Historia

El pórtico de la esperanza

Teresa Fernández Soneira | 13 Junio, 2020

Santiago Apóstol, con bastón y calabaza. Talla en azabache del taller compostelano. Siglos XIV-XV. Foto de Teresa Fernández Soneira ©.

  • ¿Adónde va aquel romero, mi romero adónde irá,
  • Camino de Compostela, no sé si allí llegará […].           
  • Llegaron a Compostela, fueron a la Catedral,
  • y de esta manera habló Gaiferos de Mormaltán:
  • “Gracias mi señor Santiago, a tus pies me tienes ya
  • si quieres tomar mi vida, ya me la puedes quitar,
  • que yo moriré contento en tu santa Catedral”. [1]
  •                                                                                                Romance de Don Gaiferos, 1137

 

Desde la habitación del hotel donde me hospedaba oía repicar las campanas de La Berenguela[2], la torre del reloj de la Catedral de Santiago de Compostela. Esas campanas vienen tañendo sobre la antigua ciudad desde hace varios siglos; ¡cuánta historia no nos podrían hoy contar! Al principio me resultaba impresionante y hasta sublime escucharlas, pero ya al segundo día no me dejaban dormir y era cuando mi mente vagaba por la ciudad, su historia, y recordaba a miembros de mi familia materna oriundos de estas tierras. Mi sangre gallega los reclamaba. Había peregrinado desde lejos, a la verde y hermosa región de Galicia, “la del pan caliente y de la dulcísima vaca”[3]; a la antigua ciudad de Compostela donde “la lluvia es arte y el sol, poesía”. Era el otoño gallego, con lluvia que corre por las rúas y hojas que cambian de color, y venía a empaparme de arte, belleza y religiosidad.

Compostela, cuyo nombre proviene del latín campus stellae que significa campo de las estrellas, es la capital de la comunidad autónoma de Galicia en la provincia de La Coruña. Considerada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad, la ciudad fue denominada Primer Itinerario Cultural Europeo por el Consejo de Europa, y en el año 2000, por decisión del Consejo de Ministros de la Unión Europea, nombrada Ciudad Europea de la Cultura. Como si todo esto ya no fuera suficiente, el Apóstol Santiago, venerado en esta ciudad, es Patrón de Galicia y de España. La importancia de la ciudad proviene de ser uno de los tres grandes núcleos de peregrinación del cristianismo junto con Jerusalén y Roma. La tradición señala que fue aquí en Compostela donde se le dio sepultura al apóstol Santiago el Mayor, el hijo del Trueno, como lo llamó Jesús. Después de predicar por tierras españolas y de enseñar las buenas nuevas del Evangelio, Santiago regresó a Palestina donde falleció decapitado por su fe. Cuentan que luego del martirio sus discípulos llevaron su cuerpo a Compostela para ser enterrado allí.

En el año 813 un ermitaño llamado Pelayo que vivía en el bosque Libredón[4], observó durante varias noches consecutivas unos resplandores misteriosos sobre un montículo del bosque, como si fuera una lluvia de estrellas. Muy impresionado por aquellas luces, decidió ver al obispo Teodomiro y comunicárselo y este reunió a un pequeño séquito y para allá se encaminó donde pudo observar el fenómeno. Entre la densa vegetación los ayudantes del obispo encontraron un sepulcro de piedra[5] en el que reposaban tres cuerpos, los que después Teodomiro declaró eran los del Apóstol Santiago y sus discípulos Teodoro y Atanasio. Mandó a avisar enseguida al rey Alfonso II de Asturias sobre aquel milagro y este ordenó se construyera una capilla en el lugar. Gradualmente este sitio se convirtió en importante centro de peregrinaje, y es así como surge el famoso Camino de Santiago que ha marcado el acontecer de la ciudad a la que acuden desde hace dos milenios cientos de personas para venerar las reliquias de este apóstol a quien los gallegos llaman cariñosamente Santiaguiño. ¿Habrían traído los discípulos desde Palestina el cuerpo de Santiago? o, ¿sería esto solamente un relato de los moradores de estas tierras? Sea verdad o no, la historia fue aceptada y ha perdurado hasta nuestros días. El hispanista Américo Castro decía que “nuestra historia sería impensable sin el culto dado al Apóstol y sin las peregrinaciones a la tierra que el mismo había evangelizado y a la que regresaba de manera milagrosa”.[6] En el año 829 se construyó una iglesia en el lugar del hallazgo, y más tarde en el 899 se levantó otra iglesia prerrománica. Finalmente en el 1075, bajo el reinado de Alfonso VI, se inició la construcción de la Catedral de Santiago de Compostela.

