Sociedad Civil

Realidades y desafíos de la generación de pensamiento en Cuba

Dimas Cecilio Castellanos Martí | 15 Agosto, 2019

Dimas Castellanos durante su ponencia en la Jornada Académica “Cuba: contextos, caminos y desafíos”, celebrada el 29 de junio en Madrid, España. Foto de Archivo Convivencia.

Fundamentación 

Los cambios sociales son precedidos por las ideas que genera el pensamiento y que se manifiestan en el lenguaje. Para que las mismas predominen -decía Antonio Gramsci1– se requiere de un intenso trabajo de penetración cultural dirigido a desplazar o disminuir la influencia de las ideas viejas. El predominio de las nuevas necesita del sistema educativo, de los medios de comunicación y de la cultura en general, hasta que las nuevas ideas, devenidas instituciones, acciones y conductas propicien el cambio.

El pensamiento, producto de la actividad del intelecto, abarca un conjunto de operaciones como el análisis, la síntesis, la comparación, la generalización y la abstracción, las que se manifiestan en el lenguaje, definido por Vigotsky2, como la envoltura del pensamiento. 

Ejercitar el pensamiento implica predisponer la persona a pensar. Para ello hay que tener en cuenta que el cerebro funciona en dos niveles: el racional y el emocional, donde el predominante en las grandes mayorías es el emocional. La participación de los pueblos en los cambios sociales tiene que ser precedida y acompañada por el pensamiento de orden superior, el cual posee la capacidad de examinar críticamente los hechos, los temas y acontecimientos como premisa de la acción.

El pensamiento racional tiene por base el nivel alcanzado en el nivel emocional. Ello permite a la persona ser capaz de interpretar críticamente, analizar y generar ideas para la solución de problemas, lo cual es imposible sin el compromiso en la participación, la comunicación y la aplicación de los resultados.

En ese nivel del pensamiento crítico comienza el desmontaje de lo viejo como premisa de los cambios. Antes de que pueda ser edificado algo nuevo -decía el escritor Stefan Zweig3es preciso que sea atacado y removido en su autoridad, lo existente. Sin la elaboración previa el suelo no estará dispuesto para recibir la semilla. 

Realidades

La sociedad cubana está inmersa en una crisis estructural profunda. La salida de la misma demanda de nuevas ideas acordes a la época y de los sujetos portadores, cuyas acciones socializadas en y a través de la sociedad civil generen el cambio.

Separados 60 años del triunfo revolucionario de 1959, en materia de libertades, el país ha retrocedido hasta la época anterior al Pacto de Zanjón. Los avances refrendados en materia jurídica desde la Constitución de Guáimaro hasta la de 1940 fueron suplantados en 1959 por la Ley Fundamental del Estado Cubano. Con el poder concentrado en el líder de la revolución y la propiedad en manos del Estado, se implantó el control absoluto sobre la política, la economía, la cultura, los medios de comunicación y sobre las personas.

Los límites del cubano quedaron definidos por el líder el 30 de junio de 1961, en el discurso conocido como “Palabras a los Intelectuales”: Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución ningún derecho… Y esto -añadió Fidel- no sería ninguna ley de excepción para los artistas y para los escritores. Este es un principio general para todos los ciudadanos.

En consecuencia, la Federación Estudiantil Universitaria en abril enarboló de 1971 la consigna “La Universidad para los revolucionarios” y “La ideología, asignatura de nuestra Universidad”.

El punto de remate tuvo lugar en 1976, cuando el proceso totalizador adquirió rango constitucional. Una, sino la peor de las consecuencias, fue la desaparición del ciudadano.

Despojados de las libertades y los espacios, la mayoría de los cubanos perdieron la noción de responsabilidad cívica. Su participación quedó reducida a apoyar o rechazar lo inducido por el poder. Se confirmó la tesis de Hanna Arendt4: “Una revolución que se proponga liberar a los hombres, negando los espacios públicos que permitan el ejercicio de la libertad solo puede llevar a la liberación de los individuos de una dependencia para conducirlos a otra, quizás más férrea que la anterior”, que es exactamente lo que ha ocurrido en Cuba. Esa desfavorable realidad es el punto donde nos encontramos.

