Martes de Dimas

El abolicionismo en Cuba

Dimas Cecilio Castellanos Martí | 24 diciembre, 2019

Martes de Dimas

El termino abolicionismo designa el deseo, el movimiento y la doctrina que propugna la supresión de instituciones o costumbres que atentan contra la dignidad humana.

La esclavitud tiene una historia tan larga como la propia humanidad. Cuando el hombre es despojado de su libertad y sometido a fines contrarios a su naturaleza, pierde su esencia. La esclavitud de unos hombres por otros tiene una historia tan larga como la propia humanidad. Contra ella, en todos los tiempos y lugares, se han producido, acciones e ideas, proyectos y doctrinas.

La esclavitud de los negros africanos traídos al Nuevo Mundo no la inició España. La misma fue resultado de las guerras entre tribus. Lo que hicieron los europeos y entre ellos los españoles fue multiplicarla mediante la compra de los prisioneros y del comercio negrero: la trata.

En Cuba los deseos y las sublevaciones de esclavos iniciadas desde el siglo XVI evolucionaron hasta devenir, junto al reformismo. al anexionismo y al independentismo, en una de las corrientes ideológicas del siglo XIX, la cual predominó entre los años 1837 y 1845 y se integró a la lucha por la independencia a partir de 1868.

La demanda de mano de obra, generada por el crecimiento de la industria azucarera, generó un crecimiento vertiginoso del comercio de esclavos que convirtió a Cuba en una gran plantación azucarera donde los negros y mulatos, como demostró el censo de 1791-1792, pasaron a ser mayoría en la población de la Isla.

La lucha por su libertad, en respuesta a las horribles condiciones a la que fueron sometidos, fue incentivada por el interés de Inglaterra en la abolición de la esclavitud. Cuando la Revolución Industrial en la segunda mitad del siglo XVIII propició la producción masiva de mercancías y la necesidad de mercados para absorberlas, la esclavitud se convirtió en obstáculo al desarrollo. Esa razón explica el por qué Inglaterra, promotora del tráfico de esclavos en siglos anteriores, en 1807 prohibió el comercio de esclavos, en 1834 abolió la esclavitud en sus colonia y presionó a España para que hiciera lo mismo.

En Cuba los hacendados cubanos, encabezados por Francisco de Arango y Parreño, lograron en 1789 que España autorizara la libre introducción de esclavos durante dos años. Al concluir ese período, en 1791, Haití -primer productor mundial de azúcar y de café- se arruinó resultado de la Revolución, lo que propició a los hacendados cubanos la posibilidad de desplazar a la vecina isla del lugar que ocupaba.

Como uno de los factores determinantes para ese propósito era la mano de obra, los hacendaos cubanos lograron que se prorrogara la entrada libre de esclavos, primero por otros seis años y después de forma indefinida.

Inglaterra, opuesta a la esclavitud por la razón mencionada, impuso a España un convenio en 1817 para poner fin al comercio de esclavos en 1820; lo ratificó y amplió en 1835; envió a aguas cubanas en 1837 al barco Romney, tripulado por negros libres para alojar a los esclavos que iban a ser declarados “emancipados”; y en 1840, envió a Cuba como Cónsul al abolicionista David Turnbull para evitar la introducción de esclavos después del convenio.

La rebeldía de los esclavos desde principios del siglo XVI tuvo sus primeras manifestaciones: en 1533 habían sido descuartizados cuatro cimarrones en las minas de oro de Jobabo, Las Tunas y sus cabezas exhibidas públicamente; en 1677 en las minas de Santiago del Prado (El Cobre), unos cien trabajadores negros se alzaron con garrotes en las montañas vecinas para defender su libertad y en 1731, la dotación del lugar se alzó nuevamente por razones similares.

La convergencia de la rebeldía, el aumento del número de esclavos, la influencia de la Revolución de Haití y la presión de Inglaterra, generaron sublevaciones abolicionistas masivas.

En 1795, el negro libre Nicolás Morales encabezó una conspiración en Bayamo; en 1812 otro negro libre, José Antonio Aponte, un artesano imbuido de altos principios éticos, dirigió una conspiración desde el Central Peñas Altas (Guanabo), de alcance nacional con la finalidad de abolir la esclavitud, establecer la igualdad social y derrocar el poder colonial. Aponte fue cortado en pedazos que fueron colocados en diferentes puntos de La Habana. Esas sublevaciones se repitieron a lo largo y ancho del país, pero fue en los ingenios azucareros donde las rebeliones tomaron mayor fuerza. Matanzas, zona azucarera por excelencia, llamada la Atenas de Cuba por su alta cultura, pero que podría también serlo por la cantidad de esclavos, resultó el escenario ideal para la lucha por la abolición.

En 1835 se sublevaron las dotaciones de varios ingenios, las que desde 1839 se extendieron por toda la región hasta que el Gobernador de la Isla, Leopoldo O’Donnell, inició en 1844 el proceso bautizado con el nombre de Conspiración de la Escalera por el método de tortura empleado para arrancar delaciones. En la misma fueron implicadas más de cuatro mil personas: 78 condenadas a muerte, casi 600 enviadas a prisión, más de 400 deportadas y unos 300 muertos a causa de maltratos físicos.

Con el fin de infundir terror entre los negros y mulatos libres profesionales y entre los blancos reformistas, se incluyó entre los ejecutados al poeta Diego Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido), cuya culpa radicó en su condición de hombre libre, mulato, con talento e ideas liberales.

En esas insurrecciones, escribió el historiador Sergio Aguirre, el negro fue actor casi único, hizo, contra viento y marea, un trozo de nuestra historia nacional.

En 1868, cuando la Isla tomó el camino de la independencia, negros y mulatos se incorporaron de forma masiva a la insurrección. El hecho de que Carlos Manuel de Céspedes y otros hacendados decidieran liberar a sus esclavos para emplearlos como soldados, no significa que éstos carecieran de motivos e intereses propios. Durante siglos hubo sublevaciones de negros y mulatos, libres y esclavos antes de las guerras independentistas y fueron los últimos en rendirse cuando la toma de la Habana por los ingleses.

Si los blancos aspiraban a libertades económicas y políticas, los negros buscaban la abolición de la esclavitud y la participación en el nuevo orden: fueron a la guerra, junto a los blancos, pero con su propia agenda. En esa convergencia están las raíces de nuestra inconclusa nación.

La Habana, 12 de diciembre de 2019

 

 


  • Dimas Cecilio Castellanos Martí (Jiguaní, 1943).
  • Reside en La Habana desde 1967.
  • Licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad de La Habana (1975), Diplomado en Ciencias de la Información (1983-1985), Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos en el (2006).
  • Trabajó como profesor de cursos regulares y de postgrados de filosofía marxista en la Facultad de Agronomía de la Universidad de La Habana (1976-1977) y como especialista en Información Científica en el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de La Habana (1977-1992).
  • Primer premio del concurso convocado por Solidaridad de Trabajadores Cubanos, en el año 2003.
  • Es Miembro de la Junta Directiva del Instituto de Estudios Cubanos con sede en la Florida.
  • Miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Convivencia (CEC).

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