Historia

LA FAMILIA FIGUEREDO: FIDELIDAD Y AMOR A LA PATRIA

Teresa Fernández Soneira | 13 octubre, 2020

Perucho Figueredo en sus años de juventud. Foto tomada de Internet.

  • El nombre amado de Figueredo
  • siempre en nosotros presente esté
  • cuando escuchemos su Bayamesa,
  • ¡que hoy los más grandes oyen de pie!”[1]
  •             Aurelia Castillo de González

 

Era 20 de mayo por lo que mi visita sería aún más emotiva. Sabía que estaban allí pues había estado investigando sus vidas hacía tiempo. La mayoría de los miembros de aquella heroica familia habían sido enterrados en tierra extranjera, en aquella ciudad tan lejos de Cuba. Me encontraba en el antiguo cementerio histórico de Cayo Hueso en la Florida. El encargado del cementerio me contó que a veces venían familiares y hacían algún homenaje ante las tumbas; cantaban y depositaban flores. Allí estaban, en su descanso eterno la esposa y algunos de los hijos del patriota y mártir bayamés Perucho Figueredo. Delante de sus sepulturas oré respetuosamente por sus almas y recordé todo lo que habían sufrido por Cuba. 

La familia Figueredo Vázquez  

En la hermosa región de Bayamo, tierra de hijos ilustres, habían nacido alrededor de 1831 Isabel Vázquez Moreno y su hermana gemela Luz, inspiradora esta última de la canción La bayamesa[2] cuya música y letra no solo conmovieron el corazón de Luz, sino que también años después enaltecerían el ánimo de los libertadores. Isabel y Luz eran hijas de Juan Vázquez y de María Moreno, también bayameses. En 1844 Isabel contrae matrimonio con otro bayamés de renombre: Pedro Felipe Figueredo y Cisneros[3], abogado, escritor, músico, compositor y dibujante. Había sido alumno de José de la Luz y Caballero y discípulo del presbítero y patriota Félix Varela Morales. Era “querido y admirado por todos pues a su distinguida personalidad unía su nobleza y su carácter bondadoso”, como nos dice la biógrafa Flora Mora[4].

De Isabel no sabemos mucho, y tampoco se han encontrado fotografías ni dibujos que nos muestren su semblanza física. Pero siendo la esposa de Figueredo, nos imaginamos que debió de haber poseído grandes virtudes y valores morales y espirituales. Luego del casamiento, el matrimonio se va a vivir a la residencia que Figueredo tenía en Santa María del Rosario, en Oriente. Con el tiempo la familia fue creciendo y llegaron a tener once hijos. El ambiente en el hogar era cálido y amoroso, y Perucho “«se complacía en ofrecer en su casa veladas y conciertos» pues «era una familia de artistas»[5], según ha relatado Fernando Figueredo Socarrás[6]. También eran patriotas, por lo que todos serían protagonistas en la lucha por la independencia.

Pedro Figueredo, conocido cariñosamente como Perucho, había luchado por la libertad desde su juventud. En 1854, ante el peligro de ser deportado por infidencia, se ve obligado a trasladarse a La Habana con su familia. Allí empieza a publicar en el periódico El Correo de la Tarde, que es luego clausurado por sus fuertes críticas al gobierno español. También colabora con la revista siboneyista[7] La Piragua, en la que aparecen sus obras. En 1858 regresa la familia a Bayamo, pero tres años después Perucho sufre prisión domiciliaria durante 14 meses por su audacia en escribir al gobernador de la Isla y manifestarle la ineptitud del alcalde de la ciudad.

