Derechos Humanos

Sobre el racismo hay mucho que discutir todavía

Dimas Castellanos Martí | 12 Junio, 2013

 

Monumento dedicado a Martin Luther King en la Universidad de Uppsala, Suecia.

Monumento dedicado a Martin Luther King en la Universidad de Uppsala, Suecia.

El pasado 23 de marzo, el multipremiado ensayista, crítico e investigador literario Roberto Zurbano, quien hasta ese momento fungía como director del Fondo Editorial de Casa de las Américas, fue destituido del cargo. La medida le fue aplicada unos días después que el periódico estadounidense The New York Times publicara un artículo suyo bajo el título “Para los negros cubanos, la revolución no ha comenzado”. En una entrevista concedida a The Associated Press, Zurbano aclaró que el título original de su artículo era “Para los negros cubanos, la revolución no ha terminado” y reafirmó sus ideas esenciales acerca del tema al expresar que “sobre el racismo hay mucho que discutir todavía”.

Lamentablemente el artículo de marras en vez de conducir a una reflexión objetiva sobre el tema, provocó un toque a degüello por parte de algunos intelectuales cubanos contrarios a sus criterios. No obstante, la polémica suscitada constituye una prueba de la sobrevivencia del racismo en Cuba. En ese sentido, como la tesis acerca de que sobre el racismo hay mucho que discutir todavía, coincide con criterios que he expuesto en varios escritos sobre la discriminación racial, aprovecho la oportunidad para volver sobre un tema tan vital para la vida y el desarrollo social de la población de tez oscura en Cuba y consiguientemente para la vida de todos los cubanos.
 
A lo largo de nuestra historia el racismo adoleció del tratamiento integral que requiere un fenómeno tan complejo. Esa carencia está entre las causas que han permitido su permanencia y reproducción durante todo el siglo XX, incluso después de más de media centuria de poder revolucionario. Para argumentar esta afirmación me limitaré a condensar y enumerar brevemente, en forma de tesis, 14 hechos, aspectos y momentos claves de ese fenómeno social en Cuba:
 
