Lunes de Dagoberto

La prensa o la propaganda

dagoberto valdés hernández | 13 Enero, 2020

Lunes de Dagoberto

Todos los días leo la prensa escrita de mi país. Estoy suscrito a los principales diarios nacionales y al semanario provincial. Es necesario informarse por diferentes vías y medios. La diversidad de enfoques, los diferentes análisis y los grados de veracidad que uno puede constatar cuando consulta varias fuentes, es uno de los beneficios de la libertad de expresión y de prensa.

En Cuba, como la prensa escrita, radial y televisiva son propiedad y órgano de propaganda del único partido, el tedio y la monotonía nos acecha a los que, por ejemplo, leemos el Granma y luego, en la noche, vemos el llamado noticiero estelar de la televisión cubana: el hallazgo es impresionante:
La escasez de noticias.

En efecto, mientras en el mundo y en Cuba se generan en cada minuto cientos de noticias y opiniones. Los medios del Partido, porque no son públicos sino solo de una parte, reducen cómoda e intencionadamente, el acontecer mundial y nacional a cuatro o cinco noticias. El todavía caro y limitado acceso a Internet nos permite, por el contrario, acceder, analizar y compartir si lo deseamos, cientos de eventos a lo largo del día. Las omisiones no son por falta de espacio son una opción consciente y con propósito. Lo podemos comprobar al encontrar, un día tras otro, artículos de toda una página de los mismos autores, igualmente escasos. Las omisiones de importantes acontecimientos o su sesgada e incompleta mención en la sección de “Hilo directo” en el último rincón de una página interior, son tan significativas y reiteradas que casi nadie espera el periódico, que en mi ciudad por lo menos llega en la tarde, para “enterarse” de lo que ha pasado y que ya muchos comentan porque lo han “oído” por otras emisoras o lo han “visto” en las redes sociales. La restricción de noticias contribuye a la propaganda.

El maniqueísmo de las noticias

Otro de las deformaciones de la “prensa” cubana es su maniqueísmo pensado, impuesto, minuciosamente calculado y custodiado. Todo es en blanco y negro. Todo es totalmente bueno o completamente malo. Como la tinta o el panorama que “pintan” nuestros medios. Todo es en blanco y negro. No hay matices, no se mencionan las opiniones o percepciones contrarias o parcialmente diferentes. El mundo está todo malo. En Cuba está todo bien o se trabaja siempre en la dirección correcta. Todo lo malo del mundo es culpa del gobierno de un solo país. Todo lo que se manifiesta contrario dentro de Cuba es siempre “pagado”, organizado e impuesto desde “afuera”. Los cubanos todos son buenos, menos los que son “malnacidos”, “mercenarios” o “apátridas”. Los extranjeros son, siempre y todos potenciales “agentes” del único culpable a no ser que pertenezcan a, o simpaticen con, la misma parte que siempre es buena aquí dentro. Los verbos son también maniqueos en la prensa cubana: se “asesina” al violento simpatizante y se “ajusticia” al violento contrario. El maniqueísmo es constitutivo de la propaganda y puede provocar la pérdida de la credibilidad en el medio de comunicación.
Todo está “explicado” de antemano.

La tercera deformación de la llamada “prensa” es que no viene la narración de los hechos para que cada ciudadano lo interprete con cabeza propia. Si es radiada o televisiva, en la mayoría de los casos se les silencia la voz, como si hablaran otro idioma, mientras un locutor nos hace saber no solo lo que dijo textualmente el implicado sino lo que quiso decir, lo que eso significa para nosotros y para el mundo y la postura que todos debemos asumir para ser “fieles” a la “verdad” que nos ha revelado el que nos explica la noticia. El agravio no está solo en que sea una explicación única y partidista sino en que supone que ninguno de los receptores de las noticias tenemos capacidad o preparación política para poder descubrir, por nosotros mismos y con nuestro razonamiento, “lo que los hechos significan”. El emisor siempre sabe, es el que está iluminado para explicarnos la noticia, es el que tiene acceso a “toda la verdad” y lo más importante, es el que tiene las herramientas ideológicas para no dejarse manipular por “los grandes medios hegemónicos”. Pareciera como si Cuba fuera un país de anormales y de analfabetos reales o funcionales y solo un exiguo número de “iniciados” tenga la formación para interpretar. Solo una reducidísima cantidad de los mismos nombres y siempre del mismo partido, son los “ungidos” para explicar la noticia a la gran masa que no ha aprendido a pensar con cabeza propia, como hace más de dos siglos nos enseñó el Padre Félix Varela. Quien se detenga, en medio del ajetreo por la subsistencia cotidiana y se abstraiga del parte del tiempo del Noticiero, pudiera creer que el “que nos enseñó en pensar primero” ha arado en el mar.

