EL ACUERDO CON LA MLB: SE IMPUSO LA PELOTA “ESCLAVA”

Foto tomada de Internet.

En diciembre de 2018, cincuenta y siete años después de prohibirse la pelota profesional en Cuba, la Federación Cubana de Béisbol (FCB) y las Grandes Ligas de Béisbol de Estados Unidos (MLB), suscribieron un acuerdo que estipula la contratación de peloteros cubanos por los equipos de Grandes Ligas sin perder su residencia en Cuba, ni su vínculo con el béisbol cubano.

En el artículo Tras el Acuerdo, play ball, publicado en Juventud Rebelde el 23 de diciembre de 2018, Norland Rosendo escribió: “…Que se haya logrado que los jugadores de nuestro país puedan llegar a la MLB y las ligas asociadas a ella de manera ordenada, segura y legal y sin tener que emigrar es un éxito rotundo, celebrado por los amantes de este deporte”.

Es cierto que el acuerdo es celebrado por los amantes de este deporte, al menos por la mayoría.

Decir que con este convenio los peloteros puedan llegar a las Grandes Ligas de manera ordenada, segura y legal sin tener que emigrar es un rotundo éxito, es una verdad a medias. Veamos la otra media verdad.

En junio de 1947 se suscribió un acuerdo con el cual la Liga Cubana pasó a ser un circuito subsidiario de las Grandes Ligas. Los peloteros cubanos, al quedar sujetos a las normas del béisbol profesional, no podían jugar en Cuba, como le sucedió a Orestes Miñoso al firmar con el Cleveland. Sin embargo, el reclamo de la parte cubana obligó a modificar el acuerdo y los cubanos volvieron cada año a la Liga Cubana. Antes y después del acuerdo de 1947 los peloteros cubanos contratados emigraban de manera ordenada, segura y legal. Omitir esa realidad es negar la historia de la pelota cubana.

El acuerdo de diciembre de 2018 no puede ocultar el fracaso de la política trazada después de 1961: el regreso a la pelota profesional, que desacertadamente se calificó como esclava y se expulsó de Cuba. Por ello es oportuno repetir:

– Que procedente de Estados Unidos la pelota irrumpió en Cuba en el siglo XIX. En diciembre de 1878 -hace 140 años- se creó la Liga Profesional CubanadeBéisbolyesemismomessejugóelprimer partidooficial.Afinesdeesesigloyaexistíanunos 200 equipos y decenas de publicaciones dedicadas a la pelota. La tendencia al profesionalismo ya estaba presente.

– Que en las primeras décadas del siglo XX existían cuatro circuitos: el profesional; el semiprofesional, con equipos patrocinados por empresas privadas; el de los centrales azucareros; y el de la pelota amateur, que se jugaba en los clubes sociales. En 1939, tres meses después de inaugurado el famoso Hall de la Fama de Cooperstown, abrió sus puertas el Salón de la Fama de Cuba. En 1960 ya la Isla tenía 98 jugadores en Grandes Ligas y 68 habían sido elegidos para el Salón de la Fama; la Liga Cubana era el circuito principal en América Latina.

– Que los cubanos jugaban en Estados Unidos y ganaban topes con equipos profesionales. En 1911 Armando Marsans y Rafael Almeida jugaron en las Grandes Ligas; José de la Caridad Méndez le propinó lechada a equipos como los Rojos del Cincinati, el Detroit y el Filadelfia; en 1920 Cristóbal Torriente le ganó al destacado Babe Ruth con cuatro extrabases, entre ellos tres jonrones; Martín Dihigo era toda una leyenda beisbolera; Adolfo Luque, Miguel Ángel González y varias decenas de peloteros cubanos marcaron la historia del béisbol de Grandes Ligas con sus hazañas.