En aquella mañana lluviosa de octubre en que visité la Catedral, lo primero que hice al llegar fue ir a saludar a Santiago Apóstol que allí se venera en el altar mayor. El busto del Apóstol, que data del siglo XIII, reposa sobre una enorme estructura de madera con artesonado y rosetones, asentado sobre cuatro ángeles que parecen sostener todo el conjunto. Se llega hasta la imagen subiendo una angosta escalera de mármol que ya tiene los peldaños bien gastados y por partes hundidos por el trasiego de los miles de peregrinos que por cientos de años han venido como yo a abrazar la imagen y cumplir con la tradición. El abrazo se da por detrás, por la espalda del busto, ya que la figura del Apóstol mira hacia la nave central del templo. Después del saludo, el peregrino baja por otra escalera hasta el pequeño mausoleo para venerar las reliquias de Santiago y sus dos discípulos.

En el siglo XVI, Cosme de Médicis,[7] duque de Toscana, recorrió parte de Europa, y cuando llegó a Galicia se dirigió a Santiago de Compostela. Estando allí describió la ciudad, la Catedral y el hospicio de peregrinos, pero lo que más le sorprendió fue la costumbre del abrazo. El duque nos dejó un simpático comentario de su experiencia: “…hay gente durante todo el día que se ejercita en semejante función, y muchos, no contentos con uno, con dos o con tres abrazos, dan diez o quince en diversas partes del cuerpo, ora en el cuello, ora en la espalda, ora en la cintura, según su ímpetu o mejor su frenesí; y es cosa indecente y ridícula el ver que la gente, por no saber dónde dejar el sombrero mientras abraza, lo coloca en la cabeza del Santo, el cual, visto desde la iglesia, muda a cada momento de sombrero[8].

La Catedral de Santiago de Compostela posee una planta de tres naves con varias capillas a los lados. Entre ellas están la capilla del Pilar, la de la Azucena, el Salvador, Ntra. Señora la Blanca, la Corticela y otras más. También es guardiana de algunas sepulturas como las de Raimundo de Borgoña, Fernando II y Juana de Castro, reina consorte de Castilla y León. El templo fue consagrado con gran derroche en mayo del año 899 con la asistencia de la familia real, 17 obispos, 14 nobles y otras personalidades. Casi cien años más tarde, en el verano del 987, la ciudad fue atacada por Almanzor del Califato de Córdoba. Sus huestes musulmanas quemaron el templo, aunque respetaron el sepulcro. Hacia el año 1000 se reconstruyó la iglesia y a partir de entonces esta experimentaría múltiples modificaciones.

En el año 1075, bajo el reinado de Alfonso VI, se iniciaron las obras de un nuevo santuario pues ya la Catedral resultaba demasiado pequeña para el número de peregrinos que la visitaba. Diego Gelmírez, arzobispo de Compostela fue la figura más importante en la tarea de llevar adelante las obras de construcción a partir del 1120, y como dice una guía, “fue el más astuto, mejor político y el más gallego y universal de los obispos de Compostela”.[9] En el año 1140 ya se habían terminado las obras de las naves, y es cuando el maestro Mateo, del que luego comentaremos, entra en la historia de esta Catedral y del arte universal.

