Debate Público

Cuba, febrero 2018: un ejercicio de prospectiva

Elías Amor Bravo | 20 Diciembre, 2017

Foto tomada de Internet.

Febrero de 2018. Por primera vez en casi 60 años, habrá un cambio de apellidos en la cúpula del poder en Cuba. Un acontecimiento singular, que abre notables expectativas de cambio democrático en la isla, pero que conviene valorar con prudencia, a partir de la experiencia reciente y la situación que se espera.

Este trabajo se sitúa en una metodología prospectiva para analizar en qué situación se puede encontrar Cuba en dicho momento.

La fotografía del instante no será nítida. Cualquiera que sea el sucesor recibirá un poder transferido, delegado, que no tiene la misma fuerza que el poder que emana de un acto disruptivo, como fue la revolución.

Algunas precisiones iniciales

Actualmente, el poder político en Cuba está integrado por tres grupos.

El primero está formado por los sectores empresariales orientados a los negocios internacionales y las divisas, bajo control absoluto del ejército. Ejerce un cierto control sobre las principales decisiones relativas a la economía. Este grupo aspira a mantener sus prerrogativas y obtener beneficio de los negocios internacionales vinculados a la inversión extranjera. No obstante, tiene un margen de maniobra limitado porque las reformas ideológicas necesarias (propiedad privada, privatización de empresas estatales) no se habrán implementado y presenta problemas estructurales de financiación.

La razón de que tales decisiones reformistas no se implementen se encuentra en el segundo grupo de poder, que sirve de cimiento al régimen. Este grupo, muy poderoso e influyente, lo integran los dirigentes del sector presupuestado, empresas estatales, comités de defensa, las asociaciones de masas que no tienen acceso al núcleo de poder económico, pero que están unidos por fuertes lazos de permanencia y un sentimiento de defensa del sistema político heredado.

Este grupo presionará por el mantenimiento de la ortodoxia y, precisamente, por su organización y penetración en las estructuras del Estado, tendrá mucho que decir a partir de febrero de 2018. Es la clave de bóveda y la ideología del sistema. Exigirá responsabilidades y reivindicará el mantenimiento del statu quo.

El tercer grupo de poder, también de índole económica, se encuentra formado por el medio millón (tal vez más) de trabajadores por cuenta propia e independientes de la economía estatal y del sector presupuestado. Un grupo con intereses bien definidos, que tratará de canalizar sus reivindicaciones de mayor libertad económica, espacios más abiertos para sus actividades, mayor número de licencias, en suma, más economía de mercado. Se trata de un grupo de poder reciente, pero poco articulado y organizado, al que se empieza a tener en cuenta (protestas de boteros, vendedores callejeros, etc.) pero que es objeto de represión y control por la policía política. En la defensa de sus intereses y demandas económicas, podrán conseguir algún apoyo puntual del primer grupo de poder, pero solo cuando este vea que sus intereses no se vean afectados.

En tales condiciones, la correlación de fuerzas entre estos tres grupos será un factor a tener en cuenta después de febrero de 2018 y condicionará el estado y nitidez de la imagen que se pretende obtener de los actores políticos y económicos.

La economía

No es difícil concluir que el estado de la economía será mucho peor que el actual. La recesión, ya anunciada a finales de 2016, se habrá agravado durante todo el año 2017, por la ausencia de motores externos (petróleo de Venezuela, venta de servicios profesionales en el ALBA) y el fracaso/ralentización de las políticas establecidas en los llamados “lineamientos” en el ámbito interno. Además, la acción devastadora del huracán Irma se encarga de hacer las cosas más difíciles aún.

El pronóstico se acercará a la realidad que es objeto de preocupación en los diferentes organismos estatales, sobre todo entre las empresas de producción, una buena parte de ellas corre peligro de cierre parcial o temporal, sobre todo las productoras de cemento y de materiales para la construcción, con su influencia negativa sobre proyectos en ejecución.

La dureza del ajuste del gobierno para afrontar la crisis iniciada en el segundo semestre de 2016, como el ahorro de combustible evitando su desvío hacia el mercado negro y las nuevas disposiciones gubernamentales dirigidas a reforzar el control de los hidrocarburos, ha supuesto un grave perjuicio al cumplimiento de los planes productivos en las empresas estatales y un aumento del malestar de la población. La decisión política de no trasladar a las familias el coste del ajuste, ha significado que sean las empresas y los organismos del sector presupuestado los que tengan que afrontar un escenario más complejo.

