Lunes de Dagoberto

Lo que llegó y no puede quedarse

Dagoberto Valdés Hernández | 29 Junio, 2020

Lunes de Dagoberto

El uso de lemas y repeticiones puede servir para campañas de publicidad o como recurso nemotécnico de métodos didácticos, con frecuencia superados o decadentes. Algunos cubanos tenemos sentimientos encontrados con respecto a los lemas. Malas experiencias, recuerdos de la infancia, maestros autoritarios, frases sin alma. Propaganda. Uno de esos lemas que han vuelto en medio de la pandemia es “Esto llegó para quedarse”. 

Casi se ha convertido en una muletilla que puede causar confusión y enviar un mensaje, en ocasiones, contrario a lo que se busca. Reflexionemos sobre su uso y abuso. 

Es una frase que quizá quiera significar que una buena iniciativa ha encontrado perseverancia y caminos para formar parte de las costumbres o hábitos de un grupo de personas. Pero la formación de esos modelos de vida no se improvisa en unos meses y, mucho menos, se pueden imponer por orden superior sin mediar una norma, una ley debidamente debatida. Todo lo que en la cultura de los pueblos se impone perece. Además de que toda disposición normativa debe ser legal y al mismo tiempo moral, éticamente justificada y aprobada en las instituciones legislativas que corresponda.

Pero con  frecuencia este lema es dicho de modo coloquial, improvisado, atenido a la inmediatez o la urgencia, responde a una necesidad perentoria. Opino que si “llegó para quedarse” es usada como una frase común, como un modo de expresar que algo es muy conveniente o que deberíamos informar, educar y promover esa idea o actitud, pues hasta ahí pudiera ser aceptable como una exhortación, una invitación, una moción recomendable.

El problema pudiera presentarse cuando una autoridad, sea familiar, eclesial, social o estatal, comienza a usar con frecuencia esa frase para referirse a lo que recomienda o a lo que dispone de “motu proprio” pero que no ha sido consultado ni legislado. 

No confundir “auctoritas” con “potestas

Los clásicos romanos aprendieron a distinguir y valorar estos dos términos relacionados con todo tipo de liderazgo. Veamos:

“La auctoritas se conquista mediante la adhesión, la persuasión y la convicción del buen ejemplo de alguien sobre otro. De esta forma, las indicaciones de la persona revestida de autoritas no son imposiciones sino más bien acogidas de buen grado, ya que el que tiene la autoridad va por delante en aquello que indica. Se basa fundamentalmente en el ejemplo y es imprescindible para lograr de aquellos sobre los que se ejerce la verdadera obediencia: aquella que se sustenta sobre la aceptación de la superioridad moral del que ordena y que permite que el que obedece haga suyo lo mandado.”1

“La potestas, en cambio, está relacionada con la fuerza y la imposición coercitiva. Es necesario el poder ejercer dicha fuerza para imponer algo, el tener la ‘potestad’ de imponerse sobre una persona en función de la fuerza, amenaza o coacción.”2

Lo ideal es que la primera preceda a la segunda, e incluso que haga innecesaria y excepcional la segunda, usada solo para aquellos que no han aceptado la convivencia civilizada y pacífica. Pongamos un ejemplo familiar:

Si un abuelo, en virtud de su larga experiencia y usando un lenguaje persuasivo y respetuoso, recomienda vehementemente a sus nietos que cultiven unas actitudes cívicas, sin imposición y sin amenazas, eso es usar la “autoridad” que es una capacidad moral. Si otro abuelo impone con amenazas algo que no se haya dialogado, discutido y consultado en la familia, entonces eso es un mal uso del “poder” de la potestad para algo que no ha sido legislado. Lo mismo podría valer para otros ámbitos de la vida humana: vecinal, grupal, escolar, nacional. 

Ya conocemos por la historia los resultados del uso y el abuso de la segunda forma de liderar: el sometimiento, la rebeldía, la simulación y el agotamiento que conduce a la violencia. Y nadie quiere la violencia. 