A pesar de estar constantemente vigilados, el hogar de los Figueredo se convierte en centro de reunión de los bayameses. Allí se instituye el Comité Revolucionario de Bayamo donde se conspira, y también allí tiene lugar la primera junta revolucionaria de Oriente en 1867 en la que se elaboraron los planes para el alzamiento del 10 de octubre, comienzo de la Guerra de los Diez Años. Un día Francisco Maceo Osorio[8] le dice a Perucho: “Ya estamos constituidos en Comité de Guerra, ahora te toca a ti, que eres músico, componer nuestra Marsellesa”. El 4 de agosto de ese año de 1867, Perucho escribe la letra de la marcha La Bayamesa y al día siguiente la toca al piano ante varios conspiradores reunidos en su hogar.

La Bayamesa y el alzamiento

El 11 de junio de 1868, día del Corpus Christi[9] y como se había previsto, se estrenó La Bayamesa en la parroquia de San Salvador de Bayamo. Temprano en la mañana las más conocidas familias comenzaron a llegar al templo. “La orquesta fue situada a un lado del altar mayor y cuando entró el gobernador acompañado de los oficiales del Estado Mayor, con gran dificultad pudieron abrirse paso por la inmensa muchedumbre que invadía la iglesia[10]. El sacerdote cubano Diego Baptista salió de la sacristía, ofició la misa del Corpus, y cuando llegó el anhelado momento en que el sacerdote presenta la custodia[11], el maestro Manuel Muñoz Cedeño, director de la orquesta, dio la orden de “iniciar las marciales notas de La bayamesa que en el templo produjeron impresión de ser incitadoras y vehementes”.[12] Días después, mientras que por todo Bayamo se tarareaba la música de La bayamesa, los conspiradores preparaban la guerra. El alzamiento se acordó para el 14 de octubre, pero el 7 de octubre el Capitán general ordenó la detención de Figueredo junto con Carlos Manuel de Céspedes y otras figuras importantes. Esto motivó a que la fecha del alzamiento fuera adelantada. A horas tempranas de la mañana del 10 de octubre al sonido de campanas de La Demajagua, Céspedes congregó a los hombres allí reunidos, se redactó un manifiesto, les otorgó la libertad a sus esclavos y enarboló la bandera. Se iniciaba así la Guerra de los Diez Años. Al recibir Figueredo la sorpresiva noticia del alzamiento de Céspedes organizó a los conspiradores de Bayamo en su ingenio Las Mangas junto con Maceo Osorio y Donato Mármol. El 13 de octubre el gobernador español manda tres parlamentarios a Bayamo a pedirles que entreguen las armas, pero Figueredo rechaza el ofrecimiento. Después se dirige a su hogar en Las Mangas para informar a su esposa e hijos de la situación del momento. Candelaria, una de las hijas de Perucho, quien entonces tenía 17 años de edad, sería luego designada abanderada de la tropa. Ella misma narra en sus memorias lo sucedido:

«El día 17 [de octubre] llegó al ingenio una partida en el momento que nos preparábamos a sentarnos a la mesa. Venían allí algunos amigos nuestros y un distinguido joven camagüeyano nombrado Joaquín Agüero[13]. Se empezó la comida y a dar vivas por el triunfo que ellos creían seguro, pues, animados del entusiasmo, no dudaron jamás de la victoria. En aquellos momentos de frenesí se le ocurrió decir a Agüero, sin duda en broma y animado por la presencia de tantas muchachas: ‘para que nuestro triunfo fuese completo, no nos hace falta más que una valiente cubana que sea nuestra abanderada’. Papá, enseguida, se puso de pie y exclamó: ‘Mi hija Candelaria se atreve’. No había acabado de decirlo cuando con delirante entusiasmo fui proclamada abanderada de la División Bayamesa. Enseguida papá llamó a mi madre, que, aunque participaba de la alegría general, temblaba al pensar en el peligro que había de correr, y le dijo: ‘Vamos, Isabel, es necesario hacer un traje a nuestra abanderada’. Eulalia, mi hermana mayor, fue la encargada de hacerlo. Se componía mi equipo de vestido de amazona, blanco, un gorro frigio punzó, una banda tricolor y mi bandera»[14]. 