Vivir a la altura de los tiempos -decía José Ortega y Gasset5– requiere vivir a la altura de las ideas del tiempo. Ese propósito implica retomar lo útil de las ideas precedentes enriquecidas con las ideas nuevas. Es decir, vivir a la altura de los tiempos obliga al empleo del pensamiento acumulado. Cada generación, si no quiere regresar repetidamente al punto de partida, no puede soslayar esa realidad, pues esa peculiaridad del género humano le permite, a diferencia de los animales, progresar en el tiempo. El pensamiento acumulado no ofrece soluciones a los problemas presentes, pero los problemas presentes son insolubles sin el pensamiento acumulado.

Ilustres personalidades, que se ocuparon de las características del cubano, del papel de las ideas y de su función en los cambios sociales, definieron un conjunto de claves que conservan su vigencia. Entre ellas el Padre Varela, José de la Luz y Caballero, José Martí, Enrique José Varona, Gustavo Pittaluga, Jorge Mañach, Fernando Ortiz y José Ramón López 5.

Sus ideas se resumen en: la falta de educación de los sujetos para el uso de sus derechos; la insuficiente cultura democrática; el daño del socialismo de Estado; la impulsividad que lleva en ocasiones a actuaciones intensas, pero rápidas, precipitadas, impremeditadas y violentas o a la indiferencia ante los asuntos públicos; ausencia de visión, sin lo cual no hay obra fecunda; ausencia de un ideal común y de la lucha para realizarlo. Se trata de características presentes antes de 1959 que fueron dimensionadas por el modelo totalitario implantado después de esa fecha.

Lo anterior demuestra que el esfuerzo realizado en cuanto a formación cívica, desde la colonia a la República, aunque encomiable, resultó insuficiente. Para confirmarlo basta una mirada sintética a nuestra historia política.

La guerra de los Diez Años, iniciada en 1868, no alcanzó los objetivos propuestos por las indisciplinas, motines y sublevaciones en las filas insurrectas. Del Pacto del Zanjón, con el que terminó la contienda, otorgó libertades que dieron nacimiento a la sociedad civil cubana. La Guerra Chiquita, en 1979, culminó al año siguiente por causas similares a la anterior. La Guerra de 1895 terminó con la soberanía limitada. En 1902, Tomás Estrada Palma, el primer presidente elegido, se propuso la reelección y sus oponentes protagonizaron la Guerrita de Agosto. En 1912, durante la presidencia del Mayor General José Miguel Gómez, tuvo lugar el mayor crimen en la historia de Cuba. Miles de cubanos negros fueron muertos o asesinados por cubanos blancos. En 1917 el General Mario García Menocal decidió reelegirse y sus adversarios escenificaron “La Chambelona”. En 1920, el controvertido triunfo de Alfredo Zayas y Alfonso provocó el envío a Cuba del general Crowder, dando pie a la injerencia norteamericana en los asuntos nacionales. En 1927, el General Gerardo Machado, en el afán de prorrogar su mandato dio lugar a la Revolución del 30. Su salida del poder en 1933 fue seguida de la inestabilidad política que culminó con la Asamblea Constituyente y la Constitución de 1940, que sentó las bases para una sociedad democrática que terminó con el Golpe de Estado de 1952.

Antes y después de los hechos narrados, la violencia, como decía Gustavo Pittaluga, se impuso como el signo precursor del destino de Cuba. Las experiencias de diálogo y negociación -Pacto del Zanjón, Convención Constituyente de 1901 y Constituyente de 1940- constituyen un giro del predominio de la violencia a la negociación; un hecho que requiere de mayores estudios.

Desafíos

Cuba necesita cambiar como lo necesitó en épocas pasadas. Tan imprescindible es el cambio, que ahora no se trata de Patria o Muerte, Libertad o Muerte o Socialismo o Muerte, sino de Cambio o Muerte, o mejor, Cambio y Vida o Cambio para la Vida.

Desde el Estado bastaría un paquete mínimo de medidas para sacar al país de la crisis. Lo impiden la ideología y el apego al poder, pues el sujeto de los cambios es el mismo responsable de la crisis. Se trata de una contradicción insoluble: la incompatibilidad de los cambios con la conservación del modelo. El intento de blindar el totalitarismo con la Carta Magna del pasado mes de abril es inútil.