En lo que era la puerta occidental del templo está el famoso Pórtico de la Gloria que antiguamente estaba abierto al exterior expuesto a la inclemencia del tiempo. Es un conjunto escultórico que representa a la ciudad celeste utilizando en la iconografía diferentes símbolos de la Apocalipsis y del Antiguo Testamento. “Desde el paraíso perdido al Juicio Final, el Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago es la primera gran película de la humanidad rodada en piedra”[10]. Con el tiempo el Pórtico se fue deteriorando y aunque retocado en varias ocasiones, ahora corría el peligro de perderse, y por ello se decidió restaurarlo. Aunque he visitado Santiago en muchas ocasiones, esta última vez fue diferente pues me encontré con un Pórtico de la Gloria vivo y deslumbrante. Ya las obras de renovación que habían durado diez años, habían concluido, y lo habían limpiado y reconstruido impecablemente. “Había que eliminar los depósitos de suciedad, sales, restos biológicos, utilizando una “cirugía” de precisión, evitando que se desprendiera la policromía original”, explicaba nuestra guía. “La cera del templo, la percolación por las lluvias, y el soplete utilizado en reconstrucciones anteriores, han dañado partes de la estructura”. Lucía ahora, según nos dijo, lo más parecido a como se vio cuando lo inauguraron en el 1211. La restauración ha recuperado los rostros de los apóstoles, las dobleces de los mantos, el esplendor de la policromía. Este Pórtico, que bien podría llamarse también del paraíso por su majestuosidad, ejecución y dramatismo, es una de las mayores glorias del arte cristiano.

No se sabe la procedencia[11] del artífice de esta maravillosa obra. Unos dicen que fue francés, otros que etiópico y otros que gallego. El caso es que el maestro Mateo llegó a Compostela con excelentes credenciales; era el mejor de su oficio y no hay dudas que también debía tener amplios conocimientos de las Escrituras ya que en el Pórtico plasmó el Antiguo y el Nuevo Testamento con precisión. Por todo ello, la mitra y el rey enseguida lo emplearon. Existe un documento firmado por el rey León Fernando II en que lo contrata y que dice “…como pensión, te doy y concedo a ti, maestro Mateo, que posees la primacía y el magisterio de la obra del citado apóstol, cada año la percepción de dos marcos a la semana […], de manera que esta percepción te represente 100 morabotinos[12] anuales. Esta pensión, este don, te doy durante toda tu vida, para que siempre la tengas…”.[13]

En el 1168 se iniciaron a golpe de cincel los trabajos del Pórtico de la Gloria. El maestro Mateo y su obradoiro[14] realizaron esta maravilla del románico con elementos del gótico que ahora yo contemplaba. Para acometer este proyecto tenían que haber empleado más de 400 obreros. El historiador y profesor de arte, Joaquín Yarza Luaces afirma que “nunca antes y nunca después en la historia de Galicia, ha sido Santiago de Compostela uno de los centros de arte más importantes del mundo”.[15] Estos obreros transportarían la dura y resistente piedra gallega desde distantes lugares; otros las cortarían y algunos más las trabajarían con sus instrumentos. Las plazas que rodean hoy día a la Catedral de Santiago: la Azabachería, las Platerías, la Quintana y el Obradoiro, serían unos inmensos talleres. Día tras día el maestro Mateo supervisaría las obras y también realizaría de su mano algunas de las piezas, como por ejemplo la columna en alabastro donde aparece la genealogía de Cristo.

