Sociedad Civil

El arte de construir el diálogo desde la perspectiva del cristianismo en Cuba

Dagoberto Valdés Hernández | 18 Octubre, 2017

Rezando ante la milenaria imagen de la Virgen Patrona de Polonia, 17 de septiembre de 2017. Foto de Ewa Pankiewicz.

Doy gracias a Dios por haberme permitido regresar a la siempre fiel Polonia, cuya historia y patrimonio han sido un paradigma para mí. Una nación que ha podido sobrevivir a todos los desafíos antropológicos y estructurales a lo largo de los siglos, gracias a su religión y a su acervo cultural. Es la prueba fehaciente de que la síntesis entre fe y cultura es hoy la clave para construir por dentro a la persona y a la sociedad.

Agradezco también cordialmente a los organizadores de esta Conferencia Internacional “Veritatis splendor” que lleva el nombre de uno de los grandes pilares del magisterio del inolvidable Pontífice san Juan Pablo II, el Magno, a quien tuve la gracia de servir desde el Pontificio Consejo Justicia y Paz y con quien pude encontrarme en cuatro ocasiones desde 1987 hasta solo cinco meses antes de su regreso a la Casa del Padre.

Que esta conferencia se realice en el Aula Magna de la histórica Universidad Jaguelónica, alma mater de Copérnico, san Juan Pablo II y tantos egregios científicos, pensadores y teólogos polacos, no solo es un grande e inmerecido honor para este cubano, sino que es testimonio elocuente de que el humanismo cristiano es y debe ser la piedra angular del arte de construir diálogo. Me inclino reverente ante la fecunda y gloriosa memoria de esta Universidad, raíz, savia y herencia para las presentes generaciones de los hijos de Casimir, el último de los Piast, de la reina santa Eduviges y del más grande de todos los polacos que, por su ministerio petrino, se hizo padre de todas las naciones. Vengo de la pequeña y lejana Cuba, la perla de las Antillas, como un pobre peregrino a beber de esa savia, a aprender en la escuela de esta noble nación, a venerar la bendita imagen de la Madre de Jasna Gora a cuyos pies ofrendé en 2014 una bandera cubana, símbolo del amor y la fe de mi pueblo.

El testimonio de fe de un cubano

Nací en una familia cristiana en 1955, a solo 4 años del comienzo del sistema totalitario en Cuba. Allí crecí en un pequeño grupo de catequesis primero y de solo 6 jóvenes católicos después, cuando ocurrió la desbandada y la fuga mundi. Solo por la gracia de Dios, el apoyo de la familia, el cuidado pastoral de sacerdotes y obispos, santos en el martirio civil cotidiano, he podido perseverar en la fe, de la mano siempre cálida y maternal de María, la Madre de Dios que en Cuba llamamos la Virgen de la Caridad.

No pude estudiar sociología en 1974, como era mi vocación, por ser católico. Me vi compelido a estudiar agronomía y cuando terminé me eligieron para impartir clases en mi Universidad, no me lo permitieron por ser cristiano. Estudié de forma autodidacta todo lo relacionado con la Doctrina Social de la Iglesia y las ciencias sociales y fundé con un grupo de laicos y la bendición de mi obispo, la Comisión Diocesana para la Cultura en 1987, el Centro de Formación Cívica y Religiosa en 1993, la revista sociocultural de inspiración cristiana llamada Vitral de 1994 a 2007. Por ese compromiso cristiano fui castigado a trabajar en el campo recogiendo “yaguas”, vaina de la hoja de la palma real, en una carreta tirada por un viejo tractor. Todo lo ofrecía por Cuba, su Iglesia y su libertad.

