Debate Público

Desgaste de conceptos

Eladio Guillermo Hernández Rivera | 18 Octubre, 2017

Foto de Orlando Luis Pardo Lazo.

Al reconocer cualquier Filosofía, el desgaste de conceptos constituye uno de los criterios más importantes en aras de resguardar la inmanencia y/o trascendencia que distingue esa categoría más general del saber humano; a la cual justamente se contrasta la ciencia, por su validez solo en el ámbito de determinada disciplina, objeto, métodos, campos, etc.

Ante tales criterios, el Marxismo parece mejor justificado dentro de las ciencias políticas que como aporte a la Filosofía porque la mayor parte de la Humanidad escapa a sus lógicas clasistas, inoperantes para explicar el desarrollo histórico-social previo a las diferentes etapas de la globalización occidental.

El mismo Marx las apuntó en sus trabajos bajo denominaciones como zonas bajo “modo de producción asiático”, o de “desarrollo independiente truncado”, dejando sosegadamente esclarecido el carácter eurocéntrico de su enfoque1.

Cuando sus teorías resultan analizables en la vida social entre diferentes culturas, la experiencia ya refiere marcadas relaciones. Los efectos de paradigmas básicos en sus soluciones, como la propiedad colectiva sobre la tierra y demás medios de producción, se tornan premisas de desdibujamiento de límites entre lo privado y lo público, que como tendencia conducen a diversas modalidades de corrupción, capaces de provocar el colapso social si su impacto incontrolable desde lo económico, se expande a lo académico, pedagógico, artístico… en tránsito hacia lo creativo en lo vital.

Sin embargo la palabra “Filosofía” en la Cuba del hoy aún, es considerada un cuasi-sinónimo de “Marxismo”. La universidad cubana no solo ha adolecido de mínimas condiciones propicias para el desarrollo de una visual propia hacia la Semiótica como núcleo de una filosofía auténtica y cercana a nuestras realidades geográficas, históricas y culturales; como a otras escuelas filosóficas de referencia global. Tampoco para el logro del más efectivo y necesario impacto en su realidad social.

Invertidos los roles, la Semiótica es actualmente percibida en Cuba como una especie de influencia extranjera, relacionada con élites en los centros de poder a escala global desde donde, a nuestro peculiar “paternalismo” parece que nada espiritualmente sano puede salir para el “desdichado” Tercer Mundo, o para el sufrido “proletariado”.

Sorpresivamente, personalidades muy influyentes entre varias de esas corrientes teóricas globales abiertamente han reconocido su inspiración en la obra de importantes intelectuales cubanos, mientras los trabajos actuales derivados hacia estos temas en el pensamiento de la Nación yacen “olvidados” en los archivos de los centros de educación e investigación sobre nuestra cultura.

A la armonía de criterios impuestos en los últimos decenios en la “mediosfera” criolla intentar su rescate parece una especie de pecado, como si fuese posible detener el flujo de procesos básicos para el desarrollo del ser o la vida cultural y material. El marxismo incluso “flexibilizado” como filosofía tiende a frenar el diálogo epistemológico que indetenible, siquiera mediante acciones restrictivas, modulable de manera consciente y creativa, continúa su avance en el mundo.

En cuanto se trata de romper la inercia de inmediato comenzamos a sentir la naturaleza y dimensiones del problema.

Tomemos un proyecto tan importante como el que se desarrolla en el llamado Casco Histórico de La Habana, cuya inevitable socialización, como era lógico esperar, tiende a activar contenidos de nuestro subconsciente colectivo histórico a la manifestación de manera casi inmediata como uno de los escenarios más visibles de esta problemática en la práctica.

Entre sus expresiones “fabricó” una especie de neo-población de cubanos disfrazados a la usanza de la Cuba Colonial del siglo XIX, buscando en difíciles condiciones su sustento diario y tratando de armonizar, como fuese posible un espacio para la integración en el renovado entorno. Esas personas, significativamente no gustaban de ser retratadas a rostro descubierto, manifestando vergüenza porque apareciesen sus fotos publicadas en internet, requerían se les pagara en compensación y reaccionaban a los lentes de las cámaras con cierta hostilidad, reacciones que afectaron incluso a algunas obras recién restauradas.

