Lunes de Dagoberto

CUBA: VERDAD Y MEMORIA HISTÓRICA

Dagoberto Valdés Hernández | 6 diciembre, 2021

Lunes de Dagoberto

La percepción de que Cuba necesita cambios sistémicos reales, y urgentes, nos lleva a pensar cómo debería ser un proceso de transición pacífica que no conduzca a un cambio fraude. Tomando como referencias otras transiciones pacíficas y eficaces quiero compartir con ustedes los componentes generales que requiere un proceso de cambio auténtico y ordenado. En este, y en los próximos lunes, desarrollaremos esos cuatro ingredientes para una transición hacia la democracia en Cuba: Verdad y Memoria histórica; Justicia Transicional-Reparadora e Integral; Magnanimidad; y Reconciliación Nacional.

Verdad y Memoria histórica

Cada uno de estos hitos responde a una necesidad y servirían para evitar una devaluación del proceso de transición. En este primer paso se trata de la necesidad de regresar a la vida en la verdad tras 62 años de vivir en la mentira institucionalizada. Esto significa que los regímenes totalitarios intentan borrar la historia pasada y reescribir una historia que comienza con su ascensión al poder, y una narrativa que responda a una legitimación que no tienen por la vía de las elecciones.

No hay verdadero proceso de transición sin recuperación de la verdad histórica de los hechos y los procesos ocurridos antes y durante la época totalitaria. Para ello es necesario crear una Comisión de la Verdad y la Memoria Histórica formada por personas de probada eticidad y competencia en las materias a dilucidar.

Esta comisión debe contar con total independencia para realizar su trabajo de esclarecimiento de la verdad, de recuperación de la memoria histórica, de pleno acceso a archivos y fuentes, testigos y víctimas, para documentar un Informe Integral de Verdad y Memoria que dote a la nación, a los poderes legislativos, ejecutivos y judicial, a la academia y a las víctimas; también a los medios y a la labor museológica, de la información veraz y suficiente para comenzar los procesos de justicia transicional; rehabilitación, reparación e indemnización de las víctimas, hasta desembocar en un marco jurídico integral que devuelva a la independencia de poderes y al debido proceso. Este y los siguientes pasos los comentaremos en próximos lunes.

Homenaje a los que han hecho la verdadera historia

Otro de los frutos de este primer escalón del proceso de transición es reconocer y rendir homenaje a todos aquellos que han sido protagonistas o víctimas durante estos más de 60 años en Cuba.

En efecto, con frecuencia, vemos que parece que la historia se repite con las generaciones más jóvenes. Hablan y actúan como si la historia comenzara con ellos. Es un síntoma del daño antropológico causado por el totalitarismo. Pareciera que con cada nueva iniciativa comenzara la historia. Padecemos de desmemoria histórica y, de esta forma, quizá sin quererlo, damos continuidad a la obstinada ofuscación de olvidar o ningunear a los que nos precedieron y a los procesos que nos han permitido llegar hasta aquí y enriquecer el trayecto histórico con nuevas y valiosas iniciativas. Diferentes sí, pero de alguna forma deudoras también de los que nos precedieron.

Aprovecho esta reflexión para ilustrar lo que digo con una anécdota que me sucedió hace años, cuando era más joven. Estando en una entrevista televisiva fuera de Cuba, se abre el programa a las preguntas de los televidentes. Un matrimonio de casi 90 años que había luchado por salir de la dictadura anterior y que después de 1959 había tenido que dejarlo todo y salir al exilio, luego de sufrir cárcel e innombrables sufrimientos, con una lucidez y sentido del humor, me sorprendieron y me demostraron que el espíritu humano puede vencer y recuperarse de los más ignominiosos trances. Me dijeron: Joven, díganos ¿qué significa, en su vida de activista católico, nuestra generación y las que vinieron después? Eran los padres de la entrevistadora también cubana, quien me dijo: solo tiene usted un minuto.