A pesar de ello, los analistas anticipan además aumentos muy destacados de los precios del petróleo tanto para el sector estatal, donde se cotiza a solo 0,83 centavos de CUC el litro, como para el consumo privado, y con ello, serán muchos los servicios afectados, entre ellos los relativos al transporte público de viajeros. Además del déficit de combustible, la intensa sequía anuncia notables adversidades para la gestión económica que harán mucho más compleja la situación interna.

Los pronósticos apuntan a que los problemas serán especialmente graves a partir del verano de 2018, cuando la situación se pondrá más difícil. Las previsiones probablemente no se van a cumplir y el recurso a culpar a la sequía (en este caso al huracán Irma) y el embargo de todos los males, se puede ver afectado por el deficiente comportamiento de las inversiones extranjeras, que obedece a otro tipo de razones. El turismo, posiblemente afectado por el giro de las relaciones con Estados Unidos, ha vuelto a confirmar que la economía no está, a corto plazo, preparada para asumir una avalancha de visitantes que, impactados por un servicio deficiente, no repetirán, lo que puede significar un daño para el futuro del sector.

La dureza de la crisis podrá incidir, aunque el gobierno no quiera reconocer, en el posible regreso de apagones, la falta de agua, la mayor carencia de alimento, las colas en las gasolineras que algunos atribuirán a los efectos del huracán. En algunos barrios de La Habana la gente empieza a perder el miedo y comienza a hablar en términos poco favorables sobre los gobernantes y la urgencia de un cambio político. El sucesor quedará marcado por este escenario.

El temor a lo que pueda ocurrir en lo económico es un clamor bastante extendido. En muchas empresas, los trabajadores reciben mensajes en esa línea, sobre todo cuando durante algunos días no se trabaja porque se tiene que ahorrar electricidad, o agua, por el incumplimiento en el suministro de las materias primas, y demás avatares del día a día en la economía de planificación central.

Los indicadores de variación del PIB se están acercando peligrosamente a lo que los cubanos califican como “período especial”, sin que las inversiones extranjeras, las remesas de las familias en el exterior o el turismo sirvan para aportar recursos financieros a una economía maltrecha por los efectos de Irma, en la que, previsiblemente, el déficit público se descontrole, muy por encima del 7,5% anunciado en los presupuestos de 2017. Ante un escenario como el descrito a nivel macro, los problemas a nivel micro aumentarán.

Al escasear los recursos financieros, las empresas estatales ineficientes que producen bienes y servicios para el interior, así como el descomunal sector presupuestado, no podrán asumir sus compromisos de pago generando tensiones en todos los escalones y rúbricas del sistema. La parálisis productiva podrá afectar a trabajadores de las empresas estatales que pueden quedar en la categoría de trabajadores interruptos, cuando no disponibles. El control de pagos por el Banco central impedirá el normal retorno de beneficios a las centrales de las empresas extranjeras establecidas en la isla.

Los precios de los alimentos aumentarán, conforme el régimen reaccione con la única práctica que conoce, los topes. Los salarios no podrán llevar la misma dinámica. La caída del poder adquisitivo se verá agravada por el deterioro en los servicios educativos, sanitarios y sociales de unos presupuestos afectados por una menor recaudación de ingresos conforme la economía se desploma.

La escasa producción de alimentos disponibles se destinará al sector turístico, dejando los mercados agropecuarios desatendidos. El racionamiento en las tiendas estatales aparecerá como el recurso final. La doble moneda en circulación provocará grandes pérdidas en las empresas estatales. La propaganda oficial volverá a cargar toda la responsabilidad de lo ocurrido al bloqueo. Los niveles de malestar social podrían aumentar de forma muy significativa.

Con la economía desequilibrada y en recesión, acercándose a uno de los peores escenarios desde comienzos de la década de los años 90, el sucesor de Raúl Castro tendrá que afrontar retos formidables que pondrán a prueba su capacidad de gestión. Cabe suponer que, en buena medida, su éxito y capacidad para gestionar en el poder dependerán de la marcha de la economía. Un sucesor de perfil tecnocrático podría tener muchas más dificultades políticas. Por ello, el análisis de las tendencias económicas cobra especial importancia en este pronóstico de lo que puede ocurrir a partir de febrero de 2018.

La situación política

El escenario político del país habrá cambiado poco o muy poco. La pedagogía relativa a los “derechos humanos” del régimen continuará tratando de contrarrestar la presión externa. Cabe suponer que la dirigencia ideológica comunista mantendrá la misma posición. La Cuba oficial, comunista y estatal, seguirá mostrando una imagen bien distinta de la Cuba real, y tal vez cabe suponer que la propaganda aumente en cantidad e intensidad.

