Algunos apuntes sobre ideología de género

Foto tomada de Internet.

Hace poco tiempo, una conversación fraternal con un amigo historiador, cuyo pensamiento político —en mi opinión, ideologizado— es afín a la postura de la extrema derecha, me llevó a formularle la siguiente interrogante: ¿Nunca te has detenido a pensar, que, quizás seas tú el que está totalmente equivocado y sean los otros quienes tengamos razón? La respuesta no es lo importante aquí, sino, el sentido metafísico de la propia pregunta. Si la analizamos profundamente, es similar a la que Berkeley pone en labios del personaje Filonús —su alter ego— en el tercer diálogo con Hilas —el alter ego de Locke—: «Y si se demostrase que tú, que sostienes que existe tal materia, eres un escéptico mayor por tener esa opinión y eres más paradójico y contrario al sentido común que yo, que creo que no hay tal cosa?»[1] Miles podrían ser los ejemplos ancestrales de tales cuestiones, pero el resultado siempre nos llevará al rompecabezas de la aporía más famosa: ¿qué es lo primero, la gallina o el huevo? En otras palabras, ontológica y antropológicamente, de todas estas cuestiones brota siempre la misma pregunta: ¿quién tiene la razón? Por consiguiente, dentro de la amplia gama de variantes teóricas o hipotéticas referentes a la sexualidad, ¿cómo distinguir la episteme de la doxa?, es decir, ¿quién tiene las certeras respuestas y quién solo propone falacias?

La pregunta parece una tontería, pues cualquiera podría sugerir —teniendo en cuenta la sumisión actual del hombre a los dioses postmodernos— que solo la ciencia posee la verdadera respuesta a la polémica actual sobre la sexualidad. Esa sería una de las tantas y posibles contestaciones, que, comúnmente, podemos encontrar. Sin embargo, si analizamos este fenómeno de la postmodernidad, es fácil percibir la complejidad que lo anima. Hay, no solo motivaciones jurídicas —la defensa de los derechos de las comunidades minoritarias de diversas orientaciones sexuales agrupadas bajo las siglas LGBT, las feministas, etc.— detrás de ello, sino también, intereses políticos y económicos. Así es que, como toda ideología, la de género también está marcada por un trasfondo de manipulación y falseamiento de la realidad. Por ello, este ensayo presenta como objetivo demostrar la irracionalidad de la ideología de género a partir del análisis de algunas de sus concepciones teóricas más radicales. Se sustentará teóricamente en textos importantes sobre esta temática, tanto de origen católico como no religioso; pues, todos formamos parte del mundo actual y la diversidad de perspectivas puede contribuir al esclarecimiento de tan complejo asunto.

Es curioso el hecho de que, si observamos detenidamente el fenómeno de la ideología de género, esta no es más que otra de las tantas manifestaciones postmodernas que han surgido a partir del siglo pasado. Ha habido todo un despertar de creencias y tendencias ideológicas en sustitución a los grandes relatos o metarrelatos que regían la modernidad. Ha cambiado la weltanschauung. Esto ha llevado a diversos grupos de carácter minoritario, pero que hoy han alcanzado proporciones sorprendentes, a luchar por su derecho a ocupar un sitio digno en este mundo. No obstante, de la lucha por los derechos humanos en la actualidad se ha pasado a una lucha absurda, que ha invertido la discriminación en lugar de eliminarla. Han surgido nuevas concepciones con novedosas propuestas que rechazan y niegan las categorías tradicionales sobre el sexo. Todo lo relacionado con el tema de la sexualidad se ha puesto en duda con argumentos, a veces contundentes; pero muchas otras, de forma irracional y absurda. En ese sentido: se dice que lo «queer» es parte de un movimiento «post-identitario», es decir, de un movimiento que pone en cuestión todo tipo de identidad. De modo que lo queer sería inclasificable dentro de las categorías de «hombre», «mujer», «gay», «lesbiana». Al contrario: lo queer rechaza de plano que exista algo como un hombre, una mujer, un gay o una lesbiana. De ahí que […] Preciado afirme que «ser marica no basta para ser “queer”: es necesario someter su propia identidad a crítica».[2]

