Martes de Dimas

La masacre de 1912, un retroceso en la conformación de la nación

Dimas Cecilio Castellanos Martí | 2 junio, 2020

Martes de Dimas

En el proceso de transculturación en el cual peninsulares y africanos devinieron primero criollos y después cubanos, la participación del negro fue esencial. Su trabajo hizo posible la incorporación económica de Cuba a la civilización mundial. Como combatiente hizo un inapreciable aporte a la independencia. Con su influencia en el arte, la religión y las costumbres hizo que Cuba fuera lo que es.

Al arribar a la República, cuando los negros comenzaron a insertarse en el mercado laboral la discriminación racial se interpuso. El oficio de guerrero y las pericias demostradas en las cargas al machete  resultaban inútiles en un escenario que requería lo que su inmensa mayoría no tenía: dinero y conocimientos.

Según el censo de 1899 sólo el 24% de los negros y mulatos mayores de 10 años podía leer y escribir, contra el 44% de los cubanos blancos. Únicamente 198 negros mayores de 21 años tenían educación superior; un número insignificante respecto a los 8 629 cubanos blancos. Sólo en la música constituían la mitad[1].

Aunque fueron mayoría en el Ejército Libertador, su presencia entre los soldados y policías en 1907 era del 14,3%. Los empleos en establecimientos comerciales, empresas y en oficinas públicas se reservaban para blancos. Para el negro los trabajos más fuertes en la construcción, la agricultura y oficios que eran de su competencia desde la colonia.

Todavía en 1912 el número de abogados y médicos negros era el 0,3 y 0,7 por ciento respectivamente, mientras para los más jóvenes resultaba difícil, con excepción de la carrera de pedagogía, obtener educación y acceso a la Universidad. La casi totalidad de los oficiales y soldados negros pasaron a ser héroes desempleados.

Ante ese resultado, aunque la Constitución de 1901 refrendó la igualdad de todos los cubanos ante la Ley, era necesaria una acción afirmativa para hacerla realidad. La elaboración y puesta en práctica de un proyecto encaminado a la disminución gradual de la brecha económica y cultura entre negros y blancos, brilló por su ausencia. La incomprensión de esa necesidad la reflejó una figura como Manuel Sanguily, cuando escribió: En cambio los negros, el otro día esclavos o desposeídos, han llegado a la meta de sus aspiraciones.

Con las esperanzas puestas en las promesas del Partido Liberal volvieron a combatir en la Guerrita de Agosto de 1906. Esas y otras muchas frustraciones condujeron a la idea de crear una asociación política independiente, cuyos antecedentes estaban en los Cabildos de Nación, el Directorio Central de la Raza de Color y el Comité de Veteranos y de Sociedades de la Raza de Color.

Con ese fin, el 7 de agosto de 1908 se fundó en La Habana el Partido Independiente de Color (PIC). En el primer número de Previsión, su órgano oficial, plantearon: “Nada puede esperar la raza de color cubana de los procedimientos usados hasta aquí por los partidos políticos porque nada han hecho que pueda ser para nosotros apreciable…”[2]

El PIC había sido legalizado en 1908 por el Gobierno Provisional norteamericano. Se presentaron a las elecciones de noviembre de 1908 con el objetivo de obtener una voz en el Congreso. Los resultados fueron adversos. Sólo pudieron presentar listas de candidatos en Santa Clara y La Habana. El candidato más votado por el PIC sólo consiguió 116 votos y Evaristo Estenoz, su principal líder, sólo 95, mientras los candidatos liberales obtuvieron decenas de miles de votos.

Los resultados tuvieron mucho que ver con que, para la mayoría de los negros, particularmente los de Oriente, lo inmediato era sobrevivir, mientras las demandas del PIC tenían menos inmediatez. Una realidad que el historiador Louis Pérez sintetizó así: “Los políticos africanos exigían un lugar en la república y movilidad. Los campesinos africanos demandaban un lugar en la tierra y derecho de permanencia”[3].

En febrero de 1910 Prevención, publicó: El Partido Independiente de Color tiene cerca de 60 mil afiliados, entre ellos 15 mil soldados de la guerra de independencia, 12 generales, 30 coroneles y centenares de oficiales de menos categoría. Esos datos, cuyo fin era demostrar su fuerza, tuvieron un efecto contrario. En parte influyeron en la aprobación de la Enmienda presentada por el Senador Martín Morúa Delgado, para prohibir la existencia de agrupaciones de una sola raza.

Prohibido el PIC los últimos intentos de solución del conflicto fueron rechazados, como ocurrió con la oposición a la Enmienda que presentó el Senador Salvador Cisneros Betancourt.

