Economía

Consecuencias de la política laboral en Cuba

 Karina Gálvez Chiú | 20 Abril, 2017

 

Foto tomada de Internet.

Foto tomada de Internet.

Aliviada en los últimos años por alguna que otra alternativa, la situación en Cuba es que el Estado ha luchado por mantener el monopolio sobre el empleo y su remuneración. Este monopolio impide la competencia leal y facilita la explotación de la fuerza de trabajo, que se ve obligada a depender de un solo empleador. Las alternativas de trabajo en las llamadas “formas de gestión no estatal”, son muy codiciadas, debido a que su remuneración está más de acuerdo con los precios del mercado.

Actualmente, en Cuba, a muchas empresas estatales se les han conferido facultades para establecer la forma y la cuantía de los salarios, sin límites, en aras de aumentar la productividad del trabajo, la eficiencia en la gestión. Es indudable que el estímulo salarial funciona. Cuando el salario se acerca a los resultados del trabajo, estos son mejores. Pero aun no podemos notar el aumento de la eficiencia ni de la productividad en las empresas estatales. Día a día sufrimos de deficiente atención en los servicios, de falta de higiene, de maltratos por parte de dependientes y de productos de mala calidad. Sufrimos la escasez y como consecuencia, los altos precios, fruto de la poca oferta, que no satisface la poco creciente demanda, por la falta de dinero.

Por otra parte, aumenta el nivel de calidad en los negocios por cuenta propia. Mucho han influido las salidas al exterior de productores y consumidores. El aumento de la competencia, exige más disposición y capacidad en los oficios. Los patentados contratan a los que mejor lo hacen. Hay que competir por plazas en “paladares”, zapaterías, cafeterías, talleres de equipos, academias de idiomas, rentas de habitaciones. En el mercado laboral del trabajo por cuenta propia no hace falta “obligar” a nadie a superarse en cursos o postgrados. Cualquiera puede notar que cada vez más existen guías de turismo por cuenta propia que saben más de dos idiomas, o chef de cocina con conocimientos de cocina francesa o china, técnicos especialistas en alta tecnología (a pesar del atraso que tenemos en Cuba, con respecto al mundo). Podemos encontrar habitaciones de renta al nivel de hoteles con categoría 5 estrellas, a diversos precios y con ofertas muy creativas.

Diferencias que se crean en el mercado laboral

En este escenario se generan diferencias de oportunidades entre los trabajadores, que nada tienen que ver con la capacidad y el talento de las personas.

En primer lugar se crean diferencias entre los trabajadores estatales de empresas con libertad para distribuir utilidades y pagar salarios y aquellas que no pueden hacerlo; así como con trabajadores de empresas con inversión extranjera. Los salarios no compensados con estímulos por los resultados son evidentemente insuficientes para cubrir las necesidades básicas, fundamentalmente de alimentos. Los trabajadores que solo tienen como ingreso, un salario fijo en una empresa estatal, no podrían sobrevivir sin “resolver” (término usado para definir el robo de recursos al Estado) según el lugar donde trabajen y los recursos a los que tienen acceso. Conjuntamente con esta situación en la empresa estatal, se mantiene la bolsa de empleo para empresas con capital extranjero, totalmente controlada por el gobierno.

Son importantes también las diferencias entre trabajadores estatales y trabajadores por cuenta propia o de cooperativas no agropecuarias. Estos tienen mayores oportunidades de obtener ingresos por los resultados del trabajo. A pesar de los insoportables frenos a estas “formas de gestión no estatal” (es increíble que se les llame por lo que no son, para no llamarles pequeñas empresas privadas o cooperativas, con tal de que en realidad no tengan la independencia ni los derechos de las mismas), ellas son generadoras de riquezas importantes para los propietarios, sus familias e incluso para las comunidades en que desarrollan su trabajo. Los trabajadores por cuenta propia, empresarios y empleados, tienen ingresos suficientes para elevar su nivel de vida y el de su familia. Reparan sus viviendas, adquieren recursos, viajan al extranjero o de vacaciones a lugares turísticos, etc.

