Columnas diarias

LA RELACIÓN ENTRE DEMOCRACIA Y DESARROLLO ECONÓMICO SEGÚN AMARTYA SEN

Jorge Ignacio Guillén Martínez | 12 enero, 2022


Miércoles de Jorge

La democracia ha probado a lo largo de su desarrollo, tener al menos algunas características fundamentales, que son identificadas por Amartya Sen como ventajas de este sistema frente a otros que se han usado para perseguir el desarrollo económico. Según el autor, detrás de grandes desastres económicos –a menudo con consecuencias letales para los seres humanos– como puede ser el caso de hambrunas y otras problemas, se encuentran violaciones a derechos y falta de libertades que por lo general son más comunes en ambientes antidemocráticos.

De hecho, según plantea este autor en varios de sus escritos y entrevistas, nunca ha existido una hambruna importante en un país con un gobierno democrático y una prensa relativamente libre. Ciertamente esto no quiere decir, de ninguna manera, que la forma de gobierno democrática es perfecta, mucho menos que no tiene fuertes problemas y contradicciones. Por el contrario, es una forma de organización política que plantea retos y dificultades importantes, entre los que pudiéramos señalar una profunda crisis de representatividad, o problemas de gobernanza, y otros. No obstante, como muestra la evidencia, según Sen, es posible afirmar que esta forma de organización social, plantea mejores condiciones para el desarrollo tanto de la persona como de la economía y las sociedades.

Sen plantea que las hambrunas han sucedido en muchos países y con diferentes tipos de gobierno, monárquicos, autoritarios, etc., “pero el hambre no ha afligido nunca a ningún país que sea independiente, que convoque elecciones con regularidad, que tenga partidos de oposición para manifestar las críticas, que permita que los periódicos informen libremente y cuestionen la validez de las políticas de los Gobiernos sin una gran censura”(Sen, 1998).

Si luego de estas ideas, ponemos la mirada en la realidad cubana, vemos que a pesar de las carencias de muchas familias –agravadas de forma sensible por la crisis profundizada de los últimos años– no podemos hablar de hambruna, entendida como escasez grave de alimentos que lleva a números masivos de personas a morir por hambre. Pero si es posible percibir, y existe abundante evidencia al respecto, que acceder a los alimentos es un problema para muchos cubanos, que además no es posible acceder a una dieta balanceada y saludable, que los salarios ni siquiera alcanzan para la alimentación. De esta forma, sí podríamos decir que hay hambre en Cuba, que hay mala alimentación, crisis alimentaria y que la economía no ha podido generar respuestas efectivas a dichos problemas.

Al mismo tiempo, vemos que junto a ese problema, existen otros –también con altos niveles de gravedad– como las pésimas condiciones de vivienda; el precario acceso a servicios como agua, electricidad, gas, transporte, y otros; la pérdida del poder adquisitivo de la moneda; la corrupción como forma de sobrevivir dado los insuficientes salarios; la explotación laboral por parte de empresas estatales; la imposibilidad de emprender negocios privados asociados a las profesiones, y de crear empresas privadas sin miedo a perderlas; la negación de derechos de propiedad, entre muchos otros problemas.

Estas dificultades hablan de subdesarrollo, de crisis, de necesidad de cambios, progreso y de condiciones que favorezcan una mejor calidad de vida para la gente. Esas condiciones, al igual que demuestra la evidencia analizada por Sen en sus estudios sobre el hambre, solo se crean o al menos se consiguen de mejor forma, cuando existen libertades y derechos reconocidos a los ciudadanos. Algunos economistas cubanos lo han dicho: no es posible avanzar hacia el desarrollo económico en Cuba sin abordar antes o al mismo tiempo las cuestiones políticas, sin garantizar unas libertades económicas, políticas y civiles –características de los sistemas democráticos– sin las cuales el desarrollo económico se ve impedido. Y sin las cuales, es más probable que se den problemas como los mencionados anteriormente.

En general, los análisis de este autor demuestran con elevado nivel académico, que para que una sociedad avance al desarrollo económico hace falta libertad, derechos y elecciones para que la gente pueda participar en la toma de decisiones; una sociedad civil madura, partidos y otras organizaciones políticas que representen efectivamente los intereses de los ciudadanos y propicien dicha participación ciudadana; leyes e instituciones transparentes, inclusivas, eficaces, abiertas, y democráticas. Sin estas condiciones –y otras que exige la democracia– no es posible construir el desarrollo económico.

Las autoridades cubanas lo saben, y la experiencia de sesenta años de gobierno autoritario lo demuestran. Los cubanos, cada vez más, percibimos que el desarrollo implica libertades y derechos fundamentales que garantiza una verdadera democracia. Y poco a poco empezamos a exigir que se den pasos en esa dirección. Los decisores de política económica en Cuba deberían emprender, de una vez y por todas, cambios en esa dirección.

Referencia

Sen, A. (1998). La democracia y la libertad son buenas para la economía. El País. https://elpais.com/diario/1998/10/16/economia/908488819_850215.html

 


Jorge Ignacio Guillén Martínez (Candelaria, 1993).
Laico católico.
Licenciado en Economía. Máster en Ciencias Sociales por la Universidad Francisco de Vitoria, Madrid, España.
Miembro del Consejo de Redacción de la revista Convivencia.

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