El rescate “histórico” que incluye denominaciones coherentes de la época colonial en comercios, instalaciones, productos, ilustraciones, carteles, gigantografías, etc. vincula presupuestos de rescate histórico patrimonial y económico generado mediante la recaudación de divisas entre el turismo.

La actitud ciudadana aunque modelaba aristas de un patrón histórico-económico, que evidentemente no pasó desapercibido; se ha ido eclipsando; evidentemente a la reacción de las autoridades.

Esta especie de “golpe blando” a lo cubano, donde el entorno, como mediación resultó capaz de modular sensibilidades, pensamientos y actitudes, sumaba la falta de representación de importantes componentes culturales no europeas de nuestro pueblo que deberían considerarse más allá de los museos, en el espacio público. Faltaba incluso la necesaria coherencia con los paradigmas de la “clase obrera” en el poder que promueven los centros de enseñanza a todos los niveles.

Un punto donde con licencia del Señor Walter Martínez cabe tomar prestada de su “Dossier” la frase célebre del “corazoncito a la izquierda y la carterita bien apretada a la derecha”, como paradigma de los nuevos tiempos a cuyos portales nos asomamos en Cuba como adolescentes aún, sin las bases necesarias para articular el discurso y la preparación del legítimo heredero y consumidor fundamental de nuestro patrimonio en la “era del mercado”: el ciudadano, en toda su diversidad.

Cuando se trata de colocar a la altura de esos “estándares” internacionales nuestra cultura, las estrategias de desarrollo personal e institucional ya no pueden construirse al margen de la Semiótica ni para bien, ni para mal. Al son de los credos de lo que se considera nuestra “filosofía”, la Semiótica nos parece una especie de peligro y ciertamente supone cierta “indisciplina”. Pero es necesario el tal “atrevimiento” de pensar con independencia en cualquier contexto, que, cuanto más polarizado y dominante, resulta más necesario. Sobre todo a la hora de imaginar, al menos, cualquier movimiento realmente emancipador, algún acto realmente creativo o una actitud verdaderamente científico-investigativa. Inclúyase, para un proyecto económico realista.

El hombre crece en ese agenciamiento de nuevas mediaciones. Necesariamente debe adoptar nuevas, crear o re-significar conscientemente la simbología de su entorno, para superar secuelas de procesos culturales previos, y/o para expandir sus conocimientos, habilidades, capacidades y sensibilidades. Alternativamente solo es possible continuar reproduciendo, copiando, consumiendo… modelos ajenos acríticamente, de lo que invariablemente se sustentará la dependencia.

No es posible avanzar en la formación estable de ciudadanos e instituciones sin una verdadera filosofía.

En la esfera del trabajo por cuenta propia, otro ejemplo, un somero análisis sobre estas bases muestra similares carencias. Esta vez se trata de un contexto legal. La Ley 113, rectora general de la actividad económica de los cuentapropistas, legaliza un sistema impositivo basado únicamente en los ingresos del contribuyente, sin la exhaustiva consideración de sus gastos. Estos son asumidos arbitrariamente en el orden del 25% de los ingresos en lugar de ser certificados debidamente como parte de un sistema contable que cualquier gestor serio lleva siempre con agrado y necesita para conocer exactamente la rentabilidad de su negocio.

La Ley “supone” un 75% de utilidades en toda gestión según la base de cálculos establecida para los impuestos que oscilan escaladamente entre el 10 y hasta el 50% según el monto anual de los ingresos oscile a partir de 10 000 hasta más 50 000 pesos. Una rentabilidad bien “difícil” de lograr en buenas prácticas. Siquiera incrementando arbitrariamente el precio del producto o servicio que se oferte, pues con ello solo crecerían los ingresos y consecuentemente los impuestos, con lo que se entra en un círculo vicioso.

El significado social de dicha ley por tanto tiende a estimular socialmente una gama de fenómenos: -la “alteración” de la declaración fiscal, -la “reducción de gastos” mediante su recargo al cliente o -al abuso del negocio para el lavado de dinero proveniente de “otras actividades”… sin demasiada imaginación doquier están los resultados de nuestro “tino” en la “fabricación” de “ciudadanos” desde el entorno “legal”.

