Editorial

EDITORIAl 86: SEAMOS CONSTRUCTORES DE PAZ

30 abril, 2022

Foto tomada de internet.

La guerra que ha desatado Rusia invadiendo a Ucrania, y todos los demás conflictos bélicos en varias latitudes del mundo, nos deben hacer reflexionar sobre la necesidad de una paz estable y verdadera para que las personas y las naciones puedan seguir avanzando en su desarrollo humano integral y en la construcción de una civilización del amor que se concrete en una convivencia pacífica y en una amistad cívica.

Ninguna guerra, ninguna crisis al interior de las naciones como la que estamos viviendo en Cuba, comienza en un momento, aparece de la nada, se improvisa superficialmente. Los conflictos bélicos y la confrontación entre ciudadanos de un mismo pueblo se van fraguando, lentamente, en lo profundo y silencioso del alma humana, y en la historia y cultura de los pueblos.

Por ello para ser constructores de paz se necesitan reformas profundas en la familia, en la educación de los ciudadanos, en los medios de comunicación, en las ideologías y los partidos, en las religiones y en las culturas de las naciones.

La familia: constructora de paz

Con mucha frecuencia se olvida que los líderes que confrontan, que invaden, que excluyen, que reprimen y matan, no vinieron “hechos” sino que se formaron en una familia o fuera de ella, con unos valores o contravalores, en un ambiente virtuoso o en un clima viciado. Toda actitud negativa, beligerante y cruel hunde sus raíces más remotas y profundas en el ambiente familiar en que se desarrollaron esas personas.

Una familia desestructurada formará líderes o grupos desintegradores de la comunidad civil. Unas relaciones matrimoniales rotas o violentas dejarán alguna fractura en la psicología de sus hijos y sembrarán en ellos, con su mal ejemplo, una tendencia a los métodos violentos en las relaciones sociales e internacionales. Unas relaciones paterno-filiales autoritarias e invasivas marcarán patrones de autoritarismo en los servidores públicos, o en los ciudadanos, tendentes a intentar controlar la totalidad de la vida de los otros y de extender su dominio fuera de las fronteras de su libertad que es la libertad de los demás, sean personas, grupos o naciones.

Por eso es de vital importancia a largo plazo cuidar a la familia, su estabilidad y funcionalidad, su hábitat, sus relaciones al interior del hogar y con las demás familias y vecinos. Es por ello que, viendo la realidad de la familia cubana ya desde 1998, cuando visitó Cuba, el admirado Papa San Juan Pablo II nos dejó esta recomendación: “¡Cuba: cuida a tus familias para que conserves sano tu corazón!

La escuela: constructora de paz

La paz también se construye desde la escuela. Un sistemaeducativo que fomenta en los educandos actitudes de exclusión con el diferente, de confrontación con el que piensa distinto, de violencia gestual, verbal o física, en las aulas, o con la participación de alumnos en actos de repudio, en campañas de descrédito, en represión, es una fuente inequívoca de actitudes violentas y belicosas cuando esos alumnos asuman sus propias responsabilidades en todos los ambientes de la vida personal, familiar y social, e incluso internacional.

Es de vital importancia renovar profundamente el sistema educacional cubano consensuando con la responsabilidad insustituible de los padres y la familia entera, un proyecto educativo que siembre valores humanos de aceptación de la diversidad y la inclusión, de perdón y reconciliación, de métodos pacíficos y dialogantes. Cuba necesita un proyecto educativo plural que cultive virtudes que están en el cimiento fundacional de los padres de la Patria como Varela, Luz, Martí, Agramonte, Céspedes, entre otros. Esas virtudes aparecen diáfanas y vigentes en el ideario de estos patricios: verdad, piedad, libertad, justicia, civilidad, paz y amor.

Los medios de comunicación social: constructores de paz

En la época que vivimos, un factor fundamental en la educación de las conciencias, en la formación de la opinión pública, en el cultivo de valores y virtudes es, además de la familia y la escuela, el impacto que en los ciudadanos y en las culturas tienen hoy los medios de comunicación social, las nuevas tecnologías de la comunicación y el uso adecuado y pacífico de las redes sociales, con el estilo peculiar de youtubers e influencers.