En su lugar, las manifestaciones aisladas de protesta, que en diferentes lugares y sectores se venían produciendo aisladamente, comienzan a manifestarse de forma simultánea. La huelga de los transportistas privados; la oposición al Decreto Ley 349; la presión que obligó al Gobierno a modificar algunas medidas contra el cuentapropismo; los criterios emitidos por miles de cubanos durante el debate del proyecto de Constitución que reclamaron el derecho a elegir directamente al Presidente o ser empresario en su país; el número de votantes, según el primer informe oficial emitido –aunque luego rebajado- arrojó que 2 482 108 cubanos no asistieron a las urnas, anularon la boleta o votaron por el NO, lo que representa más de 26% de los votantes; el elevado número de médicos que desobedecieron la orden de regreso de Brasil; las iniciativas de reclamos colectivos contra el deterioro de las viviendas, la falta de agua o el tuitazo contra los altos precios de Internet, indican el resurgimiento de conductas cívicas. Falta el pensamiento para desbrozar y trazar el rumbo.

En ese contexto, el secuestro de la cultura anuló las fuentes conformadoras de pensamiento, incluso las subordinadas al Estado cuando estas dejaron de responder a sus intereses, como ocurrió en 1971 con el cierre de la revista Pensamiento Crítico y del Departamento de Filosofía, y en 1975 de la Escuela de Ciencias Políticas de Universidad de La Habana. Por tanto, el desafío consiste en conformar una opinión crítica. Para ello se necesita la formulación de ideas, de pensamiento.

Cuando Jesús regresó a Galilea -según el Evangelio de San Marcos (1,14-15)- empezó a anunciar las buenas noticias de Dios: Ya ha llegado el momento, el reino de Dios está cerca. Cambien su manera de pensar y de vivir, crean en las buenas noticias. En Cuba ha llegado ese momento.

Hoy la subordinación de la sociedad al Estado, desbordada por la complejidad social requiere de una acción cultural, que al decir de Paulo Freire7, es siempre una forma sistematizada y deliberada de acción que incide sobre la estructura social. Acción, que a diferencia de las transformaciones económicas, es irrealizable en un corto plazo. El cambio pues –reza en un editorial de la revista Convivencia “no puede ser de otra forma que gradual, debemos creer en los pequeños pasos”.8 

El debate de ideas y la conformación de pensamiento nunca desaparecieron. El Centro de Formación Cívica de la Diócesis de Pinar del Río y la revista Vitral, continuado por el Centro de Estudios Convivencia y la revista Convivencia han realizado un valioso aporte. Las publicaciones de la iglesia católica, el Centro de Estudios Bíblicos y Teológicos, el Centro Félix Varela, los cursos anuales para profesores que los escolapios desarrollan y otros centros, publicaciones e instituciones son un significativo aporte a la formación cívica, incluyendo diversos esfuerzos desde la sociedad civil alternativa cuya influencia ha sido reducida por la represión.

Por todo ello y por su complejidad, la formación de la ciudadanía constituye el mayor desafío.

El escenario actual ofrece una ventaja: las novedosas tecnologías de la información y las comunicaciones (TICs), que constituyen un medio idóneo para fomentar valores cívicos e incorporar los derechos humanos. La velocidad que imprime el empleo de estas tecnologías constituye un poderoso instrumento para compartir e intercambiar información al margen del monopolio estatal.

Si la libertad es básica para la formación de juicios independientes, entonces la libertad de información es su nervio central. De lo que se trata es de la posibilidad de las personas para hacer uso del poder global de la información. Constituye -según otro editorial de Convivencia– el más poderoso instrumento para expresar la soberanía ciudadana9.

En este sentido la generación de ideas nuevas tiene que emplear sistemáticamente, incluso, manifestaciones de la cultura cubana como es el caso del choteo, que Jorge Mañach lo explica como una relación típicamente cubana, un enemigo del orden que incluye todas las formas elementales de la burla. Aunque es estéril para toda faena que requiera disciplina, sometimiento al esfuerzo y constante reflexión. El reto consiste en tomar de él lo positivo para, mediante la creación de estados de opinión, mover el pensamiento emocional hacia el racional, premisa de la educación del ciudadano que Cuba necesita.

 

Referencias

 

 


  • Dimas Cecilio Castellanos Martí (Jiguaní, 1943).
  • Reside en La Habana desde 1967.
  • Licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad de La Habana (1975), Diplomado en Ciencias de la Información (1983-1985), Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos en el (2006).
  • Trabajó como profesor de cursos regulares y de postgrados de filosofía marxista en la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Habana (1976-1977) y como especialista en Información Científica en el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (1977-1992).
  • Primer premio del concurso convocado por Solidaridad de Trabajadores Cubanos, en el año 2003.
  • Es Miembro de la Junta Directiva del Instituto de Estudios Cubanos con sede en la Florida.
  • Miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Convivencia (CEC).