Historia

CIENTÍFICOS CUBANOS: “TOMÁS ROMAY ”

Héctor Maseda Gutiérrez | 23 Octubre, 2018

Tomás Romay. Foto tomada de Internet.

Tomás Romay Chacón (1764-1849). Médico, filósofo, académico, humanista, investigador, higienista, botánico, catedrático, conferencista, periodista, con inclinaciones poéticas, de ideas progresistas y filántropo. Creador de un nuevo enfoque científico en la medicina. Impulsó la actualización y modernización de la Medicina Clínica impartida en la Universidad de La Habana que, por aquella época, se mantenía con años de atraso en esta disciplina respecto a los países más avanzados. Iniciador y máximo responsable en la difusión y aplicación de la vacunación antivariólica en Cuba. Es considerado como el Primer Higienista cubano por su dedicación favorable a la prevención y promoción de la salud y en los logros para mejorar la calidad de vida del cubano medio. Introdujo los estudios de la Anatomía de disección en los cadáveres y los de Clínica a sus alumnos, exigiéndoles asistieran directamente a los enfermos en las salas de los hospitales y en la morgue para la práctica de las autopsias. Se le reconoce como uno de los principales iniciadores de la ciencia en Cuba. La calidad en sus investigaciones científicas está considerada de excelente por su amplia, profunda, objetiva e importante incursión en diversas ramas del conocimiento científico asociados a la época que le correspondió vivir. Pero sobre todo en las disciplinas de la Medicina, Higiene, Educación, Química, Botánica, Agricultura y Cultura en general. Sus memorias publicadas, conferencias impartidas, libros y ensayos divulgados acerca de sus investigaciones, forman parte de su extensa obra científica, enorme cultura y aval investigativo. Cofundador de la publicación “Papel Periódico de La Habana” y de la “Real Sociedad Patriótica (Económica) de Amigos del País”. Fue miembro activo y/o de mérito de varias instituciones científicas nacionales y extranjeras. Recibió múltiples distinciones, títulos y reconocimientos a lo largo de su fecunda existencia.

La familia Romay se estableció en Cuba en la primera mitad del siglo XVIII, y la Chacón a principios del XVII. Tomás Romay nació el 21 de diciembre de 1764, en la calle Empedrado No. 71, entre Compostela y Habana (actual edificio Cuba, 360), municipio Habana Vieja, La Habana, Cuba. Sus padres se nombraron Lorenzo Romay y María de los Ángeles Chacón, comerciante y dedicada a dirigir las labores hogareñas, respectivamente, quienes tuvieron en total ¡dieciocho hijos! Tomás fue el mayor. De estos, solamente nueve sobrevivieron a sus progenitores. Su infancia transcurrió en un ambiente amoroso y familiar, característico de la clase media criolla. La educación de Tomás la asumió su tío paterno, nombrado Fray Pedro de Santamaría Romay, del Convento de los “Reverendos Predicadores”, convertido en su mentor al apreciar este en el pequeño dotes de precoz agudeza y destacada inteligencia.

Los estudios primarios los desarrolló Tomás en el referido “Convento…”, bajo la supervisión de su tío. Cursó estudios de Gramática, Retórica, y Filosofía en el Seminario de San Carlos y San Ambrosio. El título de Bachiller en Artes lo obtuvo en 1783, época en que inició los de jurisprudencia en el Seminario de San Carlos, pero los abandonó de inmediato al convencerse de que estos no respondían a su vocación. De ahí que decidiera formarse como Bachiller en Medicina, carrera que culminó en 1789. Con este paso, se convirtió en uno de los primeros iniciadores de la medicina cubana. Es necesario destacar que en la época en que estudió Romay, ser graduado como Bachiller en Medicina no lo autorizaba a ejercerla como profesional. En consecuencia requirió, posteriormente, hacer dos años de estudios de postgrado práctico (Protomedicato), bajo la dirección de un médico con experiencia, nombrado Manuel Sacramento. Concluido este aprendizaje práctico, Tomás Romay se preparó y presentó el examen ante el Real Tribunal Protomedicato y lo aprobó. Finalmente, el 12 de septiembre de 1791 el joven se convirtió en el graduado en medicina número treinta y tres en Cuba.