Cuba necesita una reforma profunda de todos sus medios de comunicación, aún más, Cuba necesita transformar su cultura mediática de confrontación, desfiguración de la verdad, ejecuciones mediáticas de personas, proyectos y países, construyendo una cultura mediática servidora de la verdad, del reconocimiento de la pluralidad legítima del mundo en que vivimos, promotora de valores y virtudes como la libertad, la justicia, el respeto al otro, “la despenalización de la discrepancia”, el consenso, el amor como fundamento de la amistad cívica y la contribución a una sistemática educación para la paz.

La sociedad civil: constructora de paz

El creciente tejido de la sociedad civil que va renaciendo en Cuba debe tener también una responsabilidad exigible en la construcción de unas relaciones sociales entre diferentes grupos, propuestas e ideologías. La mayor desgracia para Cuba sería que la naciente sociedad civil crezca y se forme con los mismos vicios y deformaciones del régimen que desarticuló minuciosamente el anterior tejido social.

Teniendo en cuenta que la sociedad civil es la cantera, el taller y la garante de la democracia, es de vital importancia ofrecer una educación ética y cívica para sanar el daño antropológico causado por el totalitarismo en Cuba. Esa sanación incluyeerradicar los ataques y difamaciones entre los diferentes grupos sociales, los caudillismos, los autoritarismos, los populismos, los protagonismos personales excesivos, los proyectos inflados o vacíos, la mimetización de actitudes y estructuras del sistema en desintegración.

La Iglesia: constructora de paz

Como parte de la sociedad civil, las Iglesias y demás manifestaciones religiosas tienen en su identidad y misión un semillero milenario para la siembra de valores humanos y virtudes cívicas. En el centro y en la base de esa labor educativa de la Iglesia está el cultivo de una sólida espiritualidad que integre y fecunde a la persona humana, el fomento de una mística para la acción política, económica, social y cultural que ponga la dignidad y los derechos de la persona humana como eje vertebrador de sus servicios religiosos.

La Iglesia en Cuba tiene una gravísima y principal misión que le es intrínseca a su razón de ser: la sanación del alma del cubano, del alma de la nación. En ese proceso de sanación antropológica y cívica, la Iglesia que es “experta en humanidad”, debe tomar conciencia de esta vertebradora misión, diseñar sus proyectos pastorales y su acción,encaminados a dar su contribución específica a esa sanación personal, al cuidado del santuario familiar; debe tener acceso a sus propios centros educativos, a la tenencia y buen uso de los medios de comunicación, y a la colaboración con el resto de la sociedad civil en la construcción de una cultura de la paz.

El Estado: constructor de paz

El Estado no debe fomentar un clima de confrontación, violencia, represión o lucha de clases. Tampoco debe permitir que en su territorio se incite al combate, a la confrontación entre cubanos, a sostener un ambiente de conflictividad inducida. Los actos de repudio, los programas televisivos denigrando y dividiendo a grupos de la sociedad y otros actos de violencia, son impropios de un Estado de Derecho. Es más, constituyen un delito internacional de lesa humanidad.

Un Estado de Derecho debe salvaguardar la paz de la nación y la paz internacional educando para la justicia y la paz, preservando y mejorando el pacto social y la concertación de voluntades y propósitos de la comunidad nacional, y manteniendo relaciones internacionales que respeten la soberanía, la integridad territorial y las democracias en los demás países.

En fin, que cuando ya las guerras están en marcha o cuando ya han ocurrido los estallidos sociales al interior de una nación dividida, resulta a veces demasiado tarde para solucionarlos convenientemente. No bastan los lamentos y las denuncias, es necesario asumir acciones eficaces para la paz. A estas alturas de la civilización las guerras son siempre un mal.

Vengan ya las soluciones dialogadas, negociadas, concertadas. Y junto con eso, sacar las lecciones de cada conflicto para conocer sus causas reales y buscar acciones que prevengan su repetición. Sin resolver las causas de una guerra o un estallido social es imposible evitar que se repitan. Todos, Estado, sociedad civil y ciudadanos debemos educar para la paz y la convivencia pacífica a las nuevas generaciones y crear un clima de concordia que permita que todos podamos ser constructores de paz.

Pinar del Río, 21 de marzo de 2022