El Pórtico de la Gloria es una obra compuesta por 135 estatuas de granito policromado donde han utilizado aceite de lino, el cardenillo, resinato de cobre, bermellón, y pigmentos de tierras. Los verdes eran de cobre y los blancos, de plomo. También se utilizaron el lapislázuli y el oro que ahora, con la reconstrucción se pueden apreciar muy bien. “En ese mundo de apóstoles, profetas, ángeles, monstruos y fieles, nada sobra” dice una guía turística. Arriba se contempla al Cristo resucitado que muestra las llagas de la Pasión en sus manos y costado, y que es la figura más grande en tamaño. Hay profetas, sibilas, animales domésticos, seres fantásticos y monstruosos; las virtudes del bien el mal y los vicios; las sirenas y los ángeles trompeteros. Vemos evangelistas, ángeles y los 24 ancianos del Apocalipsis con sus instrumentos que, en vez de tocarlos, los están afinando, y esto tiene un valor simbólico. Estamos ante un Pórtico de esperanza, un pórtico para todos los hombres, los que tengan fe o no, porque en todos late un deseo de felicidad que nos mueve a mejorarnos. Y para obtener esa felicidad debemos “afinar” nuestro espíritu y renovarlo. Es la afinación de la vida, lo que ha venido haciendo el caminante durante su largo recorrido por el Camino de Santiago.

También los gestos y acciones de interpretación de los músicos y el realismo de los instrumentos nos indican que “el escultor era un gran conocedor de música y de la interpretación”[16]. Vemos instrumentos de viento, de cuerda como la fídula y la viola que utilizaban los juglares. Los salterios, las arpas, y las cítaras, que se tocaban con varillas o pluma de ave; los laúdes de procedencia árabe, y el organistrum, instrumento manejado por dos ancianos y que se tocaba con una rueda girada por una manivela. Es asombroso ver que el maestro Mateo no utilizó la pintura para los detalles de los instrumentos sino “que estos se encuentran labrados, como por ejemplo las cejillas, la caja del arpa, los clavijeros o los puentes de los instrumentos de cuerda”.[17]

En la columna de la derecha están los apóstoles, y en la de la izquierda los profetas. En la columna del medio, en el parteluz, figuran cinco huecos donde los peregrinos (y yo también), han puesto las yemas de los dedos desde tiempo inmemorial desgastándola, mientras oraban haciendo sus peticiones al Apóstol como diciendo “ya llegué”. Por el otro lado de la columna está la imagen arrodillada del llamado Santo dos Croques (o santo de los pescozones). “Al pie del pórtico, de hinojos y mirando al altar donde está el sepulcro del Apóstol, está el maestro Mateo, el autor de semejante maravilla arquitectónica” dice Miguel de Unamuno. El maestro Mateo es personificado con bucles en la cabeza y lleva un cartel que dice Architectus. Antes de la restauración del Pórtico se ayudaba a los niños a golpear su cabeza contra la del maestro Mateo para que les transmitiera su imaginación e inteligencia.

En el parteluz, entre dos leones, hay una figura barbada de cabellos rizados. Es el Apóstol Santiago sentado en una silla o sede apostólica portando el báculo en tau[18] propio de los prelados compostelanos, y a su derecha despliega un pergamino en el que originalmente se podía leer: “Misit me Dominus” (me envió el Señor) justificando su misión de evangelizar España. El Apóstol tiene un rostro sereno con refinados rasgos faciales que transmite paz y parece de fácil conversación. Viste ricas ropas, aunque sus pies están desnudos y descansa, como en la mayoría de las estatuas-columnas, sobre una rizada hoja de col. Lleva una aureola metálica detrás de su cabeza que tiene gruesos cabujones de cristal, y es la única pieza metálica existente en el Pórtico.

