Educación

Análisis y propuestas para la educación en Cuba

Carmelo Mesa-Lago | 21 Diciembre, 2017

Introducción

La revolución creó un sistema de educación unificado, universal y gratuito, alcanzó una alfabetización y primer nivel virtualmente total, extendió notablemente la matrícula a nivel secundario y superior. Además, creó programas especiales de educación en el campo, para adultos, obreros y campesinos. A fines del decenio del 80, los indicadores educativos cubanos se ordenaban a la cabeza de América Latina y de varios países socialistas europeos. Por otra parte, se eliminó la educación privada, el Estado centralizó totalmente la enseñanza con textos únicos y la ideologizó a todos los niveles. La severa crisis del decenio del 90, tras el colapso de la URSS y el campo socialista, provocó la peor crisis económica desde la Gran Depresión y ello tuvo impactos adversos en la educación que en algunos indicadores no ha logrado recuperar los niveles anteriores (Mesa-Lago, 2003, 2012, 2014, 2017).

Este trabajo evalúa la situación actual de la educación, y los tres factores que la afectan: I) Rápido envejecimiento poblacional, el mayor en la región; II) Recorte en los gastos de educación bajo las reformas estructurales, y III) Descenso en la calidad de la enseñanza. Al final de este artículo se hacen sugerencias para mejorar la educación en el futuro.

I. ENVEJECIMIENTO DE LA POBLACIÓN

Cuba es el país más envejecido de América Latina y el Caribe; se proyectaba que en 2025 pasaría al Uruguay, pero ya ocurrió. La tasa de crecimiento de la población se redujo 95 por ciento (de 2,1 por ciento en 1953 a 0,1 por ciento en 2015) por dos razones: la tasa de natalidad más baja del hemisferio (menguando de 2,5 por ciento a 1,1 por ciento) y una tasa de emigración neta muy alta y en ascenso (en 2016 fue la mayor desde 1994). La tasa bruta de reproducción (hijas por mujer en edad fértil) fue 0,83 por ciento en 2015, por debajo de la tasa de remplazo de 2,1 hijos por mujer, de ahí que la población absoluta haya disminuido en años recientes (Aja, 2015; ONEI, 2016b). A este fenómeno contribuye el amplio conocimiento de la gente sobre el sistema reproductivo, la alta participación de la mujer en la fuerza laboral, el uso de contraceptivos y la disponibilidad gratuita del aborto (lo practican entre 48 por ciento y 66 por ciento de las mujeres en edad fértil), y las difíciles condiciones de vida (Díaz-Briquets, 2014).  

Debido al envejecimiento poblacional, la proporción de la cohorte joven (0-14 años) mermó de 36,9 por ciento en 1970 a 16,5 por ciento en 2015 y se proyecta bajará a 15,5 por ciento en 2030; la cohorte vieja (60 y más) ha crecido: 6,9 por ciento en 1970, 19,4 por ciento en 2015 y 30 por ciento en 2030. La cohorte en edad productiva (15-59), crucial porque mantiene a las otras dos cohortes, ya comenzó a decrecer: 65,3 por ciento en 2010, 64,1 por ciento en 2015 y 54,4 por ciento en 2030. Por ello la “tasa de dependencia” (suma de las cohortes joven y vieja, divididos por la cohorte en edad productiva) ha aumentado de 53 por ciento en 1990 a 56 por ciento en 2015 y 84 por ciento en 2030, una pesada carga en aumento.

El envejecimiento poblacional y la consiguiente contracción de la cohorte joven, redujeron la matrícula al nivel primario y después al nivel secundario. Las caídas fueron más fuertes en la educación pre-universitaria, en el área rural versus la urbana, y entre obreros y campesinos.

