Martes de Karina

Esconder la verdad no la cambia

Karina Gálvez Chiú | 19 Marzo, 2019

Martes de Karina

  • Delante había una mentira comprensible y detrás una verdad
  • incomprensible”
  • Milán Kundera.

 

“¡No quiero a nadie sacando celulares! ¡Celular que vea, monto al dueño pal’ carro!” Son frases dichas por un representante del orden, un policía, a un grupo de 70 u 80 personas que hacíamos una cola para comprar salchichas y picadillo de pavo.

“¡Cada uno detrás del otro! ¡Los impedidos físicos solo pasan con el carné en la mano!”. Son frases dichas por un portero de una tienda en la que 50 o 60 personas hacían cola para comprar aceite.

A la ya agobiante situación cotidiana, que pone más en evidencia la dependencia económica de Cuba de Brasil y Venezuela, se suma la intimidación y el miedo a protestar públicamente y la posibilidad real de ser detenido arbitrariamente, por querer publicar y eternizar esos momentos con fotos o videos. Y se suma también el maltrato de palabra del portero, que momentáneamente es la persona con más poder en el entorno.

La amenaza del policía, en la que lamentablemente todos creemos, tiene evidentemente el único objetivo de que las escenas que se suceden durante las últimas semanas en las tiendas de la ciudad de P. del Río, no sean puestas a la luz de las redes sociales. Es pertinente aclarar que esta es una conducta del policía es ilegal. Es contraria a lo dicho por la Ministra de comercio Interior Betsy Díaz Velázquez: “Todos los clientes tienen derecho a tomar fotos en las tiendas” (Cubadebate, 14 de enero de 2019. @BetsyDazVelzqu1)

El maltrato del portero tiene como base, la falta de respeto a las personas y la impunidad ante los clientes que tienen los empleados que no dependen de la compras en el establecimiento donde trabajan, para ganar su salario.

Ambos, el policía y el portero, han irrespetado los derechos de los ciudadanos. La situación de tener que dedicar varias horas del día a conseguir los alimentos provoca mucha molestia e incomodidades, pero no debe nublar la vista hasta el punto de ignorar el irrespeto a los derechos que podemos sufrir en esos avatares.

Al mismo tiempo que se degrada la situación económica, se pone a la luz el deterioro que también sufren otras realidades de los cubanos, como la desprotección ante la arbitrariedad policial, la intención de esconder la verdad en la sociedad y la falta de consideración y de respeto por parte de funcionarios o empleados en una posición ventajosa. También exacerba los ánimos y provoca actitudes que siempre han sido ajenas a los cubanos, como la falta de solidaridad, el interés material por sobre todo lo demás, la falta de hospitalidad (dada por la falta de recursos).

La verdad de una cola quizás puede esconderse, pero la gran verdad de una crisis que está tocando su punto máximo, no puede ser escondida. Sobre todo, no puede ser escondida a los que la sufrimos día a día. Estos ya no son tiempos en los que la verdad puede ser solapada por mucho tiempo. Es más, son tiempos en los que las verdades menos aceptadas, son preferibles a las mentiras.

Si tocamos fondo, hay que decirlo. Y hay que remediarlo. No convencerá a nadie un titular de Granma que diga: El desarrollo económico es una prioridad para el país (Diario Granma, 13 de marzo de 2019). No es escondiendo la situación o racionando para que “todos alcancen un poquito”, que se tiende al desarrollo económico de un país. Es necesario que se eliminen las barreras que entorpecen y frenan la participación de los cubanos como verdaderos protagonistas del proceso económico, para que, esto sea una realidad.

 

 


Karina Gálvez Chiú (Pinar del Río, 1968).
Licenciada en Economía.
Fue responsable del Grupo de Economistas del Centro Cívico.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia.
Reside en Pinar del Río.

 

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