En los gruesos pilares vemos ocho figuras de tamaño natural, cuatro en cada pilar. A la derecha están los los apóstoles: San Pedro, San Pablo, Santiago, y su hermano Juan. A la izquierda los profetas: Jeremías, Daniel sonriente “una de las mejores sonrisas de la historia del arte” como señaló el escritor Manuel Rivas, junto con Isaías y Moisés. Estas figuras se humanizan, se comunican, sonríen, conversan, manifiestan sentimientos acercándonos a la sensibilidad del arte gótico. El poeta Federico García Lorca en uno de sus viajes a Galicia observó que “el duende llena de sangre, por vez primera en la escultura, las mejillas de los santos del maestro Mateo de Compostela”.[19] El realismo es tal que la gran poetisa gallega Rosalía de Castro,[20] emocionada al verlo, dejó su sorpresa reflejada en este poema de su libro Follas Novas:

 

  • El sol poniente, por las ventanas
  • De la soledad, lanza serenos
  • rayos que hieren descoloridos
  • los ángeles de la Gloria y el Padre Eterno.
  • Santos y apóstoles ¡miradlos! Parece
  • que los labios mueven, que hablan bajo
  • unos con otros, y allí en lo alto
  • del cielo, la música va a empezar
  • pues los gloriosos concertistas
  • afinan risueños los instrumentos.
  • ¿Estarán vivos? ¿Serán de piedra
  • aquellos semblantes tan verdaderos?
  • ¿aquellas túnicas maravillosas,
  • ¿aquellos ojos de vida llenos?
  • Usted que los hizo con la ayuda de Dios
  • inmortal hombre, Maestro Mateo,
  • ya que ahí quedaste humildemente
  • arrodillado[21], háblame de eso…”.[22]

 

No se sabe si el maestro Mateo llegó a ver terminada su obra que tomó 43 años en realizarse, pero los estudiosos opinan que es dudoso, aunque afirman que debía de haber cumplido al menos tres décadas trabajando en la Catedral. Al terminarse, el Pórtico tuvo que causar una impresión extraordinaria en Galicia. ¿De qué nos habla hoy? ¿Qué mensaje nos deja el maestro Mateo? La genialidad del maestro va más allá de las interpretaciones que hasta ahora han descrito sobre el Pórtico. Cristo Rey no está aquí en posición de juzgar, sino que está esperando al peregrino. Sentado en su trono de Gloria, aguarda al hombre que a través del Apóstol Santiago se le acerca. Cristo nos espera con una mirada serena, amable y llena de paz, y con su acogida nos llena el corazón de esperanza.

Supongamos ahora que estamos allí en esa maravillosa Catedral en época remota, y que comienzan a llegar los peregrinos después de atravesar montes y ríos; campos de siembras e imponentes pasos pirenaicos y bellos paisajes hasta llegar a Galicia. Entran los peregrinos en la Catedral y oímos sonar los instrumentos. Luego un coro inicia la interpretación del Dum Paterfamilias, que es el más antiguo canto de peregrinación que se conoce del siglo XII,[23] o las Cántigas de Santa María de Alfonso X el Sabio[24]. Después, los peregrinos llegan hasta el pie del altar cantando sus himnos, llorando sus pecados, abrazando al Apóstol, leyendo algunos salmos, ofreciendo limosnas, y pasando la noche en vela ante la imagen de Santiago como aparece relatado en el Códice Calixtino.[25] Hubiera sido un cuadro de sublime belleza.

Y para completar la escena, veríamos al botafumeiro, (incensario en gallego), moverse de una nave a otra del templo, elevándose y pasando después por encima de nuestras cabezas dejando atrás nubes de incienso, “tiene un santo Compostela y el rey de los incensarios que de nave a nave vuela” [26] y cuyo propósito era primordialmente dar gloria a Dios y luego purificar, desinfectar el templo ante tanto peregrino venido de tierras lejanas. Hoy ya no necesitan desinfectar las naves del templo como antiguamente, pero el botafumeiro se sigue empleando en las misas del peregrino como señal de respeto, reverencia y tradición. Es la oración que sube ante el trono de Dios como el incienso.

