Martes de Dimas

Tokio 2020: los lugares, las medallas y la esencia del olimpismo

Dimas Cecilio Castellanos Martí | 10 agosto, 2021

Martes de Dimas

Cuba con 15 medallas (7 de oro, 3 de plata y 5 de bronce) ocupó el lugar 14 en el medallero en los Juegos Olímpicos (JJOO), Tokio 2020, superando el lugar 18 que obtuvo en Río de Janeiro 2016. Esta noticia, la más destacada por la prensa oficial elude el siguiente dato: en 1968 Cuba se ubicó en el lugar 31 con 4 medallas de plata; en Munich 1972 ascendió al lugar 14, el mismo que acaba de obtener en Tokio; en Montreal 1976 se apoderó del octavo lugar con 13 medallas (6, 4 y 3); mientras en Barcelona 1992 saltó al quinto lugar con 31 medallas (14, 6 y 11).

El nivel del deporte -como la educación y la salud- requiere y se corresponde con el nivel de la economía. No es casualidad que los países con mayor desarrollo exhiben los mejores resultados. Si se oculta esa razón, el salto de Cuba del puesto 31 en México al 5 en Barcelona, podría aparecer como un milagro, pero no lo es. En ese período las enormes subvenciones soviéticas camuflaron la incapacidad económica del totalitarismo cubano. Ese dato explica tanto el auge que catapultó a Cuba al quinto lugar en Barcelona, como el retroceso al puesto 18 en Río de Janeiro debido al derrumbe de la Unión Soviética. No fue un milagro, fueron las subvenciones.

El análisis frío de la cantidad de medallas y lugares oculta lo esencial de los JJOO  antiguos y modernos. En la antigüedad se celebraron durante los 1169 años que van del 776 a.C., al 393 d.C. Al adoptarse el cristianismo como religión oficial, el emperador romano, Teodosio I el Grande, los suprimió. Quince siglos después, en 1896 gracias al empeño del pensador y pedagogo francés Pierre de Coubertin[1] fueron reinaugurados en presencia del rey Jorge I, de Grecia.

Los Juegos Olímpicos

Coubertin concebía el desarrollo de las cualidades físicas y morales como fundamento de la educación en un espíritu de comprensión y amistad para la construcción de un mundo mejor y más pacífico. Ese ideal está simbolizado en el emblema del COI y de los JJOO: una bandera con cinco aros entrelazados de distintos colores sobre un fondo blanco, que representan los cinco continentes.

Tal como la guerra es la continuación de la política por medios violentos, los JJOO constituyen el regreso de la guerra a la paz y la amistad. En la antigüedad los griegos establecían una tregua en las guerras para rendir culto a sus dioses midiendo las fuerzas mediante el deporte. Con ese fundamento el COI exhortó en 1992 a observar la tregua olímpica, que representa un puente entre aquella sabia tradición y el propósito de mantener la paz y la seguridad internacionales. Razón por la cual la bandera de las Naciones Unidas ondea en las sedes de los JJOO.

Muchos y significativos han sido los adelantos. Por ejemplo las mujeres, impedidas de participar en los JJOO de la antigüedad evolucionaron de Paris 1900, donde debutaron en la modalidad de tiro con arco, a Tokio 2020 con participación en todos los deportes. La medición visual se sustituyó por el cronómetro y el fotofinish en 1912, de la trasmisión escrita se pasó a la radio y en 1960 a la televisión, el traslado de la llama Olímpica de Atenas a Ottawa se realizó en 1976 por medio de rayos láser y vía satélite, mientras la participación de atletas pasó 311 de 11 países en 1896 a 11 711 atletas de 204 países en Tokio 2020.

Paralelo a esos avances otros hechos niegan los principios del olimpismo, entre ellos: la suspensión de los juegos en 1916, 1940 y 1944 a causa de las dos guerras mundiales; la manipulación por Hitler en 1936 para demostrar la “superioridad” aria; la exclusión en 1920 de Alemania, Turquía, Bulgaria y Polonia por su responsabilidad en la Primera Guerra Mundial, así como la separación de la Unión Soviética de esos juegos; y la exclusión en 1948 de Japón y Alemania por su papel en la II Guerra Mundial.

