Última Hora

CUBA TIENE UN NUEVO CARDENAL

Consejo de Redacción | 5 octubre, 2019

Consejo de Redacción // El Santo Padre Francisco ha elevado a la dignidad de Cardenal de la Santa Iglesia Católica Romana a Su Eminencia Juan de la Caridad Cardenal García, Arzobispo de La Habana.

La ceremonia ha tenido lugar hoy 5 de octubre de 2019 a las 16:00 hora de Roma (10 de la mañana hora de Cuba) en un Consistorio Público celebrado en la Patriarcal Basílica de San Pedro en el Vaticano. Acompañó al nuevo Cardenal una delegación de cubanos de la Isla y de la Diáspora.

El Cardenal García es el tercer purpurado que tiene Cuba. El primero fue el camagüeyano Manuel Cardenal Arteaga y Betancourt (1946-1963), el segundo fue el matancero Jaime Cardenal Ortega y Alamino (1994-2019). El Cardenal García es también camagüeyano y fue electo solo 35 días después del deceso de su antecesor. 

La tradición de la dignidad cardenalicia surgió de la elección que hace el obispo de Roma de pastores para cubrir las diaconías, parroquias y diócesis suburbicarias de su diócesis romana. Hoy es solo simbólico por lo cual cada cardenal toma posesión de una parroquia o diócesis subordinada a la de Roma. 

“El término “cardenal” deriva del latín cardo o bisagra, lo cual sugiere el papel de fulcro (punto de apoyo, gozne) que desempeñan: Ellos son las “bisagras” alrededor de las cuales gira todo el edificio de la Iglesia, en torno a su máximo dirigente: el Papa.”

Responsabilidades y misión principal

“La principal misión del Colegio de cardenales es elegir el Sumo Pontífice en caso de fallecimiento o renuncia del anterior. En circunstancias habituales, el deber fundamental del Colegio cardenalicio es aconsejar al papa. Muchos Cardenales gobiernan diócesis o arquidiócesis importantes, presiden los organismos de la Curia Romana y participan activamente en la administración de la Santa Sede.” Si son residentes en su país solo tienen potestad de gobierno sobre su propia diócesis o arquidiócesis, no sobre las demás. 

Desde el principio, eran los clérigos de la Iglesia de Roma quienes elegían al Papa que era su Obispo. “Pero este procedimiento cambió durante la Edad Media, hasta hacer que solo los cardenales, un grupo especial de clérigos de la diócesis de Roma, tuvieran derecho a elegir al sucesor del apóstol Pedro. La Constitución apostólica In nomine Domini, promulgada por el papa Nicolás II en 1059 limitó la potestad de elección a los cardenales romanos que fueran obispos. En 1179, el papa Alejandro III con la Constitución apostólica Licet de vitanda discordia) extendió a todos los cardenales este derecho. En 1274 el papa beato Gregorio X fijó que para la elección del papa eran precisos los dos tercios de los votos de los cardenales reunidos (constitución apostólica Ubi periculum). Ambas disposiciones siguen vigentes.”

“La condición de cardenal es un título honorífico como los son las de patriarca, monseñor, arcipreste, canónigo, decano, deán, archidiácono y otras. Aunque reciben misiones especiales encargadas por el Papa solo tienen potestad de gobierno sobre su diócesis, si la tuviere, en el Dicasterio Romano que preside y voz y voto en la elección del Sumo Pontífice si no ha cumplido 80 años. Es ajeno al sacramento del Orden que reciben los diáconos, sacerdotes y obispos. En el pasado, se nombró cardenal a personas que no eran sacerdotes: el último de ellos fue el laico Teodolfo Mertel, cardenal diácono de S. Eustachio y posteriormente de S. Lorenzo in Damaso y protodiácono, que fue nombrado en 1858 y murió en 1899 sin haber recibido la ordenación sacerdotal.”

Hábito, tratamiento y nombre

El hábito o uniforme de los cardenales se distingue por su color rojo escarlata o púrpura, de ahí su nombre de “purpurados”. Este color significa que el cardenal está dispuesto a todo sacrificio, hasta derramar su sangre y entregar su vida por Cristo, por su Iglesia y por el pueblo que se le ha encomendado. Esa vestimenta está compuesta por:

una sotana o hábito talar (que llega a los talones) de color negro con ribetes rojos para el diario y de color entero rojo escarlata para los actos solemnes. 

una banda que se ajusta a la cintura de color escarlata que se usa tanto con sotana negra como con la roja. 

un solideo rojo, tocado en forma circular que se coloca sobre la cabeza y 

una birreta roja que se coloca sobre el solideo y le es impuesta en consistorio solemne por el Papa como símbolo de su dignidad cardenalicia. 

el capelo cardenalicio: un sombrero de color rojo escarlata de ala redonda y cordón y 15 borlas que está ya en desuso y solo se utiliza como adorno del escudo del Cardenal. 

un anillo, que lleva en su interior el escudo del Papa que lo nombró y que simboliza su compromiso con la Iglesia.

Título de nombramiento y de la Iglesia asignada: Además el Papa le entrega en el Consistorio Público un pergamino con su nombramiento y el título de la Iglesia romana a la que ha sido asignado y de la que tendrá que tomar posesión simbólico poco después de su “creación” como cardenal y que debe visitar y celebrar en ella cada vez que se acerque a Roma si no vive en ella. 

Escudo cardenalicio: Cada cardenal tiene derecho a elegir un escudo con los símbolos que muestren su misión y un lema. Todo estará cubierto con el sombrero púrpura ya en desuso y 15 borlas a cada lado del escudo.

– El tratamiento: A los cardenales se les trata de Eminencia o Su Eminencia. Si son obispos se agrega Su Eminencia Reverendísima o S.E.R. o simplemente Señor Cardenal. Hay una forma solemne que se usa para anunciar su nombre al momento de haber sido elegido Papa en el pregón conocido como elHabemus papamo en momentos muy solemnes: Cardenal de la Santa Iglesia Romana.

– Nombre: Los cardenales cambian su nombre intercalando la palabra “cardenal” entre el nombre y el primer apellido. Por ejemplo: S.E.R. Juan de la Caridad Cardenal García.

Cuba y la Iglesia que peregrina en esta nación se han visto distinguidas por el rápido nombramiento de un nuevo Cardenal para la Santa Iglesia Universal. Es un gran honor y compromiso tanto para el nuevo purpurado como para todos los católicos cubanos. 

El Centro de Estudios Convivencia (CEC) y su revista del mismo nombre, se unen a la alegría de la Iglesia en Cuba, se sienten en comunión con el nuevo Cardenal y ofrecen sus plegarias por Su Eminencia, por el Santo Padre Francisco y por toda la Iglesia Universal.