No es así, el lento y restringido acceso a las redes sociales en la internet ha demostrado que hay muchos cubanos, la mayoría de los cubanos que estaba silenciosa o silenciada por falta de canal de comunicación, de espacio para el debate público libre, de medio de expresión plural, esa inmensa mayoría va despertando, ejercitando “los músculos” de la opinión diversa y respetuosa; los cubanos, por lo general, como todos los seres humanos, venimos dotados por el Creador, de libertad, de pensamiento crítico, de capacidad para distinguir el bien del mal y todas sus gradaciones.

Esta manía manipuladora puede provacar lo contrario de lo que persigue: el hastío, el rechazo y la burla.

Entre prensa y propaganda

Unos cubanos han aprendido rápido ese ejercicio de soberanía ciudadana. Otros estamos en camino tratando de escapar de la propaganda para acceder a la prensa y otros, todavía son víctimas del “daño antropológico” que trajo el totalitarismo, el paternalismo y el populismo que ha producido una “cultura del pichón”, postura acomodaticia e infantil del que espera que los que “saben” les lleven al nido y le pongan en el pico la brizna de interpretación del mundo que solo les permite sobrevivir pero no les da fuerza para volar, abandonar el nido de la dependencia y la subordinación mental y salir al mundo a gestionarse por sí mismos el alimento para el cuerpo y para el alma.

Esos que son los que han aprendido, rápida y eficazmente, a levantar el vuelo, es decir, a trabajar en los medios con ética, veracidad, profesionalismo y altitud de miras. No a usar los medios para manipular la conciencia de los demás; o para exacerbar los instintos más rastreros, o usan los medios para insultar, descalificar, desprestigiar e invadir el derecho a la privacidad, justificándolo con el derecho a la libertad de expresión, por un lado o el derecho a defender su ideología y su poder por el otro. No es maniqueo. Hay un punto de equilibrio ético entre la libertad de expresión y el debate público.

Esa delgadísima frontera es el respeto irrestricto de la dignidad y los derechos del otro. Es la ética de la primacía de la persona humana, sea quien sea, piense como piense, sobre todo lo demás, dígase que el respeto a la persona de todo ser humano, aun cuando sea un criminal, mucho más cuando solo sea un discrepante, ese respeto está por encima de todo: de la política, de la religión, de la economía, de los ratings, de los intereses partidistas, de las ideologías, de todo. El criterio ético de la democracia es el respeto al diferente, al discapacitado, el disidente, el discrepante.

Existen otros criterios para distinguir entre prensa y propaganda, pero estos tres pudieran servir para cada día, en cada medio de comunicación, sea oficialista o alternativo, sea cubano o de otras latitudes, hacer el discernimiento, la elección y la postura frente a este fenómeno propio de este cambio de época en el que las nuevas tecnologías y las redes sociales pueden ser, según sea la actitud del receptor, medio de manipulación, propaganda o descalificación, o un buen servidor público que use éticamente estos nuevos areópagos para hacer de la aldea global una comunidad civilizada, plural y humanizadora.

 

 


  • Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).
    Ingeniero agrónomo.
  • Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
  • Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017.
  • Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.
    Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006.
    Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.
    Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.
    Reside en Pinar del Río.

 

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