Aunque en Helsinki 1952 se logró reunir a toda la familia olímpica, la Unión Soviética, como parte de la Guerra Fría, se trazó la meta de derrotar a Estados Unidos en la edición de 1956 para demostrar la superioridad del socialismo. El Estado soviético prestó una atención especial al deporte y los atletas fueron transformados en máquinas deportivas destinadas a establecer marcas a cualquier precio.

Otros hechos ajenos al deporte tuvieron lugar en México 1968, cuando los atletas negros norteamericanos Tom Smith y John Carlos, ocupantes del primer y tercer lugar en los 200 metros planos, al subir al podio lo hicieron sin zapatos, con medias negras y luciendo guantes negros para manifestarse contra el racismo. En Munich 1972, un comando terrorista palestino asaltó el dormitorio de la delegación de Israel, mató a dos atletas y tomó otros once como rehenes. El saldo final fue la muerte de otros nueve atletas israelitas, un policía alemán y cinco terroristas. En Moscú 1980, con el apoyo de varios países europeos, Estados Unidos boicoteó los juegos por la invasión soviética a Afganistán y otros 66 países se abstuvieron de participar; en respuesta la Unión Soviética y otros 14 países, entre ellos Cuba, boicotearon la Olimpiada de Los Ángeles en 1984.

Cuba en los Juegos Olímpicos

Cuba se incorporó a los JJOO en Paris 1900, donde se ubicó en el lugar 12 con el oro y la plata del ajedrecista José Raúl Capablanca. En San Luis 1904 ocupó la tercera posición con 4 medallas en espada individual, florete y esgrima; y en Londres 1948 ocupó el puesto 28 con 1 medalla de plata en (vela star) con Carlos de Cárdenas Culmell y Carlos de Cárdenas Pla.

Después de 1959 el deporte quedó subordinado a la ideología y la empresa privada desterrada de este sector. Los atletas cubanos convertidos en gladiadores que representan al Estado, carecen de libertades para participar a título personal, establecer amistades libremente con los atletas de otros países, viajar sin autorización al exterior o sencillamente, permanecer hasta el último día para disfrutar de esa gran fiesta que es la clausura de los JJOO.

Por su parte los narradores deportivos exacerban el chovinismo nacional con expresiones tan absurdas como “bronce con sabor a oro”, quinto lugar con sabor a podio”, o “los cubanos triunfan porque ponen el corazón”, como si los cubanos perdedores o los atletas de otros países compitieran sin ese órgano vital. A la vez se ignoran o se les presta poca atención a los compatriotas que compiten por otras naciones, que en Tokio 2020 fueron 22, algunos con resultados destacados como el oro en triple salto de Pedro Pablo Pichardo en representación de Portugal.

Por último no se brinda información de cuánto cuestan los JJOO al pueblo cubano para que este decida, si ante la crisis de medicamentos, alimentos y de la Covid-19, vale o no la pena tan cuantioso gasto a cambio de un grupo de medallas.

La situación actual indica la distancia que falta por recorrer para que los JJOO sean únicamente encuentros para fomentar la paz y la amistad, el amor y la alegría, entre atletas y naciones. Se impone erradicar los remanentes de la Guerra Fría, la subordinación del deporte a razones políticas o ideológicas y situar al ser humano como lo primero; una deuda pendiente con el barón Pierre de Coubertin y con los principios del olimpismo.

La Habana, 8 de julio de 2021

[1] Pierre de Coubertin (1863-1937), su corazón embalsamado permanece en la Academia Olímpica Internacional, en Lausana, Suiza.

 


  • Dimas Cecilio Castellanos Martí (Jiguaní, 1943).
  • Reside en La Habana desde 1967.
  • Licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad de La Habana (1975), Diplomado en Ciencias de la Información (1983-1985), Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos en el (2006).
  • Trabajó como profesor de cursos regulares y de postgrados de filosofía marxista en la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Habana (1976-1977) y como especialista en Información Científica en el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (1977-1992).
  • Primer premio del concurso convocado por Solidaridad de Trabajadores Cubanos, en el año 2003.
  • Es Miembro de la Junta Directiva del Instituto de Estudios Cubanos con sede en la Florida.
  • Miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Convivencia (CEC).

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