Debate Público

RETOS MÍNIMOS PARA EL GOBIERNO CUBANO EN EL 2018

Karina Gálvez Chiú | 16 Febrero, 2018

Foto tomada de Internet.

El próximo 19 de abril habrá nuevo gobierno en Cuba. No es posible que haya un nuevo gobierno y todo continúe igual. Siempre habrá cambio, aunque no sea como lo deseamos y necesitamos. Es cierto que el anuncio es nuevo presidente y no nuevo sistema, pero por pocos que sean, deben producirse algunos cambios que evidencien la frescura de lo nuevo, el paso por la historia de otras personas al frente de una nación. Y en un sistema donde nada funciona, precisamente porque la centralización, que concatena todo de forma dependiente, impide que un aspecto funcione cuando otro no lo logra, las cosas pueden suceder al revés: que por un pequeño cambio, todo lo que está concatenado, cambie irreversiblemente aun cuando no haya sido la voluntad del gobierno.

Por otra parte la crisis que sufre la economía cubana ya va siendo demasiado larga. Tal como va, el sistema socioeconómico y político cubano, no conducirá a una salida sostenible de la crisis sino, por el contrario nos lleva a la profundización de la misma. Los pronósticos para el 2018, expresados por Ricardo Cabrisas, Ministro de Economía y Planificación en el décimo período ordinario de sesiones de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, lo dejan entrever cuando destaca entre sus prioridades: “…producción de alimentos para satisfacer la demanda”, “sostenimiento del Sistema Eléctrico Nacional”, “…aseguramiento del cuadro básico de medicamentos”. La mayor parte de las previsiones son de sobrevivencia y no de verdadero despegue hacia el desarrollo. Por más que se alargue, una crisis siempre llega a su punto máximo, y en ese momento, los cambios son inevitables. La historia de muchos países lo recuerda. Solo que en este punto será mucho más difícil y más costoso emprender los cambios necesarios.

Esperamos entonces que el nuevo gobierno cubano esté constituido por personas que, como políticos, tengan aspiraciones de también pasar a la historia del país por hacer cosas distintas a sus predecesores y que para ello se esfuerce y se atreva a evitar que la crisis llegue a un punto no deseado.

Retos para el nuevo gobierno

En este esfuerzo la nueva administración cubana puede moverse en un amplio rango de cambios. Los ciudadanos que nos interesamos en que Cuba se convierta en una nación próspera, y en que la salida de la crisis no sea violenta o radical, ya nos podemos ir atreviendo a pensar y dar una opinión sobre lo que no puede faltar en un cambio propuesto por el nuevo gobierno después de 19 de abril, en el corto plazo, esperando resultados en el mediano plazo. Estos pueden ser algunos retos para empezar:

1. Diversificar el comercio exterior. No situar todo el comercio en un solo socio comercial. Esta ha sido la historia de la economía cubana durante casi 60 años: casarse con un solo socio comercial. A pesar de optar en el discurso por criticar la dependencia de Cuba de los Estados Unidos, el gobierno revolucionario ha pasado por varios socios comerciales que han tenido casi el monopolio de nuestras relaciones exteriores, cada uno en su época: URSS, Venezuela, China. Los resultados no hace falta comentarlos: una economía dependiente y en depresión la mayoría del tiempo (aunque los números no siempre lo expresen) y una crisis profunda de la cual no conseguimos salir. El nuevo gobierno cubano debe cuidar que la diversidad aumente en nuestras relaciones exteriores, intentando no subordinarlas a cuestiones políticas. El hecho de que el nuevo principal socio comercial sea Europa, no debe hacer a los nuevos gobernantes, confiarse y no gestionar nuevas relaciones o el mantenimiento y aumento de las que ya existen. La diversidad es el secreto de la estabilidad.

