Editorial

Editorial 72: CUBA 2019: LO VIEJO Y LO NUEVO

18 diciembre, 2019

Foto tomada de Internet

Hacer un balance cada fin de año, nos invita a echar una mirada a ese tramo del tiempo y tratar de resumir los rasgos fundamentales que lo identifican. No es ejercicio estéril, el tiempo es lo más precioso y lo más irreversible para que cada persona pueda realizar su proyecto de vida, para que cada grupo humano, nación o la entera comunidad internacional puedan evaluar su desempeño, reconocer sus errores, alegrarse con sus avances e identificar lo que aún falta por hacer.

Es verdad que nos apremia, y en ocasiones nos angustia, que la existencia humana es limitada, que tenemos una sola vida, que el tiempo pasa y cuando se nos presenta la oportunidad, debemos tomarla en serio y responsabilizarnos con el devenir de nuestros días.

En Cuba, con frecuencia, escuchamos esta frase: “Vida hay una sola y no la voy a perder en esto”. Otros, ya mayores, expresan con cierta tristeza: “He perdido la vida entre promesas y frustraciones”. Cada vez con más frecuencia oímos en los más jóvenes: “Me marcho de aquí, tengo derecho a hacer mi vida donde pueda luchar por mis sueños”. Cada Navidad, fiesta de la vida que comienza, celebración de lo nuevo, y cada fin de año, fiesta de la vida de un año que termina, nos detenemos a hacer balance, a celebrar lo que hemos alcanzado, a lamentar lo que no hemos logrado y a hacer planes para el Año Nuevo.

También Convivencia quiere aprovechar este último número de nuestro año 12 para destacar algo de lo viejo y lo nuevo de 2019 en Cuba:

Lo viejo

  • La continuidad de lo que no ha dado resultado, de lo que no aporta vida nueva en lo económico, en lo político, en lo cultural, en lo social.
  • El aumento de la represión de toda manifestación de autonomía, de soberanía ciudadana, de manifestación de vida de la sociedad civil.
  • El aumento de los presos políticos, muchos de ellos bajo supuestas “causas comunes”.
  • La violación de la propia Constitución a solo pocos meses de ser instaurada, especialmente en cuanto a detenciones arbitrarias, la negación u ocultación de información en unidades policiales sobre la ubicación de personas que han sido conducidas sin orden ni paradero conocido, la negación del recurso de Habeas corpus, las citaciones extrajudiciales sin el documento de la cita oficial, la prohibición de salida del país y de libre circulación dentro de Cuba sin tener sentencia de limitación de libertad, ni tener proceso judicial pendiente.
  • Las violaciones y restricciones al ejercicio de la plena libertad religiosa que es más que la reducida libertad de culto.
  • El retroceso en los procesos económicos, retrotrayendo aún aquellas medidas anunciadas o puestas en marcha por el mismo gobierno como la introducción de terceras monedas en lugar de la muy necesaria unificación de la misma para normalizar la economía.
  • Las crecientes medidas para bloquear las fuerzas productivas, controlar y constreñir al eficiente sector privado, tope de precios para intentar apaciguar la reacción ciudadana frente a la escasez indetenible.
  • El regreso a una variante disimulada de un “período especial” con la vuelta a la tracción animal, la falta de transporte de todo tipo, el desorden de los horarios de trabajo y estudio, entre muchas otras consecuencias.
  • El aumento de la angustia por la vida y la incertidumbre de no saber qué vendrá. Y el viejo recurso desesperado de “escapar” a cualquier lugar fuera de Cuba.
  • Retroceder a los viejos métodos en las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, después del fracaso de un nuevo estilo de las mismas que no encontró correspondencia en el gobierno cubano y, además, mantener la presencia cubana en situaciones propias de otras naciones.    

Otros muchos rasgos de lo “viejo” se podrían enumerar, pero se resumen en que la continuidad es el rasgo fundamental de este año en Cuba.

Lo nuevo

No obstante ese empeño conservador de atrincherarse en “lo viejo”, la historia humana es imparable, la vida está preñada de nuevas realidades que ningún voluntarismo puede detener. Lo que festejamos cada Navidad y comienzo de año es la capacidad del ser humano de dar a luz proyectos nuevos, ideas renovadas, iniciativas creadoras, destellos de la novedad milenaria que celebramos en cada aniversario del nacimiento de Jesucristo. Todo el tiempo humano, en todo el planeta, se mide precisamente contando los años a partir de la fecha aproximada del natalicio de Cristo. La historia de la humanidad se ha dividido para su estudio en dos etapas, una vieja y la otra nueva: Antes de Cristo y Después de Cristo.

Por eso, cada año celebramos la fuerza del regreso del sol naciente, la innovadora forma de vida en que la novedad es el comienzo de una era en que se nos anunció a los habitantes de este planeta que hay una forma nueva de convivir, que es diferente a “lo viejo” del odio, de la venganza, de la opresión, de la confrontación entre los hijos de un mismo pueblo o la guerra entre las naciones. Es el anuncio de una era de paz, de libertad, de justicia y de amor basados en tres pilares de la convivencia humana: Todos somos iguales por ser hijos de un mismo Padre, todos somos hermanos y todos formamos una única e indivisible familia humana sobre esta Tierra. Hoy, seamos creyentes, ateos o agnósticos, prevalecen en el mundo estos tres valores humanos universales: la igualdad en derechos y ante la ley de todos los hombres y mujeres sin distinción; la fraternidad constitutiva de la convivencia humana; y la vocación inalienable a formar una familia universal en el respeto a la individualidad de cada ser humano y a la diversidad de las culturas.

