Dr. Octavio R. Costa: El decano de la cultura cubana en el exilio

Foto del Archivo Fotográfico de Octavio R. Costa.

Este verano se conmemoró el 110 aniversario del natalicio del Dr. Costa, por lo cual es oportuno recordar a quién, en vida, llegarían a considerarlo “el decano de la cultura cubana en el exilio”.

Octavio Ramón Costa y Blanco nació en San Cristóbal, Pinar del Río, el 12 de junio de 1915. Estudió derecho en la Universidad de La Habana, graduándose en 1940. En ese año empezó a trabajar como asistente del reconocido y recordado estadista cubano y entonces senador Emeterio Santovenia y Echaide, con quien trabajó hasta 1952. Natural de Pinar del Río como el Dr. Costa, Santovenia, miembro del ABC, también se destacó en la Republica como ministro de Estado, historiador y ensayista. Escribió la biografía de su mentor, “Santovenia: Historiador y ciudadano”, en 1944. Desde este momento, el Dr. Costa demostró sentirse más a gusto como biógrafo, género literario en el cual demostró gran proeza.

En los próximos años escribió los siguientes libros:

  • Unidad (1944)
  • Diez cubanos (1944)
  • Rumor de Historia (1950)
  • Suma del Tiempo (1950)
  • Hombres y destinos (1954)

Sus libros, “Antonio Maceo: El héroe” (1947) y “Juan Gualberto Gómez: Una vida sin sombra” (1949), ganaron concursos biográficos convocados por la Academia de Historia de Cuba. En 1950 también escribió “Manuel Sanguily: Historia de un ciudadano”. Todos estos libros, más “Hombres y destinos”, fueron republicados en el exilio. En 1949 ingresó como miembro de la Academia de Historia de Cuba.

En 1951, el Dr. Costa asumió la presidencia del PEN Club de Cuba, el cual presidió el durante los convulsos años que estremecieron Cuba tras el golpe de estado del general Fulgencio Batista Zaldívar, el 10 de marzo de 1952 y los sucesos tras el comienzo de la insurrección cubana, iniciada con el ataque al Cuartel Moncada el 26 de julio de 1953. Sin embargo, cabe destacar que durante esta época el PEN Club cubano se mantuvo trabajando, realizando actividades y publicando obras, entre ellas Estampa en claroscuro: A orillas del Amstel, de Juan Manuel García.

Durante su extensa vida literaria, el Dr. Costa dejó de escribir libros, dedicándose más al periodismo. Después de la publicación de “Hombres y destinos en 1954”, no volvió a escribir un libro en tres décadas. Sin embargo, fue nombrado editor del suplemento cultural del Diario de la Marina, llego a dirigir el periódico ll a partir de 1955. En esta época, el Dr. Costa intervino en tres reuniones de la Sociedad Interamericana de Prensa, o SIP, celebradas en Nueva Orleans, La Habana y Washington, D.C.

Lo que pocos saben es que trató de incursionar a la política, postulándose a representante a la Cámara en 1958, con el número ocho, por el Partido Acción Progresista, elecciones que perdió.

Con la llegada del castrismo al poder el 1 de enero de 1959, las organizaciones no-gubernamentales como el PEN Club quedaron marginadas, convirtiendo de esa manera al Dr. Costa en el último presidente del PEN Club en Cuba. Algunos de los miembros del PEN cubano escogieron convertirse en acólitos de la nueva dictadura, mientras que otros se vieron forzados a exiliarse y otros sufrieron prisión por no dejar su labor literaria. El Dr. Costa partió al exilio, estableciéndose durante muchos años en Los Ángeles, California. En 1960 fue nombrado director de periódico La Prensa, de San Antonio, Texas, y editor del periódico La Opinión, en el cual publicó sus crónicas diarias en la sección de “Instantáneas” durante 30 años.

A partir de 1961, el Dr. Costa incursionó en la docencia, impartiendo clases en Mount Saint Mary College, en el Doheny Campus, en California State University, en Glendale College, y en el East Los Ángeles College.

Eventualmente, el Dr. Costa se mudó a Miami, y en 1987 comenzó a escribir como articulista en el Diario Las Américas. Seguro que muchos de los aquí presentes recuerdan sus artículos.

En Miami, volvió a dedicarse a escribir sus libros, esta vez con más fuerza que antes. Durante su largo, pero fructífero, exilio, el Dr. Costa continúo escribiendo. Sin embargo, sus títulos demuestran una nueva dimensión al autor, quien balanceo la elaboración de valiosas biografías con títulos sobre historia en términos más generales, y hasta algunos de corte introspectivo y espirituales. Entre su obra del exilio están:

  • Variaciones en torno a Dios, el tiempo, la muerte y otros temas (1987)
  • Perfil y aventura del hombre en la historia 1492-1988 (1988)
  • Santovenia: Una vida con sentido histórico (1989)
  • II Antología de instantáneas: Un periodismo local, cotidiano y vivo. 1960-1989 (1991)
  • Don Pepe Mora y su familia (1991)
  • Luis J. Botifoll: Un cubano ejemplar (1991)
  • El Impacto Creador De España Sobre El Nuevo Mundo (1492-1582) (1992)
  • Raíces y destinos de los pueblos hispanoamericanos (1992)
  • Imagen y Trayectoria del Cubano en la Historia Tomo 1: 1492-1902 (1994)
  • Modesto M. Mora M.D., LA Gesta de un Médico (1996)
  • Imagen y Trayectoria del Cubano en la Historia Tomo 2: La República 1902-1959(1998)
  • Bolívar: más allá del tiempo y del espacio (1998)
  • Ser y esencia de Martí (2000)
  • Bajo Mi Terca Lucha Con El Tiempo: Memorias 1915-2000 (2001)
  • Cubanos de acción y pensamiento (2003)

Los galardones que recibió reflejaban su estatura como uno de los letrados cubanos más importantes. En 1948 recibió la Orden Carlos Manuel de Céspedes, la condecoración más alta que ofrecía la República de Cuba. A este gran honor luego se sumaron la Orden Isabel la Católica del gobierno español (1975), el Premio Sergio Carbó del Club Rotario (1978), el Premio Pepín Rivero (1982), el Premio Ramiro Collazo del Club de Leones Cubano en el Exilio (1986 y 1992), el Premio José Martí (1987) y el “Premio Nacional de Periodismo 2004”, estos dos últimos del Colegio Nacional de Periodistas en el Exilio.

En Miami, el Dr. Costa se unió a los escritores Ángel Cuadra, Armando de Armas, Indamiro Restano y Reinaldo Bragado Bretaña con el propósito de crear un PEN Club cubano en el exilio. Los planes se mantuvieron en estricto secreto para evitar que se filtrara la propuesta, hasta que se materializara en el verano de 1997. Tras ser formalmente constituido, se designó al Dr. Cuadra como su primer presidente y al Dr. Octavio R. Costa como su Presidente de Honor, estableciéndose así un puente histórico y literario entre el PEN Club fundado en Cuba en 1945 y el retomado, como antorcha en el exilio, en 1997. Tras 52 años de silencio, volvió a cobrar cuerpo el PEN cubano. Esta vez en el involuntario destierro.

La historia del Dr. Costa no se puede escribir sin su adorada Caruca. Con ella estuvo casado durante varias décadas, y juntos criaron a sus hijos, Orlando, Octavio y Jorge. Su vida no fue la misma tras el fallecimiento de Caruca en 2000. A ella también le dedicó una biografía, publicada en 2002 y titulada “Caruca: 1917-2000”.

En sus libros y artículos, mantuvo la tesis de que, para sobrevivir en libertad, los pueblos deben alcanzar una conciencia histórica que tiene que ver con su identidad y los valores que sustentan su filosofía de vida, siendo el caso de la tragedia cubana consecuencia de no haber cristalizado esa conciencia histórica.

El Dr. Costa se consideraba un “eterno adolescente”, a pesar de su avanzada edad. No dudó en abrirle las puertas de su hogar, en el Four Ambassadors, a un joven estudiante universitario con ansias de aprender sobre la Cuba del pasado, la Cuba que él vivió y de la cual fue protagonista. Ninguno de nosotros se podía imaginar que, dos décadas más tarde, ese joven estudiante presidiría el PEN Club de Escritores Cubanos en el Exilio.

Su último reconocimiento se realizó en 2004, cuando el Colegio de Periodistas de Cuba en el Exilio le otorgo el “Premio Nacional de Periodismo 2004”. Poco después, se fue a vivir con su familia en Los Ángeles, California, donde falleció a los 90 años el 16 de diciembre de 2005, hace dos décadas este año.

Al arribar al nuevo milenio, en el 2000, el Dr. Costa reflexionó sobre su vida con palabras que considero muy aptas para cerrar mi humilde tributo a este gran hombre:

“Creo que mucho de lo que soy ahora, cuando cumplo ochenta y cinco años, lo debo a los centenares o acaso miles de seres humanos, todos tan diversos, que yo conocí y en todos los cuales supe percibir y apreciar un mérito que no vacilé en aplaudir y dar a conocer. Lo mismo puedo decir de los tan numerosos estudiantes que tuve en mis aulas y a los que di lo mejor de mí. Aprendí mucho para poder enseñar después. Si nací periodista, también nací maestro…, me doy cuenta de la maravillosa fascinación que experimentaba con todo lo que yo hacía. Yo gozaba una cita, estar en un acto que me serviría para escribir una crónica, sentarme ante la máquina y reconstruir una entrevista, redactar un artículo, una crítica de arte, una evocación de aniversario, preparar una clase y pararme ante el podio y dirigirme a mis estudiantes, siempre sin una silla vacía.”

 

 


  • Daniel I. Pedreira (Miami, 1984).
  • Doctor en Ciencias Políticas.
  • Profesor de Ciencias Políticas en Universidad Internacional de la Florida (FIU).
  • Reside en Miami.
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