Debo señalar que mientras cumplía con los dos años del postgrado sobre el terreno (el Protomedicato) fundó -en unión del gobernador español Luis de Las Casas Aragorri (1745-1845)- el Papel Periódico de La Habana, prístina publicación periódica cubana. Romay se convirtió en su primer redactor y director hasta 1848. Además, colaboró en El Diario de La Habana, en el Diario del Gobierno de La Habana y publicó varios poemas y artículos sobre temas científicos, bajo el seudónimo de Matías Moro.

Romay Chacón contrajo matrimonio con la señorita Mariana González el 4 de enero de 1796. De esta unión nacieron seis hijos: Pedro María, Juan José, José de Jesús, María de los Ángeles, Micaela y Marian.

Durante estos primeros años de desempeño laboral, la imagen de Romay se consolidó como una de las principales figuras del medio profesional e intelectual de los movimientos progresistas criollos en la Isla a finales del siglo XVIII e inicios del XIX. Sus vínculos con el político y economista Francisco de Arango y Parreño, el filósofo José Agustín Caballero, Nicolás Calvo de la Puerta y O´Farrill -mentor de nuestro protagonista- y el poeta Manuel Zequeira, constituyen prueba de ello.
En estos primeros años de su proyección social, Romay mostró su sólida inclinación filantrópica que jamás lo abandonó, al pronunciarse en favor de la enseñanza primaria gratuita, su apoyo desinteresado para que se asignaran fondos autorizados por el Gobernador español de la Isla y contribuyó a crear canales adecuados para que se aceptaran donativos procedentes de personas con recursos económicos; así como para fomentar la edificación de nuevas escuelas y sistematizar el mantenimiento de las existentes. Posteriormente, esta filantropía suya se manifestó con su desinteresado aporte en el desempeño de las labores humanitarias médicas gratuitas, en la Real Casa de Beneficencia, donde encontraban un hogar, amparo, educación y atención médica los niños y niñas huérfanos; así como en el Hospital Militar de “San Ambrosio”, responsabilidades a las que le dedicaremos espacio en párrafos.

Tomás Romay Chacón se presentó a la convocatoria, por oposición, para optar por la Cátedra de Patología en la Real y Pontificia Universidad de La Habana. Su tesis a defender: “Sobre el contagio de la tisis”. Concluida su exposición ante el Tribunal correspondiente, esta resultó aprobada, felicitada por los catedráticos y la obtuvo por unanimidad (6 de diciembre de 1791).

A los pocos días, aspiró a la Licenciatura en Medicina. Se examinó y aprobó con excelentes notas (24 de diciembre de ese año) y realizó el Doctorado en la Universidad de La Habana, graduándose en junio de 1792.

En su desempeño como catedrático, el doctor López Sánchez -su biógrafo- señalaría que Romay: “(…) se limitó en su cátedra a tratar acerca de las lesiones, a indagar los síntomas y a enseñar a inquirirlos, con lo que le imprimió a su asignatura una importancia extraordinariamente superior a lo que correspondía en el pausado movimiento de aquellas horas”.

La actuación de Romay en la cátedra de Patología, expresó Villaverde que: “Comenzó sus lecciones con un gesto de valentía, pues se alejó de Avicena y de Galeno. Romay abrió una época, que con justicia se podría llamar la del inicio de la Medicina cubana”.

Al convertirse en mentor de su antiguo alumno y joven médico, José Estévez Cantal, promovió en 1795 la formación de este como botánico y químico. Posteriormente (1817), Romay comienza su labor de reformar la enseñanza médica en Cuba. El argumento lo sostuvo con solidez basado en el hecho de que hacía años se habían interrumpido las clases prácticas de Anatomía y disecciones, fundadas en 1797 por el médico y cirujano Francisco Xavier Córdova.

Corre el año 1813 acorde con las actividades, inquietudes e interés científicos de Romay. El 12 de mayo aparece publicado en el Diario de Gobierno de La Habana un artículo firmado por él, en el cual expone un estudio que realizó acerca de hermafroditismo que presentó un marinero al que atendió como médico.

