Martes de Dimas

El VIII Congreso del PCC: Lineamientos y Conceptualización

Dimas Cecilio Castellanos Martí | 27 abril, 2021

Martes de Dimas

Los Lineamientos

En 1961, sin mediar una consulta popular, ante unos cuantos miles de habaneros se declaró el carácter socialista de la Revolución. Veinticinco años después, en 1986 nos enteramos que el socialismo no se había empezado a construir, cuando se dijo: ahora si vamos a construir el socialismo. Pasados otros 15 años, en 2005, nos enteramos que: que nadie sabía cómo se construía el socialismo. Sin embargo, en lugar de buscar la solución en las leyes de la economía, se buscó en la ideología. Se aseguró que sólo el socialismo es capaz de vencer las dificultades y preservar las conquistas de la Revolución.

Los Lineamientos de la Política Económica y Social surgieron en ese contexto de desconocimiento de lo que se quería construir. El V Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), en 1997, ante el declive sostenido que venía registrando la economía, aprobó un plan de crecimiento del PIB entre el 4 y el 6% anual. Una de cuyas metas era producir siete millones de toneladas de azúcar, pero no se rebasó los cuatro millones. Ante el nuevo fracaso, el presidente cubano, Raúl Castro, anunció en diciembre de 2010, la introducción de cambios estructurales y de conceptos en el modelo económico cubano. Esos cambios tomaron forma en los Lineamientos aprobados por el VI Congreso del PCC en 2011.

En la introducción de los Lineamientos se reconoció la presencia de una baja eficiencia, descapitalización de la base productiva y de la infraestructura, elevada centralización en la asignación y utilización de las divisas, limitaciones de la economía para enfrentar el déficit de las finanzas, retenciones bancarias de transferencias al exterior y un elevado monto de los vencimientos de la deuda externa. Para solucionar dichas deficiencias, el VI Congreso determinó que el sistema de planificación y la empresa estatal socialista continuarán siendo la vía principal para la dirección de la economía.

El PCC, en su condición de partido único, no se percató que el tiempo para introducir cambios parciales se les había agotado. El valor de los Lineamientos radicó en el reconocimiento de la necesidad de cambiar, en un contexto desfavorable para el inmovilismo y la marcha atrás, y así sucedió. Cinco años después, en 1916, Marino Murillo Jorge, jefe de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo, informó que de 313 Lineamientos solo se habían implementado 67, de los cuales se cumplieron menos de la mitad. Entonces el VII Congreso, en 2016, redujo la cifra a 274 Lineamientos, los cuales corrieron la misma suerte. Ahora el VIII Congreso eliminó 92, modificó 165 y añadió 18 nuevos. Así los 247 quedaron reducidos a 200. Unas estadísticas ajenas a las necesidades de los cubanos, obligados a emplear la mayor parte de su tiempo en interminables colas para sobrevivir.

La conceptualización

El VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC) aprobó la Resolución que actualiza las bases teóricas y conceptuales del Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista.

La Resolución, según se ha dado a conocer, modificó una parte sustancial de los 342 párrafos del documento anterior, expuso las pautas en que se sustentan las principales relaciones económicas y sociales de la construcción del socialismo, y planteó la elevación del nivel y calidad de vida como un objetivo prioritario permanente, con énfasis en la seguridad alimentaria y energética, la educación y la salud, entre otros.

Las contradicciones de la Conceptualización son las mismas de los Lineamientos: alcanzar tales propósitos con los mismos principios que condujeron al fracaso. Me refiero a: la existencia de un solo partido político, el Comunista; la consolidación de la propiedad estatal, con el apellido de “todo el pueblo” como forma principal; el perfeccionamiento del Sistema de Dirección Planificada del Desarrollo Económico y Social para la dirección de la economía nacional; y la prohibición de no permitir la concentración de la propiedad y la riqueza en personas naturales o jurídicas no estatales, -olvidando aquella máxima martiana de que una nación rica es imposible si sus habitantes no pueden ser ricos también.