  1. El concepto de raza como conjunto de características heredadas, aunque carece de fundamentación como construcción social, tiene efecto dañino sobre la dignidad humana. En Cuba se trata de un fenómeno complejo enraizado en nuestra historia económica, sociológica y cultural que se reproduce en el tiempo.
  2. La nación -desde el punto de vista sociológico- es la fusión de los principales factores sociales que componen un país, resultado de un largo proceso de acercamiento e integración social, cultural y económica que conduce en el tiempo y en un momento determinado, a la unidad en la diferencia.
  3. Los negros africanos aparecieron en el escenario cubano a principios del siglo XVI, pero fue a fines del XVIII que su entrada masiva transformó la composición étnica de la población, la geografía, la historia, la cultura y la estructura social del país.
  4. Sin ser dueños ni de su propia persona, los esclavos, sometidos a condiciones de vida antihumanas, del siglo XVI a la primera mitad del siglo XIX respondieron con sus luchas: la cimarronería (1) el apalencamiento (2) y las sublevaciones, en las que el negro, actor casi único, escribió un capítulo de nuestra historia nacional.
  5. En desigualdad total respecto al blanco, el negro devino criollo, pero diferente al criollo blanco, lo que parafraseando a Jorge Mañach, impidió compartir un propósito común por encima de los elementos diferenciadores.
  6. En la segunda mitad del siglo XIX, en la Guerra de los Diez Años, los hacendados blancos aspiraban a libertades económicas y políticas, mientras los negros aspiraban a la abolición de la esclavitud. La relación coetánea de esos propósitos: independencia y abolición, constituyeron el punto de partida para la formación de una conciencia nacional, en un contexto donde las desigualdades y la discriminación racial actuaban en dirección contraria. Esa guerra, aunque terminó sin alcanzar plenamente sus objetivos, asestó un golpe a la institución esclavista al liberar a los esclavos que participaron en la contienda bélica y refrendar legalmente un conjunto de libertades (contenidas en el Pacto del Zanjón) que dieron nacimiento a la sociedad civil cubana.
  7. En el intermedio entre la Guerra de los Diez Años y el inicio de la Guerra de Independencia en 1895, Juan Gualberto Gómez, apoyado en las resoluciones coloniales que impedían la exclusión de los servicios por razón de raza, expuso varios principios similares a los que seis décadas después utilizara Martin Luther King para la lucha cívica de los negros norteamericanos y fundó el Directorio Central de Sociedades de Color. Desde ese posicionamiento cívico se movilizaron miles de negros que resistiendo, enfrentando incidentes penosos y acudiendo a la ley, ganaron espacios y facilidades desde palcos y lunetas en teatros hasta el acceso a las aulas de escuelas públicas, hasta entonces limitadas a niños blancos.
  8. En 1895, al reiniciarse la guerra por la independencia, cuando ya la esclavitud había sido abolida, los negros se reincorporaron, ahora con la agenda de la igualdad social. Como antes, debido a su pericia en las cargas al machete y la vida en la manigua, la igualdad y solidaridad entre los combatientes negros y blancos se impuso a los prejuicios raciales.
  9. Al arribar a la República, donde esas habilidades eran inútiles, faltó un proyecto sociológico encaminado a la disminución de la brecha económica y cultural entre blancos y negros. Esa carencia se reflejó en los cargos públicos, en el comercio, los bancos, las agencias de seguros, las comunicaciones, el transporte, las tabaquerías e incluso la institución armada que sustituyó al Ejército Libertador quedó integrada mayoritariamente por blancos, en un país donde el 60% de los combatientes por la independencia habían sido negros.
  10. La permanencia de las desigualdades y las constantes frustraciones en los primeros años republicanos condujo a la fundación del Partido Independiente de Color y al alzamiento en armas de sus miembros en mayo de 1912. Esta última acción terminó con el más horrible crimen cometido en nuestra historia, pues, además de los miles de negros que resultaron muertos, la matanza se produjo entre cubanos de tez blanca contra cubanos de tez negra, entorpeciendo una vez más el proceso inconcluso de identidad y destino común.
  11. En la década del 30 del pasado siglo, varios órganos de prensa, emisoras de radio y destacadas figuras de la política y la cultura cubanas se enfrascaron en un debate público contra el racismo, ayudando con ello a la inserción y al desarrollo social y cultural del negro y consiguientemente al fortalecimiento de la conciencia encaminada hacia un destino común. Uno de sus resultados fue la inclusión en la Constitución de 1940 de un principio jurídico imprescindible para el fomento de la igualdad entre negros y blancos, al declarar: “ilegal y punible toda discriminación por motivo de raza, color o clase y cualquiera otra causa lesiva a la dignidad humana”. Sin embargo, dicho principio quedó pendiente de la nunca promulgada ley penal complementaria contra la discriminación.
  12. En 1959, la Revolución democrática y popular propinó el más duro golpe sufrido por el racismo cubano a lo largo de su historia. Sin embargo, con la desarticulación de la sociedad civil existente, junto a los beneficios obtenidos se perdieron los instrumentos y espacios cívicos que habían coadyuvado al avance logrado. El error consistió en considerar la discriminación racial como resultado de la existencia de las clases sociales, por lo que, una vez que estas fueron eliminadas, se procedió a proclamar su fin en Cuba. Tan significativo “logro” condujo a la decisión de sacar el tema del debate público. Entonces, el racismo, expulsado por la Ley, se refugió en las mentes en espera de mejores tiempos.
  13. La igualdad de derechos entre negros y blancos, proclamada por la Ley, tenía un lado flaco: la desigualdad heredada e irresuelta. Es decir, el punto de arrancada, aparentemente igual para negros y blancos, contenía una gran desventaja para los primeros. Eso explica que las universidades, que se pintaron de negro y de mulato, con el tiempo recuperaron su antiguo color. ¿Por qué?, entre otras razones, porque la familia del negro, con salvadas excepciones, por su origen no podía dar la importancia que merecen los estudios de sus descendientes (recuerdo a mi padre, nieto de esclava, decirle a mi madre, ¡déjalo!, que él estudiará cuando sea grande). Es decir, se adoleció del apoyo familiar tan necesario para el salto, lo que facilitó la reproducción del status anterior.
  14. Con la crisis del socialismo real en 1989, el negro que por sobradas razones históricas no emigró, quedó excluido de las añoradas remesas familiares, lo que se reflejó en el renacimiento de las desigualdades sociales, en la alta proporción de negros en los establecimientos penitenciarios, en una significativa presencia durante el éxodo masivo de agosto de 1994, en su concentración en barrios pobres y marginales, y consiguientemente, en la reanimación de la discriminación.
En resumen, a lo largo de nuestra historia el racismo adoleció del tratamiento integral que requiere un fenómeno tan complejo. La colonia no tenía interés en solucionar el problema del negro; la República reconoció el problema, permitió el asociacionismo y el debate público, lo plasmó en la Constitución y logró ciertos adelantos, pero no lo acompañó con las medidas institucionales correspondientes; la Revolución tomó medidas educacionales e institucionales, pero desmontó la sociedad civil y limitó los derechos y libertades cívicas que habían servido de fundamento al lento avance logrado.
 
En consecuencia el racismo se reprodujo y continúa presente en nuestra sociedad, donde la decisión de aumentar la proporción de negros y mulatos en algunos Órganos, como ha ocurrido en la Asamblea Nacional del Poder Popular, pone en evidencia que el problema continúa presente. La más reciente prueba de esta afirmación la constituye precisamente la polémica en torno al intelectual negro Roberto Zurbano, en la que se pueden distinguir dos aspectos: uno, la presencia del racismo en Cuba; otro, el tratamiento al tema dado por los críticos de Zurbano.
 
