Debate Público

El fenómeno migratorio cubano: causa, consecuencias y soluciones

Dagoberto Valdés Hernándezv | 11 Agosto, 2016
Por Dagoberto Valdés Hernández
 
Foto tomada de Internet.

Foto tomada de Internet.

El fenómeno migratorio cubano, que dura más de cinco décadas, tiene sus características propias. Ante el debate que se ha suscitado a raíz de la última crisis de Centroamérica y el aumento las salidas por cualquier vía, ante el temor de la eliminación de la Ley de Ajuste Cubano, y los calificativos de migrantes políticos o económicos es necesario participar en dicho debate con la opinión de alguien que ha optado libremente por permanecer en su país.
Tipificación de la migración cubana: la causa
En primer lugar debemos hablar mejor de tipos de migraciones y no etiquetar a las personas individualmente, que por serlo son sujetos que gozan de igual dignidad y derechos por ello no son ilegales sino indocumentados. Y es siempre justo y necesario tener en cuenta, con la mayor objetividad posible, las circunstancias concretas que las impelen a escapar de su país con lo que esto conlleva de dolor y desarraigo.
En los sistemas totalitarios en que la economía está en manos del Estado, los declarados migrantes económicos, son también políticos, pues la política domina la esfera económica y todas las demás esferas de la vida. Si un día en Cuba cambiara el sistema político y cesara el bloqueo del Estado sobre la iniciativa privada y el emprendedurismo de los ciudadanos, se abrirían las oportunidades y los proyectos de vida aquí y Cuba volvería a ser como lo fue hasta 1959 un país receptor de migrantes.
Teniendo pues, determinada la causa profunda y esencial del flujo migratorio cubano durante más de cincuenta años, más que estimularlo consideramos que el gobierno cubano lo valora como una importante válvula de escape y un factor importante de estabilización interna. Por tanto le conviene el éxodo aún sabiendo que la nación se desangra, la población disminuye peligrosamente y el flujo migratorio es un elemento desestabilizador a nivel regional. Prefiere exportar el factor desestabilizador que erradicar su causa profunda y esencial con un cambio pacífico y estructural.
Las consecuencias
Para el gobierno cubano es un alivio político y económico; para la Isla un empobrecimiento constante y degenerativo. Para el gobierno cubano una solución a corto plazo, recurrente en el tiempo de severas crisis; para la nación una dispersión de generaciones y un desarraigo permanente que genera mucho dolor humano, desintegración de las familias, pérdida de talentos y capacidades emprendedoras, un severo daño antropológico y ese fenómeno al que Martí llamaba en otras circunstancias: “el alma que se desmigajaba por el país…”
Para el gobierno de los Estados Unidos es un peligro de desestabilización permanente que persistirá y se reinventará cada vez con formas más peligrosas, mientras nosotros, los cubanos, no solucionemos la causa profunda del flujo migratorio cubano: el sistema socio-político y económico cubano actual. Incluiríamos, también que constituye un factor de desestabilización para los gobiernos de la región, tal como se ha visto con la crisis de Centroamérica y la solución puntual promovida por Costa Rica, su salida y regreso de un sistema de integración regional y las posturas incoherentes de otros gobiernos de la región que, a la vez que reclaman los derechos humanos universales de sus migrantes, dan un portazo a los migrantes de la “otra” Cuba.
Las soluciones deben generarse en los dos pulmones
Tengo la convicción de que hay una sola nación cubana, que respira con dos pulmones que mantienen vivo a un solo cuerpo que trabaja, piensa, ama y reza desde las dos orillas. Sin ese pulmón de la Diáspora, sin esa porción de la nación que ha demostrado lejos lo que podía, puede y podrá hacer, con creces, en su propia tierra, es impensable la reconstrucción de la Cuba total, integrada al mundo, con su aporte propio, con su identidad reforzada por esa parte de la nación que, además de luchar y progresar, aportará esa visión abierta, global y moderna del mundo donde ha llegado y progresado sin olvidar a sus familias, sin secar sus raíces y sosteniendo en vilo, el alma nacional que parecía desmigajarse. Cuba es todo eso y todo el potencial y el espíritu bloqueado por el control del Estado en la Isla.
Nos referimos a esa inmensa y valiosa mayoría de cubanos que ha sabido beneficiarse, con su talento, integridad moral y duro trabajo, de las actuales leyes cubanas y norteamericanas que le permiten mantener su residencia y lazos familiares entre ambas orillas, entonces creemos que esa mayoría cualificada de cubanos y cubanas constituyen un capital humano decisivo en la reconstrucción de Cuba, una potencialidad de inteligencia, una fuerza laboral con entrenamiento en la sociedad competitiva del primer mundo, una comunidad madurada por el desarraigo y fecundada por una nueva concepción del patriotismo y la pertenencia profunda y espiritual a Cuba.