– Que la influencia de los topes con los mejores del mundo se reflejó en la calidad que adquirió la pelota profesional cubana. La primera edición de la Serie Mundial de Béisbol Amateur se celebró en Londres en 1938, de las cinco siguientes, efectuadas en La Habana, los cubanos se impusieron en cuatro. En la Serie del Caribe, de las doce primeras ediciones -iniciadas en 1949- Cuba ganó siete. Los Cubans Sugar’s Kings1, ganaron en 1959 la llamada Pequeña Serie Mundial en el estadio del Cerro frente al equipo de Minnesota-Saint Paul: Cuba devino segunda potencia mundial de béisbol.

– Que en la pelota profesional se eliminaron las barreras raciales, tanto en los campeonatos profesionales como en los circuitos de los centrales azucareros. En esa pelota -explica Roberto González Hechevarría2– comenzaron a jugar los negros más talentosos en equipos mixtos que, por la mayoría de sus características, eran profesionales.

– Y que el proceso de estatización y desmantelamiento de la sociedad civil, iniciado con la Revolución en 1959, alcanzó la pelota en 1961. Ese año se creó el Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación (INDER) y un mes después se emitió el Decreto 936, que prohibió tanto el deporte profesional como las trasmisiones televisivas y los topes con equipos de Grandes Ligas: la pelota quedó subordinada a la política y a la confrontación con Estados Unidos.

A partir de 1961, sin economía propia, gracias a las subvenciones soviéticas, Cuba estableció una supremacía en las competencias amateurs internacionales, que se calificó como la victoria de la pelota libre sobre la pelota esclava.

En enero de 1962 el líder de la revolución expresó:

“algún día cuando los yanquis se decidan a coexistir con nuestra patria, también los venceremos en béisbol, y entonces podrá comprobarse la ventaja del deporte revolucionario sobre el deporte explotado”.

En junio de 1966, en la bienvenida a la delegación deportiva que asistió a los X Juegos Centroamericanos y del Caribe, dijo: “…se demostró allí que el profesionalismo conspira contra el deporte, que el profesionalismo es una antítesis del deporte como instrumento de la cultura, que el profesionalismo arruina el deporte; y que solo una concepción revolucionaria del deporte… permite los mejores frutos”.

En enero de 1967, en la clausura del desfile militar, expresó: “Se erradicó el deporte profesional, y sobre todo, se erradicó en aquel deporte, que era uno de los más populares: la pelota. Y jamás se soñó que una masa tan enorme de ciudadanos practicara ese deporte, que se pudiera alcanzar en tan breve tiempo tan extraordinaria calidad. Pero lo más interesante es que jamás ningún deportista profesional cuyo negocio es el deporte, jugó con tanto entusiasmo, con tanta entereza, con tanto coraje, como el que llevan a cabo nuestros deportistas, que no son profesionales”.

En agosto de 1971, en el acto de resumen de solidaridad de la Federación Mundial de Juventudes Democráticas y la Unión Internacional de Estudiantes con la Revolución Cubana, dijo: “…¿Qué interés podemos tener nosotros ahora, en un momento de auge, del movimiento revolucionario en América latina, en ningún tipo de acercamiento con el imperialismo y con la OEA?…”

Y en octubre de 1975, en el homenaje a la Delegación Deportiva a los VII Juegos Panamericanos, sentenció: “el deporte, como la educación, como la salud pública, como la cultura general, responde a las nuevas condiciones de la Revolución. De modo que si en otros países de América latina no existe la revolución social,nosedesarrollalarevoluciónsocial;pormucha técnica; por muchos entrenadores que contraten; por muchas cosas que inventen, no podrán obtener los éxitos que obtiene Cuba en el deporte.

Mientras no erradique el profesionalismo y la corrupción que el profesionalismo conlleva, no podrán realizar ningún papel destacado en los deportes”.

