Martes de Dimas

La libertad de expresión de la colonia a la actualidad

Dimas Cecilio Castellanos Martí | 15 junio, 2021

Martes de Dimas

El 13 de junio de 1852, hace 169 años, se publicó el primer número de La Voz del Pueblo Cubano, Órgano de la independencia; un periódico concebido por los organizadores de la Conspiración de Vuelta Abajo para responder a las difamaciones que la prensa colonial sobre los criollos y para propugnar la separación de España.

La conspiración, en la que participaron figuras destacadas como Francisco de Frías, Conde de Pozos Dulces, los abogados Porfirio Valiente y Anacleto Bermúdez, el maestro y periodista Francisco Estrampes, y los escritores Juan Bellido de Luna y Ramón de la Palma, entre otros, conjuntamente con la Conspiración de Manicaragua y la expedición de Narciso López[1], formaron parte del movimiento anexionista que, a mediaos del siglo XIX, escribió un trozo de nuestra historia en la lucha contra el colonialismo español.

La necesidad de un tipógrafo de confianza condujo hasta Eduardo Facciolo Alba, un joven tipógrafo de 23 años, nacido en el poblado de Regla, quien Joaquín Llaverías, capitán del Ejército Libertador describió como hombre de buen carácter, franco y desinteresado, sin vicios, laborioso, económico. De regular estatura, blanco, pelo negro y rizado, bigote negro, ojos verdes, cejas y pestañas negras y abundantes, boca pequeña y semblante risueño. Mientras Salvador Bueno resaltó que en sus ojos presentaba una nube de nostalgia, como tienen casi siempre los predestinados a los hechos gloriosos y a la muerte temprana.

En el editorial de su primer número La Voz del Pueblo Cubano declaró: Este periódico tiene por objeto representar la opinión libre y franca de los criollos cubanos, y más adelante, como una premonición de los riesgos que acechaban a sus promotores, decía: nada tememos; si somos descubiertos por alguna infame delación, moriremos; pero será después de haber prestado tan importante servicio a la santa causa de nuestra querida Cuba.

La pequeña imprenta, primero instalada en un cuarto interior frente al Palacio de los Capitales Generales, luego dentro de un baúl que simulaba un sarcófago, con los materiales mínimos necesarios, se trasladó incesantemente de un lugar a otro para burlar la persecución. En esas difíciles condiciones, entre junio y agosto de 1852 se publicaron cuatro números de La Voz del Pueblo Cubano con miles de ejemplares que fueron diseminados por toda la Isla.

Durante la preparación del cuarto número, ante la inminente localización Juan Bellido, su director, huyó a Estados Unidos, pero Facciolo la edición hasta que producto de una delación la imprenta fue ocupada y varios de los involucrados detenidos.

En el proceso judicial en el que fueron juzgados por un Consejo de Guerra, Facciolo declaró que la imprenta era de su propiedad y que allí se habían tirado los cuatro números. Ante las gestiones de su progenitora por salvarle la vida, las autoridades exigían que su hijo delatara al resto de los conspiradores, a lo que él se negó. Algunos de los acusados fueron condenados al destierro, otros a prisión y tres a pena de muerte. Ante las gestiones de su progenitora por salvarle la vida, las autoridades exigían que su hijo delatara al resto de los conspiradores, a lo que se negó. Facciolo, el único de los tres que se encontraba en manos de las autoridades, fue ejecutado en garrote vil[2] en la explanada del Castillo de la Punta, una mañana de septiembre de 1852

A Facciolo lo ejecutó el gobierno colonial español. A los luchadores de hoy los reprime el gobierno cubano. A Facciolo, cuando la invención de la imprenta propicio el surgimiento de publicaciones como La Voz del Pueblo Cubano. A los periodistas de hoy, cuando las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones están en pleno desarrollo. A Facciolo por fundar un periódico clandestino. A los periodistas de hoy por romper el monopolio informativo del Estado.

Desde aquel horrendo crimen la lucha por la libertad de expresión ha tejido en Cuba una historia de sufrimientos, represiones y mártires. En el siglo XIX, por desafiar las prohibiciones coloniales impuestas por la metrópoli. En el siglo XXI, por hacer uso de la libertad de expresión para fines ajenos a los designados por el régimen totalitario.

Lo que no podía imaginar Facciolo era que, 169 años después de su inmolación, una revolución cuyos objetivos declarados eran la libertad y el rescate de la soberanía nacional, terminara reprimiendo las libertades, desmontando la institucionalidad existente, desmembrando la sociedad civil y promulgando decretos-leyes como el 349 y el 370 de 2018 para darle visos de legalidad a la persecución de las ideas diferentes.

A pesar de las detenciones arbitrarias, las prisiones domiciliarias sin procesos judiciales, las amenazas y las multas por hacer uso de la libertad de expresión, periodistas independientes, blogueros, youtubers, opositores, artistas, activista y artivistas, dotados de voluntad, valentía y persistencia, haciendo uso de las tecnologías de la información y las comunicaciones, están coadyuvando a conformar una opinión pública y han quebrado la espina dorsal del monopolio informativo del Estado totalitario.

El resultado confirma que: la supresión o limitación de las libertades ciudadanas, con independencia de la razón que se esgrima y del inevitable daño antropológico que genere, termina en el fracaso. Así ha ocurrido a lo largo de la historia de la humanidad y así está ocurriendo en Cuba.

Quizá por esa razón José Martí expresó ideas como las siguientes: “Cuanto no sea compatible con la dignidad humana caerá”[3] y “De todos los oficios, prefiero el de la imprenta, porque es el que más ha ayudado a la dignidad del hombre”.[4]

La Habana, 12 de junio de 2021

[1]Narciso López fue el principal gestor de nuestra bandera. Creada en 1849, enarbolada en Cárdenas el 19 de mayo de 1850, adoptada en 1869 por la Asamblea Constituyente de Guáimaro, acogida en 1902 como bandera oficial de la República de Cuba e izada en el Castillo del Morro el 20 de mayo de ese año por el Generalísimo Máximo Gómez.

[2] Garrote vil: collar de hierro atravesado por un tornillo que al girarlo rompía el cuello de la víctima provocando la muerte de forma inmediata.

[3] Martí, José. “El cisma de los católicos en Nueva York”. Obras Escogidas en tres tomos. Tomo 2. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 2000, p. 117.

[4] Martí, José. “Fragmentos”. Obras Completas, tomo22. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1991, p. 252.

 

 


  • Dimas Cecilio Castellanos Martí (Jiguaní, 1943).
  • Reside en La Habana desde 1967.
  • Licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad de La Habana (1975), Diplomado en Ciencias de la Información (1983-1985), Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos en el (2006).
  • Trabajó como profesor de cursos regulares y de postgrados de filosofía marxista en la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Habana (1976-1977) y como especialista en Información Científica en el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (1977-1992).
  • Primer premio del concurso convocado por Solidaridad de Trabajadores Cubanos, en el año 2003.
  • Es Miembro de la Junta Directiva del Instituto de Estudios Cubanos con sede en la Florida.
  • Miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Convivencia (CEC).

 

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