Lunes de Dagoberto

CUIDAR LA VIDA ES LO PRIMERO

Dagoberto Valdés Hernández | 12 julio, 2021

Lunes de Dagoberto

Hoy no tengo ganas de escribir. Preferiría no hablar. Solo buscar qué hacer frente a esta situación crítica que vive Cuba. ¿Qué podemos hacer? Y hacerlo rápido y bien. Pero el deber y el quehacer comienzan por pensar. Y por ayudar a pensar. Y por compartir lo que pensamos, vemos y proponemos. Lo que muchos veníamos prediciendo, y previendo, ha llegado. Desde hace mucho tiempo compatriotas de la Isla y de la Diáspora hemos pensado, razonado, prevenido y sugerido, tanto el diagnóstico, como diversas propuestas de soluciones, para la problemática compleja que se viene acumulando en Cuba y que ahora ha entrado en estado crítico.

Sin embargo, a pesar de las visiones prospectivas, la actitud proactiva y los llamados de alerta, hemos llegado hasta esta situación límite que, Dios no lo quiera, puede ser preámbulo y anuncio de una situación aún peor y general. El epicentro de la crisis ha aflorado por Matanzas, especialmente por Cárdenas, pero toda Cuba sufre de lo mismo, en diversos grados, porque parten de la misma causa, y sufren los mismos síntomas y consecuencias. Y no me refiero solo al colapso producido por la pandemia en los centros de salud sino también a la situación invivible en todos los aspectos de la existencia cotidiana que impacta en toda Cuba.

Oídos sordos, campañas triunfalistas, ideologización y politización de todo lo que sea pensar, decir, proponer u obrar diferente al pensamiento único y al control total. Hasta tenemos que soportar que la televisión transmita una increíble expresión de deseos de reír ante la propuesta de abrir un canal humanitario. Esto es el rigor mortis de la dialéctica. Es el monólogo sordomudo de la dialógica. Dicho en buen cubano: es como si habláramos con la pared. Es como recoger agua en canasta. Es el bloqueo total a lo diferente. Es la decadencia irreversible.

Hoy quisiera resaltar algo que quizá se nos escape en medio de las luchas agobiantes de la subsistencia cotidiana y con el “ruido y poco avance” de una propaganda berjovínica (como aquellas chirriantes y lentas motorinas del campo socialista llamadas Berjovinas):

  1. Esto es el colapso de un sistema que durante más de 60 años ha demostrado no funcionar. Recientemente el ministro de economía de Cuba ha dicho en pleno consejo de ministros refiriéndose a los bajos “niveles de ingreso de divisa al país”: “Lo que hay que preguntarse es cómo estamos aquí todavía, así, defendiendo a la revolución.” (NTV. 2 de julio de 2021)
  2. Estas son las consecuencias del férreo bloqueo del Estado a la iniciativa privada, a la libertad de empresa, especialmente de las micro, pequeñas y medianas empresas, a todo lo que sea independencia y proyectos de la sociedad civil, y a una igualdad de derechos y oportunidades de la comunidad cubana en la Diáspora y la que reside en la Isla, ambos pulmones de la única Nación que somos.
  3. Pero sobre todo, y es aquí donde desearía que pensáramos especialmente hoy: Esta situación límite es también consecuencia directa de las prioridades en la gestión estatal de la cosa pública.

La escala de prioridades tiene sus consecuencias

En efecto, para gestionar políticas públicas, siempre, pero especialmente en momentos de gravísima crisis, toda prioridad establecida en cada decisión tiene una repercusión directa en la solución o en el agravamiento de la crisis. En Cuba no son solamente problemas económicos de falta de liquidez, ni de medidas financieras venidas de fuera, ni obsolescencia de tecnologías o maquinarias completamente decadentes. Estos son factores que también influyen, pero quienes deciden las prioridades en las que se van a utilizar los pocos recursos son los responsables directos del colapso de otros sectores. Son responsables, intencionados o no, (de las intenciones es imposible juzgar, pero de las obras y sus consecuencias sí), del impacto que produce cada prioridad escogida. Pongamos solo tres ejemplos recientes:

  1. Las prioridades para las inversiones en Cuba: según la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI) de Cuba en el año 2020, en pleno desarrollo de la pandemia en nuestro país, el gobierno decidió priorizar el sector turístico (servicios empresariales y actividad inmobiliaria) dígase construcción de hoteles y otras facilidades, a lo que destinó el 45,6 % del total de inversiones en el país. Esto significó 4 mil 138,8 millones de pesos, mientras que en el sector de la salud y seguridad social solamente se invirtieron 84,5 millones, lo que significó solo el 0,93 % del presupuesto nacional que ascendió a 9 mil 68,4 millones de pesos. Con solo estos pocos datos podemos ver que la prioridad no fue la salud pública y la seguridad social. (Cf.http://www.onei.gob.cu/sites/default/files/publicaciones_invesiones_enero-diciembre_2020.pdf)
  2. La prioridad en el uso de vacunas: Cuba decidió apostar absolutamente a lo que llamó “soberanía para la inmunización de la población cubana” rechazando participar de un programa de donaciones gratuitas llamado COVAX y comenzó un proceso de investigación y confección de candidatos vacunales cubanos. Sin dudas es meritoria la labor de los científicos y de los centros de investigación cubanos. Es su mérito y hay que reconocerlo. Pero esos procesos demoran, tienen sus requisitos, sus etapas inviolables. Mientras tanto ha ocurrido lo que podía ocurrir dada la escasez de todo y la falta de cultura del cuidado que algunos tienen, ha ocurrido la explosión de la pandemia que pudo haberse paliado si la prioridad hubiera sido aceptar las donaciones de vacunas ya probadas y confeccionadas en otros países, mientras estaban listas las nuestras. Eso era gratuito. Aquí el tiempo transcurrido sin proteger con la vacuna, debido a una decisión política, ha costado muertes y secuelas evitables.
  3. La prioridad en el manejo del turismo y los aeropuertos: Tan temprano como el 14 de marzo de 2020, la Directora de Mercadotecnia del Ministerio de Turismo anunció a Cuba como “un destino seguro” y no se cerraron a tiempo los aeropuertos. Esa decisión fue una prioridad errónea que tuvo que ser corregida ya tardíamente. Sin embargo, ahora mismo, más de un año después, la entrada de turismo ruso y de otros países por aeropuertos como el de Varadero ha sido otra prioridad con consecuencias nefastas. La situación de la Isla de la Juventud es una prueba irrefutable del resultado positivo cuando se prioriza la protección de la ciudadanía. ¿Qué hubiera pasado si esa Isla llega a ser considerada un destino turístico más conocido? (Cf. https://www.efe.com/efe/america/portada/cuba-se-declara-un-pais-seguro-para-recibir-turistas-pese-al-coronavirus/20000064-4196109)

Hay otras prioridades que también han impactado negativamente en este extremo pandémico: no priorizar con años de anticipación la producción local de alimentos y su libre comercialización por agricultores y vendedores privados, lo que hubiera disminuido las aglomeraciones de las “colas” diarias e interminables para “ver qué vendrá”; la falta de medicamentos o componentes de medicamentos no es por el embargo financiero, sino por las prioridades en que se invirtió el dinero en años anteriores y en este: en construcción de hoteles y otros sectores priorizados. Eso ha provocado que se acumulen o agraven enfermedades que hacen más vulnerables a los que adquieren el Coronavirus. A esto se suma el achacarle todo absolutamente al embargo, y no principalmente a la ineficiencia y a las decisiones de prioridad erróneas o insuficientemente previsoras. Hay otras muchas más, como el hecho comprobable de que se invirtió más comprando perseguidoras que ambulancias, pero no es este el lugar para una relación exhaustiva. Todos lamentamos ahora lo que está sucediendo. Si bien no es hora de hurgar en las heridas, sí es necesario pensar para aprender de los errores y que no se repitan.

¿Cuál debe ser la prioridad?

La primera prioridad, ahora y siempre, debe ser cuidar la vida. Cuidar no significa solo evitar el contagio. Significa, en primer lugar, asumir la responsabilidad de la propia existencia, la de nuestras familias, vecinos y amistades, la de todos los cubanos. Cuidar a su pueblo es responsabilidad de las autoridades.

Es hora de acudir al auxilio de los que sufren o mueren y de sus familiares. Es la hora abrir caminos a la solidaridad sin ideologías y sin politiquería. Es la hora de la solidaridad, venga de donde venga. Porque más vale una sola vida humana que todas las políticas del mundo. Más vale una sola vida humana que todos los ensayos económicos del mundo. Más vale una sola vida humana que demostrar que los “bloqueos” propios y ajenos, internos o externos, son malos. Más vale una sola vida humana que todas las presiones que se quieran ejercer para un cambio de política aquí o en otro país.

En fin, se trata de identificar y ejecutar la prioridad de las prioridades: el respeto, el cuidado y la calidad de la vida de cada ser humano, piense como piense y viva donde viva. Si Cuba pretende dar una prueba fehaciente del humanismo que decimos querer con aquella repetida aspiración del Apóstol de nuestra Independencia que postula poner como primera prioridad de la República la dignidad plena del hombre, entonces es hora de abrir la puerta al cambio de verdad, de hacer entre todos una república nueva, democrática y próspera en que las prioridades no las tome una persona, o un grupo, o un solo partido, sino la soberana voluntad de una nación libre. Esa es la primera soberanía, sin ella todas las demás pierden el sentido, la dirección y la eficacia.

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.

 


  • Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).
    Ingeniero agrónomo.
  • Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
  • Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017.
  • Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.
    Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006.
    Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.
    Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.
    Reside en Pinar del Río.

 

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