Martes de Dimas

Peloteros cubanos: libertad versus fuga

Dimas Cecilio Castellanos Martí | 1 junio, 2021

Martes de Dimas

El pasado 26 de mayo asistimos a un nuevo episodio de la interminable fuga de peloteros cubanos. César Prieto Echevarría, segunda base de los Elefantes de Cienfuegos, el mejor bateador de la LVIII Serie Nacional y autor de un nuevo record de juegos bateando de hits. apenas arribó a Florida abandonó el equipo Cuba al Torneo Preolímpico de las Américas. Un camino que inauguró 30 años antes, en mayo de 1991, el pitcher de Industriales René Arocha había inaugurado. Por lo repetitivo del hecho, aunque no clasifica como noticia, si deviene objeto de análisis..

¿Por qué los peloteros cubanos se fugan ahora y no lo hacían antes de 1959? y ¿Por qué los de otros países no se fugan? Busquemos la respuesta en la historia.

En la segunda mitad del siglo XIX ya existían los Rojos del Habana y el Almendares Base Ball Club: se había efectuado el primer partido oficial en Palmar de Junco y se había constituido la Liga Cubana de Béisbol. Durante las primeras tres décadas de República ya existían cuatro circuitos: el profesional; el semiprofesional; el de los centrales azucareros; y el amateur. En 1928 se creó el Instituto Nacional de Educación Física; en 1935 se organizó la Comisión Nacional de Educación Física; en 1936 se creó el puesto de Comisionado de Pelota Profesional; y en 1938 se creó la Dirección General Nacional de Deportes. Desde 1940, gracias a la radio, la pelota llegaba a todos los rincones del país y a partir de 1950 comenzó su trasmisión televisiva. La existencia en 1951 de 14 mil televisores y cerca de 600 mil aparatos de radio, convirtieron a la pelota en una pasión.  

El resultado se demostró en los eventos internacionales. Entre 1939 y 1943 en La Habana se celebraron cinco series mundiales amateurs, de las cuales Cuba ganó cuatro. En los años 40 se creó la Liga Cubana con los equipos Habana, Almendares, Cienfuegos y Marianao y se inauguró el Gran Estadio del Cerro (hoy Latinoamericano), que pasó a ser la sede de la pelota cubana. En Serie del Caribe, que se inauguró en La Habana en 1949, Cuba se impuso en siete de las doce ediciones en que participó, en las últimas cinco de forma consecutiva. Entre 1954 l y 1960, los Cubans Sugar Kings (equipo de las Ligas Menores, con sede en La Habana) jugaban la mitad del tiempo en el estadio del Cerro y la otra mitad en el exterior. En 1960 Cuba tenía 98 jugadores en Grandes Ligas y 68 fueron candidatos para integrar el Salón de la Fama. Antes de 1961, Cuba era la segunda potencia beisbolera a nivel profesional, la primera en el campo amateur y la Liga Cubana era el circuito principal en América Latina.

Hasta ese momento la pelota era dirigida por empresas privadas e instituciones civiles. A partir de febrero 1961, con la creación del Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación (INDER), se prohibió el deporte profesional, se suspendieron las trasmisiones del béisbol norteamericano y se calificó de traidor a todo el que intentará participar en la, despectivamente, llamada pelota “esclava”.

La subordinación de la pelota a factores extradeportivos se ilustra con el discurso del líder de la revolución: 1- algún día cuando los yanquis se decidan a coexistir con nuestra patria, también los venceremos en béisbol, y entonces podrá comprobarse la ventaja del deporte revolucionario sobre el deporte explotado (enero de 1962); 2- Se erradicó el deporte profesional, y sobre todo, se erradicó en aquel deporte, que era uno de los más populares: la pelota. (enero de 1967); 3- La esencia del éxito de nuestro deporte es la desaparición del profesionalismo (marzo de 1970): y 4- Si en otros países de América Latina no existe la revolución social… por mucha técnica; por muchos entrenadores que contraten; por muchas cosas que inventen, no podrán obtener los éxitos que obtiene Cuba en el deporte. (octubre de 1975).

La pelota fue un caso particular de la absorción de todo y de todos por el totalitarismo. El Estado asumió todos los gastos y responsabilidades a cambio del control absoluto y la fidelidad. Los atletas, que convertidos en “gladiadores” eran enviados para representar al Estado en las competencias internacionales. Las consecuencia no se hicieron esperar: comenzó el éxodo.