Para entender esta condición post-identitaria, es preciso tener en cuenta que la ideología de género pretende librar al ser humano de sus exigencias corporales. En dicha ideología, los seres humanos se consideran completamente autónomos —no hay religión, filosofía, ciencia, ni doctrina política que los identifique o someta—, además, tienen la concepción de que se autoconstruyen o autocrean a sí mismos: son sus propios dioses. Esto se explica a partir de lo que ellos conciben como identidad sexual. Antes de explicar la concepción de sexualidad según la ideología de género, es menester abordar el criterio de los sexólogos al respecto. Tales especialistas distinguen tres aspectos vinculados entre sí que consolidan la identidad sexual de una persona: el sexo biológico, determinado por los cromosomas XX femeninos y XY de los varones; el sexo psicológico, que implica las vivencias síquicas como mujer u hombre y generalmente coincide con el biológico; y el sexo sociológico, emparentado con la percepción del sexo a partir del entorno. También existen diferencias notables entre la identidad sexual, la orientación sexual y conducta sexual; a lo que se suma el hecho biológico de la diferencia anatómica entre la mujer y el hombre: solo la mujer puede ser madre y únicamente el hombre puede ser padre.

Contra todos estos conceptos se opone la ideología de género, la cual «defiende que las diferencias entre el hombre y la mujer, a pesar de las obvias diferencias anatómicas, no corresponden a una naturaleza fija, sino que son unas construcciones meramente culturales y convencionales, hechas según los roles y estereotipos que cada sociedad asigna a los sexos».[3] O sea, que, para la ideología de género, se es mujer u hombre porque la sociedad —debido a condicionamientos sociales de rigor antiquísimo— ha impuesto, a lo que considera sexo femenino y a lo que denomina sexo masculino, determinados roles sociales que responden a patrones de conducta social aprendidos de forma mimética. Además, para colmo de la polémica ya generada, establece una distinción entre sexo y género. Para figuras importantes dentro de esta ideología, como la post-estructuralista Judith Butler, el género es simplemente una construcción cultural, no es una derivación del sexo y ni siquiera es tan fijo como este. Esto significa, que, para esta ideología —como para Butler, la palabra «sexo» limita al ser humano a su condición biológica de hembra o varón; no obstante, el término género es más abierto y admite mayor variedad: femenino, masculino, neutro y otros (como el actual pansexualismo o el poliamor, etc.). Dicho de otra manera, se busca eliminar las ancestrales categorías sexuales, derivadas de la biología, e imponer otras mucho más abarcadoras. Hasta este punto, todo parece lógico e, incluso, justo. Porque no es menos cierto que durante años ha habido un sector social marginado que ha sufrido el desprecio y la discriminación, no solo verbal, sino también violenta: se ha llegado al extremo del asesinato. Ahora bien, ¿Dónde está el punto de inflexión que conlleva a la crítica respecto a la ideología de género? Pues, en los aspectos radicales y absurdos que defienden algunos de sus postulados teóricos. Por ejemplo, el simple hecho de negar las categorías del sexo e imponer, en su lugar, la de género, aludiendo a la idea de que todo esto no es más que una construcción social, es también otra forma de discriminación. Solo que esta vez la discriminación está dirigida hacia los heterosexuales y otros.