Mi país parecía una oscura cabaña en medio de un bello mar azul. De pronto, en enero de 1998, llegaba un polaco con alma universal que nos dijo en perfecto español: “Ustedes son y deben ser los protagonistas de su propia historia personal y nacional”. “Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba”1. Así el Pontífice con el báculo de Cristo crucificado abría una ventana en la Isla donde vivo, por donde entró una ráfaga de aire y luz para todos los cubanos que nunca más se volvió a cerrar. En medio de la llamada Plaza de la Revolución, san Juan Pablo II me entregó una Biblia bendecida por él, junto a un pequeño grupo de laicos perseverantes. Al final de la Eucaristía en el corazón de Cuba, un viento fuerte inundó la Plaza y el Pastor Universal lanzó su último mensaje con voz firmísima y alentadora: “Espíritus spirat ubi vult. Espíritus vult spirare in Cuba”2. Atronaron los aplausos y se estremecieron los espíritus, entre ellos el mío que, un día de mi juventud, había sentido en mi alma un temblor similar al leer esas palabras proféticas pronunciadas en la todavía Polonia socialista en plena Plaza de la Victoria: “Que el Espíritu renueve la faz de la tierra. ¡De esta tierra!”3

Al año siguiente, 1999, su Santidad me nombró miembro del Pontificio Consejo Justicia y Paz, de modo que tenía, al mismo tiempo, un pie al servicio del Papa y otro pie embarrado de lodo, en las entrañas de mi tierra, por dar testimonio de Cristo. Y el alma aferrada a Cristo y a María con el estupor del que recibe sin mérito propio tal abundancia de sus Dones. Continuaron los tiempos duros pero cambiaron los aires. El Centro Cívico y la revista Vitral fueron intervenidos y los laicos que los fundamos y dirigíamos nos volvimos a aferrar a la Cruz y al manto de María, y fundamos el Centro de Estudios Convivencia y la revista del mismo nombre, continuadores de aquellos, pero ahora a la intemperie, en medio de un sistema hostil y materialista. Hemos perseverado durante diez años en esta última etapa siendo el único centro de estudios en Cuba que estudia y propone soluciones para el futuro de la Nación aplicando la doctrina Social de la Iglesia desde hace ya un cuarto de siglo.

Una mirada a la Cuba de hoy

Para aprender el difícil arte de construir diálogo es necesario comenzar por el análisis de la realidad en la que estamos inmersos. Una mirada sobre Cuba hoy nos permite resumir su actual situación, entre otras, en las siguientes coordenadas:

Desde el exterior: La elección del presidente Trump, el impredecible que crea incertidumbre, el cierre de la política migratoria de “pies secos-pies mojados” válvula de escape del país hacia Estados Unidos que agrega más presión interna, el cambio de la correlación de fuerzas en América Latina: Argentina, Brasil, Perú, México, Colombia, Ecuador y, especialmente, en Venezuela, última manutención, estilo Unión Soviética, a la ineficiente economía cubana. Ahora todo será mercado.

Hacia dentro: La muerte del líder histórico, la siempre creciente crisis económica porque el modelo estatista y centralizado de gestión no funciona, el anunciado retiro de la presidencia del general Raúl Castro, con lo que se cierra el ciclo de la llamada “generación histórica”, la falta de inclusión de los que piensan diferente, la violación de los Derechos Humanos, el estancamiento del proceso de cambios sustanciales y graduales.

Los desafíos: ¿Cómo integrar estos pares dialécticos en desequilibrio?:

  • Entre la integración de Cuba en el mundo (Que Cuba se abra al mundo) y la inclusión de todos los cubanos en la vida de su país (Que Cuba se abra a todos los cubanos).
  • Entre los intereses económicos y el respeto a los Derechos Humanos de todos los cubanos.
  • Entre la necesaria estabilidad de Cuba y de sus vecinos y la también necesaria transición hacia la democracia.

Por lo menos, habría dos formas de resolver estas contradicciones. La confrontación, es decir, la vieja unidad en la lucha de contrarios, cuya aplicación histórico-social ha tenido catastróficas consecuencias; o la trabajosa síntesis dialógica, ese “toma y daca” que es tan lento, produce tanto nerviosismo, incluye confusión y alienta la desconfianza durante el proceso, pero que garantiza para el futuro unas relaciones de respeto, amistad cívica y cooperación entre los pueblos.

