Sociedad Civil

LA VIOLENCIA SOCIAL QUE VIVIMOS

Humberto Javier Bomnín Javier | 21 Abril, 2019

S/T. Estudio de acuarela sobre papel. 24 x 30 pulgadas. Obra de Mercedes Bravo Lores.

La violencia social tiene diferentes formas de manifestarse. Estas obedecen por regla general al principio de acción-reacción. Las formas de este fenómeno en la sociedad no escapan a este principio, sus expresiones se producen muy raras veces por generación espontánea, y si existieran algunas excepciones, estas no constituirían regla.

Por eso se considera acto de violencia todo lo que vaya contra el natural modo y buen proceder en el desarrollo del actuar de las personas o hacia las personas, conforme al derecho, al respeto, la empatía, la eticidad en sus relaciones interpersonales, familiares, comunitarias, profesionales y sociales. Son también considerados actos de violencia o actos  violatorios del derecho y respeto a la persona, cuando estos van contra las normas, las costumbres, las leyes, la justicia, el orden, las disposiciones, los derechos, las libertades, la cultura, la economía, las creencias, las religiones, sus derechos y deberes familiares, cívicos, laborales, políticos, profesionales, individuales, colectivos, institucionales y sociales.

¿Cómo se manifiesta actualmente en Cuba la violencia social?

Cuando un padre de familia o responsable de núcleo familiar no recibe un salario justo por el trabajo que desempeña, y su cuantía no le permite sufragar los gastos para la subsistencia cotidiana de él y su familia, se manifiesta violencia contra él y su familia, pues lo justo, conforme al derecho natural es que si alguien trabaja honradamente pueda cubrir sus necesidades elementales y las de su prole.

Esta acción a su vez genera en las personas violentadas en su derecho, (el padre y su familia) una reacción violenta provocada por frustración, malestar, estrés, impotencia, inseguridad e insatisfacción, en las que se siente sumido él y su familia, y la manifiesta en su medio laboral, familiar y social.

Estas personas violentadas en su derecho viven en ascuas, y este incendio lo van propagando en sucesivas oleadas en sus conductas, tendentes por reacción a violentar normas, leyes, disposiciones, para alcanzar así por vías no naturales de proceder, la suplencia por ineficacia de sus salarios para sufragar sus necesidades, mediante acciones que pueden ser: negocios ilícitos, conductas marginales, refugio en el juego o el alcohol, sustracción o tenencia ilícita de productos ilegalmente obtenidos para revender ilícitamente, etc.. Todo esto trae como consecuencia además, indisciplina laboral y social, pérdida de la cultura del trabajo y el sentido humano de no realización humana y laboral que conducen en muchos casos al delito.

Todas estas acciones generan paulatinamente una cadena o efecto dominó que se esparce por toda la sociedad incendiándolo todo con su presencia destructiva en la conducta que va en detrimento de lo mejor del género humano, sus valores humanos.

¡Qué decir de la necesidad de obtención de productos alimenticios a precios inaceptablemente astronómicos, verlos, necesitarlos y seguir adelante como si no viéramos!

Y si los padres de unos niños por falta de educación y formación familiar irrespetan y tratan a su prole con insultos que van desde palabras obscenas, amenazas, reprimendas consistentes en violencia verbal irreverente y grosera, que pasa luego a la violencia física, y esta se repite de forma reiterada a toda hora y todos los días de la vida, todo ello contribuye y va incubando el cultivo del peor de los frutos en esas personitas, pues crecerán inevitablemente en un ambiente de violencia sistemática que luego se revertirá en conductas de la misma naturaleza con el resto de las personas con las que estas irán a relacionarse en el curso de sus vidas, la familia, el barrio, la escuela, más tarde en los centros de trabajo, en fin, en sus comportamientos y relaciones sociales.

Hay violencia en el trato irrespetuoso en los servicios, en las dependencias estatales y hasta en las privadas, donde los funcionarios públicos o cuentapropistas maltratan a los que acuden a solicitar sus servicios, falta el trato afable, el deseo de servir bien, con buen carácter y deseos de gestión solucionadora, falta el saludo cotidiano que brilla por su ausencia en casi todos los lugares. Hay violencia cuando grupos de personas aglomeradas en establecimientos y lugares de servicios de cualquier tipo tienen que permanecer por horas con una ventilación e higiene inadecuadas. Muchas veces hasta en centros de servicios médicos, consultorios, policlínicos y hospitales.

En cualquier instalación de salud vemos servicios sanitarios con la ausencia de agua, y ¡qué decir de los bafles en las aceras y portales de la ciudad y de lugares públicos por donde transitan las personas! Allí aparecen los altavoces a decibeles casi insostenibles de soportar para el oído humano normal. Pregunto ¿a ese ruido estridente se le puede llamar música? ¿Se le puede llamar a eso cultura? ¿Acaso ese ruido puede promover el entusiasmo o la alegría en alguien que goce de una audición normal? ¿Qué gusto habrán de desarrollar estos ruidos?