Muchos de los cubanos que participaban en las Grandes Ligas decidieron radicarse en Estados Unidos. En 1980 un grupo de peloteros escaparon por el puerto de Mariel, entre ellos Bárbaro Garvey, el primer cubano proveniente de las series nacionales que debutó en 1984 con los Tigres de Detroit. Le siguieron otros como el lanzador Edilberto Oropesa y el short stop Rey Ordoñez. En 1991 René Arocha, pitcher de los Industriales, fue el primero en abandonar una delegación oficial. Luego lo hizo Euclides Rojas, relevista de mismo equipo, que escapó con su familia por mar en una embarcación casera durante la estampida del Maleconazo en 1994.

La fuga permanente y la ineficacia de la represión para detenerla son expresiones de una causa profunda, cuyo denominador común es la imposibilidad de los atletas de realizar sus sueños en Cuba. Algunos como Orestes Miñoso -gloria del béisbol de todos los tiempos- murieron sin volver a su tierra natal.

Sin economía propia, gracias a las subvenciones soviéticas, se estableció la supremacía en las competencias amateurs centroamericanas, panamericanas y mundiales; lo que se calificó como la victoria de la “pelota libre” sobre “la pelota esclava”. En los Juegos Olímpicos de Múnich (1972), año en que Cuba ingresó al Consejo de Ayuda Económica (CAME), ocupó el lugar 14 del medallero. En Barcelona (1992), se ascendió hasta el quinto lugar. Sin embargo, en Río de Janeiro (2016), se descendió al lugar 18; cuatro por debajo del ocupado en 1972. En la primera versión del Cásico Mundial de Béisbol (2006), Cuba, ocupó el segundo lugar. En la segunda versión (2009), pasó al quinto lugar. En la tercera versión (2013), el mentor cubano aseguró que ganaría, pero no pudo mejorar la quinta posición. El colofón fue la barrida sufrida (2013) ante estudiantes universitarios norteamericanos, a los que Cuba había derrotado anteriormente en ocho de diez oportunidades. Finalmente, después de 53 años ausentes a la Serie del Caribe, Cuba se reincorporó en la 56 edición (2014), disputada en Isla Margarita, Venezuela, donde Cuba ocupó el último lugar.

La versión oficial de que el bloqueo impuesto por Estados Unidos es la causa del desastre y de que los peloteros cubanos no puedan participar en las Grandes Ligas, oculta que el conflicto comenzó con la decisión cubana de prohibir la pelota profesional y la calificación de traidores a los desobedientes.

En marzo de 2017, el director nacional de béisbol de Cuba, Yosvani Aragón, declaró que no habrá equipo unificado hasta que Estados Unidos elimine las reglas del embargo que afectan a los peloteros y que no habrá concesiones que impliquen abrir las puertas a quienes negaron a su país o abandonaron delegaciones que contaban con sus esfuerzos. Sin embargo, nada se dice de la responsabilidad del totalitarismo cubano, menos de enmendar el error y muchísimo menos de devolver la libertad a la pelota y a los peloteros cubanos.

Mientras tanto se insiste, como en la economía, en salir del estancamiento con consignas y discursos. El 20 de mayo, seis días antes de la fuga de César Prieto, el presidente de Cuba se personó en los entrenamientos para repetir las conocidas arengas a los “gladiadores” del equipo. Al conocerse la fuga, la nota oficial de la Federación Cubana de Béisbol dice que la decisión del atleta es contraria al compromiso contraído con el pueblo. Ante el temor de que otros sigan su ejemplo, ordenaron -según se ha conocido- retirar los teléfonos a los miembros de la delegación para prevenir otras fugas. Y, según se comenta, la familia de César será desalojada de la casa que le dio el gobierno; todo lo cual demuestra el grado de dependencia a que están sometidos los atletas cubanos y la verdadera causa de las fugas.

En la dependencia del deporte y la ausencia de libertad de los atletas está la respuesta al por qué los peloteros cubanos no se fugaban antes de 1959, se fugan ahora y por qué no se fugan los de otros países.

La Habana, 31 de mayo de 2021

 

 


  • Dimas Cecilio Castellanos Martí (Jiguaní, 1943).
  • Reside en La Habana desde 1967.
  • Licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad de La Habana (1975), Diplomado en Ciencias de la Información (1983-1985), Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos en el (2006).
  • Trabajó como profesor de cursos regulares y de postgrados de filosofía marxista en la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Habana (1976-1977) y como especialista en Información Científica en el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (1977-1992).
  • Primer premio del concurso convocado por Solidaridad de Trabajadores Cubanos, en el año 2003.
  • Es Miembro de la Junta Directiva del Instituto de Estudios Cubanos con sede en la Florida.
  • Miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Convivencia (CEC).

 

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