III. Hacia una nueva síntesis dialógica: la amistad cívica

En efecto, es preciso vislumbrar el camino para no perder el rumbo. Deseamos fervientemente que Cuba se encamine hacia una pacífica convivencia, nombre de nuestro think tank, hacia el cultivo de la fraternidad, valor preterido bajo las deshumanizantes versiones de la libertad y la falsa igualdad, en fin, hacia una “amistad cívica” de la que ya hablaba el Doctor Angélico, Santo Tomás de Aquino, cuya vigencia y urgencia actual es de vital importancia y que nos recuerda el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, que debe ser profundamente estudiado y en cuya propuesta-borrador pude participar desde el Pontificio Consejo Justicia y Paz:

“El significado profundo de la convivencia civil y política no surge inmediatamente del elenco de los derechos y deberes de la persona. Esta convivencia adquiere todo su significado si está basada en la amistad civil y en la fraternidad… La amistad civil, así entendida, es la actuación más auténtica del principio de fraternidad, que es inseparable de los de libertad y de igualdad. Se trata de un principio que se ha quedado en gran parte sin practicar en las sociedades políticas modernas y contemporáneas, sobre todo a causa del influjo ejercido por las ideologías individualistas y colectivistas.”4

He aquí una visión dialógica de las principales contradicciones del momento actual y del porvenir en Cuba:

  1. La inclusión de todos los cubanos, de todo el talento humano, en la inserción de Cuba en el mundo.
  2. La promoción de todos los Derechos Humanos y sus Pactos cívicos y políticos, pero también los económicos, sociales y culturales, para que los cubanos tengamos las mismas oportunidades socioeconómicas y políticas y no quedemos como peones de intereses económicos espurios.
  3. La transición gradual, pacífica y negociada a la democracia para que, con este modelo de cambio, podamos garantizar la estabilidad en Cuba y en sus vecinos.

Desde estas experiencias y con estas perspectivas vengo, con temor y temblor, sin otro título que el de discípulo de Jesús, a presentarles humildemente mi testimonio cristiano, del que brota la convicción serena y firme de que el arte de construir diálogo en medio de una sociedad totalitaria es una gracia de Dios, una tarea del Espíritu, una misión de la Iglesia y un compromiso martirial ineludible de nosotros los laicos cristianos.

No se trata solamente de un diálogo platónico, que tuviera como único objetivo hallar la verdad, con miras a alcanzar primordialmente una visión filosófica. Ni se trata solo de un diálogo ciceroniano que redujera su proyección a un ámbito primordialmente político, judicial y retórico para solo alcanzar unas metas contingentes y temporales. Se trata de una mística dialógica, holística, de inspiración y raíz cristianas, encarnada sí, en las realidades inmanentes y temporales, pero fecundándolas y promoviéndolas a una dimensión trascendente, cuya meta es la redención de todo el hombre, de cada uno, de todos y también “de toda raza, lengua y nación”.

No se trata de “poner parches nuevos en telas viejas”5, el nuevo tapiz vivencial de esta mística del diálogo cristiano en medio de un mundo secularizado, materialista pos-totalitario o, como en el caso de Cuba, aún bajo un régimen comunista decadente, según nuestra experiencia vivida por casi 6 décadas, creemos que pudiera tejerse entrelazando estas diez fibras del Espíritu:

Diez fibras para el arte de tejer diálogo desde el humanismo cristiano en Cuba hoy