Esos ruidos causan estrés, ansiedad, son dañinos a la salud y conducen también a la violencia del espacio auditivo de las personas que deben transitar libremente sin ser perturbados en su tranquilidad, su sosiego y paz. Esto constituye entre otras cosas, la violación a las normas de respeto, consideración y convivencia colectiva, la violación del espacio auditivo por personas, que imponen a personas que trabajan duro y duermen poco, estridencias y ruidos que van, en una gama increíble, desde la vociferación estridente de discusiones acaloradas y groseras en un tono excesivamente alto y obsceno, hasta los “reguetones” obscenos a altos decibeles, insoportables para el oído humano normal, los cláxones, los ruidosos escapes sin silenciador de los automotores y los consecuentes humos tóxicos de la combustión de la mayoría de los vehículos que circulan por la ciudad.

Todas estas formas violatorias conducen inevitablemente a conductas antisociales y a manifestaciones de indisciplina social que pueden convertirse en un momento en incontrolables, porque personas mal formadas y hasta organismos e instituciones oficiales reproducen esos ruidos en el intento equivocado de agradar, “incluso en instalaciones oficiales de cultura” pues lo hacen con tal intensidad y de manera pública en las calles y arterias principales de la ciudad sin que nadie los reprenda o critique. Entonces los que ven esos malos ejemplos colocan sus bafles caseros en los portales de sus casas y reproducen el mismo error público perjudicando diariamente a sus vecinos de la comunidad porque lo han aprendido en la supuesta forma de manifestación “cultural” que se ve y se escucha en la calle.

¿Qué hacer?

Primero, restaurar, cambiar, los programas de formación y educación cívica mediante modelos culturales escogidos con calidad, para presentárselos a los educandos desde la niñez, para que despierte en ellos las emociones, sensaciones positivas, así como los sentimientos que así entrenados desde temprano, formen a los futuros jóvenes y adultos en la verdadera apreciación y disfrute de los valores estéticos y artísticos.

Es necesario instaurar programas que enseñen a los niños, adolescentes y jóvenes el disfrute y descubrimiento del gusto estético. Si a las personas desde tempranas edades no se les educa el gusto estético, jamás tendrán gusto por nada y si llegaran a tenerlo sería este, el peor de los gustos. Eso es lo que está aconteciendo hoy en nuestra sociedad y ocurre con una frecuencia mucho mayor de lo que deseáramos. Si somos observadores notaremos que la mayoría de los niños, adolescentes y jóvenes de hoy han perdido la capacidad de asombro y la capacidad de emocionarse con intensidad y eso demuestra una gran falta de sensibilidad humana.

Lo más preciado que posee una sociedad son sus familias y si estas se han tornado disfuncionales por los avatares de la economía, la cultura, la política, con el consiguiente deterioro y pérdida de valores, así como una gama de contravalores que crecen como la levadura, los ciudadanos de esta sociedad debemos actuar con premura para que la familia no sucumba.

A los niños y las niñas se les debe hablar en la casa, en el hogar, en la escuela, desde los animados, y filmes infantiles, en los programas culturales de todo tipo, sobre la más importante de las vocaciones: la vocación humana que deben presentar todas las personas por la creación de un hogar confortable, acogedor, donde la calidez, el respeto y el amor entre la pareja de hombre y mujer, reinen para conseguir el desarrollo de esas vocaciones, para que conozcan la corresponsabilidad de ambos, hombre y mujer en cuanto a la crianza, sustento, educación y formación de sus hijos, como lo más preciado que debe tener la vida de todas las personas, para constituir una sociedad sana, entusiasta, transparente y responsable de sus actos y los de sus hijos.

Si eso no ocurre, lo más inmediatamente posible, seguiremos sucumbiendo bajo los efectos de los relativismos, los malos ejemplos, los paradigmas equivocados por caminos que no conducen a otros lugares que los de no tener camino, andar por andar, vivir por vivir, y proliferarán los libertinajes, los hedonismos del placer por el placer, prevalecerán, como ya está ocurriendo, la violencia, la indolencia, la apatía, el aburrimiento, las escapadas hacia cualquier parte, la alienación, la evasión, el miedo, las depresiones y enfermedades psiquiátricas y psicológicas por desajustes en la esencia de la formación humana de la que estamos careciendo y donde el soberano de los medios sigue realizando su labor de zapa, escribiendo, diciendo, simulando que se está haciendo y ocurre, lo que no está sucediendo y nos seguimos despeñando por los fáciles caminos del triunfalismo, los consignismos y el chovinismo, para acabar de una vez por todas, en la autodestrucción , sin poder echarle la culpa a nadie, porque el monstruo, el enemigo que produce estos males, lo estamos dejando construir nosotros mismos, y lo construimos dentro de nosotros mismos por cegueras y fanatismos grises.

Hay que cambiar lo que es necesario cambiar y ningún momento es mejor que este en que tendremos que someter a nuestro juicio y decisión el proyecto de una nueva constitución para nuestra nación que no debe dejar fuera de su visión la violencia y los motivos que vengo anunciando en este llamado.

Todos podemos hacer que las cosas cambien y cambien para bien de cada uno de nosotros, para nuestra familia para bien de la Casa Cuba que amamos “con todos y para el bien de todos”.

 

 


  • Humberto Javier Bomnín Javier (Pinar del Río, 1944).
  • Licenciado en Español y Literatura.
  • Fue Director de la revista Vitral de 2011-2012.
    Catequista y miembro de la Pastoral de Educaciónde la Diócesis de Pinar del Río.