Editorial

Editorial 50: OBAMA EN CUBA: ES EL PUEBLO CUBANO QUIEN DEBE HACER LOS CAMBIOS

25 Marzo, 2016
Una nueva etapa se abre para Cuba y para los Estados Unidos. La visita del Presidente Barack Obama a Cuba ha sido la señal inconfundible.
“He venido a poner fin al último vestigio de la Guerra Fría en el hemisferio occidental” -ha dicho el presidente de Estados Unidos. Y por su parte, ha hecho casi todo lo que estaba en sus manos para adelantar ese camino. La reacción de la prensa oficial cubana no ha cerrado el capítulo y sigue con la misma sospecha, descalificación y lenguaje de esos tiempos pasados. Sin embargo, es evidente y comprobable, por quienes se interesen en escuchar la opinión del pueblo, que para este, la visita del presidente Obama ha sido algo positivo, respetuoso, cercano y alentador. Esta dicotomía entre la voz de los ciudadanos y los órganos oficiales de prensa, es preocupante y anacrónica.
Pasadas las primeras impresiones, deseamos intentar hacer un primer balance de esta visita, la primera de un presidente de Estados Unidos en 88 años.
1.La visita es una señal inequívoca del cambio de política del gobierno de Estados Unidos hacia Cuba. Además, es un esfuerzo significativo para hacer de esa política una cuestión de Estado y, por tanto, irreversible en su esencia, aunque haya alternancia en el ejecutivo o cambien algunos detalles circunstanciales.
2.Ese cambio de política ha dejado descolocados a ciertos sectores oficiales y ha derrumbado el viejo y obsoleto pretexto del “enemigo externo” y del “país sitiado” que ha intentado justificar, durante más de medio siglo, la penalización de la discrepancia, la falta de libertades civiles, políticas, sociales, económicas y culturales, la violación de los Derechos Humanos universales e indivisibles.
3.Ese cambio de política, ha dejado clarísimo e inconfundible, que los Estados Unidos ni van a invadir a Cuba, ni van a interferir, diseñar y mucho menos protagonizar el futuro de Cuba, ni disminuir la soberanía de los cubanos, ni su autodeterminación, ni su independencia.
4.”Son los cubanos quienes harán los cambios” – dijo el presidente Obama. Resonaba en todas sus palabras aquella frase, la más trascendental y vigente, del Papa San Juan Pablo II en su visita a Cuba en 1998: “Ustedes son y deben ser los protagonistas de su propia historia personal y nacional.” En nuestra opinión, esta es la esencia, el eje y el fin de toda política sana, sea en las relaciones diplomáticas entre gobiernos, como en las relaciones entre el pueblo cubano y el gobierno que se dé a sí mismo.
5.La “política pueblo a pueblo” que ha ejercido paradigmáticamente el presidente Obama durante su visita a Cuba es el único camino que da garantía, protagonismo y seguridad a las relaciones entre naciones.
6.Interactuar sin intermediarios con los ciudadanos, además que con las autoridades. Realizar sesiones de trabajo con diferentes actores sociales como cuentapropistas, pequeños empresarios, religiosos, opositores, activistas de la sociedad civil, artistas, y otros, en reuniones transparentes, francas y constructivas, es y debe ser un ejemplo para otros presidentes, líderes religiosos y personalidades culturales, deportivas y de organismos internacionales que visiten Cuba.
7.La visita fue una siembra de confianza. El clima de confianza y transparencia es el hábitat indispensable para normalizar toda relación interpersonal e internacional. Nadie puede dialogar con miedo al otro. Nadie puede negociar sin un mínimo de confianza mutua. Nadie puede restablecer relaciones con juicios a priori, con sospechas paralizantes, con lenguajes descalificadores y violentos, con gestos nerviosos y desafiantes. La normalización requiere un clima de serenidad, seguridad, respeto irrestricto a las diferencias, espíritu abierto y voluntad de cambio, antes, durante y después de las visitas y negociaciones.
8.La visita fue una siembra de seguridad para los interlocutores. Los espacios de mayores libertades y de mayor participación democrática se crean acercándose, no aislándose, dialogando, no descalificándose, negociando lo negociable y respetando lo innegociable. Dando seguridad y confianza a los interlocutores, porque nadie amenazado, penado, o reprimido puede abrirse, dialogar, negociar y cambiar.
9.El nuevo clima que se ha ido construyendo a partir del 17 de diciembre de 2014 va cerrando y debe cerrar definitivamente el espíritu de confrontación, la violencia en el lenguaje y en los hechos. Esa confianza empeñada debe demostrarse con el cese de la represión del alma, de las libertades, de las aspiraciones legítimas de progreso y felicidad de nuestro pueblo, y debe dar paso a la muy bien llamada “despenalización de la discrepancia”.
10.El ejemplo de lo logrado en esta visita debe servir, tanto a los mandatarios implicados, como a ambas orillas de la única nación cubana, para no dejarnos condicionar por el odio, los resentimientos y el ajuste de cuentas. El Manifiesto de Montecristi, el más alto y ético de la herencia martiana, nos enseña a desterrar todo rencor. Memoria histórica sí, pero sin venganza. Aprender y sacar lecciones del pasado sí, pero sin que nos impidan renovar el presente e innovar para el futuro. Respeto al dolor vivido en ambas orillas es un deber y el otro deber es rendir el mejor homenaje a todos los que cayeron o sufrieron que es cerrar para siempre a la violencia y a la muerte para poder reconstruir, con el alma libre de odio, una República edificada con aquello que Martí llamó “la fórmula del amor triunfante: con todos y para el bien de todos.”
Después de la visita del Presidente de los Estados Unidos, de tres Sumos Pontífices de la Iglesia Católica, de muchos presidentes, organismos internacionales y del Acuerdo firmado con la Unión Europea:
¿Qué más necesita el gobierno cubano para instalar un Diálogo Nacional con todos los sectores de su propio pueblo?
¿Qué más necesitamos los ciudadanos cubanos para acabar de asumir nuestro protagonismo cívico y político para cambiar pacíficamente todo lo que tenga que ser cambiado con la participación de todos en igualdad de posibilidades y oportunidades?
¿Qué más necesita la comunidad internacional para darse cuenta de quiénes son los responsables de los cambios que Cuba necesita?
¿Qué más necesitamos los propios cubanos para crear dentro de nuestro propio país las condiciones económicas, políticas, sociales, culturales, morales y religiosas que permitan a todos los hijos de Cuba vivir, trabajar y progresar aquí sin tener que escapar para encontrar fuera la felicidad a la que tenemos derecho en nuestra propia tierra?
Nosotros creemos que hemos comenzado una nueva etapa. Vislumbramos la posibilidad de nuevos acontecimientos dentro de este mismo año en que se celebrará el VII Congreso del Partido Comunista de Cuba.
Una vez más expresamos nuestra profunda convicción y confianza en los talentos, las capacidades, la iniciativa y la creatividad de los cubanos y cubanas para asumir nuestro destino, arreglar por nosotros mismos nuestros problemas y dejar a nuestros hijos y nietos una nación próspera, fraterna y feliz que todos merecemos.
Nadie va a venir a hacerlo por nosotros.
Pinar del Río, 25 de marzo de 2016
Aniversario del Manifiesto de Montecristi