En este espíritu de novedad existencial destacamos algunos rasgos de lo que ha ido naciendo en Cuba durante el 2019:

  • Una disminución del miedo de la ciudadanía y una mayor expresión de su descontento.
  • Una mayor conciencia de los derechos humanos y de los recursos para su defensa.
  • Un mayor crecimiento y maduración de la sociedad civil y de su capacidad organizativa pese a la represión que aumenta.
  • Una mayor diferenciación de los roles de los diferentes grupos de la sociedad civil: definición de su identidad, misión, visión, objetivos, todos signos de madurez, no de división o confrontación.
  • Un consenso creciente y gradual de lo que significa en la práctica el principio de unidad en la diversidad: respeto a la diferencia y a los diferentes, disminución del lenguaje descalificativo, búsqueda de mínimos comunes y del fin último hacia el cual convergen todos: el cambio real por la vía pacífica.
  • El aumento de la solidaridad afectiva y efectiva entre los diferentes sectores de la sociedad civil nacional e internacional, sin que las naturales diferencias signifiquen dejar solo o abandonado al que sufre.
  • Un mayor uso de las nuevas tecnologías por parte de los ciudadanos para comunicarse, denunciar y proponer soluciones.
  • Éxito de lo que pudiéramos llamar “grupos conectados” que lograron organizarse por las redes, movilizarse, evaluar lo ocurrido y consolidar comunidades de intereses como son: la campaña del No al nuevo texto constitucional de cuyo referendo emergió que más de dos millones de cubanos no lo aprobaran, a pesar de las acciones contra cualquier tipo de respuesta diferente al Sí; el Grupo San Isidro y los que se nuclearon alrededor del rechazo al Decreto 349 del Ministerio de Cultura; la Marcha independiente realizada por alrededor de 300 personas por el Paseo del Prado con motivo de la jornada por los derechos LGBTI; la exigencia por la liberación de presos detenidos arbitrariamente y por la libertad de viajar y el cese de las “regulaciones” y “prohibiciones de salida” por razones políticas; las campañas para evitar las limitaciones a los derechos de los trabajadores por cuenta propia, como taxistas, dueños de “paladares” y hospedajes, que solo podían tener una patente; las campañas a favor de una ley de protección animal; entre otros ejemplos fácilmente comprobables en las redes sociales.
  • El éxito del uso de las redes sociales para construir consensos, exigir derechos y redactar documentos y demandas como el logrado por más de 20 medios independientes cubanos que publicaron el mismo día, a la misma hora, una declaración sobre la situación, limitaciones y represión de los periodistas y sus órganos con un contenido veraz, lenguaje respetuoso y esfuerzo por alcanzar mínimos éticos consensuados. (link de nosotros).
  • La gradual y efectiva toma de conciencia de las iglesias para participar en la vida pública, exigir lo que consideran son sus derechos y los de los ciudadanos, y dar su visión sobre la sociedad, sus valores y sus leyes, como fue el caso de la participación de varias denominaciones religiosas y la Iglesia Católica en el debate constitucional.

 

Las lecciones de este año

Otras muchas actitudes, acciones y visiones nuevas han nacido y crecido durante el año que termina. Podemos sacar algunas lecciones o moralejas útiles para seguir adelante:

  • Todas estas realidades nuevas son pacíficas, civilizadas, propositivas y respetuosas de la diversidad.
  • Ellas, y otras muchas, demuestran con creces la voluntad de los cubanos, a título personal y de los diferentes grupos de la sociedad civil, de participar en los cambios que Cuba necesita urgentemente.
  • El uso exclusivo de métodos pacíficos, dialogantes entre los diferentes proyectos, proactivos, y desechando y condenando toda expresión de violencia, física, verbal, institucional, son cualidades muy visibles, comprobables y meritorias del carácter de los cubanos, de su buena voluntad, de su visión de los cambios y de su concepción del porvenir de nuestra Nación en una convivencia ordenada, pacífica, justa y próspera.
  • Aún queda mucho por crecer, por madurar, por concienciar, pero la dirección del cambio, su rostro pacífico y su vocación incluyente, son motivos de esperanza.

Por todo lo anterior y por otras muchas vivencias que quedan en el hondón del alma de nuestro pueblo, podemos avivar esa esperanza. No se trata de ilusiones vanas, ni de “opio” alucinante, se trata de una esperanza afincada en la realidad y sostenida por la buena voluntad, el compromiso y las acciones y gestos simbólicos de muchos y variados cubanos.

Teniendo todo esto en cuenta, Convivencia desea a todos sus lectores, a todos los cubanos y a todos los hombres de buena voluntad alrededor del mundo, una Feliz Navidad 2019 y un mejor Año 2020, que sea nuevo de verdad.

Pinar del Río, 20 de noviembre de 2019

231º Aniversario del Nacimiento del Padre Félix Varela