A la carencia de una Filosofía guía aparece todo género de enfoques ideológicos improvisados, no pocas veces verdaderos aportes a la ya de por sí copiosa obra de Marx. Intentos de adaptación que solo generan contextos de ambigüedad e inestabilidad en el flujo cultural interno y externo. Por una parte intentando lograr una unidad formal o integración basada en un concepto identitario generalizante que tiende a negar la necesaria diversidad de lo cultural, incluso a suplantar una cosa por otra en el campo de las humanidades o a ideologizar cuestiones puramente técnicas o administrativas.

Estamos arribando puntos críticos gracias a limitaciones generadas por nosotros mismos que nos arrebatan la iniciativa para la solución empírica de nuestros problemas.

Burdas manipulaciones mediáticas ya gastadas como el juego con las denominaciones que ampara nuestra era de la desinformación, el “globismo”, o cualquier otro medio ha sido mejor que el ejercicio del pensamiento crítico de accionar creativo ciudadano. Todo ello unido al abuso de las redes “sumergidas” para influir la opinión, acción y represión, nos ha llevado a una percepción del mundo a través de etiquetas como “periodo especial” en vez de “crisis económica”, que calan incluso el leguaje popular de expresiones como: “dijo lo que dijo”, “se puso como se puso”, “meter el pie”, “luchar en vez de robar o trabajar”…

La Semiótica concede ese don-reto incómodo que lleva frecuentemente a manejar criterios desemejantes, incluso chocantes con el imperio de la unanimidad pero constituye la única vía para dar alcance a la ambiciosa creatividad de todo el absurdo mediatismo que las sociedades posmodernas nos siguen proporcionando cada vez más agresivamente con independencia de los matices ideológicos.

Es el contrapeso justo a la indefensión ciudadana ante esas industrias mediáticas, sin dudas excelentes, para generalizar nociones sobre el ser, el sentir, el saber, el hacer, la cultura, la identidad, la institucionalidad y hasta el gusto, la ética o la percepción, que nos trituran acríticamente desde la niñez en paquetes donde no faltan los “olvidos” necesarios para hacer de su consumo algo casi natural o incuestionable.

El empleo, la institucionalidad, el periódico, el descanso, la recreación, los modos de vida o el “know how”… todo absolutamente, funciona sistémicamente como medio discursivo de disciplinamiento social más o menos sutilmente solapado, que por lo general atribuimos solo a los medios de comunicación cuando en realidad estos son los de menor peso, sutileza y tangibilidad. Esa visión emana precisamente del roll de conectivo intercultural permanente y explícito que fundamentalmente la prensa juega o debe de jugar.

Las mediaciones incluyen no solo lo que Marx describe como “medios de producción”. Ellas devuelven fundamentalmente un significado cultural de máxima influencia social, no solo mercancías, fetiches y ciertas dosis de poder. El elemento más importante de todos es precisamente ese producto cultural modelador intrínseco, que podrá escamotearse entre nuestros paradigmas “filosóficos” pero no por ello dejará de percibirse socialmente. El significado que no solo que escapó a los gestores de la Ley 113, o del proyecto Casco Histórico, sino que casi aparece también “refrendado” en la acepción de “cultura” casi como sinónimo de arte o diversión que sugiere la Constitución.

Su peso crece a la hora de lidiar a lo interno como a lo externo con las diferencias culturales, que se fabrican desde esos mismos mecanismos de control entre diversos sujetos sociales, generadores de nuestros actuales fundamentalismos hegemónicos, naciones estados, culturas, religiones e ideologías y sus interacciones.

El fenómeno, subestimado por Marx, luego abordado por Gramsci2, entre los teóricos del Marxismo no llega a la necesidad del ejercicio consciente del deber y derecho ciudadano a la participación no como consumidor acrítico de mediaciones ajenas, sino como participante activo epistemológicamente. Se omite que esas mismas diferencias terminan a la larga imponiendo al ciudadano el máximo costo de los conflictos originados desde esas sutiles conexiones culturales que en caso contrario solo expanden nuevas formas de colonialidad o dominación.

