Sociedad Civil

MARTÍ: UNA INSPIRACIÓN SUFICIENTE

Dimas Cecilio Castellanos Martí | 23 Octubre, 2018

Escultura de Martí en su tumba en Cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba. Foto de Yoandy Izquierdo Toledo.

El preámbulo de una Constitución expone sus fundamentos y objetivos. Constituye por ello una fuente de inspiración y un referente que justifica los contenidos recogidos en su articulado.

En el Preámbulo del actual Proyecto de Constitución, entre sus objetivos y fundamentos, plantea: “Nosotros, ciudadanos cubanos… Guiados por el ideario y el ejemplo de Martí y Fidel, y las ideas político-sociales de Marx, Engels y Lenin… Declaramos nuestra voluntad de que la ley de leyes de la República de Cuba esté presidida por este profundo anhelo, al fin logrado, de José Martí: “Yo quiero que la ley primera de nuestra República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”.

Tales postulados, referidos a la realidad cubana, requieren de un análisis crítico, y en consecuencia, de una reformulación. Repasemos los elementos subrayados en el párrafo anterior:

1. “Nosotros, ciudadanos cubanos”
Ciudadano es la persona titular de derechos y deberes. La Declaración francesa de los “Derechos del hombre y del ciudadano”, de 1789, declaró que esos derechos son “naturales, inalienables y sagrados” y que todos los hombres “nacen libres e iguales”. La relación establecida entre los conceptos ciudadano y derechos del hombre, conduce a definir la ciudadanía como un conjunto de derechos y deberes del miembro de una comunidad política que participa en los problemas y el destino de su nación como sujeto activo.

Basado en esa definición hay que aceptar que en la Cuba de hoy, el ciudadano no existe y por tanto tiene que ser conformado e instituido. Sin embargo, en el encabezamiento del actual Proyecto de Constitución, en lugar de “Nosotros, ciudadanos cubanos”, debería decir: “Nosotros, cubanos”; o en su lugar: “Nosotros, cubanos aspirantes a ciudadanos”.

2. “Por el ideario y el ejemplo de Martí”

El ideario de José Martí -el político cubano de mayor estatura del siglo XIX- está pendiente de realización. Su propósito fue conducir el inconcluso proceso independentista hasta una República moderna. Para ese fin creó un partido y organizó una guerra, concebidos como eslabones mediadores para arribar a la República. Tanto en el partido como en la guerra tenían que estar presentes los gérmenes de la futura democracia. Por tanto, si ese ideal encabeza nuestra Carta Magna, el articulado de la misma debe y tiene que corresponderse con el pensamiento martiano.

En 1953, año del centenario del nacimiento del apóstol, Fidel Castro organizó el asalto a los cuarteles militares de Bayamo y Santiago de Cuba. En el juicio seguido por esos hechos planteó que el autor intelectual había sido José Martí y adelantó un conjunto de medidas para la realización del ideal martiano, entre ellas, las más inmediatas fueron la restitución de la Constitución de 1940 y la celebración de elecciones libres. Cuatro años más tarde, en 1957, al firmar el “Manifiesto de la Sierra Maestra”1 reafirmó esos compromisos.

Sin desconocer los complejos escenarios en los que encabezó al Estado cubano, el compromiso expuesto en el Juicio del Moncada y en la Sierra Maestra, no se cumplió. Una vez en el poder los revolucionarios, auto devenidos fuente de derecho, sin consulta popular, en lugar de ser restituida la Constitución de 1940, fue sustituida por la Ley Fundamental del Estado cubano. Mientras la promesa de las elecciones libres e inmediatas, se mutaron por la frase: “elecciones para qué”.

Resultado del voluntarismo, del idealismo y el desconocimiento de las leyes que rigen los fenómenos económicos, el 19 de febrero de 1959 se anunció un programa de gobierno que: aumentaría notablemente la producción agrícola, duplicaría la capacidad de consumo de la población campesina y Cuba borraría su pavorosa cifra de desempleo crónico, logrando para el pueblo un nivel de vida superior al de cualquier otra nación2. Sin embargo, el sistema centralizado de distribución de bienes y servicios -gratuitos o subvencionados- a cambio de las libertades y los derechos en que se sustenta la condición de ciudadano lo impidió. La economía fue estatizada, los dueños sustituidos por jefes y administradores, y la pluralidad de partidos políticos, desaparecida.

Se conformó así un modelo con el poder concentrado, la política reducida a un partido y los cubanos convertidos en masa: resultados totalmente ajenos al pensamiento de José Martí. A la vez, las oportunidades para rectificar se despreciaron. El fracaso de la zafra de los diez millones, en lugar de reformas condujo al ingreso de Cuba en el CAME3. Ante la desaparición de la Unión Soviética, las reformas, coyunturales, se detuvieron en cuanto Venezuela sustituyó las subvenciones soviéticas. Los Lineamientos de la Política Económica y Social, se limitaron a cambios en determinados aspectos de la economía, sin restituir el derecho de los cubanos a ser empresarios y conservando el predominio de la propiedad estatal y la planificación socialista, que habían conducido a la ineficiencia económica.

El hecho es que, a pesar de la declaración de “cambiar lo que debe ser cambiado”, en la entrevista que el líder de la revolución dio al periodista norteamericano Jeffrey Goldberg, en el otoño de 2010, a la pregunta de si creía que el sistema implantado por la revolución seguía siendo exportable, respondió: “El modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros mismos”. En fin, que la eficacia para conservar el poder no se pudo transferir al desarrollo del país. La caída brusca del PIB del 4% en 2015 a 1% en el primer semestre de 2016 y el pronóstico de 1,5 en 2018, confirman el fracaso del camino elegido para la realización del ideal martiano. Por tanto, independientemente de todos los méritos que pueda tener, no se justifica que en el Preámbulo de la Constitución de la República, junto a Martí, aparezcan otros nombres o referentes. El de Martí es suficiente.

3. “Las ideas político-sociales de Marx, Engels y Lenin”

Las ideas fundamentales de Carlos Marx y Federico Engels, conocidas como marxismo, sostienen que La historia de las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases, que el Estado siempre fue la dictadura de una clase y en contraposición plantearon establecer la dictadura del proletariado. El método para lograrlo sería la lucha de clases como motor de la historia, un camino diametralmente opuesto al pensamiento martiano: “con todos y para el bien de todos”.

El revolucionario ruso Vladímir Ilich (Lenin), guiado por el marxismo, devino principal dirigente de la Revolución rusa de 1917 y máximo dirigente de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en 1922. Lenin desarrolló las ideas marxistas respecto a la toma del poder y la transformación de la dictadura burguesa en dictadura del proletariado.

En diciembre de 1917 las represiones dieron paso a la primera policía política soviética -la Checa-, un cuerpo para aplastar la resistencia. Se aprobó el arresto y el ajusticiamiento de grupos considerados enemigos del pueblo. Se eliminaron las libertades de asociación, expresión y reunión. La economía retrocedió. Cientos de miles de personas murieron por hambre y enfermedades, creció el descontento, una de cuyas expresiones fue la rebelión de los marinos de la base naval de Kronstadt en 1921.

Tal y como ocurrió unas seis décadas después en China y Vietnam, en Rusia hubo que introducir mecanismos de la economía de mercado bajo el título de Nueva Política Económica y restablecer una parte de la propiedad privada, lo que permitió una recuperación de la economía. Finalmente, en febrero de 1956, en el XX Congreso del Partido Comunista, Nikita Jrushchov reconoció y criticó los excesos del periodo estalinista, que fue en lo que desembocó la dictadura del proletariado.

Ni en Rusia ni en ningún otro lugar donde se instauró un modelo basado en el marxismo-leninismo, el Estado pasó a manos de los trabajadores. En todos los casos una minoría, esencialmente intelectuales, encabezaron la dictadura del proletariado que devino dictadura contra el proletariado y contra el pueblo en general.

Para demostrar la distancia entre Marx y Martí es suficiente citar algunos párrafos de los escritos del apóstol acerca de la muerte de Carlos Marx y sobre el Tratado de Spencer4 acerca del socialismo de Estado.

Sobre la muerte de Marx5

1. (…) Ved esta gran sala. Karl Marx ha muerto. Como se puso del lado de los débiles, merece honor. “Pero no hace bien el que señala el daño y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño”.

2. (…) Karl Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos. “Pero anduvo de prisa, y un tanto a la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de la mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa”.

3. Al final Martí revela su pensamiento acerca del empleo de la violencia: “Suenan músicas; resuenan coros, pero se nota que no son los de la paz”.

Sobre el Tratado de Spencer6

1. “Por esta cerrada lógica sobresale entre esos varios tratados aquel en que Herbert Spencer quiere enseñar cómo se va, por la excesiva protección a los pobres, a un estado socialista que sería a poco un estado corrompido, y luego un estado tiránico.”

2. “(…) Si los pobres se habitúan a pedirlo todo al Estado, cesarán a poco de hacer esfuerzo alguno por su subsistencia, a menos que no se los allane proporcionándoles labores el Estado…”

3. “(…) Como todas las necesidades públicas vendrían a ser satisfechas por el Estado, adquirirían los funcionarios entonces la influencia enorme que naturalmente viene a los que distribuyen algún derecho o beneficio”.

4. “(…) De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, irá a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo”.

Si tenemos en cuenta esa forma de socialismo, expuesta por Marx y Engels, materializada por Lenin, que pasaron de Rusia a Cuba, pasando por experiencias como las de Cambodia y Corea del Norte, las palabras de José Martí fueron previsoras del impacto negativo en los pueblos del socialismo de Estado y del empleo de la violencia para imponerlo.

A diferencia de Marx, Engels y Lenin, José Martí concebía la república como estado de igualdad de derecho de todo el nacido en Cuba; espacio de libertad para la expresión del pensamiento; de muchos pequeños propietarios; de justicia social, edificada sin mano ajena ni tiranía, para que cada cubano fuera hombre político enteramente libre. Definiciones que remató con ese ideal devenido puro formalismo: “Yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”7.

Después de José Martí nadie ha superado su pensamiento ni lo ha materializado en la realidad cubana. Por tanto, nadie, mucho menos extranjeros, cuentan con méritos suficientes para estar a su lado en el Preámbulo constitucional.

El Padre Félix Varela: otro referente junto a Martí

Antes de Martí, entre las figuras más destacadas, está Félix Varela y Morales (1778-1853), quien comprendió que la formación cívica era premisa del cambio social. Al asumir la dirección de la Cátedra de Constitución -inaugurada en el Seminario San Carlos en 1823- la bautizó como “Cátedra de la libertad y de los derechos del hombre”, la empleó para la formación cívica como cimiento del ciudadano y en las Cartas a Elpidio destacó la idea vital de ejercitar la virtud, la fuerza, la fortaleza, como medios de reafirmar un valor, un ideal moral. Varela partió del valor de la libertad como base del funcionamiento de la sociedad, reconoció a la inclusión como principio inviolable para la convivencia y consideró que la igualdad social consiste

en que todos los individuos estén sujetos a la ley en igualdad de condiciones. Por esa labor Luz y Caballero lo calificó como el que nos enseñó primero en pensar. Por esa labor, inconclusa, igual que la obra de Martí, Varela sí pudiera estar en el Preámbulo constitucional.

Si el papel del ciudadano ocupa un lugar determinante para el desarrollo social, los derechos y las libertades constituyen una condición necesaria para ello. De ahí la necesidad de transformar a los cubanos en ciudadanos, en actores políticos; obra iniciada por Varela en 1821, cuyo más frondoso retoño fue José Martí.

Por estos argumentos, Félix Varela pudiera acompañar a Martí en el Preámbulo constitucional. Los otros, con todo derecho, por razones ideológicas, pueden formar parte de los documentos del Partido Comunista de Cuba, pero no de la Constitución, que no debe ser de ningún partido, sino de todos los cubanos, como lo soñaron Varela y Martí. 

Referencias
1- Manifiesto al pueblo de Cuba. Conocido como Manifiesto de la Sierra Maestra, firmado por Raúl Chibás, Felipe Pazos y Fidel
Castro el 12 de julio de 1957. En: L M. BUCH RODRÍGUEZ. Gobierno Revolucionario Cubano: génesis y primeros pasos, p. 2.
2- L M. BUCH RODRÍGUEZ. Gobierno Revolucionario Cubano: génesis y primeros pasos, p. 80.
3- Consejo de Ayuda Mutua Económica, órgano de los países socialistas de Europa del Este, con sede en Moscú.
4- Herbert Spencer (1820-1903). Naturalista, filósofo, psicólogo, antropólogo y sociólogo inglés, fundador de la filosofía evolucionista.
5J. Martí: Obras completas. Tomo 9, p. 388-389. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1981.
6J. Martí: Obras completas. Tomo 15, p. 387-392. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1981.
7J. Martí. Obras Escogidas en tres tomos. Tomo 3, p. 9.

 


Dimas Cecilio Castellanos Martí (Jiguaní, 1943).
Reside en La Habana desde 1967.
Licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad de La Habana (1975), Diplomado en Ciencias de la Información (1983-1985),
Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos en el (2006).
Trabajó como profesor de cursos regulares y de postgrados de filosofía marxista en la Facultad de Agronomía de la Universidadde La Habana (1976-1977) y como especialista en Información Científica en el Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias deLa Habana (1977-1992).
Primer premio del concurso convocado por Solidaridad de Trabajadores Cubanos, en el año 2003.
Es Miembro de la Junta Directiva del Instituto de Estudios Cubanos con sede en la Florida.
Miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Convivencia (CEC). Cuba.