El hermafroditismo es un término procedente de la Biología y la Zoología, con el cual se designan a los organismos que poseen -al mismo tiempo- órganos reproductivos usualmente asociados a los dos sexos -macho y hembra, masculino y femenino-. Es decir, se refiere a un ser vivo, con un aparato mixto capaz de producir “gametos” (óvulos y espermatozoides) masculinos y femeninos. Esta investigación está considerada como la primera vinculada a la especialidad de Endocrinología en Cuba.
Años más tarde Tomás Romay aspira, defiende y obtiene la Cátedra de Filosofía y la desempeña junto con la de Patología que ya impartía, en la Real y Pontificia Universidad de La Habana. En 1832 lo nombran Decano de la Facultad de Medicina de ese Alto Centro de Estudios.

Al año siguiente (1833) hizo su aparición en Cuba la temida epidemia de cólera, después de provocar miles de víctimas en Asia y Europa. Esa epidemia produjo en Cuba, transcurridas apenas 24 horas, 435 defunciones en La Habana y le provocó la muerte a una de sus hijas, situación que demandó de Tomás Romay una esmerada dedicación al tratamiento y control, así como la reducción, primero, y eliminación, después, de tan terrible flagelo. Para esa época, nuestro protagonista tenía 69 años de edad, lo que no le impidió estar en la primera línea de combate contra tan peligroso morbo.

Por espacio de medio siglo y conjuntamente con el Gobernador español Luis de Las Casas, ambos fueron aceptados como miembros y cofundadores de la Real Sociedad Patriótica de La Habana (luego Sociedad Económica de Amigos del País) -1793-. El ingreso de Tomás Romay en la referida Sociedad, se produjo luego de ser invitado y presentar el Trabajo Corporativo exigido. Concluida la conferencia, escuchada la valoración y propuesta la aprobación de la misma por el catedrático nombrado oponente y aceptado el ingreso de Romay en la Academia; se le celebró la ceremonia de admisión por la cual se le nombró Miembro de Número de la misma. Al poco tiempo de su estancia en esta importante institución científica, ya era conocido como académico prominente, debido a su acreditada actividad, participación en los debates y la calidad en las conferencias que impartía. Se convirtió en Miembro de Honor en 1834 y Presidente de esa institución en 1842. Se destacó sobre todo, por las memorias, proyectos y conferencias sobre los proyectos de modernización de la práctica médica y de la Enseñanza de la Medicina en Cuba.

La Campaña de Vacunación Antivariólica divulgada, asumida oportunamente, y supervisada durante meses de intensa labor por el Dr. Tomás Romay, está considerada y reconocida como uno de los más importantes logros médico-sanitarios e históricos que tuvo lugar en Cuba en los primeros años del siglo XIX. También debo aclarar que en mis investigaciones sobre este tema que nos ocupa, consulté múltiples, diversas e importantes fuentes que lo exponen con lujo de detalles y que, por supuesto, me limitaré a señalar un resumen, destacando los aspectos más relevantes de la epopéyica tarea asumida por el Dr. Tomás Romay Chacón, con el cual inmortalizó su nombre y que a continuación expongo.

Su génesis se remonta al brote en Cuba de una epidemia de viruela en diciembre de 1803 que causó daños severos entre la población al mes siguiente. La gran preocupación estaba en que se supo que el antídoto demoraría en arribar a La Habana algunos meses, junto a la comisión médica, acompañada de enfermero(a)s y personal auxiliar enviada por el rey Carlos IV, a cuyo frente venía el doctor Francisco Xavier de Balmis, quien traía el medicamento curativo e inmunizador. (La vacuna es un antígeno que una vez que se inocula dentro del organismo del afectado, provoca la producción de anticuerpos y con ello una respuesta de defensa ante los microorganismos atacantes. Su nombre “vacuna” se deriva de la viruela padecida por las vacas, conocida en Europa con anterioridad y que la padecían estos cuadrúpedos. También se sabía que esta última era menos agresiva que la adquirida por los humanos. La prueba de ello era que la adquirida por esos animales no afectaba a las ordeñadoras en su contacto diario con estos y que, incluso, las inmunizaban).