  1. “Imago Dei”. La verdad sobre el hombre: El primer componente que es el fundamento y la base de todos los demás es la dignidad que todo hombre y mujer tiene por haber sido creado “a imagen y semejanza de Dios”6. En Cuba, solo creyendo que “la persona humana es el centro, el sujeto y el fin de toda obra social”7 como expresa el Concilio, es posible establecer un diálogo serio y perdurable. Primero un Diálogo interior en que cada persona reconoce su propia dignidad, respeta y promueve su subjetividad que las sociedades totalitarias y materialistas intentan desconocer o subvalorar, y es capaz de “entrar en comunión con otras personas y está llamado a una alianza con su Creador”8. En las sociedades materialistas el “hombre nuevo” resulta ser el hombre banalizado-manipulado-desconectado-en fuga y solo puede encontrarse y encontrar a los demás entrando en un diálogo interior9 para poder reconocer la impronta trascendente que lo hace templo de Espíritu Santo10.
  2. “¿Dónde está tu hermano?”11 El segundo rasgo para un diálogo auténtico es escuchar esta primigenia y perenne interrogante de Dios en el principio. Para no encerrarse en su ego y no convertir el diálogo interior en narcisismo, la persona humana debe hacerse cargo de que “todo hombre es mi hermano” como decía el beato Pablo VI. De ahí se desprende “el deber de cuidar”, que según el Papa emérito Benedicto XVI en la ONU tienen los Estados y las personas entre sí12. Ese deber de cuidar de mi hermano incluye el respeto a la pluralidad sana y a la diversidad, la inclusión, los derechos humanos y los deberes cívicos y la participación democrática. Es el principio del Diálogo interpersonal, de la intercesión de Abraham que regatea con Dios a favor de su pueblo que ha caído en el pecado y la perseverante respuesta de Dios: “Por unos justos no destruiré a mi pueblo”13. En Cuba debemos creer en el poder de intercesión de las minorías, en que a pesar de todo y del daño antropológico que sufre nuestro pueblo, por el resto fiel que ha perseverado durante casi 60 años, Dios salvará a nuestra Nación.
  3. “Veritatis splendor”14. La búsqueda del esplendor de la verdad es la tercera fibra del delicado tejido del diálogo. En efecto, una vez reconocida la primigenia dignidad del hombre y respondida la exigencia de que somos corresponsables de nuestros hermanos, comienza el camino compartido en busca de la luz de la Verdad, cuyo primer resplandor es esa imago Dei y cuya segunda estación de luz es reconocer la de todos los hombres. En Cuba es necesario fomentar la búsqueda de la Verdad, que existe más allá de nuestras pequeñas verdades subjetivas, puede sanar nuestra tendencia al relativismo moral y a lo que el Papa Francisco enseña como “la mundanidad que nos pudre”. Las sociedades pos totalitarias deben emprender este sinuoso camino para salir del marasmo ético que pudre la bondad, la belleza y la verdad sobre el hombre.
  4. “La justicia y la paz se besan”15. He aquí la cuarta estación para construir un diálogo desde el humanismo cristiano: en sociedades secularizadas es necesario acudir a la ley natural cuyo referente es para los creyentes la huella de la justicia y la misericordia que residen en el corazón de Dios. En Cuba, sabemos que la paz es obra de la justicia y que en una sociedad sin un sistema jurídico independiente es muy difícil que la justicia y la paz se besen. El Centro de Estudios Convivencia (CEC) propone en uno de sus estudios un paquete de 45 proyectos de ley en ámbito estructural, económico, para el desarrollo de la sociedad civil y para el desarrollo humano integral (Cf. www.centroconvivencia.org/propuestas). El Diálogo económico entre el destino universal y la propiedad privada, entre el Estado y el mercado, para corregir la primacía de la Persona sobre el trabajo y de estos dos sobre el capital. Un sistema económico ineficiente, cerrado y subsidiado por otros es un serio obstáculo para el diálogo y la paz social. El CEC propone en uno de sus estudios, posibles salidas hacia un modelo de economía social de mercado (Cf. www.centroconvivencia.org/propuestas).
  5. “No hay libertad sin solidaridad”16. El quinto paso es la búsqueda de la libertad entendida como el buen uso del libre albedrío que tenemos los hijos de Dios. El Papa Benedicto expresó en Cuba: “Dios no solo respeta la libertad humana, sino que parece necesitarla.”17 Un diálogo honesto debe respetar todos los grados de libertad interior, libertades civiles y políticas, económicas, sociales y culturales como establecen los Pactos internacionales de la ONU. En este sentido en Cuba debemos asumir que la libertad y la responsabilidad son las dos caras de una misma moneda y que el protagonismo de la sociedad civil ante el Estado y el Mercado y como taller de diálogo es el nuevo nombre de la democracia y del Diálogo social.
  6. “Dives in Misericordia”18. La sexta hebra del tejido del diálogo es la que le da al paño un tinte verdaderamente cristiano, en efecto, el cultivo del perdón y la reconciliación, es decir, el diálogo razón-corazón, es la estación suprema del diálogo interpersonal, familiar y social. En Cuba, luego de largas y sufridas décadas de intentar introyectar una dialéctica existencial de lucha de clases, de una llamada dictadura del proletariado, de un clima de confrontación con los enemigos externos e internos, descalificaciones mediáticas, actos de repudio, división de las familias y exilio, en una atmósfera de desconfianza y miedo ignoto, se hace necesario y urgente la educación en una cultura “dives in misericordia”, una cultura de la compasión y la magnanimidad. El corazón de Cuba debe parecerse cada vez más al corazón de Jesús.
