Martes de Dimas

El Obispo Espada, la vigencia de su obra

Dimas Castellanos Martí | 22 noviembre, 2022

Martes de Dimas

El estado avanzado de descomposición en que Cuba se encuentra no tiene salida sin desmontar el totalitarismo que lo causó; un proceso en marcha a pesar de la voluntad del Gobierno para impedirlo.

La historia, no es sólo para recordar, en sus anaqueles hay figuras que deben desempolvarse. En estas breves líneas me ocuparé de la obra desplegada por el Obispo Espada[1] contra el freno que significaba la escolástica para la Cuba de principios del siglo XIX y su similitud con el obstáculo que representa el marxismo-leninismo en la Cuba de hoy.

Los antecedentes que condicionaron su labor fueron: 1- Desde el siglo XVI en la iglesia católica de Cuba comenzó a formarse un clero criollo que en el tiempo superó en número al clero peninsular; 2- En la segunda mitad del siglo XVIII en la villa de La Habana se desarrolló una economía de servicios marítimos y constructivos de la cual emergió una oligarquía criolla, cuyo principal ideólogo, Félix de Arrate[2], escribió la Llave del Nuevo Mundo. Antemural de las Indias Occidentales, en la que reclamó la participación de su clase en paridad con los peninsulares; 3- A partir de 1753, con Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, obispo de La Habana y Félix de Arrate, regidor perpetuo del Ayuntamiento habanero, se estableció una identidad de intereses entre la oligarquía criolla y la Iglesia que se fortaleció con el impacto en la Isla de la Toma de La Habana por los ingleses (1762); 4- Ese proceso generó un frente católico-criollo con intereses contrarios a la Metrópoli, como ocurrió con el contrabando de Bayamo entre los siglos XVII y XIX y con el Estanco del Tabaco en 1717.

En ese contexto histórico la monarquía borbónica que gobernó España desde el año 1700, tratando de evitar una revolución, inició un conjunto de transformaciones económicas y culturales en la metrópoli y en sus colonias. Con ese fin el rey Carlos III[3] extendió a todo su dominio una institución portadora del iluminismo europeo: las Sociedades Patrióticas, luego denominadas Sociedades Económicas de Amigos del País.

En Cuba el iluminismo representado esencialmente por el Seminario San Carlos y San Ambrosio,  fundado en 1774 y por la Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana en 1793, la cual se creó a iniciativa de un grupo de criollos, que apoyados por el Capitán General de la Isla Don Luis de las Casas[4], recabaron del rey Carlos IV[5] la autorización para su fundación.

Díaz de Espada, con la experiencia de haber participado en la Sociedad Patriótica de Salamanca, trazó el rumbo del Seminario San Carlos e influyó en la formación ideológica de los sujetos del cambio.

Su obra renovadora incluyó la modernización de la Pedagogía imperante, de los estudios filosóficos, de ciencias como la Física, la Química y la Botánica y estableció las primeras cátedras de Derecho Civil y Matemáticas. Pero lo más destacado fue la creación, en el Seminario, de una Cátedra de Constitución, la primera de su tipo en América Latina, para la cual designó al padre Varela, quien en su inauguración la calificó de “Cátedra de la libertad y de los Derechos Humanos, la fuente de la virtudes cívicas y la base del gran edificio de nuestra felicidad”.

Entre las figuras que Díaz de Espada ejerció influencia están los padres José Agustín Caballero y Félix Varela, quienes a su vez fueron mentores de una generación de jóvenes en la que brillaron pensadores como José Antonio Saco y José de la Luz y Caballero.

El gran obstáculo para sacar a la Isla del estancamiento intelectual y científico era la rigidez de la Escolástica, un movimiento de las escuelas y universidades medievales basadas en la filosofía de Aristóteles para comprender y explicar las revelaciones sobrenaturales del cristianismo que servía de base ideológica del poder monárquico cuyo sostén idiomático era el latín.