La vacunación en Cuba se venía practicando a partir de la experiencia europea. En 1802, los médicos cubanos conocieron del procedimiento, hecho público en 1798 por el cirujano inglés Edgard Jenner (1749- 1823), que utilizaba el pus de viruela de las vacas y que, por ello adquirió el nombre de “vacunación”. Por encomienda de la Sociedad Patriótica, Romay empieza desde 1803 su campaña por extender el procedimiento y abandona las comodidades del hogar para marchar al interior de la Isla con la finalidad de adquirir el tan necesario virus, así como la dosis a emplear y su seguimiento y; al mismo tiempo, luchar contra los partidarios de la “inoculación”, introducida en Cuba en el año 1795. Sería precisamente Romay, gracias a un artículo de su autoría y publicado en dos ediciones en El Papel Periódico de La Habana, el 29 de octubre y el 1ro. de noviembre de ese año, quien demostró la ineficiencia de la inoculación por obsoleta, a pesar de que aún era defendida por personas que obtenían enormes ganancias al aplicarla, quienes afirmaban, festinadamente, que la vacunación, por el contrario, resultaría ineficaz.

Para demostrar lo falso de semejante afirmación, Romay recurrió a una demostración pública arriesgando la vida de dos de sus hijos, previamente vacunados, a quienes utilizó como “Conejillos de Indias” al inyectarles el virus, con el objetivo de vencer los temores, dudas y vacilaciones respecto a su efectividad, entre la población.

En enero de 1804 se practicaron las primeras vacunaciones en Santiago de Cuba, por el cirujano francés Vignard, pero en febrero de ese mismo año llegó a La Habana, una vacuna procedente de Puerto Rico.

La campaña de la “inoculación” contra la vacuna sufrió un decisivo revés con la llegada al puerto de La Habana, el 26 de mayo de 1804, de la comisión médica enviada por el monarca español, para introducir la vacuna en varias colonias hispanas. Pero quedaron sorprendidos al comprobar que la misma ya se había propagado en la Isla, gracias a Romay, quien la estaba aplicando con éxito desde hacía dos meses y medio (12 de febrero de 1804).

Por esa razón se creó la Junta Central de la Vacuna el 13 de julio de ese mismo año, para sistematizar esta práctica y se designó a Romay, por el derecho ganado, en calidad de Presidente y el cargo de Secretario Facultativo de la misma.

Su labor al frente de esta institución resultó decisiva para que a finales del siglo XIX, la viruela pasase a ser una enfermedad poco común en Cuba, pues orientó se realizara la vacunación preventiva, favoreció aplicar la vacunación múltiple de cada individuo y se decretó su aplicación obligatoria para toda la población en la Isla.

Aunque no tuvo Romay éxito en los últimos dos empeños, logró que el obispo Juan José Díaz de Espada emitiera una Carta Pastoral donde exhortaba a las personas a vacunarse.

La colaboración de Romay con el obispo, se hizo más estrecha en relación con el propósito de este último para eliminar los enterramientos en las iglesias y prohibió que estos se continuaran realizando dentro del perímetro urbano. La campaña de Romay contra los enterramientos facilitó la construcción del primer cementerio de La Habana (2 de febrero de 1806), conocido como Cementerio de Espada. Después de toda su campaña, Romay dedicó durante más de tres décadas de su vida a la vacunación antivariólica.

Entre 1819-1822, por el esfuerzo, dedicación y tiempo empleado por Tomás Romay y el apoyo solidario y sistemático de Alejandro Ramírez (Intendente del Ejército y la Hacienda Pública, quien también ocupaba el cargo de Director de la Real Sociedad Patriótica de La Habana), se reinició la impartición de las clases prácticas de Anatomía y disecciones en el Hospital Militar de San Ambrosio. Durante años, Romay laboró en esa entidad como inspector de los cursos durante años, nombrado por la “Real Sociedad Patriótica…” En noviembre de 1834 se inauguró una Clínica Médica para la enseñanza en uno de sus salones; así como la creación del “Nuevo Museo” y el “Anfiteatro” en la bautizada “Casa de los Capellanes”. Al frente de la Clínica Médica el Dr. Romay asumió la cátedra de Medicina Clínica, acompañado del nombramiento de Jefe del Museo y del Anfiteatro.

En el desempeño de sus responsabilidades, Romay conoció a Nicolás José Gutiérrez, notable cirujano que lo sustituiría al frente de la Sociedad Médica habanera y a quien apoyó en las gestiones oficiales de este para la creación de una Academia de Ciencias en La Habana, propósito convertido en realidad en 1861, lamentablemente doce años después del fallecimiento de Tomás Romay.

