Debate Público

Propuesta de un mercado mayorista privado como solución para la Oferta Agregada en Cuba

Alberto Laens Crespo | 15 Octubre, 2019

Durante las últimas semanas los temas económicos han estado presentes en la cotidianidad. Incrementos salariales, controles de precios, poder adquisitivo e inflación son solo algunos de los términos de los cuales se comentan popularmente. No obstante, en mi experiencia, son solo los académicos de la materia los que se interesan en comprender estas definiciones científicas y la complejidad de los fenómenos vinculados. Por el contrario, los obreros, los maestros y las amas de casas se preocupan por el impacto que tendrán estas medidas en sus bolsillos y economía familiar. Sobre cómo afectará o beneficiará su rutina diaria y la constante “luchita” de caerle atrás al pollo, el papel sanitario o al producto de la canasta básica que esté de moda por su notable escasez y las largas colas para adquirirlo.

Si bien en el pasado la regulación temporal de la oferta de ciertos productos de primera necesidad ha sido un paliativo efectivo para situaciones críticas, no es menos cierto que en el escenario actual de la economía cubana, donde coexisten diversas formas de propiedad y gestión con sus correspondientes objetivos particulares, la regulación no es la vía de solución.

A diferencia de otras naciones subdesarrolladas, la economía cubana no se caracteriza por presentar un problema de demanda, sino por presentar un déficit crónico de oferta. En el escenario presente, dado el estímulo a la demanda a partir de los recientes incrementos salariales al sector presupuestado y una limitada respuesta de la oferta, es difícil no concebir un incremento de los precios a menos que exista una reacción positiva de la producción nacional.

Pretender que el nuevo modelo económico se ajuste a mecanismos arcaicos de control, en lugar de echar mano a nuevos instrumentos para conducir el nuevo modelo y corregir sus viejas y futuras imperfecciones, resulta contradictorio con la Conceptualización del Modelo Económico y Social. Las leyes del mercado se deben estudiar y conducirse a través de instrumentos indirectos, no a través de decretos.

Los controles de precios como instrumentos de regulación han probado ser la principal aliada de la corrupción, la malversación y de la mala asignación de recursos. Es combustible para la segunda economía. Su puesta en práctica durante períodos prolongados de tiempo repleta al mercado de falsas señales generando distorsiones que tornan en ineficiente al sistema en su conjunto.

De persistir el escenario actual, continuará la incertidumbre de los agentes económicos que al escuchar de la disponibilidad de un producto básico escaso, seguirán asistiendo en hordas para “clasificar” según sus necesidades. Otro elemento que proseguirá será, por más que se intente combatir, la figura del comprador “acaparador”, ese que te resuelve el problema y casi siempre tiene lo que necesitas debido a que su “socio” que trabaja en la tienda administrada por el Estado le da acceso preferencial cuando se abastece el mercado con los productos altamente demandados, que el Estado importó con sus fondos.

Si lo que se desea hacer es mejorar el poder de compra del pueblo trabajador, de esos cubanos de a pie, medidas como los controles de precios y límites a los volúmenes de compra no facilitarán el acceso a productos básicos de primera necesidad, pues los mismos no estarán disponibles. Me cuesta entender en qué definición de justicia social cabe que las personas dediquen largas horas a acechar estos productos básicos. Medidas como estas no protegen al consumidor, cuando entorpeces la oferta no proteges a nadie.

La esencia del fenómeno se halla en la limitada oferta, uno de los mayores impedimentos en el desenvolvimiento normal de las relaciones económicas en Cuba. En vez de aplicar medidas populistas carentes de argumentos científicos, cuyos resultados pueden deteriorar más aún la situación que se pretende arreglar, búsquense las razones por las cuales no se puede incrementar la oferta y elimínense las mismas.