Lo que no debe quedarse

La pandemia de la COVID-19 ha hecho necesarias algunas órdenes o medidas excepcionales que, como su adjetivo indica, solo se justifican en situaciones de “estado de emergencia” o “crisis epidemiológicas”, que deben ser acotadas en el tiempo y en el espacio y que para nada deben quedarse. Una familia o un pueblo no pueden vivir toda la vida en estado de alarma, en la continuidad de la emergencia o en una crisis existencial o social permanente. Esto no es justo ni es humano. Lo que podemos justificar durante un tiempo y en un lugar determinado no puede “llegar para quedarse” so pena de ir contra la naturaleza humana: 

  • Las restricciones de la libertad de movimiento y el derecho a viajar libremente dentro y fuera de su país no puede llegar para quedarse.
  • Las restricciones de la libertad de reunión y dejar en manos del Estado la decisión de cuántos, dónde y cómo se pueden reunir una tertulia de amigos, una comunidad religiosa o un grupo de la sociedad civil siempre que esas reuniones sean pacíficas y ordenadas por ellos mismos, no puede llegar para quedarse. 
  • Las restricciones de la libertad de expresión, siempre que no se incite a la violencia o se atente contra la convivencia y el derecho de los demás al respeto, la fama y la privacidad, no puede llegar para quedarse.
  • Las restricciones a la gestión y el emprendedurismo del sector privado no deben llegar para quedarse.
  • Las formas “de ordeno y mando” con estilos y uniformes militares no son propias de un gobierno civil, no deben llegar para quedarse. “Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento (…) La patria no es de nadie: y si es de alguien, será, y esto solo en espíritu, de quien la sirva con mayor desprendimiento e inteligencia.”3
  • Las contradicciones entre salud y economía deben ser resueltas salvaguardando, como se ha hecho, la primacía de la persona humana y su salud física, psicológica y espiritual; las tensiones en que hemos vivido a causa de la pandemia deben ser superadas y no llegaron para quedarse.
  • La escasez que ya estaba y se ha incrementado, y las consecuentes “iniciativas” para organizar las “colas”, los tickets, los pre-tickets, la libreta, los carnets de identidad, las asignaciones por productos y otras restricciones… y el echar la culpa de todo esto a los coleros cuando hay un mal de fondo en la ineficiencia económica, no han llegado para quedarse.
  • La exposición televisada de los sospechosos de delitos y los procesos sumarios argumentando “propagación de la pandemia” pudieran ser violaciones del debido proceso y no debieron llegar para quedarse.    

Estas son solo algunas de las medidas excepcionales propias de estados de emergencia que no deben quedarse al avanzar hacia una nueva normalidad. 

Otras actitudes e iniciativas no llegaron, sino que estaban en el “ADN” de nuestra cultura, pero se han puesto en evidencia y se han multiplicado con motivo de la pandemia. Algunas de esas actitudes son: la solidaridad, el servicio al necesitado, la compasión con el doliente, la observancia de una disciplina consciente, la ética profesional, la entrega de los trabajadores de la salud, la colaboración de sus familias para cuidar de sus hijos y del hogar, el fomento de la espiritualidad y la religiosidad en auténticas “iglesias domésticas”, el uso, aún restringido y controlado, de los medios de comunicación propiedad del Partido, y sobre todo el despertar de las Iglesias al uso de las nuevas tecnologías y de las redes sociales. Estas y otras muchas que no son impuestas sino cultivadas, que no son obligadas sino educadas, y que contribuyen al crecimiento humano y al desarrollo del alma de la nación… esas sí deben quedarse porque nacen de la libertad, la responsabilidad y la educación ética y cívica de los cubanos. 

Que lo que llegue para quedarse sea: 

  • más libertad interior y más libertades cívicas, económicas y políticas, 
  • más soberanía e inclusión de los ciudadanos, 
  • más progreso material y espiritual,
  • un nuevo clima de confianza ante la sospecha, de transparencia ante la corrupción, 
  • de civismo frente a la delación, de legalidad frente a la represión, 
  • de búsqueda del esplendor de la verdad ante la opacidad de la vida en la mentira, 
  • de la sanación humanista frente al daño antropológico, 
  • de la consecución de la felicidad para que la incertidumbre, las penurias y la angustia de estas décadas arreciadas por esta pandemia encuentren razones para una esperanza afincada en profundas y duraderas transformaciones en la vida de los cubanos.

 

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.  

 

Referencias

[1] Cf. http://managemententerprises.blogspot.com/2013/02/sobre-la-autoritas-y-la-potestas.html

[1] Ídem.

[1] Martí, J. (1884) “Carta de José Martí al General Máximo Gómez” Nueva York, 20 octubre de 1884. 

 


  • Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).
    Ingeniero agrónomo.
  • Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
  • Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017.
  • Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.
    Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006.
    Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.
    Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.
    Reside en Pinar del Río.

 

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