El cuadro facultativo del Hospital de San Ambrosio en 1835 lo integraban Tomás Romay, médico principal, y los doctores Nicolás del Valle, Pedro Andreu, F. Alonso Fernández, Francisco López y N. Pinelo; así como el enfermero D. Govantes. Ya en el año 1836 ingresaron al hospital 4,437 enfermos, de los cuales salieron curados o mejorados la inmensa mayoría y se lamentaron 150 fallecimientos. El curso de Cirugía lo dirigió el Dr. Gutiérrez a finales de 1838. El hospital de San Ambrosio estaba enclavado en la calle San Isidro, frente al hospicio de igual nombre. El Anfiteatro Anatómico existió hasta 1899.

En general, su obra y múltiples proyecciones marcaron los primeros pasos para que Cuba se transformara -poco a poco- de colonia en Nación y contribuyó a la futura formación de la nacionalidad cubana. Los documentos que Romay legó a la nación se extendieron no solo a temas vinculados a las ciencias y la literatura, sino que incursionaron en la filosofía, la historia y la poesía de manera destacada y sembraron un importante paso cualitativo que honró, destacadamente, a su siglo vivencial. Entre sus investigaciones tenemos: su discurso acerca de: “Los obstáculos que han impedido progresen las colmenas en la Isla de Cuba y los medios de fomentarlas”, publicada en “La Sociedad Patriótica” (1797) que fue calificado como una gran contribución para la historia de la Apicultura en Cuba y que contribuyó al posterior desarrollo de la industria de la cera. “Las sepulturas fuera de los pueblos” (1806), que fijó pauta para que, al poco tiempo, fuese creado el Primer Cementerio extramuros en la capital cubana, dando lugar al surgimiento del Cementerio de Espada. “La disertación sobre la fiebre maligna denominada vulgarmente “vómito negro”” (1797), enfermedad oriunda de las Indias Occidentales y publicada ese año. La misma inició la bibliografía científica cubana. Fue el primer estudio científico acerca de la fiebre amarilla, publicado en Cuba (1798), obra que le permitió a Romay ser elegido Académico Corresponsal de la Real Academia de Medicina de Madrid, en el curso del año. “Medicina Clínica” (1802), basada en las ideas del médico francés Philippe Pinel, materia que como asignatura impartió el propio Romay a partir de 1834 en la Universidad habanera. “Memoria sobre la introducción y progreso de la vacuna en la Isla de Cuba” (1804), expuesta en las Juntas Generales de la Sociedad Económica de Amigos del País.

A lo largo de su fructífera vida Romay se convirtió en Miembro de Número, Correspondiente o de Mérito de instituciones científicas, tanto nacionales como foráneas, tales como:

  • Miembro y posterior Presidente de la Sociedad Económica de Amigos del País.
  • Miembro de la Sociedad Médica de Burdeos, Francia.
  • Miembro de la Sociedad Médica de Nueva Orleans.

 

De igual forma y gracias a sus méritos profesionales, recibió numerosos títulos, distinciones y reconocimientos, tanto en Cuba como de diferentes países, como fueron:

  • Médico de la Real Cámara.
  • Catedrático de Clínica de la Real Universidad.
  • Miembro de la Comisión de Vacuna de París.
  • Caballero Comendador de Isabel la Católica.
  • Socio Corresponsal de la Real Academia Matritense.

 

Tomás Romay Chacón falleció en la madrugada del 30 de marzo de 1849 víctima de cáncer, a la edad de 84 años en su domicilio, Obispo No. 16, en La Habana, Cuba. Su cuerpo fue embalsamado en el Convento de Santo Domingo, por el Dr. Nicolás José Gutiérrez. En el acto de darle cristiana sepultura, el propio Dr. Gutiérrez, al despedir el duelo, expresó ante familiares, colegas y amigos allí presentes que:

“(…) entre los hijos de este suelo que han servido con gloria a las ciencias ilustradas del país y honrando a la Humanidad, el Dr. Tomás Romay es sin disputa uno de los más beneméritos (…)”.
De igual forma, el Dr. Manuel Costales hizo uso de la palabra y afirmó que Romay: “(…) era capaz de renunciar a todo antes de empeñar la dignidad científica”.