La tendencia a aceptar acríticamente mediaciones no es fenómeno exclusivo de la cultura popular, como lo hemos palpado en el agenciamiento de modelos de gestión económica, cuerpos legales o filosóficos. Su desconsideración al agenciamiento de productos y tecnologías supone igualmente importantes consecuencias que no se deben pasar por alto.

El desarrollo de la industria del plástico sin el paralelo perfeccionamiento de la industria de reciclaje se está convirtiendo en factor de crecimiento explosivo de los índices de contaminación en nuestro entorno natural.

El desarrollo de la informática y las comunicaciones nos conectan cada vez más directamente con las realidades del mundo y con todo género de interpretaciones sin la debida preparación.

Muchos son los cambios que están trayendo cuestiones relacionadas a las conexiones culturales a la agenda crítica que escapan a la previsión y solo emergen en etapa de crisis cuando eran perfectamente previsibles.

La Semiótica está llamada a jugar un papel fundamental a la hora de impregnarnos conscientemente de otras formas de pensar, hacer y sentir para la formación de criterios sólidos de percepción, evaluación y creación de soluciones a nivel individual, social e institucional.

En el momento de afrontar las propuestas culturales que significan una mayor conectividad con el mundo, no solo con los Estados Unidos, hacia lo que sin dudas deberemos seguir avanzando. Escasa contribución podemos hacer al entendimiento desde una crítica prejuiciada como la que censura al presidente Obama por supuestos “olvidos” de la “Historia”, como a Trump por desconocer la historia como se imparte en nuestras escuelas.

La historia es un elemento importante de los ante-citados mecanismos modeladores. La historia que enseñamos en Cuba aún comienza ensalzando a Roma, aún hasta sin proponérselo enaltece al europeo “descubridor”. Omite enseñar que fueron nuestros abuelos colonizadores hispanos los seres más colonizados que pisaron nuestra tierra y que el ser humano colonizado es capaz de cualquier atrocidad. Que por ello no cabe guardar odio ni rencor, sino intentar conquistar la libertad que verdaderamente importa, la que tenemos que ganar dentro primero, con ello basta para no perderla fuera nunca más.

En las actuales condiciones de acceso a conexiones instantáneas hasta lo global, ninguna de las presuntas necesidades en que se argumentan para sustentar el enajenante ordenamiento social actual a diversos niveles es justificable.

La Semiótica no ha de seguir siendo instrumento de mera estetización para disfrazar los efectos de nuestra inmadurez para el diálogo, ni de enmascarar nuestros errores. No debe ser “domada” como herramienta para la elaboración de refinados artificios subversivos, entretenidos, divertidos, sorprendentes, cosquilleantes, efectista y hasta hechizantes o todo ello a la vez, ni para modular sobre cualquier contenido parcializado, egoísta o banal o para ganar dinero a expensas de la ignorancia de los demás.

El legado de Peirce es también la promesa de retomar nuestras verdades y desaprender la herencia de desequilibrios en la balanza hacia la razón, esa es su esencia.

Las alternativas para la asimilación constructiva de ese discurso diverso y seductor más visible que se nos avecina ya no es posible desde nuestros hábitos de dependencia o fuerza, aislacionismo o censura. Tampoco es ya posible continuar copiando acríticamente modelos de desarrollo ajenos.

La mirada debe fijarse en superarnos para afrontar el reto de los “bandazos” entre esos paquetes culturales sin perder el equilibrio. Ello dependerá de nuestra capacidad para el debate, el diálogo, la crítica, la participación y la cohesión social, y sobre todo de la preparación que seamos capaces de dar a nuestros ciudadanos. Ante las cambiantes condiciones del mundo, cualquier espacio virtual, físico, institucional o representativo, es estéril a la falta de esos espacios epistemológicos, dentro de nosotros mismos, que nos aporten la amplitud y flexibilidad visual necesaria para el debate abierto de los problemas.