1) Impacto del envejecimiento en la matrícula general y por niveles

En los cursos 2005/06 y 2007/08 se alcanzó la cima en la matrícula total, comparando estas cifras con las del curso 2016/17, se observa una contracción 34 por ciento en la matrícula, mientras que el personal docente lo fue de 13 por ciento; al nivel primario las mermas fueron de 19 por ciento y 7 por ciento respectivamente. Estas cifras indican que se mantuvieron escuelas y personal que no eran necesarios en el nivel elemental, en vista de la contracción del segmento joven y a pesar de la escasez de maestros. En la secundaria básica las menguas fueron más tardías, porque afecta a la cohorte de mayor edad que en la primaria, y también menos marcadas: 17 por ciento y 9 por ciento, respectivamente (Cuadro 1). El descenso fue mucho mayor en el preuniversitario con 34 por ciento y 29 por ciento, debido al desplome en la matrícula universitaria, como se verá después.

Cuadro 1. Matrícula y Personal por Sectores Educativos, Cima y 2016/17
a En el año en que alcanza la cima, entre 2005/06 y 2008/09.
b Entre 2007/08 y 2010/11.
c En ONEI 2016, esta serie fue cambiada, aumentándola 9% respecto a la edición de 2015, por ello se usaron las últimas cifras.
Fuente: Elaboración del autor basada en ONEI, 2009, 2015, 2016a, 2017.

Los recortes en el área rural han sido más fuertes que en los totales: 27 por ciento y estancamiento en la primaria, 68 por ciento y 56 por ciento en la secundaria, y 88 por ciento y 33 por ciento en el preuniversitario.[1] Puede ser racional la rebaja de la matrícula y el personal preuniversitario, pero es extraño que también se redujese en 38 por ciento la matrícula técnica y profesional (así como 78 por ciento del personal asignado), mientras que el entrenamiento de obreros calificados saltó tres veces, una medida apropiada. La educación obrero-campesina en tres programas se recortó entre 28 por ciento y 76 por ciento (entre 67 por ciento y 88 por ciento el personal) y desconozco las razones para ello. Las escuelas de trabajadores sociales, creadas durante la “Batalla de Ideas” y que alcanzaron un cénit de 8,356 estudiantes, fueron cerradas en 2009-2010 (ONEI, 2010). 

2) Impacto en la Educación Superior

Los cambios más notables han ocurrido en la educación superior, porque durante la “Batalla de Ideas” se intentó lograr la cobertura universal a ese nivel y para ello se crearon 3,000 sedes universitarias en tres años. Dos problemas eran conseguir el profesorado cualificado para el incremento al triple de la matrícula y obtener empleo para los graduados. Entre los cursos de 1989/90 y 2007/08, cuando se alcanzó la cúspide, la matrícula total creció 208 por ciento, y en humanidades y ciencias sociales saltó 3.943 por ciento; por el contrario, las carreras esenciales para el desarrollo sufrieron el menor crecimiento o una caída: ciencias técnicas 43 por ciento, ciencias agropecuarias 38 por ciento y ciencias naturales y matemáticas -39 por ciento (Cuadro 2). 

Cuadro 2. Cambios en la Matrícula de Educación Superior, 1989/2007 y 2007/2016.

Fuente: Elaboración propia basada en Mesa-Lago 2012, actualizado con ONEI, 2009, 2015, 2016a, 2017.

Las reformas estructurales redujeron la matrícula total en 71 por ciento entre 2007/08 y 2016/17; los recortes principales fueron en las hipertrofiadas humanidades y ciencias sociales (90 por ciento), así como en educación física (83 por ciento), economía (81 por ciento) y pedagogía (64 por ciento), pero también hubo mengua en ciencias agropecuarias (36 por ciento) y en ciencias técnicas (26 por ciento), mientras que la matrícula en ciencias naturales y matemáticas se estancó. Una comparación de la distribución porcentual de la matrícula en los cursos 2007/08 y 2016/17, muestra cambios positivos: la medicina, que era la segunda, asciende a la primera (la exportación de médicos rinde pingües ganancias), las ciencias técnicas ascienden del sexto al segundo lugar, mientras que las humanidades y ciencias sociales descienden del primero al cuarto lugar. Pero persisten irracionalidades: las ciencias agropecuarias siguen en la posición séptima mientras que las ciencias naturales y matemáticas continúan en octavo lugar, ambas por debajo de educación física (sexto lugar). El gasto en el desarrollo científico bajó de 1 por ciento del PIB a comienzos de los años 90 a 0,4 por ciento en 2016; algunas medidas fueron tomadas en 2017 para mejorar esta tendencia (Rodríguez, 2017). 