Después de haber hecho este recorrido imaginario por la Catedral y su Pórtico de la Gloria, tal vez quede el deseo de un día visitar la ciudad y rendir respetos al Apóstol de España. Pero si se peregrina a Santiago de Compostela solo para disfrutar del arte que los hombres hicieron siglos atrás, o para revivir la historia de generaciones pasadas, entonces el viaje no te servirá de nada y habrás perdido tu tiempo. Tienes que darte cuenta de que aquí el arte es plegaria, y que cuando sepas mirarte con los ojos del alma descubrirás que tú eres eterno al igual que las piedras de esta ciudad. Gonzalo Torrente Ballester[27] escribió: “Acuérdate cuando estés en Compostela, de que aquí corren aguas lustrales para el espíritu. Y si consigues para el tuyo la limpieza que lo hace grato y digno a los ojos de Dios, aunque el resto de las riquezas compostelanas no te conmuevan, […] acaso hayas penetrado en su secreto, que es, a fin de cuentas y sin mucho requilorio, el secreto común a los grandes santuarios: la presencia de Dios, más evidente, más fuerte que en otras partes”.[28] El Camino de Santiago que tú harás, bien sea a pie, en bicicleta, y hasta por avión o por tren, lo hicieron antes millares de peregrinos. Pasaron trabajos físicos y espirituales; lucharon con el frío y con el calor; el hambre y el cansancio, y al final celebraron con alegría y fiesta ante el Apóstol.

Quien se acerque al silencio de la noche compostelana, si afina bien el oído y escucha con atención, podrá sentir el latido de su corazón de piedra. Se percatará de que solo lo exterior está quieto, que Compostela tiene alma, y que su esplendor dependerá del grado en que brille su fe. Como dice un folleto publicitario, ‘si la fe hubiera muerto, muerta estaría Compostela’ y sus rúas, y sus monasterios; y las galerías, y las plazas y fuentes, y su tradición. Pero Compostela vive porque vive de la fe de los que acuden a ella con devoción. Es el gran templo de los que creen y de los que no creen; de los piadosos y de los no tan piadosos, porque Compostela es la casa de todos. Y es la sonrisa de un profeta, la música de un trovador, las preces de un peregrino, la lluvia bendita que empapa sus piedras, y el caluroso abrazo fraternal a un Apóstol que ya siempre nos acompañará y con quien regresaremos a casa.