La era de los tediosos “paquetes” culturales oficiales o alternativos, como la era de los “teques” debe dejar paso a la del derecho ciudadano a dar por sí mismo la lectura más amplia positiva e independiente a todas esas propuestas diferenciadamente. Solo así podremos desarrollar la fortaleza y capacidad de integrarnos y comprometernos con instituciones, proyectos y soluciones propias, válidas sobre bases amplias de conocimiento y realismo, que permitan desterrar juntos prejuicios y egoísmos, propios o ajenos, individuales o colectivos, junto al fiel acompañante de las peores soluciones: la violencia.

Hallaremos el equilibrio que permita insertar el debate de cualquier punto de vista, como herramienta fundamental en la solución de nuestras problemáticas constructivamente, sin segundos planos que pudieran convertirlos en algo estéril, o peor: destructivo. Sin esos lastres que nuevamente nos llevarían a intentar evadir el consenso y las soluciones óptimas, realistas, posibles y definitivas, o al inmovilismo, a seguir esperando señales o instrucciones “desde arriba” o “desde afuera” o a recrear otra dictadura “buena” en lugar de erradicar el peor flagelo de la cultura.

El rescate de esos espacios epistemológicos prácticamente invisibilizados en las voces de quienes deben tener su propia voz, participación y asumir compromisos supone el diálogo realista para el desarrollo desde acciones consecuentes en crear confianza, garantías y condiciones institucionales.

Donde todos los “ingredientes” de nuestro “ajiaco” al tirar cada uno hacia su lado al son de sus encontrados paradigmas, prejuicios y problemas acumulados, puedan visualizarse en su totalidad, percibirse de conjunto en el logro de los cambios necesarios con realismo, responsabilidad y por la única vía posible: el diálogo.

Sería una ilusión imperdonable e índice de falta de integridad pretender hallarnos un espacio de diálogo realista y abierto en lo global que antes no fuimos capaces de aceptar a lo interno del individuo o de la sociedad.

Concentremos nuestras energías en restañar las enormes heridas de parte y parte causadas por un periodo histórico muy difícil para nuestra querida Patria que debemos de una vez superar sin nuevos traumas.

Todo el sacrificio, la sangre, lo perdido, el dolor, el odio… habrá valido la pena solo si resulta capaz de llevarnos a esa convicción. Podemos seguir siendo burdamente manipulados o podemos tomar las riendas para ser parte de la solución y no víctimas de nuestros conflictos. Hemos de unirnos.

No hay caminos únicos en el desarrollo. Es necesario abrirnos con preparación a todo lo que se propone desde la globalidad. Como todos los pueblos, tenemos múltiples capacidades, ideas y alternativas por explorar, una gran riqueza. Tenemos las fortalezas necesarias para hacer realidad los más altruistas ideales de libertad e independencia, entendida en el profundo sentido de la paradoja martiana “Patria es Humanidad”.

La Filosofía, elemento esencial de toda cultura, está llamada a retomar su protagonismo, no en justificar o legitimar el actuar político, sino como guía general indispensable en el verdadero desarrollo social, científico-técnico y humano.

Referencias

1“En los sistemas de producción de la antigua Asia y de otros países de la Antigüedad, la transformación del producto en mercancía, y por tanto la existencia del hombre como productor de mercancías, desempeña un papel secundario, aunque va cobrando un relieve cada vez más acusado a medida que aquellas comunidades se acercan a su fase de muerte”. Karl Marx. El Capital. Tomo I. Edición en formato digital. “El fetichismo de la mercancía, y su secreto”.

2Antonio Gramsci (Ales, Cerdeña, 22 de enero de 1891, Roma, 27 de abril de 1937) filósofo, teórico marxista, político y periodista italiano.

 


Eladio Guillermo Hernández Rivera (La Habana, 1963).

Ingeniero Aerofoto geodesta, graduado en Novosibirsk, antigua URSS.

Ha trabajado en el Contingente “Blas Roca Calderío”, en los Órganos de la Administración del Poder Popular en Ciudad de

La Habana, Artemisa y Mayabeque y en la empresa GEOCUBA.

Actualmente se dedica a la investigación y al trabajo por cuenta propia.

Participó en el evento del Centro de Estudios Martianos en La Habana bajo el tema “Martí y la Espiritualidad” del año 2008 y en abril del año 2016, y ese mismo tema en el Museo Fragua Martiana, bajo el tema: “Martí y el Mundo Árabe”.