3) Impacto en los Graduados Universitarios 

Debido a la disminución de la matrícula universitaria, los graduados mermaron en 73 por ciento entre los cursos 2011/12 y 2016/17, con las mayores caídas en pedagogía (84 por ciento), humanidades y ciencias sociales (82 por ciento), ciencias económicas (81 por ciento), y ciencias agropecuarias (74 por ciento), esta última importante en vista al pobre desempeño de la agricultura. Un aspecto positivo es que los graduados en ciencias naturales y matemáticas crecieron en 6% pero las ciencias técnicas mermaron 21 por ciento. La participación en programas de postgrado menguó 37 por ciento entre 2009/10 y 2014/15, las maestrías y especialidades cayeron 68 por ciento, pero los doctorados acrecieron 23 por ciento. La proporción femenina en los graduados descendió de 68 por ciento en 2009/10 a 55 por ciento en 2014/15, aunque continúa siendo superior a la masculina, y se mantuvo en 56 por ciento en programas de post-grado. Los becarios (hospedaje y alimentación) en la educación superior disminuyeron 23 por ciento entre 2009/10 y 2016/17 (ONEI, 2009, 2016a, 2017).

II. RECORTE EN EL GASTO DE EDUCACIÓN 

El gobierno aceptó en 2007 que el costo de los servicios sociales (incluyendo la educación) es insostenible, y recortó el gasto en 8 puntos del presupuesto y 8,4 puntos del PIB. Por causa de los recortes analizados, el gasto de educación en relación al PIB se contrajo de 14,1 por ciento a 10,2 por ciento entre 2008 y 2015 (Gráfico 1). Ya se ha hecho referencia a los recortes en el personal educativo.

Gráfico 1. Recorte en Gastos de Educación como Porcentaje del PIB, 2008-2015.
Fuente: Elaboración del autor basado en ONEI, 2009, 2012, 2015, 2016a. Data para 2016 todavía no está disponible.

III. DESCENSO EN LA CALIDAD DE LA ENSEÑANZA 

Este descenso ocurrió a todos los niveles durante la crisis de los 90 y 2003-2007: 1) escasez de maestros a pesar de aumento en graduados, debido al bajo salario; 2) “maestros emergentes” traídos del interior y entrenados con rapidez; 3) aumento de faltas de ortografía en exámenes de ingreso en universidades municipales; y 4) bajo nivel en matemáticas y ciencias.

La autocrítica oficial reconoció estos problemas y tomó una serie de medidas: exámenes de ingreso universitario más fuertes, cuotas en las carreras, etc. Continúa la educación ideologizada (Mesa-Lago, 2012).

Los bajos salarios en la educación estimulan el traspaso al sector no estatal y la emigración. Aunque está prohibido a los graduados universitarios trabajar como cuentapropistas en su profesión, ellos pueden hacerlo en las 201 ocupaciones aprobadas. La fuga de cerebros provoca un desperdicio de la cuantiosa inversión para entrenar una fuerza laboral que es de las más cualificadas de la región. Los maestros y profesores universitarios se desempeñan como “repasadores” de estudiantes preparándolos para sus exámenes y cobrando CUC por sus servicios, lo que introduce una estratificación por ingreso en el entrenamiento. Al principio se criticó esta práctica por voceros del gobierno, pero terminó incluyéndose en la lista de ocupaciones autorizadas.  