De lo que no existe la menor duda es que la represión contra la sociedad civil habrá aumentado de forma muy significativa, y se irá especializando y adaptando a las características personales de cada uno de los dirigentes. El respeto a los derechos humanos seguirá siendo cuestionado, en tanto que en los foros internacionales, el régimen puede empezar a cosechar críticas por sus prácticas.

Un cierto agotamiento en las cancillerías occidentales con el comportamiento represivo secular del gobierno cubano puede acarrear alguna condena, lo que llevará al régimen a orientarse más hacia el tercer mundo. Estos hechos, sin embargo, unidos al creciente malestar económico de la población, no van a frenar la participación creciente de más ciudadanos en los grupos de oposición a pesar de los riesgos inherentes.

Amnistía Internacional (AI) que se ha mostrado especialmente activa ha saltado en el mes de marzo con duras acusaciones al régimen sobre las restricciones a la libertad de expresión en Cuba.

El Código Penal Cubano, de marcado carácter totalitario, continúa manteniendo delitos relativos a transgresiones como desacato, resistencia y desórdenes públicos que siguen siendo utilizados frecuentemente para reprimir las libertades de expresión, de reunión y de asociación.

El heredero encontrará dificultades para desplegar la violencia policial hacia los grupos disidentes. Y puede que de hacerlo, arrecien las críticas internas y sobre todo, las internacionales. La apuesta por el sucesor dependerá de su capacidad para navegar en estas aguas turbulentas.

La política de la administración Trump hacia Cuba

Era una incógnita que se ha despejado. La Administración Trump ha decidido poner fin a la línea abierta por Obama sin modificar los aspectos legales del embargo. La crisis de las embajadas ha obligado al régimen a dar una respuesta que rompe el statu quo previo. Nada volverá a ser igual, a pesar que Cuba necesita de EE.UU. las divisas que le permiten ajustar su déficit comercial estructural. Las expediciones comerciales no han dado los resultados pretendidos porque Cuba carece de recursos económicos para hacer operaciones mercantiles. Mucho ruido, pero pocas nueces.

En medio de ello, la demoscopia ha empezado a hacer su trabajo. Una encuesta de opinión pública cubana realizada en la isla a fines del año pasado por la organización independiente NORC de la Universidad de Chicago encontró que la mayoría de los ciudadanos cubanos daban su aprobación a la normalización de relaciones entre EE.UU. y La Habana, y una amplia mayoría deseaba un aumento de turistas y la ampliación de la propiedad privada de negocios.

La encuesta realizada a una muestra de 840 personas, con entrevistas en persona a adultos en toda Cuba durante los meses de octubre y noviembre del año pasado. Su margen de error era de más o menos 3,8 puntos porcentuales concluía que un 55% de los entrevistados afirmó que las relaciones normales con Estados Unidos beneficiarían al país. Además, entre los cubanos de 18 a 29 años, los más jóvenes, el porcentaje aumentó al 70% y ocho de cada diez encuestados opinaron que se debería ampliar el turismo a Cuba.

La encuesta refleja una compleja realidad: los cubanos se muestran pesimistas acerca del manejo gubernamental de la economía a la vez que apoyan la mejora de las relaciones con Washington y esperan una mayor privatización.

Estos datos, y otros no conocidos, no han ejercido influencia alguna en la posición del presidente Trump hacia Cuba, que ha puesto fin a la apertura iniciada hace dos años y medio durante la presidencia de Obama con la restauración de las relaciones diplomáticas y la gran expansión de los viajes de estadounidenses a la Isla.

La balanza se inclinó por los detractores de la política de Obama, tanto en Estados Unidos como en Cuba, ya que Trump restituyó parcialmente las normas restrictivas anteriores. Desde la distensión de diciembre de 2014, el número de estadounidenses que viajaron a la Isla casi se ha duplicado cada año. Los detractores dicen que el ingreso adicional financia un sistema unipartidista represivo sin beneficiar al común de los ciudadanos. Al mismo tiempo, miles de pequeñas empresas privadas tales como alojamientos y restaurantes permiten a muchos cubanos ganarse la vida independientes del Estado. En tales condiciones, el resultado final puede ser difícil de estimar.

