Jueves de Yoandy

Bloqueo: ¿también a la palabra?

Yoandy Izquierdo Toledo | 8 Agosto, 2019

Jueves de Yoandy

Información es poder, lo que está relacionado, directamente, con el nivel de participación de la ciudadanía en la toma de decisiones, el empuje hacia sistemas más democráticos y la articulación de una sociedad civil más proactiva.

Una de las más antiguas estrategias del gobierno, ante el surgimiento de numerosos medios alternativos cuyo objetivo es vencer la censura y establecer un compromiso serio, veraz e inmediato con la sociedad, ha sido el “bloqueo” de determinados sitios digitales, para que la información no llegue por vía directa a los lectores, seguidores, ciudadanos en general. Es así que algunos medios independientes en Cuba han nacido bajo la presilla oficial, es decir, con la imposibilidad de acceso desde servidores cubanos. Otros han visto la luz y un tiempo después, según el arbitrio de no se sabe exactamente quién o quiénes, pero sí bajo un poder invisible y latente, han corrido la misma suerte: el recurrente mensaje en la pantalla “No se puede acceder a este sitio”.

En los últimos días, algunos medios de este tipo (independientes, no oficialistas, defensores de la verdad que no muestran los medios cubanos al servicio de la oficialidad) han sufrido estos ataques que impiden el acceso desde la Isla. No se sabe si temporal o definitivamente. Hay quienes confirman que tiene lugar una especie de intermitencia para hacer quedar mal a los gestores de los medios cuando informan la censura de este tipo. Unas veces se puede acceder y otras no. En ocasiones se puede hacer desde los datos móviles y no desde las zonas wifi o el servicio de Nauta Hogar, y viceversa. En fin, una serie de estrategias como si se tratara de una operación militar, una actividad clandestina, o lo que es lo mismo, una violación de un derecho humano elemental, el derecho a la información y la libre expresión.

Mal está un país que, con escasos recursos, dedica fuerza de trabajo, energías y medios materiales a vigilar a otros conciudadanos solo por tener una forma distinta de pensar. Mal está un país que censura lo que se dice en la red de redes no ya por el lenguaje (que muchas veces es agresivo desde los “troles” del gobierno), sino por cuestiones ideológicas, la no aceptación de la diversidad de opiniones, ni el contraste de la realidad (que casi siempre es positiva desde la mirada de la radio, la televisión y la prensa cubanas). Mal está un país que por una lado se abre a la era de la digitalización y el uso de las redes sociales, precisamente al mismo tiempo que activa su “artillería” y “mecanismos de defensa” para combatir todo pensamiento, testimonio u opinión que parezca diferente a la ideología de Estado.

Entretanto, cada cubano pareciera estar destinado a leer y escuchar, solamente, la verdad de los medios que son “órganos oficiales” del único partido o de las organizaciones de masa. Esos que parecen ser inmunes a los ataques porque son gestionados desde la élite que también puede ser protagonista de la censura a lo que no se parezca a un libreto oficial. Sin embargo, si algo ha tenido de positivo el acceso a internet en Cuba, con las limitaciones archiconocidas, es que ha abierto una puerta por donde entrar a esa otra realidad poco contada, satanizada, prohibida. Cada usuario en la red ha encontrado un mecanismo necesario para vencer la censura; bien sea para descargar una aplicación, realizar una compra desde Cuba y, ¿por qué no? de acceder a uno de estos sitios “prohibidos”.

La verdad no conoce de censores. No se podrá ocultar mientras queden personas para contarla. Las civilizaciones antiguas dejaron legados para todos los tiempos. La humanidad entera ha podido llegar, incluso, a los grandes descubrimientos contemporáneos, gracias al conocimiento transmitido de generación en generación, sin páginas web y sin tantos recursos modernos. Aún nos quedan el pensamiento y la palabra. Y callar a muchas voces resulta, cada vez, un poco más difícil.


  • Yoandy Izquierdo Toledo (Pinar del Río, 1987).
  • Licenciado en Microbiología.
    Máster en Bioética por la Universidad Católica de Valencia y el Centro de Bioética Juan Pablo II.
  • Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
  • Miembro del Consejo de Redacción de la revista Convivencia.
  • Responsable de Ediciones Convivencia.
  • Reside en Pinar del Río.

 

Ver todas las columnas anteriores