Editorial

EDITORIAL 87: CUBA, UN PAÍS AISLADO Y EN DESINTEGRACIÓN

23 junio, 2022

Foto tomada de internet.

Cuba acaba de cumplir 120 años del nacimiento de la República aquel 20 de mayo de 1902. Es una ocasión para hacer balance de lo que somos, de lo que nos falta, de lo que necesitamos para llegar a ser una nación “con todos y para el bien de todos”, en la que “la primera ley de la República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”, como la pensó José Martí.

En estos últimos meses hemos sufrido el imparable fenómeno de los éxodos masivos periódicos en Cuba. Todos sentimos en nuestras familias, en nuestro trabajo, en las Iglesias y en el barrio que el país de desangra, está en fuga por las ausencias crecientes y dolorosas de miles de cubanos.

Sin embargo, a este fenómeno migratorio se une otro tan o más preocupante para el presente y el futuro de Cuba. Nos referimos al aislamiento político, económico y cultural que sufre Cuba por el empecinamiento de sus autoridades en mantener un modelo económico y político, que ha demostrado fehacientemente su decadencia, ineficacia e ineficiencia en todos los países en los que se intentó instaurar.

El aislamiento es una enfermedad mortal en este mundo interdependiente y globalizado. La cuarta revolución industrial en la que se desenvuelve la mayor parte de la humanidad exige irremediablemente una integraciónregional y mundial. Esa integración además de comunicacional, intercultural y multipolar, supone el compartir entre instituciones democráticas, entre las organizaciones de las sociedades civiles y, principalmente, entre economías eficientes y sostenibles.

Constituye un error gravísimo perder ese intercambio multisectorial por mantener un régimen político que provoca el aislamiento tanto de la región donde vivimos, como en las instituciones internacionales. La conciencia mundial, a pesar de todos los errores, se ha sensibilizado cada vez más sobre el respeto y la promoción de los Derechos Humanos, los sistemas políticos democráticos y las sociedades abiertas y participativas.

Ha sido tal el salto cualitativo en esta sensibilidad que acciones y actitudes recientes como la invasión a Ucrania, la expulsión de Rusia del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, la suspensión de Venezuela por no cumplir con sus cuotas en la ONU, la no invitación de Cuba, Venezuela y Nicaragua a la Cumbre de las Américas, la decadencia de la CELAC, del ALBA y del Movimiento de Países No Alineados, y las últimas votaciones en el Consejo de Seguridad y en la Asamblea General sobre Ucrania, son signos del rechazo mayoritario de los pueblos del mundo a los sistemas autoritarios, totalitarios o dictatoriales.

Cuba está más aislada que nunca al colocarse en el lugar equivocado apoyando a Rusia. Las consecuencias de este aislamiento, provocado por la continuidad de un sistema obsoleto y por la renuencia al cambio estructural y la cerrazón al desarrollo del mundo contemporáneo, pudieran ser de dimensiones incalculables para la estabilidad de Cuba y de la región.

Al aislamiento de Cuba se suma su desintegración como comunidad nacional, como sujeto de gobernabilidad y como protagonista de gobernanza. Este es un fenómeno del que no se habla todavía tanto habida cuenta de su gravedad e impacto en el presente y el futuro de Cuba como nación independiente y soberana.

Debemos tener presente que la cohesión social, la comunidad de personas ciudadanas, es la base de la identidad plural y siempre en gestación de una nación, ya que esta, precisamente, se define como:

“Conjunto de personas de un mismo origen étnico que comparten vínculos históricos, culturales, religiosos, etc., tienen conciencia de pertenecer a un mismo pueblo o comunidad, y generalmente hablan el mismo idioma y comparten un territorio. Es la comunidad social con una organización política común y un territorio y órganos de gobierno propios, que es soberana e independiente políticamente de otras comunidades y cuyos ciudadanos ejercen libre y democráticamente la gobernanza de los asuntos públicos y se dan una gobernabilidad estable, segura, próspera y elegida competitivamente entre sus ciudadanos” (Diccionario de la Universidad de Oxford).

En este sentido, y basados en esta definición de Nación, podemos decir que Cuba ha devenido en un proceso de desintegración por las siguientes razones:

• La comunidad de los cubanos y cubanas está dividida y dispersa no solo en lo geográfico por los repetidos éxodos masivos, sino también en lo político y en lo económico. El enfrentamiento entre cubanos por razones ideológicas está legalizado por el artículo 4 de la Constitución cubana de 2019 en que se lee que “Los ciudadanos tienen el derecho de combatir por todos los medios, incluyendo la lucha armada, cuando no fuera posible otro recurso, contra cualquiera que intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución”.
• Los vínculos históricos, culturales y religiosos se han ido borrando, unas veces con intención de borrar la memoria histórica y las creencias para entronizar una sola ideología excluyente de los que no la compartan, y en otras ocasiones, esos vínculos se deshacen por cambiar de geografía, culturas y religión en el afán de escapar de la Isla.
• La gobernanza y la gobernabilidad en Cuba se han deteriorado visiblemente y se ven afectadas por medidas económicas, políticas y culturales que no respetan los derechos y el ejercicio de la soberanía ciudadana.
• El totalitarismo ha causado un daño antropológico en las facultades cognitivas, emocionales y volitivas que afectan directamente la capacidad de los cubanos para formar comunidad con sus vecinos, con sus coterráneos, con otros cubanos debido a la desconfianza general por las delaciones fomentadas.

Otros factores también han contribuido, directa o indirectamente, a la creciente desintegración de la nación cubana. Este es uno de los asuntos públicos más graves de nuestro tiempo.

Todos los cubanos, autoridades y ciudadanos, en la Isla y en la Diáspora, somos responsables de que Cuba sufra estos dos flagelos que dañan su identidad, soberanía y progreso: el aislamiento y la desintegración.

Es urgente y necesario cambiar todo lo que aísle a Cuba de la comunidad internacional. En primer lugar, debemos superar la cerrazón del país a las transformaciones de la cuarta revolución industrial y a todo lo que impida el libre intercambio de todo tipo entre los ciudadanos, los grupos de la sociedad civil y no solo entre los Estados.

Cuba necesita, con urgencia de supervivencia como nación, parar los éxodos masivos eliminando la causa profunda que los provoca y estimula cada cierto tiempo como válvulas de escape.

Cuba necesita parar el empecinamiento político y económico inherente a un modelo que no funciona ni para nosotros mismos.
Cuba necesita parar el proceso de desintegración, atomización y dispersión de la comunidad nacional. Debemos seguir la obra de Martí que se proponía hace más de un siglo: “recoger, fundir, sublimar, atraer para el bien de todos, el alma que se desmigajaba en el país” (10 de octubre de 1891).

Que, a los 120 años del nacimiento de la República de Cuba, los cubanos todos seamos capaces de, por fin, cumplir el sueño martiano de salvar el alma de la nación.

Pinar del Río, 20 de mayo de 2022
120º aniversario de la República de Cuba