Eulalia comenzó a confeccionar una bandera como la que había diseñado Carlos Manuel de Céspedes, y envió a la ciudad a su criado Severino para que comprara las telas con los colores que necesitaba. Después cosió la bandera que llevaría Candelaria al frente de las tropas.

La Toma de Bayamo

Era 18 de octubre y hacia Bayamo marchaban Céspedes, Perucho y Manuel de Jesús Calvar. Figueredo cabalgaba junto a su hija Candelaria vestida con el simbólico traje de la República, portando la bandera y custodiada por sus ayudantes Gustavo Figueredo, su hermano, y Carlos Manuel de Céspedes, el hijo mayor del caudillo. Al llegar al río Bayamo, a la entrada de la ciudad, Candelaria desplegó la bandera y con un grito unánime todos exclamaron: ¡Viva Cuba Libre! Envuelta en una nube de humo, Candelaria arengó a los soldados mientras la bandera ondeaba al aire. Fue Canducha la heroína de aquel radiante día, llevando patriotismo a las tropas. Según sus propias palabras, «nunca una joven que por primera vez va a una fiesta estaba tan alegre y satisfecha como yo en aquellos momentos»[15]. Luego los músicos interpretaron La bayamesa mientras entraban en la Plaza de Armas donde se libró el combate principal. Las tropas españolas fueron vencidas el 20 de octubre, día en que firman la capitulación, y las autoridades españolas son confinadas a la cárcel. Fue una grandiosa victoria a solo pocos días de haber comenzado la guerra. Para dar gracias a Dios por el éxito logrado, el 8 de noviembre de 1868 se celebró un Te Deum en la iglesia de San Salvador de Bayamo. Allí Candelaria Figueredo simbólicamente entregó a Carlos Manuel de Céspedes la bandera del alzamiento que luego fue bendecida por el padre Diego José Baptista[16]. Un coro integrado por doce hijas de patriotas bayameses, seis negras y seis blancas, interpretaron el Himno de Bayamo, actual Himno Nacional.

Tres meses después de iniciarse la Guerra de los Diez Años, el 12 de enero de 1869, ocurrió el incendio de Bayamo, suceso de gran importancia en la historia de Cuba. Los dignos bayameses prendieron candela a todo lo que tenían antes de que sus propiedades cayeran en manos de los españoles. Veinte años más tarde José Martí diría a los cubanos exiliados de Nueva York: “[…] cuando el sacrificio es indispensable y útil, se marcha sereno al sacrificio, como los héroes del 10 de octubre, a la luz del incendio de la casa paterna, con sus hijos de la mano”.[17] Después que los líderes incendiaron sus propiedades, se unió el pueblo al sacrificio, y al final los españoles solo encontraron escombros. Cuando vieron las ruinas, el propio jefe español exclamó: “¡Están locos estos cubanos!” Numerosas cartas y diarios familiares recogen este evento que relatan las adversidades que luego sufrieron los bayameses al perderlo todo y tener que huir a los campos. La familia de Perucho escapó a los bosques de Jobabo, cerca de Las Tunas. 

La epopeya de los Figueredo y la muerte de Perucho

Pasando un sinfín de necesidades y sobresaltos, la familia Figueredo permanece en la manigua casi 18 meses. El 18 de junio de 1870 los españoles atacan El Mijial, en Sagua de Tánamo donde se esconde la familia. Un pariente, Luis Figueredo, enterado del peligro encuentra a la familia y se la lleva a Santa Rosa de Cabaiguán. Perucho permanece con Céspedes, pero cada vez que puede visita a su familia y les hace comprender que la patria merece toda clase de sacrificios. Pero un día Perucho enferma y como todo sufrimiento tiene su fin, a la vida de angustias que llevaban todos le sobrevino el inevitable desenlace. El 3 de agosto de 1870 se reencuentran Perucho y su familia, y al ver Isabel la condición en que está su esposo queda conmovida. El patriota había contraído fiebre tifoidea y sus pies estaban completamente ulcerados. Además, estaba sucio, sin afeitar, con las ropas completamente rotas; era una imagen patética. La familia temió por su vida ya que carecían de medicinas y no tenían casi comida.