A ello contribuyeron algunos discursos inoportunos de líderes del PIC. Por ejemplo, el 6 de febrero de 1910 Evaristo Estenoz fue arrestado por un artículo aparecido en Previsión, en que planteó: “Todo hombre de color que no mate instantáneamente al cobarde agresor que lo veje en un establecimiento público es un miserable indigno de ser hombre, que deshonra a su patria y a su raza[4]; declaración que fue aprovechada por la prensa reaccionaria para alimentar el miedo al negro, como ocurrió con el periódico El Día, donde se escribió: “Se trata de un alzamiento racista, de un alzamiento de negros, es decir, de un peligro enorme y de un peligro común (…) Estos movimientos racistas los mueve el odio y sus finalidades son negativas, siniestras y no se conciben sino concibiéndoles inspirados por cosa tan negra como el odio….”[5]

Con independencia de algunas expresiones y excesos de sus dirigentes, como acertadamente expresara Alejandro de la Fuente: “Lo que era políticamente sensato, sin embargo, era ideológicamente inaceptable. La ideología nacionalista de fraternidad racial dificultó la exclusión de los afrocubanos de la política, pero también condenó cualquier intento de movilización política racialmente definida”[6], pues la misma se podía interpretar como un acto de racismo y por tanto contra los ideales de la nación martiana.

Fuera de la ley, en mayo de 1912, lanzaron el grito de “guerra o abajo la Ley Morúa”, pensando más en que la Ley iba a ser derogada, que en la guerra. Miembros del PIC, y otros que no lo eran, fueron masacrados en nombre de la “Nación” contra “la raza inferior”.

El General Carlos Mendieta[7], el 31 de mayo de ese año, invitó a los periodistas a presenciar la eficacia de las nuevas ametralladoras contra un presunto campamento de rebeldes en Hatillo. Como resultado 150 campesinos negros y mulatos murieron, entre ellos mujeres y niños. En represalia al día siguiente los alzados se apoderaron de La Maya, pueblo donde quemaron algunas casas y edificios. De ese acontecimiento surgió la popular canción de los Compadres “Alto Songo se quema La Maya”.

El 27 de junio Evaristo Estenoz, junto a otros 50 hombres, fue fusilado a quemarropa y el 16 de julio de 1912 asesinaron al general Pedro Ibonet. De una parte, según cifras oficiales hubo 2 mil muertos; otros autores refieren entre 3 y 6 mil. De la otra parte, 12 muertos y 31 heridos entre guardias y voluntarios reclutados; mientras las armas ocupadas a los alzados fueron menos de 100 revólveres, unas decenas de machetes, escopetas y fusiles.

En homenaje a la labor realizada, el 27 de julio de 1912 se efectuó un banquete, frente a la estatua de José Martí en el Parque central de La Habana, en presencia del Jefe de las Fuerzas Armadas, el Mayor General José de Jesús de Monteagudo y el Jefe del Estado Mayor, Francisco José Martí Zayas Bazán.

La masacre de mayo de 1912, por haber sido entre cubanos negros y blancos, fue el peor crimen cometido en nuestra historia, lo que demostró el daño de la discriminación racial e impidió -parafraseando al Doctor Jorge Mañach- compartir un propósito común por encima de los elementos diferenciadores para participar como sujetos en la conformación de la nación.

La Habana, 23 de mayo de 2020

[1] A. HELG: “Lo que nos corresponde. La lucha de los negros y mulatos por la igualdad en Cuba 1886-1912”. La Habana, Imagen Contemporánea, 200, p.138

[2] T. FERNÁNDEZ. “El negro en Cuba 1902-1958”. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1990,p.61

[3] L. A. PÉREZ. “Política, campesinos y gente de color: la “Guerra de Razas de 1912 en Cuba”. p.65

[4] R. FERMOSELLE. “Política y color en Cuba. La guerrita de 1912”. Uruguay, Editorial Colibrí, 1974, p.116.

[5] A. HELG. Ibídem, p.205

[6] A. DE LA FUENTE. “Una nación para todos, desigualad y política en Cuba 1900-2000”. Madrid, Editorial Colibrí, 2000. p.105

[7] Político, veterano de la Guerra de Independencia, Presidente Provisional de Cuba de 1934 a 1935.

 


  • Dimas Cecilio Castellanos Martí (Jiguaní, 1943).
  • Reside en La Habana desde 1967.
  • Licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad de La Habana (1975), Diplomado en Ciencias de la Información (1983-1985), Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos en el (2006).
  • Trabajó como profesor de cursos regulares y de postgrados de filosofía marxista en la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Habana (1976-1977) y como especialista en Información Científica en el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (1977-1992).
  • Primer premio del concurso convocado por Solidaridad de Trabajadores Cubanos, en el año 2003.
  • Es Miembro de la Junta Directiva del Instituto de Estudios Cubanos con sede en la Florida.
  • Miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Convivencia (CEC).

 

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