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Una peregrinación a la sabiduría y a la virtud de Polonia

Dagoberto Valdés Hernández | 18 Octubre, 2017

El gobernador de Cracovia entrega a Dagoberto Valdés la Medalla de la Ciudad el 18 de septiembre de 2017. Foto de Ewa Pankiewicz.

He tenido el regalo y el honor de poder visitar por tercera vez a la “siempre fiel Polonia”. Ha sido una verdadera peregrinación espiritual para acercarme a la sabiduría milenaria y a la santidad probada de ese noble pueblo. En esta ocasión, pude recorrer los más insignes lugares de Cracovia, antigua capital de la Nación, hoy cuna, santuario y memoria de las virtudes heroicas de los polacos y polacas.

Fui invitado por los organizadores de la Conferencia Anual “San Juan Pablo II. Veritatis splendor” que convoca a intelectuales, religiosos y líderes de la sociedad civil de los cinco continentes para estudiar, y aplicar a las actuales circunstancias del mundo, las sabias y vigentes enseñanzas del Santo Pontífice.

Después de una salida y viaje algo tormentoso, fui recibido en el aeropuerto por antiguos y buenos amigos que me llevaron directamente a Cracovia donde se desarrollaba el evento mencionado. Mi conferencia con el tema “El arte de construir diálogo desde el humanismo cristiano en Cuba” fue presentada el 15 de septiembre de 2017 en el Aula Magna de la Universidad Jaguelónica fundada en 1364 por el rey Casimiro III el Grande y patrocinada por la reina santa Eduvigis de Polonia. En esta Alma Mater estudiaron y enseñaron los más grandes polacos de todos los tiempos, desde Nicolás Copérnico (1473-1543) y san Juan Pablo II (1920-2005). Esta alta casa de estudios tiene el primer lugar del Times Higher Education Supplement como la mejor universidad en Polonia.

El sábado 16, al caer la tarde, fui invitado a dirigirme a los participantes en el concierto cristiano de música celebrado en la Plaza de los franciscanos justo enfrente de la ventana dedicada al Papa polaco desde la que hablaba al pueblo, tanto cuando fue arzobispo cardenal de Cracovia como cuando visitó su tierra natal siendo Sumo Pontífice. Su foto iluminada y las siempre frescas flores al pie de la ventana sirvieron de inspiración a mis palabras, en los que sugerí a los jóvenes cristianos de Polonia que siguieran las sabias enseñanzas del Papa Wojtyla si no querían que la historia se repitiera “porque el pasado siempre puede regresar”.

El domingo 17, temprano en la mañana, participé en una solemne Eucaristía concelebrada en el Santuario dedicado al Papa san Juan Pablo II que fue presidida por Su Eminencia el cardenal Stanislaw Dziwisz, quien fuera durante casi cuarenta años secretario personal del Papa polaco y actualmente es arzobispo metropolitano de Cracovia. En la Oración de los Fieles se rezó por Cuba y por el visitante cubano. Terminada la ceremonia fui invitado a presentar un testimonio de mi vida que concluí con una plegaria por Cuba y por Polonia que coloqué bajo la intercesión de María, la Madre de Jesús, que en Cuba llamamos Caridad y allá Virgen de Czestochowa y de san Juan Pablo II. El cardenal Dziwisz me obsequió un rosario bendecido con la reliquia del pontífice y se interesó por las consecuencias del huracán Irma, la situación de la Iglesia en Cuba y del Centro de Estudios Convivencia.

Muy cerca del Santuario a san Juan Pablo II, pude visitar la inmensa basílica dedicada al Cristo de la Divina Misericordia y, a su vera, venerar la tumba y reliquia de Santa Faustina Kowalska, monja que tuvo la visión de la imagen de Jesús misericordioso a la que acuden cientos de miles de peregrinos de todo el mundo. Allí rogué para que Dios nos dé un corazón misericordioso a todos los cubanos y al mundo entero como continuamente allí suplica una multitud de peregrinos.

En la tarde del domingo, después de almorzar con dos familias amigas polacas en un hogar donde se escuchó la mejor música tradicional cubana, peregriné hasta el Santuario Basílica donde se venera el icono del siglo I d.C. que representa a la Virgen de Czestochowa. La luz de una estrella en lo alto de la torre iluminaba la lluviosa y fría noche del Monte Claro. El sacerdote y la joven laica que me guiaban me condujeron a la sacristía de la capilla que custodia el icono y me introdujeron en el camarín en que se puede venerar la sagrada imagen a solo dos o tres pasos. Participé en la celebración del domingo dedicado por la Iglesia a los Medios de Comunicación Social, nunca mejor ocasión providencial para encomendar a María y a su hijo Jesús el proyecto Convivencia y todos los medios de difusión que proclaman la verdad en Cuba y en el mundo. En las plegarias elevadas a la Reina Madre de Polonia por un padre dominico se rogó por el peregrino cubano, por la libertad religiosa y la reconstrucción moral y espiritual de la nación cubana. La primera bandera cubana que hace tres años llevé a la pies de la Virgen en el Monte Claro permanecía allí como testimonio solemne del amor de los cubanos a María y nuestros lazos entrañables con el noble pueblo polaco.

El emotivo himno a la “Virgen Reina de la fiel Polonia”, entonado fervientemente por miles de fieles que colmaban la Basílica concluyó la ceremonia mientras el cubano ponía rodilla en tierra para suplicarle a la Madre de Dios que interceda ante su hijo, que desde la milenaria tabla nos muestra el Evangelio como el mejor camino, para que proteja a Cuba, al Centro de Estudios Convivencia con todo su equipo, al cubano y su familia, para que abramos de par en par, sin miedo, las puertas a Cristo y para que Cuba sea la Nación bella, próspera y feliz que esperamos todos los cubanos.

El lunes 18 de septiembre, en una sentida y cordial ceremonia en la sede del gobierno provincial de Cracovia donde el Mariscal (Gobernador) me entregó la medalla de la ciudad con las imágenes de los tres santos protectores: San Estanislao, Santa Eduvigis y Santa Quinga, concluía mi tercera visita a la gran Polonia.

Una vez más puedo aprender de primera mano que las naciones se salvan de las más terribles vicisitudes cuando son fieles a su auténtica cultura raigal. Incluso que pueden ser invadidas, sometidas y borradas del mapa como estados y volver a resucitar como Nación. Vigente y trascendental testimonio para Cuba cuyo progreso y felicidad dependerán, sobre todo, de la sabiduría y la virtud con la que piensen y edifiquen su futuro.

 


Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).

Ingeniero agrónomo. Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007 y A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011.

Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.

Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006.

Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.

Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.

Reside en Pinar del Río