El reino del absurdo

IGUALDAD Y UNANIMIDAD

Luis Cáceres Piñero | 21 octubre, 2021

FOTO TOMADA DE INTERNET.

Estas dos palabras, tan traídas y llevadas a conveniencia de los que las manipulan, traen grandes confusiones para todos los ciudadanos.

Comencemos por la primera: igualdad. Ya sabemos que no hay nada igual a otro semejante en la naturaleza, ni dos gotas de agua. Aún más cuando se trata de seres humanos, ciudadanos que cada uno es un mundo de ideas, sentimientos y formas de actuar. Por eso, no creo en el igualitarismo. Solo en democracia verdadera existe un tipo de igualdad: la igualdad de todos ante la ley. Es cuando hablamos de igualdad de derechos para todos. Por eso, es inconcebible que se acepte o defienda que “la calle es de los revolucionarios” o que “la Universidad es para los revolucionarios”. Eso demuestra que no hay igualdad ni ante la ley que debe ser pareja para todos.

El segundo concepto manipulado: la unanimidad. Es tan falsa y tan rara que, aún dentro de un resultado aprobado por unanimidad, esta resulta dudosa porque si hay un “asintomático de sus sentimientos” que aparenta lo que no es para poder sobrevivir, entonces la unanimidad no existe porque el que discrepa no presenta síntomas de la discrepancia.

Dicho esto, podemos apreciar en que plano tan ridículo se expone el que impone su criterio y en qué humillación se hunde aquel al que se lo tratan de imponer. Es como si le dijeran: Tú no puedes ser como tú. Tú tienes que ser como yo. Pero en lo que yo quiera ya que tú no puedes ser como yo en el modo de vida de quien te impone sus ideas. Me viene el recuerdo de un poema de Nicolás Guillén: “No sé por qué piensas tú… si somos la misma cosa tú y yo.” O aquel otro: “Tengo lo que tenía que tener”.

Por discriminar al opuesto, ¿cuánto talento se ha desperdiciado en Cuba? ¿Cuántos talentos se tuvieron que marchar de su país por ser echados a la cuneta de la vida por pensar diferente? Son tantos a lo largo de estos años que nunca se sabrá lo que Cuba ha perdido en talento humano, que es la principal riqueza de un país.

Por este solo ejemplo, podemos afirmar que aquel que cree en la igualdad y en la unanimidad del socialismo que conocemos, está en contra de la naturaleza, en contra de la biodiversidad que tanto embellece este mundo. Toda esa diversidad natural que todos los hombres debemos cuidar como parte de la casa en que vivimos. Creo en esta diversidad, en la que dos gotas de agua y dos hojas no son nunca iguales, y creo también en la diversidad infinita entre los seres humanos, no solo físicamente, sino que somos todos diferentes en nuestra forma de pensar, de creer, de hablar, de actuar.

Creo que de la diversidad respetada en cada sociedad salen las mejores opciones para después elegir la mejor. En democracia existe la posibilidad de elegir en elecciones, por mayoría, lo que parezca mejor sin discriminar, ni reprimir a las minorías que no tienen los mismos criterios. La democracia prueba su calidad en el respeto y posibilidad de desarrollo de sus minorías.

Cuando esto no tiene cabida en un país, entonces las órdenes que vienen de arriba y tan lejos del surco son las que después tienen los campos improductivos y baldíos, repletos solo de marabú y tristeza. Cuba es un país donde los granos que caen en cualquier parte,

nacen y crecen hasta en una cuneta. Vemos por doquier maíz, frijoles, calabaza que se dan por accidente en basureros, patios, o cualquier lugar donde el azar los ha dejado caer, sin embargo nuestros campos no producen lo suficiente. Cuba tiene que comprar en otros países, óigalo bien: azúcar, café, arroz, sal, pollo, frijoles, y tantos productos que antes eran nuestras mejores producciones. Increíble pero cierto. ¿Por qué en una Isla del Caribe, con un clima tropical donde se pueden dar tres cosechas al año, escasean hasta los boniatos y las yucas, los limones y los mangos… Y ¿por qué esos precios inaccesibles en los mercados del agro, si la tierra cultivable está a un tiro de piedra de la ciudad?

Dejemos que la sabiduría popular tenga por siempre la primera y la última palabra, abramos las puertas al libre mercado, a la libertad de siembra, cosecha y comercialización del campesino cubano, y entonces veremos cómo desaparecen las colas, los revendedores, y la escasez, que junto al bloqueo de fuera han sido los eternos pretextos para justificarlo todo.

La sabiduría popular sabe hacerlo, liberémosla del bloqueo interno. Que así sea.

 


  • Luis Cáceres Piñero (Pinar del Río, 1937).
  • Pintor.
  • Reside en Pinar del Río.