Tomando aire y viendo aquellos rostros surcados por el sufrimiento, el desarraigo de la Patria, el paso del tiempo sin ver la luz al final del túnel, y al mismo tiempo, imagino que presintiendo que se acababa su larga vida, atiné a responderle: Para mí, la generación de ustedes es como la raíz a la rama, como la savia al fruto, como el cimiento a la casa. Toda la historia, los sufrimientos, el destierro, la nostalgia, la espera interminable, las incomprensiones de todos lados, los olvidos de las nuevas generaciones, las ansias de regresar, el anhelo de ver el día de la libertad, de todos ustedes, y de los que se han ido sin verlo, son y serán para siempre abono, referente y paradigma, para las nuevas generaciones.

Se había acabado el tiempo y los dos lagrimones que rápidamente secaron no les impidió pronunciar un “Muchas gracias”, que era precisamente lo que me había faltado decirles desde el hondón de mi alma. Se los dije sobre el tema musical de cierre. Pero pude disfrutar en vivo, lo que debió sentir José Martí, cuando, en genial imagen, supo narrar el agradecimiento de las nuevas generaciones a los viejos héroes que habían comenzado el camino de la libertad:

“No siento hoy como ayer romper coléricas al pie de esta tribuna, coléricas y dolorosas, las olas de la mar que trae de nuestra tierra la agonía y la ira, ni es llanto lo que oigo, ni manos suplicantes las que veo, ni cabezas caídas las que escuchan, – ¡sino cabezas altas! Y afuera de esas puertas repletas, viene la ola de un pueblo que marcha. ¡Así el sol, después de la sombra de la noche, levanta por el horizonte puro su copa de oro! …la muerte da jefes, la muerte da lecciones y ejemplos, la muerte nos lleva el dedo por sobre el libro de la vida: ¡así, de esos enlaces continuos invisibles, se va tejiendo el alma de la patria!” (Tampa, 27 noviembre 1891).

Deseo unir mi voz y mis sentimientos a los del Apóstol porque tampoco hoy veo en Cuba ni llanto estéril, ni manos suplicantes, ni cabezas caídas… Hoy, como hace 130 años en aquel liceo repleto de tabaqueros y jóvenes cubanos, lo que veo en Cuba son “cabezas altas” y “ese sol después de la sombra de la noche” de la represión y de la espera activa.

Quiero que esta columna contribuya, con su pequeño aporte, a honrar “lecciones y ejemplos”. Que este breve escrito nos lleve “el dedo por sobre el libro de la vida” de tantos y tantas que a lo largo de estos 62 años han ido “tejiendo el alma de la patria” con todos los hilos de sus sacrificios, sus exilios, sus cárceles, sus muertes… con “esos enlaces continuos invisibles”. Que no se pierda ninguno de esos hilos para coser la bandera nueva, la de siempre, pero renacida, de una República libre, cordial y próspera.

Hoy todos en Cuba, después del 27N, del 11J y del 15N, vislumbramos la patria nueva que aquellos dos ancianos, y tantos millones de cubanos, esperamos construir y disfrutar. Por ellos, por todos los que han entregado sus vidas y haciendas, su familia y su felicidad, por la libertad de Cuba, estoy seguro de que, más temprano que tarde, se hará realidad en Cuba esta visión profética del Maestro Martí:

“Rompió de pronto el sol sobre un claro del bosque, y allí, al centelleo de la luz súbita, vi por sobre la yerba amarillenta erguirse, en torno al tronco negro de los pinos caídos, los racimos gozosos de los pinos nuevos…”

¡Arriba la esperanza y el compromiso!

Esto ha sido este año 2021 en Cuba: un romper del sol de la esperanza y un mostrar al mundo entero el “centelleo de la luz súbita” que llevamos dentro, y hemos sacado fuera para siempre, miles de cubanos.

¡Que no se apague esa luz!

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.

 

 


Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).
Ingeniero agrónomo.
Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017.
Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.
Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017.
Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.
Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006.
Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.
Reside en Pinar del Río.

 

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