El reino del absurdo

Consultar primero, decidir después

Luis Cáceres Piñero | 10 agosto, 2020

Foto tomada de Internet.

Cuesta mucho que alguien te convenza, con razones creíbles y justas, que quien piensa diferente es solo por eso, tu enemigo. Por otro lado, están los cerrados que consideran y quieren hacer creer que su idea es la única. Esto puede suceder tanto en política, como en religión, o en economía. Ambas posturas van en contra de la verdadera democracia. Se les considera fundamentalistas o dogmáticos. Creen que la verdad es la suya y que todos los que difieren están equivocados.

La palabra persuasión no está en su diccionario, ni la búsqueda de la verdad incluye el debate plural, ni aceptan la consulta o la comparación con la realidad objetiva. No buscan la verdad, imponen la suya. No creen que su verdad puede ser parcial, la tienen toda. No creen en los matices, piensan en un solo color.

Entonces, ¿cómo quedamos los demás? A qué nivel nos rebaja una forma de pensar así. A veces nos creen tontos, o nos explican como si fuéramos analfabetos, o nos engañan como si fuéramos anormales, o piensan por nosotros como si no tuviéramos cabeza propia. Actitudes como estas y otras parecidas, matan la iniciativa, secan la ilusión, empobrecen a la sociedad porque bloquea las propuestas diferentes.

Hoy cuando todo se mueve y el mundo avanza, lentamente, a veces con retrocesos y con dificultades, pero avanza hacia algo mejor, en medio de un debate público mundial, actitudes como estas e imposiciones que surgen de este modelo de sociedad uniformada, por lo menos hacen risible al que sostiene esta forma de actuar ante cualquiera que piense por cuenta propia. Sea político, sea religioso, sea un ciudadano común.

El modo de vida de algunos de los inquisidores no se parece a la forma de vida que imponen a los demás. Lo estamos viendo: para los ciudadanos la propuesta es sacrificio, ahorro, ajustes, restricción. Mientras que cada vez más nos enteramos de numerosos casos de desvíos de recursos para enriquecimiento ilícito, corrupción, malversación y buena vida para unos pocos. Parece que además de la palabra persuadir, también excluyeron del diccionario las palabras igualdad y justicia social.

En las sociedades desarrolladas o en vías de desarrollo, no se invierte en experimentos sin antes nutrirse de información seria, de un debate en el que participen diferentes opiniones, o experiencias debidamente comprobadas y evaluadas. Es que los recursos o el dinero “no es del sudor de su frente sino del sudor del de enfrente”.

Nuestras propias familias que viven en esas sociedades de economía de mercado y propiedad privada, nos persuaden con el ejemplo de sus propias vidas, con su trabajo, con la posibilidad de enviarnos remesas, y con su progreso personal, que son infinitas las oportunidades de progresar para todo el que quiera trabajar. El fruto de su trabajo se ve rápido y el salario tiene poder adquisitivo real. La moneda con que le pagan es la misma con la que puede comprar o invertir. En Cuba eso no sucede. Y parece que estuviéramos condenados a subsistir con el dinero que nuestras familias sudan en el país considerado como “enemigo”. Esto está al revés.

Son infinitas las posibilidades y oportunidades de ganarse la vida donde hay libertad para trabajar y para emplear y emplearse: desde un pescador con una pequeña embarcación, hasta un kiosco para vender golosinas, pasando por un campesino que siembra lo que quiere y puede vender lo que quiera al que mejor le pague. Y puede exportar si tiene exceso de producción y puede invertir y crecer en su negocio, sin temor a que se lo confisquen y lo saquen por televisión como un bandido antes del juicio.

En Cuba, el mundo está al revés. Antes, las riquezas producidas se ofrecían primero en el mercado nacional para los cubanos, como eran el azúcar, el tabaco, el café, y otras muchas… Ahora es primero para exportar, pero las ganancias no son para el productor, este tiene que acopiar para el Estado que es quien tiene el monopolio de las exportaciones. Antes nuestro dinero, el peso cubano, tenía casi el mismo valor del dólar en el mercado internacional, hoy nuestro pobre peso cubano vale 25 veces menos que el dólar dentro de Cuba, y no vale nada fuera de la Isla. Esto no es un rumor. Todo el mundo puede comprobarlo. Esto no es propaganda enemiga, es experiencia propia de cada cubano.

Pero esa experiencia no es tenida en cuenta, se considera “enemigo” al que habla ajustado a la realidad que está viviendo. Ningún debate previo. Y si se tiene el debate, nada cambia después porque no se tienen en cuenta los consejos y propuestas surgidas en la consulta. Es por eso que no avanzamos, o quizá no se ha leído e interpretado la sabiduría popular y milenaria de uno de los más bellos escritos de todos los tiempos: el libro de los Proverbios en la Biblia, que en uno de sus versículos dice claramente:

“Cuando no hay consulta, fracasan los planes, el éxito depende de los muchos consejeros” (Proverbios 15,22).

 

 


  • Luis Cáceres Piñero (Pinar del Río, 1937).
  • Pintor.
  • Reside en Pinar del Río.