La hipótesis de que el género es totalmente independiente del sexo, le otorga al primero una libertad absoluta, que va más allá de los límites naturales de los seres humanos. Tal libertad implica, que, al referirse tanto a varón como a masculino, se puede estar aludiendo a un cuerpo de mujer o a uno de hombre, y viceversa. O sea, si ya se ha negado la categoría de sexo, el género, entonces, asume cualquier categoría que se le quiera imponer. Lo más preocupante de esto no es solo el grave error antropológico de esta ideología, sino, que detrás de ella se esconden intereses políticos. Sobre esto, Juan Varela comenta que:

la ideología de género es una ideología política de corte neomarxista y sesgo totalitario, que defiende que las diferencias entre el hombre y la mujer, a pesar de la obviedad anatómica y biológica, no corresponden a una naturaleza fija, sino que son construcciones culturales y convencionales, que responden a roles y estereotipos que a lo largo de la historia la sociedad ha ido creando. En torno a este discurso se desarrolla toda una maquinaria sociopolítica que […] actúa como ideología impuesta en muchos países, e incluye multas e inhabilitación profesional a quienes se opongan o la critiquen.[4]

Valera explica que dicho corte neomarxista de la ideología se debe a una serie de acontecimientos trascendentales del siglo XX, como la desaparición de la URSS y el muro de Berlín. Al perder fuerza el comunismo tras estos hechos, no le quedó otro remedio a la ideología marxista que sustituir la lucha de clases por la lucha de sexos. Esta oposición también se estableció contra la familia tradicional, que los comunistas asocian al capitalismo de la burguesía. Por eso apoyaron movimientos como el feminismo y otros que, con el paso de los años, se han transformado en ideologías retorcidas y banales. El feminismo, como movimiento emancipador de la mujer, que defiende todos sus derechos, es digno de seguir y apoyar, pero existen otras variantes radicales de este movimiento que propugnan la superioridad de la mujer sobre el hombre, no la igualdad. ¿Acaso no es esto otro tipo de discriminación? De hecho, es absurdo e irracional. La idea brillante sería defender la igualdad tanto de hombres como de mujeres,[5] pues ambos son seres humanos, con sus respectivas diferencias, pero que poseen su dignidad. Este feminismo radical ha llegado a proponer la desaparición del hombre. ¿Cómo se reproducirían los seres humanos entonces? Inseminación in vitro, sería una respuesta. Bueno, así solo se eliminaría el contacto sexual, pero, ¿de dónde proviene la semilla para fecundar los ovocitos femeninos sino de un hombre? De cualquier forma, ambos se necesitan para que perdure la humanidad, de lo contrario, solo nos queda la extinción. No obstante, el feminismo radical —como la cultura queer— es solo una de las tantas vertientes o tendencias de la ideología de género.

Es difícil definir realmente quiénes forman o no parte de la ideología de género, pues no se puede absolutizar diciendo que todos los movimientos feministas o de la LGBTI están ideologizados. Por otro lado, no es menos cierto que dentro de esa ideología puede estar inmersa cualquier persona, incluso, una heterosexual. Solo basta que se crea los postulados de tal ideología —como puede ocurrir con los comunistas recalcitrantes o un consumidor empedernido en una sociedad de consumo— para ser parte de la misma falacia. Sintetizando, se podría decir que la ideología de género aspira lograr los siguientes objetivos:

  • Liberar al ser humano de las limitaciones de su biología.
  • Conseguir la desaparición de la familia natural y su sistema opresor.
  • Abolir la cultura judeocristiana, su ética y sus valores obsoletos.
  • Imponer la sociedad igualitaria en el nuevo orden mundial.[6]

Desde el siglo XIX, el hombre ha ido atacando los diferentes órdenes sociales que mantenían unida a la sociedad bajo una serie de principios de carácter normativos y universales. La dimensión espiritual del ser humano se vio truncada por el materialismo dialéctico del marxismo. La proclama de la muerte de Dios por parte de Nietzsche resquebrajó los principios de la moral y la ética cristianas, dando lugar a un nihilismo extremadamente pesimista del que se ha nutrido el pensamiento postmoderno. El auge del ateísmo, como derivación del marxismo, ha contribuido al desasosiego actual de una sociedad postmoderna, postatea y posthistórica, que ya no sabe ni en qué creer. La simbólica muerte de Dios nietzscheana ha dejado un vacío profundo, que los seres humanos aún no han logrado rellenar ni superar. No importan los nuevos dioses. De nada sirven las comodidades que la tecnología ofrece al hombre postmoderno: hay carencias espirituales que no son sustituibles con nada. Esta es la situación idónea para el auge de las ideologías. Es por eso que, con el avance del reloj, es más preocupante las dimensiones que ha alcanzado la ideología de género.