2. Encontrar en qué ceder en la negociación con los Estados Unidos. Es importante que en una nueva etapa, los logros ya alcanzados no vuelvan atrás. El camino que se ha recorrido en el restablecimiento de relaciones con los Estados Unidos, debe ser mantenido si queremos normalizar nuestras relaciones exteriores. Ha sido un camino en que la parte cubana se ha mantenido muy cerrada. Un proceso de negociación necesita apertura de todas las partes. Hasta el momento Cuba no ha cedido en nada. Es hora de que se disponga el nuevo gobierno a poner sobre la mesa de negociación, aspectos en los que esté dispuesto a cambiar. De todas formas, tendrá que hacerlo por otros motivos y puede ser mucho menos ventajoso hacerlo por presión.

3. Desembarazarse de los lineamientos como una camisa de fuerza. Los lineamientos de la política económica y social, aprobados por el VI Congreso del Partido Comunista ya han demostrado que son inoperables en la práctica, unos, e imposibles de aplicar, otros. No debe resultar una camisa de fuerza para el próximo gobierno en Cuba. Tampoco es bueno volver a hacer otra lista de “líneas” a seguir. Ya se produjo en el VII Congreso del PCC una “actualización de la actualización del modelo”. El nuevo gobierno necesita proponer leyes diferentes y que cambien la esencia del funcionamiento económico, discutirlas y aprobarlas a la mayor brevedad para que se mueva la economía y como consecuencia aumente la esperanza y las expectativas en la población, que a su vez generen acciones beneficiosas para cada uno y para el bien común. Leyes que se basen en experiencias internacionales, cuya eficiencia ya está probada. Libertad de iniciativa privada y de empresa son algunas de las más urgentes.

4. Aceptar la diversidad y la inconformidad ciudadana. Está reconocido por las autoridades que existen descontento e inconformidades en la población que no se arreglan con respuestas casuísticas en la prensa en las cuales siempre alguien asume la responsabilidad individual. Es necesario que la gente cambie la desesperanza y la desidia actual para que podamos trabajar juntos en el mejoramiento de la sociedad. Ya no bastan discursos que continúan exigiendo resistencia y sacrificio. Cuba no es una sociedad uniforme o donde solo una exigua minoría está inconforme. Todos queremos un cambio. En mayor o menor medida, de una u otra forma, pero escasean los cubanos que creen que nada debe cambiar aquí. Pues es un reto para el nuevo gobierno escucharlos de verdad y cambiar. No es saludable para la nueva administración ignorar la diversidad que ya va siendo cada vez más explícita. La libertad de prensa y de asociación pudieran resolver esta situación.

5. Entrar en el juego internacional. Continuar en el aislamiento que sufrimos hace casi 60 años es un boleto seguro a la perpetuación de la crisis. Necesitamos integrarnos a los organismos internacionales. Es cierto que debemos aceptar exigencias, pero también tendremos sus beneficios. Es la convivencia internacional, que como toda convivencia implica una tensión entre exigencias y entregas. Si el nuevo gobierno cubano decide continuar cerrado a la convivencia internacional en los diferentes organismos e instituciones, la crisis continuará su profundización y al final terminaremos más dependientes de ellos de lo que quisiéramos. Integrarnos poco a poco al juego internacional, nos hará más fuertes y nos dará mejores oportunidades de acceso a la riqueza mundial.

Decisiones como estas, harían a muchos pensar que de verdad hay un nuevo gobierno en Cuba. Por supuesto que no deben ser las únicas. Se necesitan muchas más para que se pueda hablar de un cambio profundo. Aunque estas pocas serían una buena arrancada hacia la meta de la prosperidad y la estabilidad. Recordemos que un pequeño cambio puede producir la necesidad de otro, y otro, y otro… Serían un buen criterio para evaluar el desempeño de un gobierno cubano que pasaría a la historia por lo menos, como el que facilitó que, después de 60 años de inmovilismo y crisis, Cuba resurgiera y emprendiera el camino que nunca debió haber dejado, de la democracia y la prosperidad económica, con una verdadera justicia social.

 


Karina Gálvez Chiú (Pinar del Río, 1968).
Licenciada en Economía.
Fue responsable del Grupo de Economistas del Centro Cívico.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de la revista Convivencia.
Miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Convivencia (CEC). Cuba.
Reside en Pinar del Río.