Editorial

Editorial 55: EMIGRAR O CAMBIAR: ESA ES LA CUESTIÓN

22 Febrero, 2017

Cuba se convirtió en un país emisor de migraciones desde hace casi sesenta años. Para entonces no existían ni la Ley de Ajuste Cubano, ni el decreto de pies secos-pies mojados, ni las 20 mil visas de Estados Unidos para los cubanos, ni el programa de parole para los médicos. No obstante, muchos cubanos querían y quieren irse. Cuando hay fuga de cerebros, de almas y de corazones, es porque algo anda mal y lesiona cerebros, almas y corazones. Nadie se fuga de donde es feliz.

¿Qué fue lo que provocó el cambio para que Cuba pasara de un país receptor de inmigrantes a un país en exilio y fuga? El cambio socio-económico y político ocurrido a partir de 1959.

Hoy, 57 años después, continúa la misma situación. En un país totalitario en el que el Estado domina y determina todo lo relacionado con la economía, los problemas económicos son también problemas políticos porque son consecuencia del modelo que el Estado se reserva imponer. Es un error de análisis y de perspectiva evaluar los problemas económicos y políticos de un país de régimen estatalista y centralizado con los parámetros de países de economía privatizada y descentralizada. En esta última se pueden separar para el análisis de las migraciones los problemas económicos que dependen de la gestión de los ciudadanos y los que dependen de las políticas macroeconómicas del Estado.

En Cuba, aún con las pequeñas oportunidades de subsistencia familiar, y algo más, que el Estado ha permitido con la lista de permisos para desempeñar oficios medievales que llaman “cuentapropismo”, esos mismos microempresarios privados se ven continuamente acosados por “inspectores”, multas, e inseguridad del futuro.

Una disyuntiva de los cubanos: escapar

Durante décadas, cada vez que a un cubano, cubana, y a su familia, les ha ido mal, la primera reacción y casi siempre la última opción es: “me voy de este país”. El dilema para ellos es: “escapar” aquí o escapar para “allá”. Esta disyuntiva solo contempla la precariedad del insilio o el desgarramiento del exilio. Como si las dos realidades, la de nuestro país y la de las naciones que los reciben, fuera estática, inmodificable, y hecha a la medida de ese dilema.

El último cambio que demuestra que las cosas pueden cambiar en ambas orillas es la abolición del decreto presidencial llamado de pies secos-pies mojados que acogía a los cubanos que llegaran por cualquier vía a las fronteras de Estados Unidos.

Esto ha provocado, por lo menos, dos situaciones muy preocupantes: los cubanos y cubanas que han quedado varados en el camino y la de otros tantos que vendiéndolo todo y todavía en Cuba, no ven cuál será su futuro. El segundo grupo está todavía en su tierra, los primeros no tienen ni eso. Es sin duda un caso grave y humanitario que ambos países y la comunidad internacional deben atender con premura y flexibilidad.

Las conferencias de obispos católicos de Cuba y Estados Unidos manifestaron casi inmediatamente su valoración sobre esta realidad y mostraron su preocupación y solicitud de atención a tantas personas en situación límite. Convivencia une su voz a este reclamo que tiene en el centro a la dignidad, los derechos y la seguridad de las personas por encima de leyes e intereses políticos o económicos, teniendo en cuenta que todavía no se pueden equiparar las migraciones de los países democráticos del área o fuera de ella, con la situación actual de Cuba.

Estamos a favor de las migraciones legales, seguras y ordenadas en Cuba y en cualquier parte del mundo. Y creemos que el tráfico ilegal y la trata de personas, los coyotes y todos los negocios que manipulan la dignidad y la seguridad de los seres humanos deben ser condenados y combatidos legalmente.

El verdadero dilema de los cubanos

La nueva situación creada pudiera contribuir a aumentar el desasosiego y la inestabilidad psicosocial al interior de la Isla. Aun cuando contribuye a la seguridad de los flujos migratorios. Toda medida de este tipo es compleja y ambivalente. Viene, además, en un contexto nacional e internacional difícil para Cuba.

Este escenario que empeora y se crispa dentro de Cuba, que además de la arista económica, se agrava con un aumento ostensible de la represión que trasciende los grupos opositores tradicionales para alcanzar a artistas, cuentapropistas, grupos de estudio, y un amplio espectro de la sociedad civil. Pareciera como que casi nada contribuye a sosegar el vivir, a normalizar las relaciones de convivencia, y en lugar de abrir espacios para distender ánimos y buscar entre todos, pensamiento, propuestas y soluciones para el presente y el futuro de Cuba, se intenta cerrar espacios y poner sello a las ideas.

De este modo queda todavía más claro que el problema primario no viene de fuera, que la causa profunda no son las leyes de otros países. El problema es el modelo cerrado, ineficaz y totalitario del gobierno cubano.

Es urgente que se tomen rápida y serenamente las decisiones para abrir la mente, los espacios, las libertades civiles y políticas, económicas y culturales, de modo que cada ciudadano pueda ser protagonista de su propia historia personal y nacional.

Y lo primero en este proceso es que dejemos todos de echar la culpa a otros, de poner la responsabilidad en el extranjero. Es momento de cerrar la brecha insondable que se ha abierto entre la realidad y los que toman decisiones a todos los niveles.

De esta forma, podremos dejar atrás el falso dilema de escapar aquí o escapar al exterior, entre el insilio y el exilio, y tomar conciencia y asumir con responsabilidad el verdadero dilema de los cubanos y cubanas:

Emigrar o cambiar: esa es la cuestión.

Pinar del Río, 11 de enero de 2017