Lógicamente se crea una importante diferencia también entre los que reciben remesas del exterior y los que no. Esta diferencia es especialmente importante porque, al mismo tiempo que ayuda a elevar el nivel de vida del que las recibe, lo mal educa socialmente, creando una dependencia familiar que no es sana. Enviar o recibir remesas es un derecho inviolable, pero que exige el deber de los que las recibimos de hacer nuestro propio esfuerzo para hacerlas producir o administrarlas eficientemente. Para ello necesitamos las oportunidades que debe garantizar el Estado, para trabajar por nuestro sustento.

Hablemos de una de las diferencias más inexplicables: la que se produce entre profesionales y los que no lo son. En la cima de la pirámide social de un país justo, deben estar aquellos que se esfuercen más preparándose para el futuro, los que más estudien, los de mayor talento, los que mejor realicen su trabajo. En Cuba, pueden estar en la cima, los mejores carpinteros, los mejores albañiles, los mejores técnicos, los mejores cocineros, si se deciden a trabajar por cuenta propia. Pero esta oportunidad está vedada para los profesionales. Es cierto que en muchas ocasiones, lamentablemente, ser profesional no necesariamente implica haber hecho un mayor esfuerzo. El facilismo y otros males en el sistema educativo provocan la graduación de profesionales mediocres que hacen un mal servicio a la sociedad. Pero lo mismo sucede con los oficios y solo triunfan aquellos que buscan la excelencia. ¿Por qué no tienen esta oportunidad los profesionales? ¿Por qué no puede ejercerse la medicina o la docencia (no repasadores, sino verdaderos profesores, que otorguen títulos que puedan ser reconocidos por el ministerio de Educación) por cuenta propia? ¿Por qué no pueden ejercerse la arquitectura o las ingenierías por cuenta propia? ¿Por qué no es legal ejercer el periodismo profesional de forma privada?

Son diferencias generadas por la poca igualdad de oportunidades. Y la garantía de la igualdad de oportunidades es responsabilidad del Estado.

¿Cuál es el resultado de estas diferencias?

  1. Mala calidad de los servicios profesionales (de salud, educación, abogacía, etc): Primeramente, la incipiente competencia, como símbolo de mercado en el mundo laboral, hasta ahora, se desarrolla en la esfera no profesional. Para médicos, maestros, periodistas o ingenieros, las plazas siguen dependiendo del lugar de residencia, de las necesidades del municipio o de lo “que se resuelva”. El salario de estos profesionales, en su mayor cuantía sigue dependiendo del trabajo de otros o de la jornada laboral. La falta de competencia entre los profesionales frena el estímulo al esfuerzo por lograr la excelencia y esto repercute en la calidad de los servicios profesionales que se brindan en la sociedad.
  2. Descontento creciente de los profesionales ante el aumento de las diferencias injustas: Si por más que se esfuerce un profesional no tiene esperanzas de alcanzar el nivel de vida de un dependiente de una cafetería por cuenta propia, su desaliento aumenta y su realización personal pasa a un segundo plano en el orden de prioridades de su vida. Esto por supuesto empobrece la sociedad al tener profesionales que tienen que pensar primero en cómo conseguir, al margen de su salario, los recursos suficientes para comer o vestirse y mantener a su familia.
  3. Ningún aumento significativo de la productividad, a pesar de los nuevos salarios por resultados: No recibimos ninguna buena noticia en cuanto a la economía del país. Continuamos en crisis, seguimos dependiendo de otros países, la escasez de oferta es cada vez mayor, los precios suben, el descontento se respira en distintos ambientes. Es que los salarios se mantienen insuficientes para la vida. Unos salarios que no cubran las necesidades y no eleven el nivel de vida, aun cuando aumenten, no constituirán estímulo suficiente para elevar la productividad.
  4. Disminuye el interés por la formación profesional y laboral: Los jóvenes en formación no encuentran sentido a esforzarse por hacer una buena carrera profesional o por una buena preparación en general. Intuyen que su futuro no dependerá de lo que sepan, sino solo de lo que sepan hacer. La sociedad alimenta un ambiente en el que solo son rentables los oficios, que si bien son muy importantes, no son suficientes para el avance económico y social. Esto también empobrece la sociedad.
  5. Tampoco se desarrolla, en todas sus posibilidades, el trabajo por cuenta propia: Los frenos a los patentados, fundamentalmente los altos impuestos, las fiscalizaciones excesivas, las prohibiciones absurdas, y el hecho de que aún se considere el trabajo por cuenta propia solo como un “mal necesario”, entorpecen su desarrollo, frenan el auge de lo que podría ser la simiente de importantes empresas, que representen la prosperidad y la posibilidad de ser sustentable que oficialmente se ha anunciado como objetivo prioritario del sistema (se habla de “socialismo próspero y sustentable”).
  6.  En sentido general, la fuerza de trabajo no puede poner todas sus potencialidades al servicio de la prosperidad: La falta de libertad para trabajar convierte a los trabajadores en meros repetidores y acatadores de órdenes, en seres sin iniciativa y con muy poca capacidad para decidir certeramente ante una disyuntiva.