El 14 de agosto los españoles los encuentran y capturan a Isabel junto a seis de sus hijos. Perucho logra escapar y es llevado precipitadamente por su hijo Gustavo a un escondite en Santa Rosa de Cabaniguao en Las Tunas y allí lo deja al cuidado de Candelaria. Pero durante la noche, mientras Candelaria va a buscar agua, escucha las voces cercanas de los militares españoles y llena de terror echa a correr. La siguen sus dos hermanos menores y una criada con una sobrina de meses. Pero en la partida se separan y toman diferentes direcciones. Perucho queda solo en la manigua y a la mañana siguiente lo encuentran los españoles quienes lo apresan y trasladan a caballo hasta Jobabo. Por su estado de salud, el coronel Cañizal permite que Figueredo sea acompañado por su hija Eulalia en el recorrido hasta Manzanillo donde luego lo embarcan en el acorazado Alerta para Santiago de Cuba. 

Después de celebrarle un juicio sumarísimo, Figueredo es condenado a muerte por traición, y el 17 de agosto de 1870 es ejecutado junto al matadero de Santiago de Cuba. El cuerpo de Figueredo es enterrado en una fosa común desconociéndose el lugar. Antes de morir Perucho había escrito una carta a su esposa y también su testamento. Entre otras cosas, con gran entereza, valentía y conformidad cristiana le decía: “Por última vez te recomiendo el valor y la resignación. […] Dios es grande en sus designios y no nos toca ni corresponde inmiscuirnos en ellos; en el cielo nos veremos, y mientras tanto no olvides en tus oraciones a tu esposo que te ama, Pedro Figueredo[18].

El cruel exilio

Mientras tanto, Candelaria junto con sus hermanos Luz y Ángel, se internan en los montes con Boris de Céspedes, hermano de Carlos Manuel de Céspedes, y allí viven escondidos por meses. Isabel y varios de sus hijos son deportados a Nueva York, y al igual que otras familias exiliadas, son recibidos por la comunidad cubana y varios compatriotas los ayudan, pero pasan muchas necesidades. Casi un año más tarde, el 15 de julio de 1871, los españoles capturan y deportan al resto de los hijos de Figueredo que quedaban en la isla. Meses después todos se reencuentran en el Cayo.    

A solo dos años de morir Perucho en Santiago de Cuba, fallece Isabel Vázquez en Cayo Hueso, el 2 de mayo de 1873. Sus hijos quedan desconsolados. Han muerto sus padres, han perdido todo en el incendio de Bayamo, y ahora viven un exilio de penurias y desarraigo. ¡Cuánto dolor y cuanta desventura la de esta familia! Eulalia (Yayita), la mayor de las hijas, quien había contraído matrimonio con Carlos Manuel de Céspedes y de Céspedes, hijo del Padre de la Patria, y con quien tuvo cinco hijos, ejerció el magisterio en las escuelas para los hijos de los emigrados en Cayo Hueso. Aún muy joven, el 25 de agosto de 1876, fallecía de una penosa enfermedad.

Candelaria se casó en 1877 con el músico matancero Federico del Portillo con quien tuvo 11 hijos. Candelaria regresó a La Habana con su esposo para las celebraciones de la República en 1902 y vio elevarse la bandera cubana en el Morro de La Habana. Falleció en su hogar de La Habana, el 19 de enero de 1914, y fue enterrada en el Cementerio de Colón con honores militares. La caja fúnebre estaba envuelta en la bandera de Bayamo, la que ella había llevado delante de las tropas invasoras 46 años atrás.

Blanca Rosa, conocida como Blanquita, nacida en Bayamo en 1850, se casó al comienzo de la Guerra del 68 con Ricardo Rogelio de Céspedes y Céspedes, sobrino de Carlos Manuel de Céspedes. Según la escritora Flora Mora[19], Ricardo llegó a coronel y acompañó al general Máximo Gómez en la invasión de Las Villas durante la guerra del 95 y luego fue deportado a España. Ricardo y Blanca tuvieron un solo hijo, Rogelio.