Por su parte, el Dr. Ramón Zambrana destacó que: “(…) Romay fue grande porque su inteligencia, su saber y su corazón se emplearon siempre en el bien de sus semejantes y en el engrandecimiento y la gloria de su patria”.

Y, por último, el Dr. Vicente Antonio de Castro y Bermúdez, Maestro Masón e investigador, quien lo comparó con el Hipócrates habanero precisó dos de sus cualidades más notorias: “(…) ni desoíste al necesitado, ni adulaste al poderoso”.

Conclusiones

1. Tomás Romay Chacón: médico, filósofo, académico, humanista, investigador, higienista, botánico, catedrático, conferencista, periodista, con inclinaciones poéticas, de ideas progresistas y filántropo; es considerado como el creador de un nuevo enfoque científico en la medicina. Impulsó la actualización y modernización de la Medicina Clínica impartida en la Universidad de La Habana que, por aquella época, se mantenía con años de atraso en esta disciplina respecto a los países más avanzados. Fue el iniciador y máximo responsable en la difusión y aplicación de la vacunación antivariólica (contra la viruela) en Cuba. Con plena justicia se le atribuye el mérito de ser el Primer Higienista cubano por su dedicación favorable a la prevención y promoción de la salud y en los logros para mejorar la calidad de vida del cubano medio. La introducción de los primeros estudios de la Anatomía de disección en los cadáveres y los de Clínica a sus alumnos, exigiéndoles a estos últimos que asistieran directamente a los enfermos en las salas de los hospitales, con profesionalidad, elevada humanidad y modestia; y que en la morgue estudiaran a fondo el cuerpo humano y poder precisar con mayor precisión y mediante el empleo de métodos científicos, las diferentes y frecuentes causas de muerte, mediante la práctica de las autopsias. Se le reconoce como el iniciador de la ciencia en Cuba. La calidad en sus investigaciones científicas está considerada de excelente por su amplia, profunda, objetiva e importante incursión en diversas ramas del conocimiento científico asociados a la época que le correspondió vivir. Pero sobre todo en las ramas de la Medicina, Higiene, Educación, Química, Botánica y Agricultura. Sus memorias publicadas, conferencias impartidas, libros y ensayos divulgados acerca de sus investigaciones, forman parte de su extensa obra científica, enorme cultura y aval investigativo. Fue miembro activo y/o de mérito de varias instituciones científicas nacionales y extranjeras. Recibió múltiples distinciones, títulos y reconocimientos a lo largo de su fecunda existencia.

2. Tomás Romay perteneció a la llamada Generación del 92 (1792), la cual irrumpió en la vida de la Cuba colonial en la última década del siglo XVIII y principios del XIX. Se le considera entre los principales intelectuales nacidos en los años posteriores a la ocupación de La Habana por los ingleses (1762-1763). Nuestro protagonista combatió el escolasticismo y visualizó la medicina y su situación en Cuba objetivamente y sin fanatismo, como el científico que fue. Su pensamiento y acciones le llevaron al umbral de las ciencias modernas, racionales y empíricas. A Romay se le reconoce como el iniciador del movimiento científico en Cuba y se le acreditan aportes considerables al progreso, especialmente en Medicina, Química, Botánica, Agricultura, Higiene, Educación y Cultura en sentido general. Una parte nada despreciable de su inmensa obra la enfocó Romay -además de la ciencia- hacia la Filosofía y la Historia y, en menor medida, a la poesía, con las cuales le imprimió un importante sello cualitativo al siglo que le correspondió vivir.

3. Romay fue el primero de una lista de jóvenes médicos cubanos estudiosos de la fiebre amarilla. En la Universidad de La Habana estudió Fisiología con Lorenzo Hernández, el primer conferencista cubano que expuso las ideas de Hermann Boerhaave acerca de esta epidemia. Entre varias de sus reflexiones sobre esta enfermedad viral, Tomas Romay llegó a la conclusión de que la misma era una enfermedad típica de los inmigrantes y traídas por las tripulaciones de los barcos que arribaban a los puertos. Concluyó que no era contagiosa y que la fase activa de la enfermedad concluía con la baja temperatura ambiental. Se interesó, además, por las aplicaciones médicas de la electricidad y escribió una crítica del Tratado de Galvanismo de Nicolás Niderburg, publicado en 1803.