La brecha se abrió con unos estatutos que incorporaron la enseñanza de la Física experimental y exigían a los maestros no jurar las opiniones de ningún autor “ni hacer particular secta de su doctrina, sino enseñando las que le parezcan más a la verdad, según los nuevos experimentos que cada día se hacen, y nuevas luces que se adquieren en el estudio de la naturaleza”[6]. Así, los profesores en el Seminario no estaban –como lo están en las universidades cubanas de hoy, desposeídos de la libertad de Cátedra como lo demostrado el Observatorio de Libertad Académica– obligados a someterse a la autoridad de los santos padres y tenían libertad para enseñar su propia doctrina y redactar los textos.

En ese proceso José Agustín Caballero (1762-1835), el último escolástico cubano del siglo XVIII y el primer filósofo del siglo XIX, enrumbó su actividad a la elaboración de un método de estudio capaz de forjar un pensamiento independiente. Caballero propuso a la SEAP un plan de reforma de la enseñanza que sirvió de base para el establecimiento de cátedras de Gramática castellana en la Universidad y en el Seminario San Carlos”[7], e inició la revolución filosófica con su propio texto; Filosofía Electiva; el primer tratado de Filosofía cubano[8]. El padre Varela (1778-1853), a pesar del excelente dominio que tenía del latín, a partir de 1813 escribió y publicó sus libros en castellano, y sus clases se impartieron en lengua materna[9]. Mientras José de la Luz y Caballero (1800-1862) todo lo valioso que acumuló de su tío materno José Agustín Caballero, de sus relaciones con el Padre Varela y con los más insignes hombres de su época, lo amalgamó con los últimos adelantos de la pedagogía, lo adaptó a las condiciones de Cuba y lo depositó en sus alumnos, entre ellos a Rafael María de Mendive, el maestro de José Martí.

En la Cuba de hoy, entre los muchos obstáculos a derribar para salir del estancamiento y retroceso en que está inmersa, está la ideología marxista –como lo estuvo el escolasticismo–, asumida como ideología oficial desde 1961, refrendada en la Constitución de 1976 cuyo preámbulo reza: “Guiados por la doctrina del marxismo-leninismo”, y ratificada en la Constitución de 2019: “[…] por el ideario de Martí, y Fidel y las ideas de emancipación social de Marx, Engels y Lenin”.

El valor de la obra del desmontaje realizada por Díaz de Espada estuvo presente en los avances posteriores en educación, cultura y sanidad; mientras el retroceso sufrido por la sociedad cubana en las últimas seis décadas guarda una estrecha relación con el marxismo-leninismo, ideología del poder que actúa como freno al pensamiento y a los cambios que Cuba demanda.

La Habana, 21 de noviembre de 2022

[1] Juan José Díaz de Espada y Fernández de Landa, Obispo Espada (1756-1832).

[2] José Martín Félix de Arrate y Acosta (1701-1764), ideólogo de.la oligarquía habanera del siglo XVIII.

[3] Carlos III, rey de España entre 1759 y 1788.

[4] Luis de las Casas y Aragorri (1745–1800. Militar, gobernador de La Habana y capitán general de Cuba, Luisiana y Florida, representante del despotismo ilustrado que dio un fuerte impulso a las obras públicas en la capital y sus alrededores.

[5] Carlos IV (1748-1819), rey de España de 1788 a 1808.

[6] Rigoberto Segreo Ricardo. De Compostela a Espada, vicisitudes de la iglesia católica en Cuba. La Habana, 2000, Editorial de Ciencias Sociales, p. 130.

[7] Ibídem, pp. 133-134.

[8] Ibídem, p. 134.

[9] Ibídem, pp. 144-145.

 

 


  • Dimas Cecilio Castellanos Martí (Jiguaní, 1943).
  • Reside en La Habana desde 1967.
  • Licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad de La Habana (1975), Diplomado en Ciencias de la Información (1983-1985), Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos en el (2006).
  • Trabajó como profesor de cursos regulares y de postgrados de filosofía marxista en la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Habana (1976-1977) y como especialista en Información Científica en el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (1977-1992).
  • Primer premio del concurso convocado por Solidaridad de Trabajadores Cubanos, en el año 2003.
  • Es Miembro de la Junta Directiva del Instituto de Estudios Cubanos con sede en la Florida.
  • Miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Convivencia (CEC).

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