Hace tan solo unas décadas, la homofobia era prácticamente una pandemia, que —con mucha justeza— se combatió hasta alcanzar, si no erradicarla, por lo menos disminuirla. ¿Cuál será la pandemia en el futuro? ¿La heterofobia? ¿La fobia al sexo —o género— masculino u otras? En mi opinión, las libertades humanas deben tener sus límites y esos límites deben estar regidos por la ética y la moral, no por una normativa gubernamental o una ley inútil que solo existe porque está plasmada en un documento oficial. Ahora bien, ¿Cómo lograr este objetivo? Ese es el gran problema que aún carece de solución, porque todos somos diferentes y cada cual aspira a lograr sus metas, la mayoría de las veces, sin importar el bien o el mal ajeno que podamos provocar.

Bibliografía

Berkeley, G: Tres diálogos entre Hilas y Filonús. Disponible en: http://www.robertexto.com/archivo14/hilas_filonus.htm. Consultado: enero 3, 2020.

Burguete Miguel, E. E.: «Revisión crítica de la ideología de género a la luz del realismo metafísico», Cuadernos de Bioética, 29(95):25-37, 2018. Disponible en: https://www.ucv.es/oferta-academica/grados/. Consultado: enero 5, 2020.

Congregación para la Educación Católica (de los Institutos de Estudios): «Varón y mujer los creó». Para una vía de diálogo sobre la cuestión del gender en la educación, Ciudad del Vaticano, 2019.

Foro Español de la Familia: ¿Qué es la ideología de género? 20 preguntas y respuestas, España. Disponible en: http://www.alianzajm.org/IMG/pdf/20-. Consultado: enero 5, 2020.

Márquez, N. y Agustín Laje: El libro negro de la nueva izquierda. Ideología de género o subversión cultural, Unión Editorial-Centro de Estudios LIBRE, Argentina. Disponible en: http://www.prensarepublicana.com. Consultado: enero 3, 2020.

Mena-López, M. y Fidel Mauricio Ramírez Aristizábal: «Las falacias discursivas en torno a la ideología de género», Ex æquo, (37):19-31, Colombia, febrero, 2018. Disponible en: http://exaequo.apem-estudios.org/files/. Consultado: enero 5, 2020.

Paccini, R.: «Ideología de género en América Latina», FOCUS 3, VIII (17): 19-22, 2015. Disponible en: http://ucsp.edu.pe/cpsc/wp-content/. Consultado: enero 4, 2020.

Varela, J.: Origen y desarrollo de la ideología de género, fundamentos teológicos del matrimonio y la familia, Alianza Evangélica Española, Barcelona. Disponible en: http://www.aeesp.net/wp-content/uploads. Consultado: enero 2, 2020.

[1]George Berkeley: Tres diálogos entre Hilas y Filonús, p. 2.

[2]Nicolás Márquez y Agustín Laje: EL libro negro de la nueva izquierda. Ideología de género o subversión cultural, p. 63.

[3]Foro Español de la Familia: ¿Qué es la ideología de género? 20 preguntas y respuestas, p. 2.

[4]Juan Varela: Origen y desarrollo de la ideología de género, fundamentos teológicos del matrimonio y la familia, p. 8.

[5]Esto, teniendo en cuenta que aún persiste la postura machista ancestral, que también es preciso eliminar.

[6] Ibíd., p. 12.

 

 


Magdey Zayas Vázquez.

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