4. Romay, quien por sus acciones de prevención de enfermedades y como promotor de la salud es considerado el Primer Higienista cubano, fue un hombre de carácter firme, estudioso, investigador, audaz, persistente, trabajador, honesto, valiente, cumplidor de sus deberes y eficiente servidor de la sociedad.

5. Tomás Romay Chacón publicó alrededor de veintisiete (27) bibliografías y textos de su autoría, que abarcaron diversos temas acerca de: Enfermedades y sus fuentes (5), Medicina general (3), Higiene pública (2), Vacunación (4), Hospitalización, asistencia médica y consultas (1), Botánica y Química (2), Política (2), Higienista (población) (1). Literatura (3), Poesía (1), Educación (2) y Agricultura (1), entre otras.

Bibliografía

1.Enciclopedia Universal Ilustrada.
2.López Sánchez, José. “Obras Completas”. Academia de Ciencias. 1964.
3.López Sánchez, José. “Tomás Romay y el origen de la ciencia en Cuba. 1964.
4.López Sánchez, José. “Vida y obra del sabio médico habanero Tomás Romay Chacón. Editorial Selecta. La Habana. 1950.
5.López Sánchez, José. “Ciencia y Medicina, historia de las ciencias”. La Habana. Editorial Científico Técnica, 1986.
6.Villaverde, Manuel. “Don Tomás Romay. La Habana. 1942.
7.López Espinosa, J. A. “Bio-bibliografía del Doctor Tomás Romay Chacón”. 2004.
8.García Blanco, Rolando. “Cien figuras de la Ciencia en Cuba”. Tomás Romay Chacón.
9.Peláez, Orfilio. “Tomás Romay: Vigencia de un legado”.
10.Romay Tomás. “Historia de la Apicultura”. Memoria.
11.Romay Chacón, Tomás. “Resultados de la Ciencia en Cuba”.
12.González Cabrera, Rommell. “Tomás Romay: Iniciador de la Medicina cubana”. 2009.
13.Fleitas Salázar, Dr. Carlos Rafael. “Una lucha infructuosa por la higiene y la salubridad citadina”. 2003.
14.“Discurso premiado por la Sociedad Patriótica de la Habana el 24-julio-1795.
15.“Discurso presentado en la Junta General celebrada en la “Sociedad…” 11-diciembre-1794.
16.“Discurso sobre los obstáculos que han impedido progresen las colmenas en la Isla de Cuba y los medios de fomentarlas”. “Sociedad…” La Habana.1797.
17.“Disertación sobre la fiebre maligna llamada vulgarmente ¨Vómito Negro¨, enfermedad epidémica en las Indias Occidentales”. “Sociedad…” 5-abril-1797.
18.“Elogio del arquitecto gaditano D. Pedro Medina”. Sociedad…”. 21-diciembre-1797.
19.“Discurso histórico-moral sobre la fundación y progresos del Hospital ¨San Francisco de Paula en la Habana”. Capitanía General.1799.
20.“Elogio del Excmo. Señor Don Luis de las Casas y Aragorri, fundador, primer presidente y socio honorario de la “Real Sociedad Patriótica…”. 1802.
21.“Vacuna”. La Habana. 1804.
22.“Memoria sobre la introducción y progresos de la vacuna en la Isla de Cuba, leída en la “Sociedad…” el 12-diciembre-1804.
23.“Descripción del cementerio general de la Habana” (Cementerio de Espada). 1806.
24.“Informe presentado en juntas generales de la “Sociedad Económica de Amigos del País”. 13-diciembre-1806.
25.“Informe leído en Juntas Generales celebradas por la “Sociedad…”. 15-enero-1808.
26.“Memoria sobre la introducción de la vacuna en la Isla de Cuba”. La Habana.1815.
27.“Elogio del Dr. D. Eusebio Vallí, médico ordinario del Hospital Militar de Dijón La Habana. 1816.
28.“Ciudadanos de esta provincia (manifiesto). La Habana. 1820.

 


Héctor Maseda Gutiérrez (La Habana, 1943).
Ingeniero electrónico de profesión.
Miembro de Número de la Academia Cubana de Altos Estudios Masónicos.
Gran Inspector General de la Orden Masónica, grado 33.
Uno de los 75 presos de conciencia del 2003.
Agencia DECORO.