Isabel, quien según la ficha genealógica que me han facilitado los descendientes de Perucho Figueredo en los Estados Unidos, había nacido en Bayamo en 1854, y en 1880 vivía en Cayo Hueso con su esposo, Narciso Lufriú. Isabel falleció en Cayo Hueso el 8 de septiembre de 1894, donde permanece enterrada. José Martí escribió una emotiva semblanza de Isabel: «¡Con que vida se le iluminaban los ojos a Isabel Figueredo, la compañera amada del leal Lufriú, cuando, alrededor de una mesa de familia, se decía esta hazaña o aquella, de las que vio con sus ojos, ¡y ya no puede ver! […] ¡Con qué magnífico desprecio, y aireado ademán de la cabeza, aludía a esos hombres de Cuba, encubridores y cómplices de su propia infamia, que “tienen menos valor que nosotras las mujeres!” Y ella, la hija de ricos vivía casi feliz, como tanto rico de ayer […]. A las mujeres fieles a la desdicha y grandeza de la libertad, a la guerra terrible y al hogar pobre, se las quiere desde las entrañas, como a Isabel Figueredo»[20]

Al igual que sus hermanos, Piedad Luisa nació en Bayamo, el 21 de junio de 1859. Hecha prisionera y expulsada de Cuba junto a su familia, fue condenada a expatriación a Ceuta según relata un artículo del periódico Tampa Tribune. Pero el capitán del buque en el que viajaba permitió que Piedad se quedara en Nueva York. Piedad contrajo matrimonio con el cubano Gabriel Ayala en Cayo Hueso en 1880. En mis investigaciones, encontré a una bisnieta de Piedad, la señora Judy Clifton Steighner, quien me relató que Piedad había sido su bisabuela y que el hijo de esta, Gustavo, había sido su abuelo. “La hija de Gustavo fue Betty Gayle, mi madre»[21]. Piedad falleció en 1891 y fue enterrada en Cayo Hueso donde se conserva su sepultura. La señora Clifton me comentó también que por el obituario se advierte el cariño que sentían por Piedad. Murió de una neumonía el 22 de enero de 1891. El 5 de febrero el periódico La Verdad de Cienfuegos publicó la noticia de su fallecimiento de la que tomamos unas líneas: «Piedad Figueredo, […] hace unos años se fue al hospitalario país norteamericano, expulsada por la revolución. Una esposa querida, en la que la caridad era su mayor talento […]. Su muerte ha sido muy sentida en el exilio… […] el funeral fue una verdadera ovación de tristeza en la trabajadora villa del histórico Cayo, […] sesenta y dos coronas fueron depositadas en la tumba de Piedad como elocuente testimonio del cariño profundo y el respeto de sus virtudes por todos inspirado. Deja 5 hijos, algunos que aún no pueden decir su nombre»[22].

Otra de las hijas de Perucho e Isabel fue María de la Luz (Lucita) nacida en 1857. Escondida con sus hermanos en la manigua, el 13 de octubre de 1871 ella y sus hermanos son deportados para Nueva York en el vapor Annie. En Cayo Hueso, María de la Luz se casa con Basilio Angueira, ingeniero cubano de Guanabacoa. A finales de 1875 Angueira decide marcharse a Colombia junto con su familia. Algunos afirman que también iba Ángel María, el hermano de Luz, que por entonces contaba 17 años. Angueira y María de la Luz murieron en ese país en 1910, con un mes de diferencia uno del otro, y fueron enterrados en el cementerio central de Bogotá. Se sabe hay descendientes en ese país suramericano.

María Esther Figueredo y Vázquez nació en 1867, por lo que ya siendo mayor no pudo recordar la imagen de su padre que había muerto tres años después de ella nacer. Luego de ser expulsada de Cuba, se radicó con su familia en Cayo Hueso y allí se unió en matrimonio al señor Molina, del que poco se sabe. El matrimonio tuvo cuatro hijos. De acuerdo con la familia Figueredo de los Estados Unidos y por un escrito de su hermana Candelaria, sabemos que María Esther murió joven.

Elisa nació también en Bayamo, en 1852. Contrae matrimonio con Juan Evangelista Ramírez y Romagosa, natural de Manzanillo. Tienen un hijo cuyo nombre se desconoce. En 1870, el matrimonio es capturado junto con su bebé recién nacido, pero logran escapar. Elisa es luego deportada, pero según la ficha genealógica de la familia, el matrimonio de Elisa con Juan Evangelista fue anulado porque ella era menor de edad. Luego se casó en Cayo Hueso en 1874 con José García Toledo.

En cuanto a los varones de la familia, Pedro Felipe (1848-1870) murió en Cayo Hueso y está allí enterrado. Gustavo, (1856-1870) muere en Cuba de 14 años durante un altercado con los españoles, y Ángel María (1858-1921), se cree marchó a Colombia en 1875 como se dijo anteriormente, y regresó a los Estados Unidos cuando la Guerra de independencia. Hay constancia de que estuvo trabajando con los exiliados de Cayo Hueso y que José Martí lo envió a Santa Clara a conspirar con Carlos Roloff y Serafín Sánchez. Ángel María regresó al Cayo en 1906, y allí murió el 8 de octubre de 1921 donde permanece enterrado junto a su esposa Ida Figueredo.

Las raíces de la patria se nutren a través de los años del legado aportado por nuestros patriotas. Perucho Figueredo y su familia son fiel ejemplo de patriotismo, integridad y sacrificio, por ello forman parte importante de este legado. En este año que conmemoramos el 150 aniversario de la inmolación de Perucho Figueredo en Santiago de Cuba, le hacemos este homenaje al igual que a su excelsa familia, y los recordamos con estos versos

  • “Muchos años pasaron desde entonces,
  • y aunque faltan los mármoles y bronces
  • que recuerden al pueblo su grandeza,
  • al cantarlas se trocan en plegarias
  • las guerreras estrofas literarias
  • de su heroica y vibrante “Bayamesa”[23].

 

Bibliografía

  • Castillo de González, Aurelia: “Himno a los soldados”, Trozos guerreros y apoteosis, Imprenta Mercantil, La Habana, 1903.
  • Figueredo, Candelaria: La abanderada de 1868, Comisión Patriótica Pro-Himno Nacional, A la Mujer Cubana, La Habana 1929.
  • Mora, Flora: Biografía de Perucho Figueredo, Miami, 1974.
  • Martí, José: Discurso en conmemoración del 10 de octubre, Hardman Hall, New York, 10 de octubre, 1889, Obras Completas, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana,1991.
  • __________: Patria, Nueva York, 30 octubre, 1894.
  • Rodríguez García, Manuel, Ibraín Enrique Corrales-Reyes, et al: “Perucho Figueredo: insignia de himno y de patria libre”, Revista estudiantil 16 de abril, La Habana, 2017
  • Verdecia, José Maceo: Bayamo, Ediciones Bayamo, Bayamo, 2009.

 

Referencias

  • [1] Aurelia Castillo de González: “Himno a los soldados”, Trozos guerreros y apoteosis, Imprenta Mercantil, La Habana, 1903.
  • [2] No confundir con la otra Bayamesa, la de Figueredo. Esta Bayamesa de Céspedes y Fornaris es una canción romántica que tiene esta letra: ¿No recuerdas gentil bayamesa, / Que tú fuiste mi sol refulgente, / Y risueño, en tu lánguida frente, / Blando beso imprimí con ardor?
  • [3] Pedro Figueredo (Bayamo, 1818 – Santiago de Cuba, 1870) terrateniente y abogado. Participó en la Toma de Bayamo, autor de la música y letra de «La Bayamesa». Procedente de una familia rica, antiguos pobladores de Bayamo. Cursó estudios junto con los también bayameses Carlos Manuel de Céspedes y Francisco Vicente Aguilera, y después estudió en el colegio habanero Carraguao de José de la Luz y Caballero. Por sus dotes artísticas y literarias lo apodaban «El Gallito Bayamés». Luego de trabajar años contra la opresión de España, fue encarcelado y enfermo llevado a fusilar a los muros del matadero de Santiago de Cuba y enterrado en una fosa común.
  • [4] Flora Mora: Biografía de Perucho Figueredo, Miami, 1974, p. 34.
  • [5] Manuel de Jesús Rodríguez García, Ibraín Enrique Corrales-Reyes, et al: “Perucho Figueredo: insignia de himno y de patria libre”, Revista estudiantil 16 de abril, La Habana, 2017.
  • [6] Fernando Figueredo Socarrás (Puerto Príncipe, Camagüey, 1846 – La Habana, 1929) ingeniero, militar e historiador cubano. Fue General de Brigada del Ejército Libertador.
  • [7] Siboneyismo es un tipo de poesía o escrito nacionalista.
  • [8] Francisco Maceo Osorio fue abogado, periodista y mambí. (Bayamo,1828–Los Horneros, Oriente, 1873).
  • [9] Corpus Christi significa el cuerpo de Cristo, día en que la Iglesia católica celebra la institución de la Eucaristía.
  • [10] Mora, Ibid., p. 61.
  • [11] En la religión católica es la pieza de metal precioso donde se coloca la hostia, para adoración de los fieles.
  • [12] La patriota Felicia Marcé (1850-1941), conocida como la “libertadora insigne”, lo declara en entrevista realizada con J.I, Solís, en Flora Mora, p. 61.
  • [13] Joaquín de Agüero (Puerto Príncipe 1816 – 1851) protagonista del primer movimiento anticolonialista de Cuba. Luego de intensa persecución en la que intenta huir hacia los Estados Unidos, es capturado y torturado y luego ejecutado el 12 de agosto de 1851 en la ciudad de Camagüey.
  • [14] Candelaria Figueredo: La abanderada de 1868, Comisión Patriótica Pro-Himno Nacional, A la Mujer Cubana, La Habana 1929.
  • [15] Ibidem.
  • [16] Candelaria Figueredo en su autobiografía explica que fue el sacerdote bayamés, Emiliano Izaguirre fue el que bendijo la bandera.
  • [17] Palabras de José Martí en su discurso en conmemoración del 10 de octubre en Hardman Hall, New York, 10 de octubre, 1889.
  • [18] José Maceo Verdecia: Bayamo, Ediciones Bayamo, Bayamo, 2009, p. 140.
  • [19] Flora Mora: Biografía de Perucho Figueredo, Miami, 1974.
  • [20] José Martí: Periódico Patria, Nueva York, 30 octubre, 1894.
  • [21] Entrevista con la Sra. Clifton Steighner, Melbourne, Florida, 2013.
  • [22] Obituario facilitado a la autora por la Sra. Clifton.
  • [23] Himno/poema de Rogelio Hernández.

 

 


  • Teresa Fernández Soneira (La Habana, 1947).
  • Investigadora e historiadora. Estudió en los colegios del Apostolado de La Habana (Vedado) y en Madrid, España.
  • Licenciada en humanidades por Barry University (Miami, Florida).
  • Fue columnista de La Voz Católica, de la Arquidiócesis de Miami, y editora de Maris Stella, de las ex-alumnas del colegio Apostolado.
  • Tiene publicados varios libros de temática cubana, entre ellos “Cuba: Historia de la Educación Católica 1582-1961”, y “Mujeres de la patria, contribución de la mujer a la independencia de Cuba” (2 vols. 2014 y 2018).
  • Reside en Miami, Florida.