Economía

No buscar un modelo sino unas pautas

Karina Gálvez Chiú | 20 Diciembre, 2017

Foto tomada de Internet.

Las etiquetas y los modelos económicos van perdiendo las líneas que los enmarcan. Cada vez más se combinan propuestas y acciones hacia el centro del pensamiento económico. Si nos empeñamos en “actualizar” un modelo o sustituirlo por otro, podemos someternos a una camisa de fuerza que no es saludable ni para la política y mucho menos para la economía.

Cuba necesita que se produzca ya el cambio. Es cada vez más evidente que el modelo no funciona. Después de más de 5 años de intentos, podemos decir, incluso, que no se puede actualizar. Es necesario cambiarlo. Y para ello no hace falta inventarlo. Debemos aprovechar lo que ya es una práctica en muchos lugares del mundo y aplicarlo a Cuba, a sus condiciones, a su historia e idiosincrasia.

No aplicar un modelo determinado implica pensar en cómo no ir a los extremos del pensamiento ni del actuar económico. Pero es necesario tener por lo menos los caminos por los que podemos transitar.

¿Cuáles pueden ser algunas de estas pautas para los caminos de Cuba?

  1. Hacia una economía que libere las fuerzas productivas

Caminar desde el capitalismo monopolista estatal hacia una economía de mercado, aumentando la igualdad de oportunidades. Ya sabemos que en economía como en política hay que “taparse hasta donde dé la sábana” pero es muy importante tener claro la meta. Privatizar, no solo es necesario para que se produzca un despegue en la economía, sino que es el respeto a un derecho. En Cuba llevamos mucho tiempo sin libertad de iniciativa económica. Lo más cercano ha sido el trabajo por cuenta propia y ya sabemos de sus excesivas restricciones.

Para liberar las fuerzas productivas en Cuba hay que crear con los mecanismos económicos, mediante leyes que permitan que, todos los que lo intenten con fuerzas, puedan acceder al mercado. Diversificar las formas de propiedad que deben convivir en la economía cubana (privada, estatal, cooperativa, pública) contribuirá al despegue hacia el crecimiento y empujará hacia el desarrollo.

La liberación económica debe incluir a aquellos que no tienen aptitudes para ser dueños de negocios. El mercado tiende a olvidar a los que no están en posición de tomar decisiones, aún cuando se reconozca que, al final, son los que más influyen en las decisiones. En Cuba, en el momento de cambio, es importante promover la participación de los trabajadores en el capital (lo que ya ha probado su eficiencia) y buscar la democratización económica, estableciendo un marco legal que priorice, de cierta manera, formas de cogestión que den a muchos la oportunidad de ser propietarios o copropietarios (accionistas) y no solo asalariados.

Es evidente, incluso en Cuba, con su economía fuertemente centralizada pero con algún mercado, que cualquier tipo de propiedad no estatal tiene mayores probabilidades de crecer.

Reto: No convertir una economía de mercado en una sociedad de mercado.

Primeros pasos:

– Construir un ambiente legal y social propicio para la competencia leal, evitando los monopolios.

– Buscar el equilibrio entre la libertad para invertir y el desarrollo de los servicios comunales.

– Estímulo a la cogestión para democratizar la economía.

  1. Hacia una economía abierta al mundo y a los cubanos

Solamente una economía abierta triunfa en las actuales condiciones del mundo de hoy. La apertura permite el intercambio, el mejor aprovechamiento de los recursos del planeta entre todos. Teniendo en cuenta que es un derecho humano participar en la economía desempeñando distintos roles, pero con la oportunidad de aplicar la creatividad e iniciativa personal, la apertura es una meta si queremos despegar hacia el desarrollo.

Apertura no solo implica oportunidad para participar, sino también el riesgo de no poder hacerlo. Si la economía se abre no hay seguridades. La única seguridad es la de que todo puede cambiar. Una economía abierta tiene que asumir este riesgo si quiere verdaderamente obtener sus beneficios. No se puede pretender que el mundo se abra a Cuba si el gobierno cubano no asume el riesgo de perder poder económico ni siquiera con los nacionales.

La economía cubana debe abrirse sobre todo a los cubanos. Lamentablemente, no podemos hablar ahora del trabajo por cuenta propia como apertura a los cubanos, no solo por la restringido de su espacio, sino además, dado el hecho de que cuando ya pensábamos que eran ciertas las posibilidades de ganar dinero legalmente, se suspenden momentáneamente las licencias, pretextando, dicho en pocas palabras, que se gana mucho dinero. Eliminar las trabas a la iniciativa personal, bloqueada por el sistema centralizado vigente en Cuba, es indispensable para hablar de apertura.

Por otra parte, parece una paradoja, pero la estabilidad que atrae a la inversión extranjera, tiene como base un sistema abierto al cambio, flexible, y no un sistema estático. Al capital extranjero le es difícil creer que las condiciones para invertir son estables en un sistema donde no hay lugar para lo imprevisible, donde las decisiones sobre inversión extranjera son tomadas casuísticamente, donde todo puede decidirse en una noche o donde todo puede decidirlo la situación de otro país.