Fue, pues, con las prohibiciones, que se inició la huida desordenada, insegura, ilegal y la prohibición de regresar al país. En la estampida algunos perdieron la vida, a otros les confiscaron propiedades -como ocurrió a Humberto “Chico” Fernández3- con un edificio de apartamentos, todos dejaron atrás a familiares y amigos y muchos de ellos nunca más volvieron a verlos. En 1980 un grupo escapó por el puerto de Mariel, entre ellos el jardinero industrialista Bárbaro Garbey, quien en 1984. A partir de 1991, después que el estelar pitcher René Arocha -primero que abandonó un equipo oficial después de 1959- siguieron Ariel Prieto, Osvaldo Fernández, Liván Hernández, Luis Rolando Arrojo, Vladimir Núñez y Roberto Colina, por solo mencionar seis. Por cada “desertor”, otros muchos lo deseaban pero no se atrevieron, entre otras razones por temor al destierro definitivo.

Un caso ilustrativo es el de Orestes Miñoso, quien se inició en el circuito semiprofesional con el equipo del Central España. Jugó de 1946 a 1960 con los Tigres de Marianao. En Estados Unidos jugó con los New York Cubans y debutó en las Ligas Mayores con los Indios de Cleveland. Jugó con los Medias Blancas de Chicago, con los Cardenales de San Luis y con los Senadores de Washington. Fue exaltado a los salones de la fama del béisbol cubano de Miami; del Caribe, de México y en diciembre de 2014, gracias a la iniciativa de un grupo entusiasta de la pelota cubana que lograron rescatar el Salón de la Fama del Béisbol Cubano e incorporaron a Miñoso y al pitcher Camilo Pascual, pero el INDER no los invitó a la ceremonia de exaltación. Miñoso murió el 1 de marzo de 2014, a los 91 años de edad, sin que se le permitiera ver por última vez la tierra que lo vio nacer. A Camilo aún no lo han invitado.

Otro efecto es la pérdida de popularidad ante el fútbol, un daño que tiene una estrecha relación con la prohibición de las trasmisiones televisivas de la pelota profesional y la amplia cobertura brindada a los campeonatos de fútbol. Por ejemplo, durante la Copa Sudáfrica 2010, a las trasmisiones desde algunos hoteles se unieron centros como el cine Yara. En 2014 se instalaron pantallas gigantes en el estadio Pedro Marrero y en la Ciudad Deportiva, mientras varios bares y cafeterías trasmitieron los juegos para atraer usuarios. Resultado: el fútbol desplazó en buena medida a la pelota.

Al día siguiente de culminar la Copa de fútbol 2014 en Brasil, comenzó la Semana de las Estrellas del Béisbol en Estados Unidos. En el Derby de Jonrones y en el Juego de las Estrellas participaron cinco cubanos: Yoenis Céspedes, Aroldis Chapman, Alexei Ramírez, Yasiel Puig y José Dariel Abreu, quienes brillan en la constelación de estrellas de la Liga Americana y de la Liga Nacional de ese país. Sobre ese acontecimiento  la prensa oficial decretó el silencio. De esos cinco cubanos, tan destacados a nivel mundial como los mejores futbolistas, nada se dijo en Cuba.

Al comenzar los choques con la pelota esclava -cuando la Unión Soviética había desaparecido- el espejismo de la supremacía no demoró en esfumarse

En la primera versión del Clásico (2006), Cuba ocupó el segundo lugar; en la segunda (2009), pasó al quinto lugar; en la tercera (2013), repitió la quinta posición; y en la cuarta (2017), no pudo clasificar. En los topes con las selecciones universitarias de Estados Unidos, a las cuales Cuba había derrotado en 8 de 10 ediciones entre 1987 y 1996, sin embargo, al reanudarse los topes entre 2012 y 2018 los noveles estadounidenses se impusieron en 5 de 7 oportunidades, incluyendo dos barridas. Esos y otros fracasos aconsejaban hace tiempo retomar el camino abandonado, pero la subordinación a la política y la ideología lo impidieron.

En septiembre de 2013, por razones económicas y por el deterioro de la pelota, el INDER, sin reconocer que la prohibición había sido un grave error, comenzó a contratar peloteros cubanos para alquilarlos a ligas de países como Japón y México.