En cuanto al primer aspecto, estrechamente relacionado con las tesis expuestas, me referiré solo a dos de las cuestiones básicas expuestas por Zurbano:
 
La diferencia económica creó dos realidades contrastantes que persisten hoy. La primera es la de los cubanos blancos, que han movilizado sus recursos para entrar en una nueva economía impulsada por el mercado y cosechar los beneficios de un socialismo supuestamente más abierto. La otra es la de la pluralidad de los negros, que es testigo de la muerte de la utopía socialista.
 
Esta afirmación confirma la similitud entre la situación de los negros al arribar a la República, carentes de economía e instrucción, y la falta de posicionamiento hoy, para participar en condiciones de igualdad ante las medidas de liberación económica que se están dictando. Un hecho que devela la reproducción de las causas, pues una de las fuentes de la participación de los cubanos está en las remesas provenientes del exterior, ante la cual los negros están en total desventaja. Por tanto, los cubanos de tez oscura continúan en desigualdad respecto al punto de partida.
 
El racismo ha estado oculto y se ha reforzado en Cuba en parte porque no se habla de él. El Gobierno no ha permitido que los prejuicios raciales sean debatidos o confrontados política o culturalmente. En lugar de esto, a menudo ha pretendido que no existen.
 
Aquí radica otra de las claves de la permanencia del racismo. Se suspendió el debate del tema y ahora, 54 años después, no solo resulta incómoda su aceptación, sino que algunos intelectuales de los que han atacado a Zurbano llegan incluso a negar su permanencia.
 
En cuanto al segundo aspecto, referido al tratamiento dado al tema por los críticos de Zurbano, salta a la vista una dificultad adicional para la erradicación de la discriminación racial en Cuba: la ausencia de una cultura de diálogo y debate, que ha anulado en gran medida la función de las ciencias sociales.
 
En Cuba no es posible dialogar de forma objetiva y con fundamentos sin transgredir los límites impuestos por la ideología dominante. Ese obstáculo es suficiente para anular la efectividad del diálogo y el debate en la solución de los problemas sociales. En este sentido la afirmación de Guillermo Rodríguez Rivera: La revolución cubana no solo inició la lucha contra el racismo y la discriminación sino que puede decirse que nunca esa lucha había sido tan a fondo como en ese momento de nuestra historia, es un planteamiento que carece absolutamente de fundamento. En otra parte Rodríguez Rivera señaló que Zurbano debía indagar el asunto con sus mayores. Este y otros planteamientos de los críticos de Zurbano develan los límites establecidos por el poder y acatados por una parte de la intelectualidad; una conducta que tiende a paralizar el pensamiento y el debate, a la vez que encasilla en las absurdas y desgastadas categorías de amigos o enemigos a los que piensan diferente a lo permitido y por tanto se alzan como un nuevo obstáculo para la erradicación de la discriminación racial.
 
Sin dejar de reconocer el papel que están desempeñando en el debate algunos espacios emergentes de discusión, la complejidad del tema racial en Cuba obliga al debate público, donde, parafraseando a Víctor Fowler, participen todas las tribunas de opinión.
 
La discriminación racial constituyó y sigue constituyendo un serio obstáculo para compartir un destino común entre todos los cubanos. Por todo ello, la polémica suscitada por el artículo de Zurbano debiera convertirse en uno de los caminos para abrir la puerta al debate público y consensuar, entre todos, las posibles soluciones al irresuelto tema de la discriminación racial en Cuba. Una cosa es cierta: nadie tiene la verdad en sus manos, pero la podemos conformar entre todos. Lo que está claro, como demuestra nuestra historia, es que su erradicación no depende solo de la promulgación de leyes, que es lo que se ha hecho desde el nacimiento de la República hasta hoy, sino también de un análisis multidisciplinario acerca de su origen, desarrollo y tratamiento recibido, así como de los proyectos necesarios dirigidos a ese propósito.
 
 
Notas
  1. Cimarrones: esclavos prófugos de sus amos que hacían vida solitaria en el monte.
  2. Apalencados: comunidades estables de cimarrones ubicadas en lugares de difícil acceso a sus perseguidores (rancherías) conformada por varios bohíos y producciones para el autoabastecimiento.


Dimas Cecilio Castellanos Martí. (Granma, 1943).
Periodista independiente.
Licenciado en Ciencias Políticas (1975).
Diplomado en Ciencias de la Información (1985).
Licenciado en Estudios Bíblicos y Teológicos (2006).
Miembro del Instituto de Estudios Cubanos.