Es justo decir que a pesar de que la sociedad cubana adolece de todos estos problemas, existen negocios muy prósperos por cuenta propia, trabajadores creativos, profesionales con un alto nivel de realización personal gracias a su trabajo, jóvenes con mucho interés en los estudios, obreros que trabajan bien por conciencia. Pero no son ellos los que en estos momentos caracterizan la realidad laboral en Cuba.

El mercado laboral, es la dinámica de la oferta y la demanda de fuerza de trabajo. Si la fuerza de trabajo es una mercancía, el salario es el precio de la misma. Si funciona el mercado de fuerza de trabajo, el salario se fija según el comportamiento de la oferta y la demanda. Los trabajadores procurarán hacer de su oferta lo más atractivo para el mercado. Los empresarios, procurarán comprar la mejor, al mejor precio. En un ambiente competitivo, el trabajador no depende de la bondad de su empleador. Si su trabajo sirve, encontrará otras ofertas. En esta pujanza entre empleador y empleado se fijan los salarios. Es la competencia lo que asegura mayor aproximación a la justicia en el pago de salarios.

Pero la “mercancía” fuerza de trabajo se diferencia de otras. Tiene alma, dignidad y valores, además de necesidad de venderse. Por eso su “precio” se puede alterar sin lógica alguna. Aunque los salarios sean muy atractivos en la industria armamentista, puede que los dueños de esta industria, no consigan convencer al mejor administrador financiero para que lleve su cartera de inversiones.

Gracias a que la fuerza de trabajo es una mercancía sujeto y no objeto, también puede realizar grandes obras sin un pago justo. Los ideales, la solidaridad, la necesidad de realización personal y otras motivaciones superiores, han impulsado trabajos y logrado resultados que probablemente no tengan un precio pagable por nadie.

Pero cualquiera de estas opciones debe ser elegida por el propio trabajador.

Es importante crear condiciones, para que, cada vez más, los ciudadanos tengan derecho a elegir su trabajo, según su vocación, talento y su esfuerzo, y recibir un salario suficiente, al mismo tiempo que los empresarios tengan la oportunidad de escoger los trabajadores que satisfagan sus exigencias. Esto garantiza el funcionamiento del mercado de trabajo.

En un ambiente de mercado laboral libre, la nación gana, porque la población económicamente activa debe esforzarse por acceder a él, lo que implica: esfuerzo por estudiar, por prepararse integralmente, por realizar el trabajo con calidad, por actuar con responsabilidad. Puede ser también una realidad la explotación de los trabajadores cuando no se pagan salarios justos o cuando muchos no pueden acceder al mercado laboral. Por eso le corresponde al Estado garantizar oportunidades y justicia salarial.

 


Karina Gálvez Chiú (Pinar del Río, 1968).

Licenciada en Economía.

Fue responsable del Grupo de Economistas del Centro Cívico.

Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia.

Reside en Pinar del Río.