IV. UNA VISIÓN DE FUTURO 

Debería preservarse un sistema educativo público nacional, con cambios que lo hagan financieramente viable, mejoren su calidad, incrementen su eficiencia, permitan la educación privada y eliminen la ideologización.

La educación es gratuita para toda la población, sin tener en cuenta su ingreso, lo cual incrementa los costos, reduce su calidad y la hace insostenible financieramente.

Para enfrentar estos problemas se sugiere:

1)  Focalizar los recursos en la población más necesitada, las provincias más pobres y los trabajos en más demanda;

2)  Cobrar la matrícula en la educación superior a los que tengan altos ingresos;

3) Reducir recursos en primaria y secundaria, porque la caída de la población y el envejecimiento poblacional reducen los cohortes en esos niveles;

4) Reasignar recursos ajustando la educación a la demanda del mercado interno y mundial competitivo;

5) Asignar más a las carreras universitarias que demanda el desarrollo (científicas y técnicas, administración de negocios, banca y seguro), así como a la educación técnica vocacional;

6) Desideologizar la educación;

7) Pagar salarios adecuados a los maestros, lo que requiere reformas estructurales más profundas;

8) Reducir la tasa de deserción (especialmente a nivel superior) y evaluar los logros educacionales con normas de calidad más rigurosas;

9) Permitir a los maestros y profesores trabajar por cuenta propia o en cooperativas;

10) Autorizar la educación privada bajo normas generales establecidas por el Estado y bajo su supervisión; 

11) Otorgar autonomía financiera a los institutos de investigación a fin de que puedan recibir ingresos por colaboración internacional.

Referencias bibliográficas

Aja, Antonio (2016), “Dinámica demográfica de Cuba: Actualidad y desafíos”, Seminario “Retos demográficos en Cuba: envejecimiento, migración y la economía”, FIU Instituto de Investigaciones sobre Cuba, Miami, 21 abril.

Díaz-Briquets, Sergio (2014), “Accounting for recent fertility swings in Cuba”, Population and Development Review, Vol. 40, No. 4 (December), pp. 677-693.

Mesa-Lago, Carmelo (2003), Buscando un Modelo Económico en América Latina ¿Mercado, Socialista o Mixto? Chile, Cuba y Costa Rica, Caracas, Nueva Sociedad.

 (2012), Cuba en la Era de Raúl Castro: Reformas Económico-Sociales y sus Efectos, Madrid, Editorial Colibrí.

(2014), “Institutional changes in Cuba’s economic and social reforms”, en Cuba Economic Change in Comparative Perspective, Richard Feinberg y Ted Piccone, comps., Washington DC, Brookings Institution y Universidad de La Habana, pp. 49-69.

(2017), El estado actual del bienestar social en Cuba”, Cuba Posible, Vols. I y II, marzo, 2017.

Oficina Nacional de Estadísticas e Información—ONEI (2009, 2015, 2016a), Anuario Estadístico de Cuba 2008, 2014 y 2015, Edición de 2009, 2015 y 2016, La Habana.

(2016b), Anuario Demográfico de Cuba 2015, La Habana, junio.

 c En ONEI 2016, esta serie fue cambiada, aumentándola 9% respecto a la edición de 2015, por ello se usaron las últimas cifras.

 

 


Carmelo Mesa-Lago (La Habana, 1934).
Licenciado en Derecho Universidad de La Habana (1956).
Doctorado en Derecho Universidad Complutense de Madrid, Diplomado en Seguridad Social OISS (1958).
Maestría en Economía Universidad de Miami (1965).
PhD. en Relaciones Laborales y Seguridad Social Universidad de Cornell (1968).
Catedrático Distinguido Emérito de Economía y Estudios Latinoamericanos Universidad de Pittsburgh.
Miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Convivencia (CEC). Cuba.
Autor o editor de 93 libros y 300 artículos académicos/capítulos en libros sobre la economía cubana, sistemas económicos comparados y economía de la seguridad social en América Latina.