Para estimular la inversión se necesita un ambiente abierto, que asegure la dinámica de la competencia.

Reto: Lograr equilibrar las oportunidades de cubanos y extranjeros sin exceso de proteccionismos

Primeros pasos:

– Establecer un sistema de microcréditos, para aumentar las posibilidades de inversión de los cubanos de dentro y refundar el Banco de Fomento Agrícola e Industrial (BANFAIC).

– Eliminar la doble moneda y la bolsa de empleo estatal.

– Eliminar la necesidad de aprobación de cada solicitud de inversión por parte del Consejo de Ministros

  1. Hacia una economía en relación e integración

Cuba necesita, desde ya, irse incorporando a las organizaciones de la economía mundial. Estamos fuera del juego económico. Desde las gradas no se puede influir en el orden económico internacional. Debemos traspasar la puerta de la firma de acuerdos de colaboración y ampliar las relaciones de integración en pos de intereses económicos y de orden mundial.

Abrirse al mundo implica también comprometerse con él. Comprometerse a mejorarlo a través de la economía y no solo de la asistencia médica o educacional.

Lógicamente, pertenecer a estas organizaciones genera deberes. Se supone que estemos dispuestos a aceptar cuestionamientos y exigencias.

El gobierno cubano, no acepta exigencias, por lo que no se interesa por formar parte de organizaciones económicas que podrían ayudar a Cuba a despegar económicamente. No obstante, lo necesita y lo necesitará más a medida que el tiempo pasa. Paradójicamente Cuba nunca ha dejado de depender de otras naciones: Estados Unidos, la extinta Unión Soviética, Venezuela. Cambiar la dependencia de una nación a la interdependencia y a las relaciones abiertas al mundo significa madurez y seguridad. El aislamiento solo indica inseguridad y debilidad.

Reto: Cambiar la mentalidad: aceptar exigencias de otros que también las han aceptado de otros, y que ayudan a la convivencia pacífica, no daña la soberanía.

Primeros pasos:

–          Integrar a Cuba en las organizaciones económicas internacionales.

–          Abrir todos los mecanismos y estadísticas cubanas a la transparencia.

  1. Hacia una economía que promueva la búsqueda de la excelencia

La mediocridad no ha impulsado a nadie hacia el desarrollo. Y en Cuba, últimamente, nos conformamos con las cosas mal hechas o hechas a medias. ¡Del lobo un pelo! parece decir casi todo el mundo.

No es así como despegaremos la economía del piso. Es necesario promover la búsqueda de la excelencia, que nos llevaría por el camino de producir con calidad, lo que satisfaga a los consumidores, y a prestar servicios con eficiencia y eficacia.

La cultura de la excelencia debe ser una máxima del orden económico en Cuba. La sustitución de importaciones no solo puede avalarse con un menor costo, sino con una calidad superior o igual por lo menos.

Transformar el sistema educativo, logrando que sea muy exigente y de calidad, que complemente la formación profesional con la formación ética y técnica práctica, que forme ciudadanos competitivos y responsables. La productividad de una economía depende, en gran medida de la calificación de los ciudadanos.

Trabajadores bien formados, profesionales muy competentes, consumidores muy exigentes, pueden ser los protagonistas de un proceso de búsqueda de la excelencia.

Reto: Asegurar un lugar para todos, cuidando de que los mejores lugares sean para los excelentes.

Primeros pasos:

–          Diversificar las ofertas en el plano educativo, potenciando las capacidades y vocaciones.

–          Establecer pautas de control de la calidad y derechos de los clientes y consumidores.

Por qué es urgente emprender esos caminos

No hay nada nuevo. Todo está inventado y probado. Sabemos lo que funciona y lo que no. Lo que daña y lo que ayuda. La humanidad ha transitado por diferentes caminos intentando un mejor aprovechamiento de los recursos buscando mayores cuotas de bienestar.

 En Cuba estamos ante un problema de una soga que se tensa, como en toda transición: tensión entre la falta de voluntad política y la necesidad por obligación circunstancial. El gobierno cubano no quiere hacer el viraje hacia otro sistema económico, pero las circunstancias lo obligan a por lo menos simular que quiere cambiar. La solución es sencilla: si continúa halando la soga para lo que quiere, las circunstancias partirán la soga. Si hace el cambio, las circunstancias soltarán la soga. Pero, siguiendo la metáfora, simular el cambio puede aflojar la soga, no soltarla, incluso puede tensarla más fuerte una vez descubierta la simulación.

Es muy importante encontrar la mayor cantidad posible de mecanismos económicos para lograr el cambio económico. No antes ni después, sino realizando al mismo tiempo el cambio político que asegure la mayor estabilidad y sostenibilidad posibles.

 


Karina Gálvez Chiú (Pinar del Río, 1968).

Licenciada en Economía.

Fue responsable del Grupo de Economistas del Centro Cívico.

Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia.

Reside en Pinar del Río.