  7. “Amor y virtud”. El séptimo rasgo para dibujar un paisaje cubano de diálogo es recuperar nuestras verdaderas raíces culturales, aquellos valores explícitamente cristianos que son matriz y cuna de nuestra nacionalidad. El diálogo intercultural hace posible el mutuo enriquecimiento entre tradición y renovación. Abandonar la tradición por el snobismo es cortar las raíces de las naciones y quemarlas al sol de hoy. Cerrarse a un sano aggiornamento es esterilizar la fecundidad y desgajar los retoños de la nación. El venerable Padre Félix Varela, padre de la cultura cubana y José Martí, el Apóstol de nuestra independencia son, como Pedro y Pablo, las dos columnas de la cultura cubana. En Cuba, el arte de construir diálogo será imposible sin adherirnos a las “semillas del Verbo” que se mantienen latentes en el campo de la antropología cubana que pudieran resumirse recordando estas dos enseñanzas egregias. El Padre Varela, a quien Martí llamó “el santo cubano” desde el siglo XIX dejó en sus “Cartas a Elpidio”, piedra angular de la eticidad cubana, este aforismo: “No hay Patria sin virtud, ni virtud con impiedad”. Martí, su continuador, trasvasó el mensaje evangélico en estas tres frases que constituyen la santísima trinidad de la matriz cristiana de nuestra cultura: 1. La primacía de la persona humana: “Yo quiero que la ley primera de la República sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”; 2. El perdón y la reconciliación: “cultivo una rosa blanca en junio como en enero/para el amigo sincero que me da su mano franca,/y para el cruel que me arranca el corazón con que vivo/cardos ni ortigas cultivo,/cultivo una rosa blanca.” 3. La supremacía del amor: “Por el amor se ve, con el amor se ve, es el amor quien ve”. El amado Papa polaco decía: “El diálogo de la Iglesia con las culturas de nuestro tiempo es un campo vital donde se juega el destino del mundo.”19 Por tanto en Cuba, en Polonia y en todo el mundo, el diálogo en la búsqueda del bien común, el diálogo entre las raíces culturales del pasado y el proyecto de Nación hacia el futuro, sigue siendo un diálogo por la vida de las personas y las naciones. En él se debe enmarcar el Diálogo político entre el Estado con su misión de subsidiaridad y el ciudadano como soberano y “protagonista de su propia historia”.
  8. “Den razón de vuestra esperanza”20. El octavo paso es la dimensión trascendente del diálogo. Lo sabemos en Cuba y en el mundo de hoy, cuando todo se cierra y casi todos ven a la violencia como única salida ante el empecinamiento del mal intrínseco, los cristianos y especialmente los laicos y educadores cristianos, debemos aportar a ese difícil arte de dialogar, lo que Pablo VI llamó “suplemento de alma”, ese recurso in extremis, ese sostén de nuestra perseverancia en hacer el bien y en reconocer la capacidad de todo ser humano y de cada nación de salvarse gracias a la misericordia que es el hábitat del corazón de Dios, y también gracias a la “vida en la verdad” y en la bondad del resto fiel de esos pueblos. La verdad sobre Dios y el diálogo con Dios: es la primera y la última instancia, la sede inconmovible de nuestra esperanza en que el diálogo en la verdad, la bondad, y la belleza tendrá la última palabra.
  9. La verdadera libertad religiosa es la novena pincelada del arte de dialogar. Sin libertad religiosa plena el espíritu humano y el alma de la nación ven aherrojados todos los demás derechos y libertades. El diálogo interreligioso es también camino del diálogo entre las culturas y los pueblos. Muchas de las guerras y de los ataques terroristas del mundo de hoy se deben a la falta de esta dimensión dialogal entre las religiones. En Cuba, y creo que en Polonia y en todo el mundo, el diálogo entre ateos y creyentes, entre la concepción antropológica cristiana y los humanismos inmanentes, entre la decadencia de la condición humana y su capacidad de recuperación, es de trascendental importancia. En Cuba debemos perseverar sin desfallecer, cuando nos parezca que nada se mueve, en lo que José Martí enseñaba a su hijo: “Hijo, espantado de todo, me refugio en ti. Tengo fe en el mejoramiento humano,en ti.”21 Todo este caminar está íntimamente relacionado con el misterio de la Encarnación de Jesús, por el cual la verdad sobre la Iglesia y el hombre como su primer camino, nos regresa como el devenir de la noche y el día, al primer punto de este itinerario: la impronta de la imago Dei en todo lo creado y, eminentemente, en toda persona humana y en su Iglesia.
  10. Diálogo: actitud, método y lenguaje. El último componente, pero no el menos importante de este sendero de diálogo es la aplicación práctica de todos los anteriores. En efecto, el desafío permanente de los discípulos de Cristo en la escuela del diálogo verdadero es convertir estas verdades de fe y estos fundamentos filosóficos en estilo de vida. Con frecuencia, vemos con cierta desconfianza los intentos de “diálogos” que se reducen a unas conversaciones bizantinas sin impacto en la vida, o en unas negociaciones interminables mientras miles sufren y mueren. Los dos pulmones de la única, diversa y culta Europa, desde sus penínsulas hasta el corazón de sus universidades, son un ejemplo de esto. Desde el Medio Oriente hasta la península de Corea, desde Cuba, Venezuela, toda América Latina hasta los Estados Unidos, nos encontramos con el “espanto” de que lo que se llama diálogo no ha llegado a traducirse en métodos eficaces para buscar la verdad sobre el hombre, sobre las culturas y sobre las naciones. No ha llegado a convertir el lenguaje y los signos en puentes de comunicación y mutuo enriquecimiento sino que, cada vez más, las relaciones interpersonales y hasta los medios de comunicación social, las tecnologías de la información y las redes sociales usan su ambivalente naturaleza para atacar, descalificar y banalizar la vida. Pero sobre todo el mayor desafío es que la cultura del diálogo trascienda métodos y lenguajes para convertirse en actitudes permanentes y en hábitat social.