Los cubanos entrevistados afirman de forma mayoritaria que el turismo “hace que suba la economía del país, pero parece que todavía es muy deficiente porque en el pueblo no se ve el alza del nivel de vida. Todo sigue igual”, además, el 46% dice que el rendimiento económico de la Isla es pobre o muy pobre y la situación económica no ha cambiado significativamente en los últimos tres años. Casi todos coinciden en que más turismo sería bueno para la economía, y casi nueve de cada diez dicen que habría más empleos.

Subsisten dudas sobre el papel que puedan desempeñar, en esta coyuntura, aliados potenciales del régimen como Rusia o China y Vietnam. Incluso, la Unión Europea puede continuar a remolque de los acuerdos ya firmados o cambiar su posición, teniendo en cuenta el entorno convulso de los próximos meses. La conclusión que cabe obtener es que el sucesor de Castro tendrá mucho menos margen del exterior para negociar su posición y continuidad.

El flujo de salida al exterior continuará

Los cubanos que han perdido la fe en posibles cambios seguirán abandonando la isla. Las restricciones anunciadas por EE.UU. tras la crisis de las embajadas volverán a activar las salidas por otros destinos. La desesperación de los cubanos y la pérdida de confianza en el régimen es tan grande que su único objetivo es abandonar el país. Posiblemente, en menor medida que en los últimos años, tras la suspensión de la política de “pies secos, pies mojados”, pero aparecerán otras vías de salida. El estado es ahora el que asumirá el liderazgo en las salidas al exterior como instrumento para la captación de divisas a partir de la venta de servicios internacionales médicos y educativos. El resultado es que el flujo de salida al exterior se mantendrá, reforzado por motivos institucionales.

La recaudación por este concepto, según estimaciones de 11.000 millones de dólares anuales, es un factor de reequilibrio de las cuentas externas y un medio de evitar suspensiones de pagos estructurales.

La salida de cubanos al exterior tiene su contraparte en el alivio de la situación financiera interna con el envío de remesas a las familias.

Esto se encuentra, igualmente, relacionado con el destino que se puede dar a esos fondos en Cuba. Prácticamente gasto corriente y atención de primeras necesidades de alimentación, ropa, vestido y comunicaciones. Nada favorable para la construcción de capital social.

El heredero deberá afrontar un escenario de envejecimiento acelerado de la población, que, en ausencia de movimientos migratorios inversos, es uno de los aspectos más preocupantes a medio y largo plazo para la isla, por lo que supone de empobrecimiento, menor productividad y crisis de gasto social, que sigue sin ser atendido por las autoridades.

La inversión extranjera limitada por la maraña burocrática

Cuando alguien arriesga su dinero, quiere capacidad de decisión. Esto es algo que se debe incorporar a la legislación de inversiones extranjeras, pero que tampoco garantiza la llegada a la isla del capital. Se deben presentar otros factores económicos, tecnológicos, financieros, sociales que no se observan por los analistas de riesgos. La competencia de otros países del Caribe cerrará el paso a numerosos proyectos en la Isla.

El sucesor tendrá que negociar nuevas ampliaciones de plazos para la devolución de la deuda viva, e intentar el acceso de Cuba a los mercados de capitales. También deberá encontrar una solución para la gran apuesta del Mariel y abrir nuevos espacios al margen de la llamada “cartera de proyectos”. No será fácil, si previamente no se produce la integración de Cuba en los foros internacionales (FMI, Banco Mundial, etc.) paralela a la solución del contencioso del embargo.

¿En qué queda todo?

Febrero 2018 será un momento especialmente difícil. Los acontecimientos descritos hacen presagiar que el tramo final de mandato será especialmente complejo y difícil. El legado que recibirá su sucesor será especialmente envenenado.

Los tiempos cambian, las personas y los sistemas políticos también. Reconocer el fracaso del modelo y poner el contador a cero exigirá grandes sacrificios, que posiblemente tendrán iguales apoyos en el exterior. La sociedad occidental quiere a Cuba democrática, libre y plural formando parte del concierto de las naciones, del que nunca debió separarse. Liderar el cambio no será fácil con la correlación de poderes descrita, pero tal vez alguien piense en que vale la pena intentarlo. Y lo haga.

Las transiciones a la democracia que conozco, la española, la de numerosos países del Este de Europa, comenzaron de ese modo, tan simple como a partir de una decisión valiente y comprometida.

 


Elías M. Amor Bravo.
Analista cubano y especialista en formación profesional y empresarial.
Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales.
Máster en gestión pública directiva.
Director de la Fundación Servicio Valenciano de Empleo.
Director general de formación y cualificación profesional.
Miembro del Consejo Académico del Centro de Estudios Convivencia.
Reside en Valencia. España.