Debate Público

En tiempos de crisis…

Yoandy Izquierdo Toledo | 15 abril, 2020

Foto tomada de Internet.

Una antigua enseñanza de la Iglesia, proveniente del fundador de los jesuitas, san Ignacio de Loyola, dice que “en tiempos de crisis no se hacen mudanzas”. Esta recomendación, aplicable a cualquier tiempo difícil, obviamente no debe ser entendida al pie de la letra, sino que debe ser interpretada, a la luz de los tiempos que vivimos. Específicamente hoy, pienso que el santo nos convida a resistir, con responsabilidad y compromiso, los embates de la crisis que sin duda está generando el Coronavirus en el mundo.

Los tiempos de confinamiento en los hogares, de asilamiento social de todo tipo, pueden servir en primer lugar para la reflexión sobre cómo ser mejores ciudadanos y aumentar la participación social, la presencia en la toma decisiones en los niveles de responsabilidad que nos atañen a cada uno, y sobre todo, cómo comportarnos una vez haya finalizado la crisis. Como este tiempo es también propicio para la lectura y la búsqueda de nuevos referentes, para renovar conocimientos o recordar y reforzar los preexistentes, he estado leyendo por estos días algunas frases célebres sobre las crisis y he estudiado algunas cuestiones relacionadas con la virología y otras temáticas científicas en torno al diagnóstico, propagación y tratamiento del SARS-CoV-2.

Mucho se ha hablado, escrito, publicado en diversos medios sobre esta pandemia de inicios de 2020. La producción periodística y científica ha alcanzado niveles inimaginables, la iniciativa ciudadana también. Y como toda crisis ya está dejando muchas y nuevas (otras no, en tanto que son reiteradas) lecciones para la humanidad. Quisiera comentar algunas de ellas, aplicables fundamentalmente a Cuba:

  1. Cada país necesita contar con reservas reales para tiempos de crisis, recursos que se puedan destinar urgentemente en caso de emergencias, amén de los saldos económicos que después de la crisis tocaría paliar. Lo anterior debe estar fundamentado en un programa económico sólido, en una economía sostenible, en la inserción eficaz y confiable del país en el mercado regional y global, en una política crediticia ética y responsable. Decía el Premio Nobel de Economía de 1976, Milton Friedman que: “Cuando ocurre una crisis, las acciones que se toman dependen de las ideas que andan por doquier. Eso, creo, es nuestra función básica: desarrollar alternativas a las políticas existentes, para mantenerlas vivas y disponibles hasta que lo políticamente imposible se torne en lo políticamente inevitable.” También añade algo muy contundente, que podría servirnos de acicate en medio de la tribulación: “Solo una crisis –real o percibida- da por resultado el cambio real”.
  2. Los tiempos de crisis constituyen una oportunidad para proyectarse hacia el futuro. Muy relacionado con el primer punto tenemos esta gran lección que podría servirnos para motivar el debate sobre la posición asumida ante situaciones especiales como la actual. Decía el pacifista sudafricano, luchador contra el apartheid, Desmond Tutu que: “Los tiempos de crisis no son solo tiempos de ansiedad y preocupación. Nos dan un chance, una oportunidad para elegir bien o para elegir mal”. Numerosas iniciativas han surgido dentro y fuera de Cuba. El ser humano, en ejercicio de caridad y alta responsabilidad social, debería evocar sus mejores valores adquiridos. No son tiempos de atacar como vemos que pululan los mensajes en las redes. No estamos en condiciones de entrar a destripar un texto con un censor ideológico en mano. No es hora de llamar “hipócritas samaritanos”, “mercenarios de las redes” y “oportunistas” a quienes articularon, cuando el gobierno aún no había tomado las medidas necesarias y suficientes, lo que estos mismos comunicadores, al servicio del monopolio de la prensa en Cuba, llamaron “campañita”. No son “campañitas”, se llama ciudadanía, ejercicio cívico, participación ciudadana, responsabilidad social, o cualquier otro nombre que quepa dentro del vocabulario democrático y no de ataques ni descalificaciones de unos y de otros.
  3. Las crisis deben fortalecer la cohesión social. En términos sociológicos se refiere a la búsqueda de consensos, a la participación en una causa común, a la generación de lazos comunes para la toma de decisiones y luego ejecutarlas con disciplina para lograr su efectividad. Cada entidad nacional, cada persona en particular, debe dejar a un lado la concepción de que la situación actual no le afectará; la indiferencia y la irresponsabilidad solo conducen a situaciones extremas, en este caso a la adquisición de la enfermedad y la propagación a otras personas sanas. Las experiencias de otros países, potencias mundiales incluidas, deben servir de incentivo a la hora de cumplir las medidas de protección personal y a nivel de país. Es cierto que han surgido declaraciones de medios independientes, solicitudes de intelectuales y artistas, cientos de publicaciones de personas que para algunos pueden resultar anónimas, pero que denotan que están conectadas con los demás y con Dios, en la preocupación colectiva de cómo enfrentar esta pandemia y disminuir el costo humano. Esto no se llama oportunismo, como también algún que otro medio oficialista ha llamado a la iniciativa ciudadana de incentivar la toma de medidas de protección.
  4. La información y la verdad en medio de las crisis ayudan a la paz social. Entiendo que no es necesaria la explicación exhaustiva de la metodología a seguir para la detección del virus, por ejemplo; pero que entonces tampoco sea esgrimido este recurso a la hora de justificar la tardanza en la confirmación de un caso. La confianza ciudadana es una variable que se construye por el continuo ejercicio de la información veraz, certera y constante. En un país donde el Producto Interno Bruto crece, pero los efectos de ello no se traducen en la economía familiar ni en las condiciones y calidad de los bienes y servicios de la población; o donde muchas veces ha sido ocultada una información o adulterados datos estadísticos, la incredulidad aumenta y la desconfianza comienza a traducirse en indisciplina social y baja percepción de riesgo. Decía Abraham Lincoln, defensor de la patria americana: “Soy firme creyente en el pueblo. Si se le da la verdad, se puede depender del pueblo para confrontar cualquier crisis nacional. El quid del asunto es informarles de los hechos”.

Todos estos puntos se relacionan entre sí, porque los niveles económicos de un país le permitirían acceder a las pruebas para la rápida detección del virus, propiciarían una adecuada atención de los pacientes infectados, ayudarían a la ejecución de medidas en todos los sectores nacionales. La confianza en cada una de las personas implicadas en el área científica y sanitaria en general, así como los aportes de cada ciudadano respondiendo a las medidas, denotan que estos son tiempos de articular la responsabilidad del Estado, con la responsabilidad ciudadana. Termino como inicié, diciendo que en tiempos de crisis no se hacen mudanzas, pero saquemos las experiencias: proyección hacia el futuro, cohesión social, información y verdad.  

 

 


  • Yoandy Izquierdo Toledo (Pinar del Río, 1987).
    Licenciado en Microbiología.
    Máster en Bioética por la Universidad Católica de Valencia y el Centro de Bioética Juan Pablo II.
    Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
  • Miembro del Consejo de Redacción de la revista Convivencia.
  • Responsable de Ediciones Convivencia. Reside en Pinar del Río.