Una mirada al futuro de Cuba. ¿Hacia dónde queremos cambiar?

Consideramos de estricta necesidad vislumbrar, otear en el horizonte siempre movedizo, una visión de futuro que sea al mismo tiempo, brújula del presente, inspiración para el trabajo y meta perfectible para el porvenir. Uno de los graves errores que debemos aprender de nuestro pasado es que los cambios no pueden ser a cualquier precio y hacia cualquier lugar. Mis padres recordaban que en la Cuba de los 50s se decía con frecuencia entre la gente sencilla: lo que hace falta es cambiar, después ya veremos hacia dónde. Cuba ha sufrido demasiadas veces esa irresponsabilidad de la sociedad civil que deja las manos libres a “mesías” y populistas para trazar ellos nuestro futuro sin contar con nadie y según sus intereses autoritarios.

Esa visión hay que irla consensuando, descubriendo, implementándola. Pero para consensuar hay que proponer. Hay que idear, vislumbrar, ese futuro, aun a riesgo de tener que modificar esa visión, corregirla, perfeccionarla. No obstante, no sería coherente en mi presentación si no les mostrara mi propia visión de futuro para Cuba, sabiendo que es solo “una” propuesta y nunca “la” propuesta. Aclarado esto, les presento solo mi visión de cubano, de cristiano y de hombre de Iglesia. Deseo, espero y trabajo para que Cuba camine hacia:

  1. Una nueva filosofía inspiradora: ante el colectivismo y el individualismo: Un personalismo con una dimensión comunitaria.
  2. Una nueva antropología: un humanismo integral de inspiración cristiana.
  3. Una nueva pedagogía: un empoderamiento para la libertad y para la participación desde Varela, Luz y Martí. Educación participativa y liberadora, con fuerte componente ético y cívico.
  4. Una nueva visión política: equilibrio entre los necesarios procesos de renovación de los partidos para evitar la partidocracia, el clientelismo y los populismos electoralistas y el rol de la sociedad civil, nuevo nombre de la democracia participativa.
  1. Una nueva visión jurídica: nueva Constitución de la República, centrada en la dignidad plena de la persona humana. Inspirada en la Constitución de 1940 y en los Pactos Internacionales de Derechos Humanos de la ONU.
  2. Una nueva visión económica: desde la economía social de mercado, la justicia social y la promoción de las PYMES. Una economía abierta, integrada e interdependiente, eficiente y participativa.
  3. Una nueva visión de los MCS: la informatización de la sociedad y el uso de las Nuevas Tecnologías de la Informática y las Comunicaciones (TICs) desde una ética personalista de los Medios.
  4. Una nueva visión de las relaciones internacionales: basada en los Derechos Humanos, la interdependencia, la integración regional, la solidaridad, la justicia y la paz y el intercambio entre sociedades civiles.
  5. La educación, escuela de diálogo y camino pacífico de transición hacia la amistad cívica, la libertad y la democracia