Ahora, ¿cuáles son las causas de la limitada oferta? Esta es la gran interrogante, y como muchos fenómenos tiene factores tanto externos como internos. El principal elemento externo sería la política conocida como “Bloqueo”. El mismo tiene como objetivo derrotar y someter por hambre al pueblo cubano. El Bloqueo se ha recrudecido y constituye, según los medios oficiales, el principal obstáculo para normalizar las relaciones económicas de Cuba con los EE.UU. y el resto del mundo. Otro elemento que no se puede menospreciar es la elevada Deuda Externa que ostenta Cuba, que supera, al menos, los 18 000 millones de USD, según cifras oficiales (ONEI, 2019). No es fácil encontrar proveedores que deseen comercializar sus productos en nuestros mercados ante tanta incertidumbre. Para comprender los argumentos internos habría que hacer un análisis minucioso de qué es lo que nos conduce a los fallos esenciales y estructurales de nuestro sistema, que impiden la creación de riquezas y sobre los cuales no pretendo profundizar en este artículo.

La complicada situación de las finanzas externas, propiciada por los factores previamente mencionados condiciona la disponibilidad de divisas y se requiere que cada recurso sea utilizado con precisión. Sin dudas, el monopolio importador del Estado, que no se caracteriza por ser eficiente, es uno de los males que lastra a la economía cubana. El Estado debería enfocarse en la importación de aquellos insumos que garanticen el normal desarrollo de sus políticas sociales y de las empresas estatales que generen beneficios. Lo demás, como bienes perecederos -alimentos no producidos en Cuba- tecnología y medios de producción para el sector privado, deberían ser responsabilidad del mismo.

Desde la aprobación del trabajo por cuenta propia el mismo ha ido en aumento en su participación dentro de la economía. Los aportes de las formas de gestión no estatales, representan el 12% del total de los ingresos al Presupuesto del Estado; los trabajadores por cuenta propia ingresaron 3 mil 183 millones de pesos, un 2% por ciento superior a lo planificado (Ministerio de Finanzas y Precios, 2019). Para el 2018, este sector empleaba a más de 580 mil personas, más del 8% de la población económicamente activa y un 13% de los empleos totales. Para el mes de mayo de 2019, unas 605 mil personas ya estaban afiliadas al trabajo por cuenta propia en Cuba (Prensa Latina, 2019).

  • Fuente: Periódico Granma (Versión Digital) 09 de julio de 2018.
  • Notas: El dato 2017 es un estimado y el dato 2018 es una proyección.

En Cuba constituye un delito que un trabajador por cuenta propia (TCP) compre la cantidad de bienes que estime conveniente para garantizar la prestación de un servicio y obtener su plusvalía. No se debe juzgar al cuentapropista que desea garantizar sus insumos para garantizar la obtención de su plusvalía. No hace mucho tiempo atrás esos mismos cubanos que ahora se intenta criminalizar estaban empleados en el sector estatal.

Ante tal situación, la puesta en marcha de mercados mayoristas ha sido una de las principales exigencias del sector privado. Ante la actual ausencia de un mercado mayorista bien abastecido al cual los TCP puedan acudir en pos de garantizar un servicio de calidad, los mismos debe comprar sus insumos en las tiendas estatales minoristas y los mercados agropecuarios de oferta y demanda, lo que conlleva en muchas ocasiones al desabastecimiento. Incluso, no en pocas ocasiones, los TCP con los visados correspondientes se ven forzados a viajar a otros países para abastecerse de productos como el jamón serrano o la Nutella, entre otros.

El establecimiento de un mercado mayorista con derecho a la (casi libre) importación de bienes sería una fuente de empleos mejores remunerados y fomento para la expansión del sector privado. Con un adecuado y estable nivel de oferta en los mercados mayoristas -de propiedad privada- habrá un suministro constante hacia los mercados minoristas y el sector cuentapropista que así lo requieran.

Las externalidades hacia una elevación de la calidad de los servicios gastronómicos y turísticos son incuestionables. En las circunstancias actuales el sector privado ha demostrado gran capacidad de resiliencia y de constante innovación para sobreponerse a la escasez de suministros y las absurdas regulaciones estatales. No negaré que me genera ilusión cómo se desenvolvería este sector en un escenario donde tenga más libertad de operaciones y mayor acceso a insumos. La competencia entre negocios generaría un incremento en la calidad global de los servicios.

Los encadenamientos productivos con los agricultores pequeños estimularía la producción nacional de alimentos, al mismo tiempo que se reducen los costos para el sector agropecuario. Los agricultores podrían comprar en este mercado mayorista la tecnología, los contenedores, envases y medios de transporte para trasladar sus cosechas hacia las ciudades. Luego, estos mercados mayoristas, de resultarles conveniente, pueden comprar productos frescos (proteína animal y vegetal, frutas, verduras) cultivados en Cuba para su comercialización hacia los mercados minorista, el sector privado y la industria turística. Esto es solo un ejemplo de los encadenamientos posibles.

Desde hace meses se ha puesto en marcha un experimento de mercado mayorista (caso Mercabal) destinado a abastecer con bienes de productores nacionales a las cooperativas no agropecuarias de comercio y gastronomía. No obstante, al este mercado ser administrado por el gobierno, puede incurrir en los desabastecimientos frecuentes en los negocios de gestión estatal. Cuando no se disponga de la liquidez para importar productos terminados o la materia prima requerida, se incurrirá en incumplimientos de planes y, por ende, desabastecimiento.

El Estado debería limitarse al rol de ente regulador a través de la fiscalización correcta del mercado mayorista. Esto haría más eficiente la actividad evitando el desvío de recursos comprados con dinero del Presupuesto del Estado, mientras que de manera simultánea ahorra recursos y tiempo por el mero hecho de no tener que estar en actividades rutinarias de supervisión y control interno. Mientras se pretende criminalizar al TPC nadie se pregunta por qué no funciona la llamada fiscalización y control. Nadie cuestiona la existencia de un diseño socioeconómico con incentivos macabros que motiva a los agentes, una y otra vez, a burlar las absurdas regulaciones.

En tiempos como estos, donde se aboga por darle sensibilidad al tratamiento y necesidades del pueblo, pretender que se alcanzarán resultados diferentes haciendo lo mismo por años, bajo la gestión estatal, es una utopía. El problema no se resuelve con el control estatal, no se ha resuelto antes y no lo hará en el futuro. Una verdadera alternativa revolucionaria es requerida. Intentemos, al menos por una vez, algo diferente, y las posibilidades de éxito serán mucho mayores que seguir repitiendo viejas prácticas que no funcionan. Procuremos por lo menos una vez… saturar el mercado.

El sector privado tiene que asumir el liderazgo que le corresponde para contribuir proactivamente a la delicada “coyuntura” a la cual se enfrenta la economía cubana y evitar el terror de otro “Período Especial”. Este sector no enfrenta ninguna medida unilateral ni sanciones impuestas por una potencia imperial. Todo lo contrario, se vería con muy buenos ojos el empoderamiento del mismo a nivel internacional. Esta si se percibiría como una verdadera reforma, no como esas que al ser tan lentas, superficiales y tímidas se pueden criticar luego de más de 10 años por no haber alcanzado lo que se pretendió. Reformas que solo han quedado para vender una imagen más que hechos. Este sector no enfrenta ninguna medida unilateral ni sanciones impuestas por una potencia imperial. En el escenario actual, donde se ha restringido el monto de las remesas a ciudadanos cubanos mientras que de manera simultánea, se apoya la operación de la actividad económica en el sector no estatal por parte de trabajadores independientes para así alentar el sector privado cubano (U. S. Department of the Treasury, 2019) se generan espacios para que, a pesar de las nuevas restricciones emitidas por el Departamento del Tesoro de los EE.UU., las remesas puedan seguir fluyendo hacia la isla y financien así un mercado mayorista de propiedad privada.

Ahora, si bien hablo de un mercado mayorista de gestión y propiedad privada, definitivamente no puede ser solo UN mercado, o sea, un simple establecimiento con un solo propietario. Una estructura de mercado monopólica en el sector mayorista, aunque sea de propiedad privada, no resolvería el problema incluso lo pudiera empeorar. La condición de monopolio le concede a este mercado privado la posibilidad de fijar los precios y especular con los productos y cantidades que desea ofertar, por lo que no habría ninguna diferencia cuantitativa ni cualitativa con la situación actual.

¿Cómo se financiarían las operaciones y los productos a ofertar en este mercado? Haciendo uso de las remesas. Debido a la escasez o casi nulidad de información verídica por parte de fuentes estadísticas oficiales como el Banco Central de Cuba o la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) la cuantía que llega a Cuba es una incógnita y hay que partir de estimaciones para comprender el monto total de las mismas y su impacto en la economía nacional. No obstante, de acuerdo a diversas fuentes, las cifras varían entre 1000 a 3000 millones en efectivo cada uno de los años del último quinquenio, incluso estas cifras pueden sobrepasar los 6000 millones si se toma en consideración la ayuda familiar en forma de bienes (González, 2019).

Las remesas en Cuba, hasta ahora, son destinadas principalmente al consumo y a satisfacer necesidades insatisfechas por parte de sus receptores. En años recientes, con la autorización del TCP y las cooperativas no agropecuarias, numerosos negocios han florecido haciendo uso de equipamiento, tecnologías de punta y productos de marca que en gran medida han recibido financiamiento externo. Igualmente, la compra de autos y de autopartes para restaurar los “almendrones” y brindar servicios de transportación pública y al turismo; la compra de bienes duraderos como viviendas para la creación de casas particulares y proveer alojamiento a los visitantes foráneos han sido financiados en gran parte en base a las remesas.

La realidad es evidente y se puede apreciar que estos sectores utilizan mercancías y tecnologías no disponibles en el país, además de que no existe un mercado mayorista con este tipo de oferta para que puedan ser adquiridos. El punto es que el fomento de negocios de propiedad no estatal, haciendo uso de financiamiento externo vinculado a las remesas, no constituye una novedad en la economía cubana.

Como refleja el gráfico 2, existe suficiente capital por parte de los agentes económicos privados cubanos para asumir, por lo menos, gran parte de la factura por el concepto de importación de alimentos en nuestro país. De ser así, el Estado no tendría que destinar divisas a la adquisición de productos perecederos y se puede limitar a la importación de alimentos para garantizar la continuidad de programas como el de la libreta de abastecimiento. El resto del capital para la importación lo asumiría el sector privado, quien tendría la libertad de negociar con distribuidores y cadenas extranjeras interesadas en participar activamente en el mercado cubano y, por qué no, encadenarse con la economía interna.

  • Gráfico 2: Total de Remesas vs Total de Importaciones de alimentos
  • (expresado en millones de pesos).

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de la ONEI y estimaciones de Havana Consulting Group.

Constituye un desafío fundamental que el efectivo real ingresado por esta vía siga siendo canalizado de manera eficiente y en mayor proporción hacia la inversión productiva al resto de la economía con el propósito de incrementar la producción material y de servicios, generar empleos y crear incentivos para evitar que se destine en su totalidad al consumo y en gastos improductivos fuera de la economía nacional. Basado en estos argumentos, la creación de varios mercados mayoristas financiados vía remesas constituye una política de diseño acertada y el siguiente paso a tomar por los decisores de política económica.

Por eso es vital para éxito de esta propuesta de político, que este mercado se estructure bajo los principios -aunque parezcan fantásticos- de la libre competencia o al menos de manera de oligopolio. Solo así se garantizaría una variada oferta de bienes importados a precios competentes para satisfacer las necesidades del sector privado y del comercio minorista. Es cierto que habrán ganadores con esta propuesta, unos nuevos, o tal vez no tan nuevos ricos, pero el beneficio para este pueblo trabajador, que si bien tendrá que seguir laborando ahora puede vivir con una preocupación menos, saber que el pollo, ese de venta liberada, si estará en la tienda sin tener que estar “luchándolo”.

Bibliografía

González, A. N. (12 de Julio de 2019). Inter Press Service in Cuba. Recuperado el 30 de Julio de 2019, de https://www.ipscuba.net/economia/remesas-a-cuba-mito-o-realidad-tras-la-ruta-del-dinero/

Ministerio de Finanzas y Precios. (13 de Julio de 2019). Ministerio de Finanzas y Precios. Recuperado el 28 de Julio de 2019, de http://www.mfp.gob.cu/inicio/noticia.php

ONEI. (2019). Anuario Estadístico de Cuba 2018. La Habana: Oficina Nacional de Estadísticas e Información.

Prensa Latina. (09 de Julio de 2019). Prensa Latina. Recuperado el 28 de Julio de 2019, de https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=289589&SEO=unas-605-mil-personas-trabajan-por-cuenta-propia-en-cuba

 

 


  • Alberto Laens Crespo (Camagüey, 1993).
  • Licenciado en Economía por la Universidad de La Habana.