Historia

Las huellas en el tiempo

Magdey Zayas Vázquez | 16 junio, 2021

Foto tomada de Internet

Desde el siglo XIX muchos intelectuales europeos se ocuparon de la afanosa tarea de rescatar el folklore precristiano de cada pueblo de su continente. El Romanticismo jugó un papel trascendental en ese sentido, pues abrió las puertas a toda una gama de investigaciones que, en aras de revitalizar o enfatizar lo autóctono, lo nacional, rebuscaron los orígenes de cada pueblo a través de sus tradiciones, su idiosincrasia, su folklore, en fin, su cultura ancestral. Con el paso del tiempo, durante todo el siglo XX, estas investigaciones fueron tornándose cada vez más profundas hasta alcanzar un grado de madurez que ha permitido rescatar culturas tan complejas como la escandinava, que en la actualidad ha tenido una singular acogida en los medios audiovisuales y la música (específicamente, entre los géneros metaleros del Rock). Este resurgir de la cultura pagana de los escandinavos, principalmente todo lo referente a los vikingos, se debe a múltiples razones relacionadas con la sociología, la antropología y acontecimientos históricos como las dos Guerras Mundiales, que dejaron una profunda oleada de pesimismo y descreimiento respecto al cristianismo; por lo tanto, un porciento considerable de los miembros de la sociedad postmoderna, ha buscado refugio o consuelo en otras creencias al considerar falso e inútil el dogma bíblico. Así apareció, a mediados del siglo pasado, el neopaganismo germánico que ha generado nuevas religiones como la Asatrú (ÁsaTrú: fiel o leal a los dioses Ases), que, hasta la fecha, cuenta con grandes seguidores no solo en los países nórdicos, sino también en el resto del mundo occidental. Lo anterior permite afirmar la existencia de una huella latente del legado nórdico medieval en la postmodernidad, apreciable en una serie de elementos que están presentes en la cotidianidad del ser humano actual, pero que muchas veces pasan desapercibidos por este.   

En primer lugar, es preciso aclarar que los vikingos, aunque no tenían un sistema de signos lingüísticos para expresar su escritura, sí poseían un sistema de signos ancestrales que se remonta a los orígenes antiguos de los pueblos germánicos y que hoy conocemos como runas, las cuales se interpretan —técnicamente— de similar forma que los jeroglíficos egipcios o el ideograma chino. Las runas (glifas, al inicio; literales, posteriormente) se agrupan en tres grupos de ocho que suman 24 caracteres para componer el llamado futhark germánico antiguo y sus respectivas variantes, entre las cuales también varían el número de runas que las componen: el futhorc anglosajón, el futhark joven, el futhork armanen, entre otros. Este último fue elaborado en 1902 por el ocultista alemán Guido von List (1948-1919), cuyas hipótesis sobre la grandeza de los ancestros germanos sustentaron la posterior ideología nazi referente a la superioridad de una supuesta raza aria antecesora de todos los pueblos indoeuropeos de la cual los germanos serían los descendientes directos. Por tal motivo, muchos de los símbolos de los uniformes militares de los nazis tomaron runas para su identificación:

Aunque no lo tomaron de las runas, sino de la simbología hindú, la esvástica también fue un símbolo germánico del Mjölnir: el Martillo de Thor. Es importante aclarar que tanto la esvástica como las runas jamás tuvieron un significado racista o negativo, sino todo lo contrario. Los ideólogos del nazismo alemán se apropiaron de estos caracteres y los tergiversaron a su antojo; sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial, diversos runólogos como Karl Spiesberger, Stephen E. Flowers, Adolf Schleipfer, Larry E. Camp y Victor Ordell L. Kasen han ido eliminando toda connotación racial de las runas, para devolverles su carácter puro y espiritual primigenio.

Pero no toda la utilización de las runas ha sido con fines negativos a lo largo de la historia. Por ejemplo, la runa  (Kaunaz), del futhark germánico antiguo, ha sido empleada en las matemáticas como símbolo que indica “menor que”; en los teclados de los ordenadores modernos aparece en el margen inferior izquierdo, a veces en el medio o en otras posiciones según el tipo o marca de equipo. Es la runa que representa la motivación, la creatividad, la inspiración, el deseo y el fuego protector e iluminador de una hoguera en el hogar, así como la llama de las velas en una cena romántica, por lo tanto, está asociada al amor de parejas. En la actualidad se puede identificar con la electricidad que mueve los equipos electrodomésticos, por consiguiente, está vinculada al progreso humano. Un ejemplo más visible es la unión de la runa  (Hagall) y  (Berkana), del futhark joven, las cuales constituyen el logotipo de una importante tecnología muy utilizada desde inicios del presente siglo:

El origen del nombre Bluetooth se remonta a la historia del rey danés Harald Blåtand (958-986), famoso por unir, mediante lazos matrimoniales, los reinos de Dinamarca, Noruega y Suecia; además, por convertirlos al cristianismo. Fue un monarca muy importante, ya que, debido a su conversión en el 965, Dinamarca fue el primer país escandinavo en reconocer la religión cristiana como la oficial. En inglés, el apellido de Harald fue entendido como Bluetooth, o sea, diente azul, debido a las similitudes fonéticas; no obstante, otra versión plantea que de niño padeció una enfermedad que provocó la tonalidad azul de uno de sus dientes y de ahí proviene el supuesto apodo. Lo más curioso es que muchos siglos después, en el año 2000, la compañía sueca, Ericsson, para nombrar su nueva tecnología, utilizó el término Bluetooth en memoria a este rey, ya que las runas usadas para su logo representan las iniciales del soberano vikingo (H)arald (B)låtand (Hagall+Berkana); además, ¿acaso su labor unificadora no constituye una analogía con la funcionalidad de la tecnología inalámbrica que le debe su nombre? Se puede decir que con esta ingeniosa idea no solo se le dio promoción a un producto en el mercado internacional, sino que también se revalorizaron elementos importantes de la cultura nórdica, como las runas y la historia del primer rey cristiano de Escandinavia.  

 


  • Magdey Zayas Vázquez (La Habana, 1985).
  • Graduado en 2012 de la carrera Licenciado en Educación, Humanidades, en la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona.
  • Maestría en Didáctica del Español y la Literatura (2017, también en el Pedagógico).
  • Profesor Instructor de Literatura Latinoamericana de la UCPEJV, desde 2015 hasta 2018.
  • Profesor Instructor de Literatura Cubana en la Universidad de las Artes desde 2019.