Educación

¿CÓMO HACEMOS CIENCIA EN CUBA?

Julio Norberto Pernús Santiago | 23 Octubre, 2018

Foto de Yoandy Izquierdo Toledo.

La ciencia materializada en Cuba es bien compleja de evaluar, aunque sin lugar a dudas, su desarrollo es una de las aspiraciones más arduas dentro del proceso revolucionario, marcado por una endémica crisis económica. Existen diferentes motivaciones que pueden ayudar a forjar grandes proyectos científicos, quizás la que cale más hondo sea la curiosidad, aunque también podemos destacar la filantropía o la relacionada con fines económicos.

Hoy nuestro planeta sería totalmente diferente si no hubiéramos desarrollado la ciencia hasta contar con conocimientos que siguen creciendo por día. Por ejemplo, de no existir la Física de los estados sólidos, no tuviéramos con nosotros las inteligentes laptops. La curiosidad que movió a un científico del calibre de Albert Einstein fue la que propició las bases para lo que hoy conocemos como tecnología celular.

Entonces, llegado a este punto, casi todos podremos estar de acuerdo en que desarrollar la ciencia depende mucho del grado de curiosidad que posea la persona, pero si ella quiere hacer tangible su sueño, de seguro tendrá que pasar a formar parte de un programa, para que su pensamiento encuentre verdaderas plataformas de desarrollo. En otras palabras, formar un buen capital humano en la ciencia genera importantes costos. Por eso, Cuba se considera un país que va contra la norma mundial, ya que ha forjado miles de científicos a pesar de las carencias económicas. La mayoría de ellos tiende a irse a otros países buscando superar la precariedad de los salarios nacionales, realidad que no parece tener fin.

En varios estudios queda refrendado que las economías de mayor crecimiento a nivel global son aquellas con programas sistémicos que apuestan por la innovación. La idea que mueve a los impulsores del campo científico es el poder garantizar que la ciencia que se desarrolle encuentre luego alguna forma de retorno al interior de la sociedad. Para nuestro país una buena pregunta sería: ¿cómo convertir ese capital humano, graduado año tras año, en verdadera fuente de riqueza, social y personal?

Es importante que seamos capaces de ver la ciencia como parte de nuestro complexus cultural; ya que desde los comienzos de la humanidad ella, sin lugar a dudas, ha demostrado una gran vocación social. Por lo tanto, resulta demasiado forzado intentar separar de alguna manera ciencia y sociedad, pues existe una unión indisoluble entre estas categorías. Resulta incomprensible soñar con alcanzar estándares crecientes de desarrollo social sin lograr un alza en cuanto al desarrollo científico. Para Carlos Marx la ciencia era como una montaña y quien aspire a subirla tiene que escalar por caminos tenebrosos.

En nuestra Isla existe una cultura científica, pero se hace impostergable poder crear iniciativas tangibles que hagan impactar estos descubrimientos en el bienestar sensitivo del ciudadano promedio. Por ejemplo, se calcula que en la actualidad hay 10 mil nuevas medicinas en el mundo y el 70% son novedosas. Los polos científicos que se dedican a este campo invierten el 20% de las ventas en su propio desarrollo y confort de sus empleados. En Cuba en el 2018 se encuentran en desarrollo 100 proyectos de corte farmacéutico y el 20% son novedosos. ¿Qué tal si una parte palpable de las ganancias se pudiera compartir entre los científicos encargados de su ejecución? Eso supondría un alza de su calidad de vida y que pensaran con mejores variables su permanencia en el país.

Aunque no son dos categorías ajenas, se debe propiciar una mayor interacción a nivel nacional del binomio ciencia-economía. Es importante sensibilizar a todos sobre la importancia del desarrollo científico evitando un discurso apologético. Hay medios que han llegado a construir la noticia de que el aleteo de una mariposa en el desierto, puede provocar un terremoto en Japón. En Cuba, para que el desarrollo científico cobre mayor trascendencia, se necesita lograr un mejor desarrollo industrial. También es importante apoyar de forma tangible nuestro talento intelectual con acciones que ayuden a mejorar su calidad de vida.

Un ejemplo negativo que ilustra un poco lo compartido en estas líneas sucedió hace unos meses en la Universidad, cuando un equipo de la institución colaboró con CUPET en unos cálculos vinculados a la extracción de petróleo que le ahorraron cientos de dólares al país. Por supuesto en ese proyecto, el colectivo invirtió mucho de su tiempo extralaboral. En un principio a los científicos les habían prometido como pago una laptop para cada persona involucrada en la investigación; pero luego de chocar contra la burocracia, se fueron con la respuesta de que no recibirían lo acordado por falta de presupuesto. Entonces, es casi irrisorio que dentro de algún tiempo los dirigentes de CUPET vuelvan a necesitar de su labor y ellos se esfuercen de la misma manera, por razones lógicas.

En Cuba debemos ir ganando en cuanto al costo-beneficio de la cultura de la innovación, sobre todo dentro del sector empresarial; que debe ver la importancia del vínculo efectivo empresa-científico, pero esto inexorablemente debe contar con algún tipo de incentivo económico. Y no es un mecanismo capitalista de desarrollo, es pagar a cada cual según su capacidad.

Dentro del sistema presupuestario cubano, el desarrollo de la ciencia compite con múltiples demandas sociales, y por supuesto, el monto mayor destinado por completo a Salud y Educación.

Entre los obstáculos que frenan la ciencia en Cuba podemos subrayar:

1.Problemas de trabajo en redes.

2.Amplios problemas de financiamiento.

3.Se promueve muchas veces la inmediatez por encima de lo estratégico.

4.Recibe poca visibilidad social, sus logros no son expuestos de forma sistemática por los medios.

5.Amplias trabas organizativas y en las ciencias sociales persisten los criterios economicistas y a la hora de resolver los problemas sociales, reina la espontaneidad.

6.También existen la falta de datos claros para trabajar y hay una sobredimensión de algunos campos académicos; esto se puede visibilizar en los títulos otorgados en Cuba, hay muchos doctores en Pedagogía y pocos en Ciencias Políticas.

7.Existe poca disponibilidad de divisas para las investigaciones y no hay diversidad para buscar financiamiento.

8.La industria nacional tiene baja capacidad absolutiva de nuevas tecnologías y poca demanda de la implementación de las Ciencias.

No podemos obviar que nos enfrentamos a un entorno donde las estructuras económicas son disfuncionales y algunas mentes decisoras no contemplan la innovación como un punto nuclear de nuestro desarrollo. La realidad siempre será infinitamente de mayor complejidad que las palabras; pero cuesta trabajo comprender que un investigador con la capacidad de crear una vacuna para salvar vidas, tenga que llegar a su casa y romperse la cabeza también para pensar cómo alimentar a su familia. De verdad parece inadmisible no dar respuesta a una pregunta que lleva años alojándose en nuestra mente: ¿cómo hacemos ciencia en Cuba?

 


Julio Norberto Pernús Santiago (La Habana, 1989).
Licenciado en Comunicación Social por la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de La Habana.
Máster en Historia Contemporánea y Relaciones Internacionales por la Facultad de Historia y Filosofía de la Universidad de La Habana.
Coordinador de la Comisión de Estudios de la Historia de la Iglesia en América Latina (CEHILA), sección Cuba.
Redactor y Responsable de redes sociales en Vida Cristiana, boletín dominical de la Iglesia Católica