En 2015 -durante la administración de Barack Obama- se anunció que los peloteros cubanos para ser contratados por los equipos de la MLB, solo tendrían que firmar una declaración confirmando que han adoptado residencia permanente fuera de la Isla. Antes de este anuncio, los cubanos que desertaban tenían que obtener la licencia de la Oficina de Control de Bienes Extranjeros, adscrita al Departamento del Tesoro, y/o radicarse en un tercer país para poder negociar como agentes libres; pero esta opción, que facilitaba el ingreso a las Grandes Ligas, no aportaba beneficios al Estado cubano.

En diversas oportunidades funcionarios norteamericanos han planteado que la FCB es una organización gubernamental. En respuesta a esos planteamientos, en el programa televiso Mesa Redonda, en la primera semana de enero 2019, el presidente de la FCB, Higinio Vélez, dijo: “La Federación existe desde hace algunos años y está reconocida por organismos como la Federación Mundial de Béisbol y Softbol, la Confederación Panamericana de Béisbol y otros organismos internacionales que rigen los destinos de este deporte”. Pero ni la existencia desde hace algunos años, ni el reconocimiento por los organismos mencionados por Higinio, demuestran que la FCB es una organización no gubernamental.

La Dirección General de Deportes, que había sido creada en la década del 40 del pasado siglo, pasó a ser dirigida en 1959 por el capitán del Ejército Rebelde, Felipe Guerra Matos. Luego, desde 1961, con la creación del INDER, como reza el Decreto 936 de 1961, su director será nombrado por el Presidente de la República, que es lo que ha ocurrido desde la presidencia de José Llanusa Gobel en 1961 hasta la de Antonio Becali en la actualidad, mientras la FCB es subordinada al INDER y por tanto al gobierno, como ocurre prácticamente con todas las organizaciones que existen legalmente en Cuba.

Como el carácter gubernamental de la FCB podría poner en peligro tan importante acuerdo, lo aconsejable sería que el gobierno cubano, al igual que ha decidido regresar a la pelota profesional, permita el renacimiento de la sociedad civil y la participación privada, libere la FCB del control del Estado y establezca la transparencia necesaria para que el dinero que se recibirá por cada pelotero contratado se invierta, realmente, en el mejoramiento del deporte.

El acuerdo suscrito el 19 de diciembre es un triunfo del deporte, no de los que declararon la guerra a la pelota “esclava”. Al igual que la economía, la educación y la cultura, la eliminación de la pelota profesional y la calificación de traidores a los cubanos que decidieron correr suerte para mejorar su vida y la de sus familias, constituye una página que no se puede borrar de la historia y que no debe repetirse.

Referencias

1 En 1946 que jugó en la Liga Internacional de La Florida. En 1954 Bobby Maduro compró la franquicia que George P. Foster había montado en Cuba con el nombre de Habana Cubans y le cambió el nombre por el de Cuban Sugar ́s Kings para participar en la Liga Internacional de nivel triple A, afiliada a los Rojos del Cincinati.

2 González Hechevarría, Roberto. La gloria de Cuba; historia del béisbol en la isla. Madrid, Editorial Colibrí, p. 200. 3Humberto Fernández, uno de los grandes torpederos cubanos. Debutó con el equipo Cienfuegos, jugó durante varias temporadas en Grandes Ligas, fue exaltado al salón de la Fama cubano de Miami y murió el 11 de junio de 2016.

 


Dimas Cecilio Castellanos Martí (Jiguaní, 1943).
Reside en La Habana desde 1967.
Licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad de La Habana (1975), Diplomado en Ciencias de la Información (1983-1985), Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos en el (2006).
Trabajó como profesor de cursos regulares y de postgrados de filosofía marxista en la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Habana (1976-1977) y como especialista en Información Científica en el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (1977-1992).
Primer premio del concurso convocado por Solidaridad de Trabajadores Cubanos, en el año 2003.
Es Miembro de la Junta Directiva del Instituto de Estudios Cubanos con sede en la Florida.
Miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Convivencia (CEC).

Scroll al inicio