Bibliografía

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  • Yarza Luaces, J.: “On Artistic Activity” Medieval Sculpture”, Galicia No tempo, Arzobispado de Santiago de Compostela, Xunta de Galicia, Dirección Xeral do Patrimonio Histórico e Documental, 1990.
  • [1] Guillermo X, último duque de Aquitania, peregrinó a Compostela en 1137, falleciendo ante el altar del Apóstol el día de Viernes Santo. El Códice Calixtino cita la peregrinación del duque bajo el nombre caballeresco de Gaiferos de Mormaltán.
  • [2] Las campanas datan de 1729.
  • [3] José Javier León: “El duende de la gloria del Pórtico”, InfoLibre, Granada, 30 agosto 2018. Cita tomada de una conferencia de Federico García Lorca durante un viaje a Galicia.
  • [4] Libredón es palabra céltica que significa “Castro del Camino” y monte mágico.
  • [5] Era un mausoleo abandonado donde actualmente se sitúa la cripta de la Catedral compostelana.
  • [6] Américo Castro (Brasil 1885-Lloret de Mar, 1972) filólogo, cervantista e historiador cultural español perteneciente a la generación del 14 o Novecentismo. En España en su historia, Editorial Losada, Buenos Aires 1948.
  • [7] Cosme III de Medici, hijo de Fernando II de Medici y de Victoria della Rovere, hace un viaje por España y Portugal (1668–1669) en un periplo que comienza en Florencia y termina en A Coruña en 1669.
  • [8] Gonzalo Torrente Ballester: Compostela y su Ángel, Alianza Editorial, Madrid 1988, p. 185.
  • [9] José Solarat López: Galicia No Tempo, Arzobispado de Santiago de Compostela, 1991.
  • [10] Manuel Rivas en Ana Rey: El Pórtico de la Gloria, Pontevedra, 2011, es.slideshare.net.
  • [11] Maestro Mateo (c. 1150 – c. 1200~1217) fue un escultor y arquitecto que desarrolló su labor en los reinos cristianos medievales de la península ibérica durante la segunda mitad del siglo XII. Él y su escuela fueron los creadores del Pórtico de la Gloria en la Catedral de Santiago de Compostela en Galicia.
  • [12] Moneda antigua española que tuvo diferentes valores y calificativos.
  • [13] Fernando II de León, 23 de febrero del año 1168.
  • [14] Obradoiro en gallego significa taller de artesanos.
  • [15] J. Yarza Luaces: “On Artistic Activity” Medieval Sculpture”, en Galicia No tempo. Arzobispado de Santiago de Compostela, Xunta de Galicia, Conselleria de Cultura e Xuventude, Dirección Xeral do Patrimonio Histórico e Documental 1990, p. 172.
  • [16] Ibidem, p. 7
  • [17] Bonete Vizcaíno, Carlos: El Pórtico de la Gloria y su Música, Universidad San Pablo, Madrid, p. 18.
  • [18] Tau: una figura emblemática en forma de la letra griega tau (τ).
  • [19] Federico García Lorca visitó por primera vez Galicia a la edad de dieciocho años, en octubre de 1916. Fue acompañado de cuatro compañeros de la Universidad de Granada y de su profesor de Teoría de la Literatura y las Artes en un viaje de estudios por tierras de Castilla, León y Galicia.
  • [20] Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 1837 – Padrón, 1885) escritora gallega. Es conocida por sus libros Cantares gallegos (1863); Follas novas (Hojas Nuevas, 1880, y En las orillas del Sar, (1884). representado de rodillas detrás del Pórtico.
  • [21] Se refiere al Santo dos Croques.
  • [22] Rosalía de Castro: Follas Novas, Editorial Galaxia, Vigo 2002.
  • [23] Julián Jesús Pérez Fernandez: El Pórtico de la Gloria: la música y los instrumentos de su tiempo, Fundación Barrié, 2012, p. 7.
  • [24] Alfonso X de Castilla, llamado «el Sabio» (Toledo, 1221​-Sevilla, 1284), fue rey de Castilla, de León. Hizo ofensiva contra los musulmanes; llevó una activa y beneficiosa política económica; es reconocido por su obra literaria, científica, histórica y jurídica. Elaboró de su pluma las Cantigas de Santa María y otros versos. ​
  • [25] Códice Calixtino (en latín, Codex Calixtinus c. 1160-1180) es el nombre de un manuscrito iluminado de mediados del siglo XII que contiene el más antiguo texto sobre el Apóstol Santiago. Reúne sermones, himnos, milagros, relatos de la traslación del Apóstol, textos litúrgicos y piezas musicales relacionados con el Apóstol Santiago y es una especie de guía para los peregrinos de la época.
  • [26] Jacinto de Salas y Quiroga, revista El Artista, Imprenta Sancha, Madrid, 1835-1836.
  • [27] Gonzalo Torrente Ballester (La Coruña, 1910-Salamanca,1999), fue un profesor y literato español, uno de los más aclamados de su generación. Premio Cervantes y Premio Príncipe de Asturias entre otros.
  • [28] Torrente Ballester, Compostela y su ángel, p. 202.

 

 


Teresa Fernández Soneira (La Habana, 1947).
Investigadora e historiadora.
Estudió en los colegios del Apostolado de La Habana (Vedado) y en Madrid, España.
Licenciada en humanidades por Barry University (Miami, Florida).
Fue columnista de La Voz Católica, de la Arquidiócesis de Miami, y editora de Maris Stella, de las ex-alumnas del colegio Apostolado.
Tiene publicados varios libros de temática cubana, entre ellos “Cuba: Historia de la Educación Católica 1582-1961”, y “Mujeres de la patria, contribución de la mujer a la independencia de Cuba” (2 vols. 2014 y 2018).
Reside en Miami, Florida.