A lo anterior se une el deterioro ético sufrido por los cubanos en tan largo período de tiempo, reflejado en indisciplinas, incumplimientos, deficiente control interno, ilegalidades y desinterés por los resultados productivos.

Para salir de ese estado de estancamiento y retroceso, una vez más se omite lo determinante: la liberación de la economía de las trabas burocráticas e ideológicas dirigidas a impedir la formación de una clase media y la implementación de los derechos y libertades para que los cubanos puedan desarrollar su iniciativa creadora y asociarse libremente.

En las sociedades modernas, desarrolladas económicamente, las empresas pequeñas y medianas han mostrado ser más eficientes y satisfactorias y son un antídoto contra la excesiva centralización y concentración de los grandes monopolios. En Cuba, por el contrario, en lugar de permitir que coexistan las diversas formas de propiedad en condiciones de igualdad para que se imponga la más eficiente, se insiste en el predominio de la empresa estatal y la conservación del sistema de planificación socialista como vías principales para la dirección de la economía; y a la vez, limita al sector privado nacional y al cooperativo a actividades secundarias. Razones suficientes para asegurar que actualización de la conceptualización pasará a engrosar la abultada lista de fracasos.

La subordinación de la sociedad al Estado es contraproducente con el desarrollo, con la experiencia histórica y con los cambios en la arena internacional. Ninguna conceptualización que no parta del reconocimiento del fracaso y de los cambios que la sociedad cubana requiere, podrá obtener resultados positivos.

A diferencia de países con regímenes similares de partido único, como son los casos de China y Vietnam, hasta tanto no rompieron con el predominio de la propiedad estatal y permitieron a los nacionales participar como agentes activos de la economía, no pudieron salir de las hambrunas; mientras en Cuba caminamos en dirección contraria: hacia la hambruna.

Lo que podría haber hecho del VIII Congreso era reconocer el camino errado que se inició con la estatización de la economía desde 1959 y que no se detuvo hasta que en 1968, con la llamada Ofensiva Revolucionaria, barrió las más de 55 mil pequeñas empresas en manos cubanas que habían logrado sobrevivir. Y en consecuencia implementar las libertades suprimidas para empoderar a los cubanos y convertirlos en empresarios y trabajadores libres en su país. Y no lo que ha ocurrido: convertir la Conceptualización del Modelo en una nueva camisa de fuerza.

La principal causas estaba, y hasta hoy sigue estando, en que el sujeto de los cambios, en su condición de partido único, es el responsable de la crisis, lo que le impide acometerlos con la profundidad que se requiere.

En la clausura del VII Congreso, en 2016, el Primer Secretario del PCC, Raúl Castro, había expresado que el proceso de actualización del modelo económico no era una tarea de uno o dos quinquenios y que el ritmo dependerá del consenso que seamos capaces de forjar al interior de nuestra sociedad y de la capacidad organizativa que alcancemos.

Hoy, ni existe el consenso, ni la capacidad organizativa. El cambio en el pueblo cubano, las medidas estadounidenses, la Copvid-19, las redes sociales y las crecientes protestas y demandas de la sociedad civil emergente, obligan inexorablemente en o después del Congreso, a introducir los cambios que han querido evitar.

La Habana, 25 de abril de 2021

 


  • Dimas Cecilio Castellanos Martí (Jiguaní, 1943).
  • Reside en La Habana desde 1967.
  • Licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad de La Habana (1975), Diplomado en Ciencias de la Información (1983-1985), Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos en el (2006).
  • Trabajó como profesor de cursos regulares y de postgrados de filosofía marxista en la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Habana (1976-1977) y como especialista en Información Científica en el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (1977-1992).
  • Primer premio del concurso convocado por Solidaridad de Trabajadores Cubanos, en el año 2003.
  • Es Miembro de la Junta Directiva del Instituto de Estudios Cubanos con sede en la Florida.
  • Miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Convivencia (CEC).

 

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