Esos cubanos, nos referimos a los que están actuando legalmente y de buena fe, están pidiendo un derecho que le corresponde. No así los que delinquen, se han desplazados a la marginalidad o son víctimas de vicios o estilos de vida asociales, generados por el daño antropológico que produce el totalitarismo, o por causas familiares o personales de otro tipo.
Nos parece, por otro lado, muy peligroso hacerle el juego a las maniobras descalificadoras de los causantes de la migración cubana, cuando se establecen oleadas homogéneas, las valoraciones maniqueas o los bloques monolíticos, de los migrantes considerados buenos y malos por el tiempo de llegada a los Estados Unidos. En todas las oleadas y en todos los tiempos la composición moral de todos los migrantes en el mundo entero es heterogénea y variable. Y si un factor hay que deterioró, en algún grado mayor, las oleadas recientes, es necesario identificar bien que es fruto de las siguientes causas vividas en la Isla: la desintegración social, la desarticulación de la familia, el déficit de educación ética y cívica, el limitado acceso a la vida religiosa, a la formación espiritual y a ese daño antropológico del que tanto hablamos y sentimos. Todas estas son provocadas por la misma raíz: el gobierno totalitario.
Para los que aspiramos a participar de muy variadas formas en la reconstrucción ética, cívica, espiritual, económica y política de Cuba, debemos asumir que esta es la Cuba real, no la que dejaron los primeros migrantes, no la que soñamos y alcanzaremos, con la ayuda de Dios y el esfuerzo de todos los cubanos. Con estos cubanos y estas heridas debemos contar, para comprometernos en un proceso de reconstrucción, de sanación, de regreso a la tierra de nuestros padres, de educación ética y cívica paciente y colosal.
Los cubanos daremos al mundo el testimonio de cuál fue la verdadera causa de nuestras crisis migratorias, daremos un ejemplo de nuestra capacidad de recuperación moral y de progreso humano integral. “El que viva lo verá” – como dijera el Papa Juan Pablo II al salir de Cuba en 1998.
Fórmula fatal e itinerario de soluciones
He aquí la fórmula fatal: En la medida que empeora la situación política, económica y social de los ciudadanos cubanos, en la misma medida aumentará la crisis migratoria de los cubanos por tierra, mar y aire.
En esta fórmula no tienen un valor directo e inmediato los acuerdos entre gobiernos. Mientras estos no tengan un impacto real y permanente en la situación económica, política y social de los ciudadanos cubanos que viven en la Isla la crisis seguirá. El aumento del flujo migratorio luego del 17D lo demuestran.
Lo que no significa para nada que no sean y consideremos beneficiosos los acuerdos, las negociaciones, los diálogos y el restablecimiento de las relaciones de normalidad entre los gobiernos, pero el factor determinante es la agilidad o la lentitud con que esos procesos de normalización lleguen a impactar en la vida cotidiana de los ciudadanos.
El itinerario de la solución al flujo migratorio crítico e imparable de los cubanos podría tener estas etapas interrelacionadas inextricablemente:
1- Difusión de la evidencia histórica de que Cuba fue un país receptor de migrantes hasta 1959.
2-Identificación y aceptación de la causa profunda y esencial del problema migratorio cubano: el sistema político, económico y social imperante después de 1959.
3-No echar sobre otros países, legislaciones o sistemas de vida, la responsabilidad de las migraciones cubanas.
4- Lograr difundir la causa verdadera para encontrar entre todos las soluciones definitivas, creando estados de opinión sobre esta realidad y acuerdos que tengan en cuenta la raíz del problema.
5- Trabajar juntos, los dos pulmones de Cuba: Isla y Diáspora, para llevar a buen término y sin recriminaciones mutuas y con la solidaridad de siempre, este itinerario de soluciones a la crisis migratoria.
6- Trabajar juntos, en los cambios estructurales dentro de Cuba para que cese la causa de las crisis migratorias: Nosotros somos y debemos ser los protagonistas de esta historia.
7- Trabajar para que los acuerdos, negociaciones y normalizaciones entre los gobiernos de Cuba, Estados Unidos y la región, tengan un impacto directo y rápido en la vida cotidiana de los cubanos y en la creación de nuevas oportunidades dentro de la Isla.
Comencemos ya, o continuemos, los que hemos decidido superar el lamento, estudiar el tema y buscar juntos soluciones beneficiosas tanto para el pueblo cubano, como para el pueblo norteamericano y los demás pueblos de la región. Hasta que Cuba vuelva a ser, como lo creemos, un país receptor de migrantes, y así poder corresponder en algo con la entrañable y gigantesca hospitalidad que han recibido generaciones de cubanos alrededor del mundo.
Dagoberto Valdés Hernández (Pinar del Río, 1955).
Ingeniero agrónomo. Premios “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007 y A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011.
Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007.
Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006.
Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años.
Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director.

Reside en Pinar del Río.