mucho que será una continuidad, mientras percibimos que se pone el intermitente para la izquierda y se dobla claramente a la derecha; es decir, a los mecanismos de mercado para tratar de descubrir la imposible cuadratura del círculo. Ya lo dijo el hoy presidente de Vietnam en su visita a Cuba: no se puede construir un sistema socialista sin economía de mercado. Luego, mientras los discursos dicen continuidad, la realidad dice cambio. ¿Cómo puede entenderse que cambio es continuidad? Es lo que se ha querido hacer con el nuevo texto constitucional que nos ha ocupado y preocupado durante la mitad de este año que termina: cambiar la contingencia para mantener la esencia, abrir al debate para decidir en la cúpula, poner parches nuevos en tela vieja, seguir experimentado con todo un pueblo, jugar a lograr el mejor Frankestein. El 2019 abre la posibilidad de decir Sí o No al sistema en su conjunto. Otra persona sencilla de la calle me ha expresado: “Si me he metido 60 años tratando de decir lo que pienso, ¿cómo no voy a escribir en secreto lo que pienso?” Para probar, le pregunté que si no creía que manipularían las cifras. Me dijo: “que las manipulen, los que se engañan son ellos, porque a esta altura todo el mundo sabe qué es “esto”. La que no puede dejar de decir lo que piensa soy yo. ¿Y si resulta que como yo, millones de cubanos se deciden a expresar lo que piensan y a decidir por lo que sienten?”. Este simple diálogo supera cualquier análisis político, y la gente está cansada, agobiada y necesitada, no de cambios políticos solamente, sino de cambios políticos que nos cambien la vida de verdad.

  1. Balance social

El deterioro moral, cultural, laboral, existencial, abarca casi todos los sectores sociales y se expresa, por lo menos, de dos formas aparentemente contradictorias, pero que pueden responder a la teoría de los vasos comunicantes o a la lógica del nacimiento de una nueva vida, o a los dolores de parte de una nueva etapa para Cuba. Esas dos formas son: por un lado, un visible y creciente descontento de la sociedad en general nunca vista, o mejor, nunca oída antes, con peligrosos niveles de irritación y nerviosismo. Y, aparentemente, por otro lado, una constatable capacidad para el consenso y la autoorganización de los más importantes sectores de la creciente y verdadera sociedad civil: cuentapropistas, artistas, taxistas.

En realidad, no son dos realidades: una es consecuencia y posible solución de la primera. Tres botones de muestra: la protesta la mayoría de los cuentapropistas, obligó a cambiar las principales nuevas restricciones al sector privado que, no obstante, necesita eliminar totalmente el bloqueo interno a la iniciativa privada, la libertad de empresas, la libertad de compra y venta, importación-exportación y la abolición de la malquerida “Lista de Permisos para trabajo por cuenta propia” que es medieval y absurda. El sector privado es el test y la prueba fehaciente que lo que funciona bien, es eficiente, crea riqueza y da bienestar de vida, es el sector privado. A seis décadas del experimento de la estatización de la economía, el 2018 se despide con ineficiencia, corrupción, casi recesión, y muestras de dónde está la solución.

El paro de un grupo de taxistas, es la prueba de que el sector transporte tampoco ha podido arreglarse en un largo lapso de 60 años. Son los privados, camiones y almendrones los que están resolviendo el transporte en Cuba. Así de claro. Lo otro no funciona.

  1. Balance cultural

La protesta de un grupo de artistas por el Decreto 349 que intenta limitar, controlar y censurar la libertad de expresión, es otro regalo que nos ha traído el año que termina. Si el sector de los emprendedores y empresarios es decisivo, el sector de la cultura es transversal y concierne el alma de la Nación. Intentar controlar la creación, la libertad de expresión, la difusión y el mercado de las diferentes manifestaciones culturales es colocar el pesado yugo de la burocracia estatal sobre el espíritu de cada artista. Y eso debilita raigalmente a la nación, perjudica la convivencia, disminuye los posibles consensos, lesiona la verdadera unidad que es la libre convivencia de la diversidad. ¿Cómo se puede defender la diversidad de orientación sexual y poner trancas y cerrojos a la diversidad artística, empresarial, política y social? Es una contradicción sin solución de continuidad. Tanto que se repite esta palabra y tan lejos de la realidad que vamos viviendo.

  1. Balance comunicacional

Todas estas realidades anteriores han sido más visibles, más impactantes, convocantes y pueden ser mejor organizadas, gracias al lento pero real acceso a Internet. En efecto, poco a poco, con precios para la mayoría aún inaccesibles, los cubanos hemos comenzado un viaje sin regreso. El viaje a las globales avenidas de la comunicación. Aunque aún parecen para nosotros “caminos vecinales” o nuestra carreteras lentas y llenas de baches, lo cierto es que cada cubano que logre un pequeño acceso a la aldea global podrá ver, comparar, participar, convocar, compartir, anunciar, denunciar, aprender, estudiar sin más censura que la de su “bolsillo”, por cierto bien precario, pero parece ser que sobre todo los jóvenes, que ya están viviendo en el tiempo que les corresponde, priorizan “la conexión para vivir en este mundo”. Puede cuestionarse el uso y la calidad de las comunicaciones. Hay mucho por mejorar, pero es mejor arreglar la casa que habitamos, a fenecer parados ante una puerta cerrada. La puerta de 3G, el internet en los teléfonos para el que pueda, wifi en los parques para otro grupo de menos economía, los centros de acceso para otros, los teléfonos móviles para los que ni siquiera pueden comprarse y raspar una tarjeta, pero que son una cámara fotográfica, una cámara de video, un almacén de información útil en cualquier momento, una grabadora de voz para guardar evidencias y un medio de comunicación que nos acompaña para nuestra seguridad. Todo esto, cada cual a su nivel, nos ha cambiado la vida. Esto sí es un cambio sustancial, aunque aún limitado por la economía personal y nacional. Y en qué momento han abierto. Es lo que faltaba a la sociedad civil independiente, el areópago de la democracia griega redimensionado a escala mundial, la plaza global en la mano de un joven, la esquina de las discusiones vecinales que ahora se abre al mundo.

Por lo que he podido decir resumidamente en esta columna, y por la realidad que supera todo espacio, terminamos el año 2018 con ese complejo sabor agridulce que nos hace saborear mejor el plato fuerte, e incluso degustarlo antes de que comerlo. En mi opinión, 2018 ha sido duro, doloroso y peor, pero como no hay parto sin dolor, quiero centrar mi atención en esas contracciones de alumbramiento, en esos crecientes latidos en el vientre de la Patria, en esa dilatación lenta pero indispensable que anuncia el parto de la vida nueva. Pido a Dios que ese nacimiento de los tiempos nuevos en Cuba sea un parto natural y no una cesárea. Para que 2019, que nos espera para ejercer un derecho cívico extraordinario como es poder decir Sí o No a todo un modelo, un régimen y un sistema, sea un año en que, independientemente de los resultados del referéndum constitucional, veamos en ese proceso que se cumple nuestro derecho y deber de decidir el futuro de la Nación.

Hasta el próximo lunes y el próximo año, si Dios quiere.

Que 2019 sea un año nuevo de Verdad.

 


Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).

Ingeniero agrónomo. Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017.
Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.
Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006.
Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.
Reside en Pinar del Río.

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