La educación ética, cívica y religiosa, verdadera escuela de diálogo, es el único camino éticamente aceptable para contribuir al cambio de mentalidad, de los corazones y de las estructuras. En este sentido, el papel de los laboratorios de pensamiento como el Centro de Estudios Convivencia, son oportunos talleres de propuestas para el presente y el futuro de Cuba. Empeño para el cual contamos con la ayuda de Dios y la solidaridad de todos ustedes. La Iglesia, por su parte, considera que la educación en la fe y en los valores humanos con la debida inspiración cristiana, es un derecho de la familia, forma parte de la misión de la Iglesia para la cual debe gozar de la debida libertad religiosa.

Al concluir este testimonio de un laico cubano en la más importante Alma Mater de la siempre fiel Polonia, peregrino nuevamente al Santuario del Monte Claro para encomendar a la Madre de Dios, que en Cuba llamamos Nuestra Señora de la Caridad, los esfuerzos y labores del Centro de Estudios Convivencia, pequeña semilla sembrada en los verdes campos del occidente de Cuba y el camino de la Isla del Caribe y de todos los pueblos, hacia la anhelada civilización del Amor por las sendas de la amistad cívica, la democracia y la verdadera libertad de los hijos de Dios.

Muchas gracias.

 

Referencias

1San Juan Pablo II, Mensajes al pueblo de Cuba, Visita Pastoral. 21-25 de enero de 1998. Palabras al llegar.

2San Juan Pablo II, Mensajes al pueblo de Cuba, Visita Pastoral. Misa en la Plaza de la Revolución. 25 de enero de 1998.

3San Juan Pablo II, Mensajes al pueblo de Polonia. Primera Visita Pastoral. Misa en la Plaza de la Victoria. Varsovia.

4Cf. Sto. Tomás de Aquino, Sententiae Octavi Libri Ethicorum, lect. 1: Ed. Leon. 47, 443: « Est enim naturalis amicitia inter eos qui sunt unius gentis ad invicem, inquantum communicant in moribus et convictu. Quartam rationem ponit ibi: Videtur autem et civitates continere amicitia. Et dicit quod per amicitiam videntur conservari civitates. Unde legislatores magis student ad amicitiam conservandam inter cives quam etiam ad iustitiam, quam quandoque intermittunt, puta in poenis inferendis, ne dissensio oriatur. Et hoc patet per hoc quod concordia assimulatur amicitiae, quam quidem, scilicet concordiam, legislatores maxime appetunt, contentionem autem civium maxime expellunt, quasi inimicam salutis civitatis. Et quia tota moralis philosophia videtur ordinari ad bonum civile, ut in principio dictum est, pertinet ad moralem considerare de amicitia ».

5Marcos 2, 21.

6Génesis 1, 26.

7Concilio Vaticano II.

8Catecismo de la Iglesia Católica, 357.

9Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, 114.

10I Cor. 6,19.

11Génesis 4,9.

12Benedicto XVI, Discurso en la ONU, publicado en revista Convivencia No. 3 (www.centroconvivencia.org).

13Génesis 19,32.

14San Juan Pablo II. Encíclica Veritatis splendor, 6 de agosto de 1993.

15Salmo 85,10.

16San Juan Pablo II.

17Benedicto XVI. Homilías en su viaje apostólico a Cuba. Homilía en la Misa en la Plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba. 26 de marzo de 2012.

18San Juan Pablo II. Encíclica Dives in misericordia. 30 noviembre de 1980.

19San Juan Pablo II. 20 de mayo de 1982.

20I Pedro 3,15.

21José Martí. Ismaelillo. Obras Completas. Vol. 16, p. 18.

 


Dagoberto Valdés Hernández.

Director del Centro de Estudios y revista Convivencia

Pinar del Río, 8 de septiembre de 2017.

Solemnidad de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre.