Debate Público

El origen del cambio

13 Diciembre, 2016

Por José Antonio de la Rosa Díaz

Hoy que tanto hablamos de cambios me propuse pensarlo mejor para redactar unas líneas como comentarlo diferente a vuela lengua, o sea a como hablamos entre conocidos sin hacer esfuerzo en análisis. Me propuseen esta ocasión, dejar a un lado las tendencias negativas como los acontecimientos de igual calibre. También deseché las voluntades personales negativas, el orden de necesidades, los estados de ánimo.

 

Por José Antonio de la Rosa Díaz

 

Foto tomada de Internet.

Foto tomada de Internet.

 

Hoy que tanto hablamos de cambios me propuse pensarlo mejor para redactar unas líneas como comentarlo diferente a vuela lengua, o sea a como hablamos entre conocidos sin hacer esfuerzo en análisis. Me propuseen esta ocasión, dejar a un lado las tendencias negativas como los acontecimientos de igual calibre. También deseché las voluntades personales negativas, el orden de necesidades, los estados de ánimo. Tan solo desarrollar un poco la idea de que el ser humano nace predispuesto al cambio y durante la vida cambiará muchas cosas en unión de otros y actuará así cambiando realidades para el bien común también en Cuba.

 

Los humanos nacemos codificados para liberarnos de limitaciones, satisfacer necesidades, superar la monotonía, elevar las perspectivas y alcanzar la trascendencia. Desde la cuna comenzamos a ponernos de pie, luego queremos cruzar la barrera que nos retiene. Después viene el emprendimiento del caminar aparejado al incipiente lenguaje para comunicarnos, donde la diferencia con otros seres vivos se acrecienta. En adelante pocas cosas nos detendrán, como también pocas podrán compararnos con animales. Tras esos cambios se desarrolla nuestro pensamiento, enriqueciéndose poco a poco de experiencia propia, de la familiar, comunitaria, social y de la humanidad toda en áreas del saber, en el quehacer y en la relación con los demás. De este modo surge y se refuerza la capacidad de soñar más cambios, de realizarlos en nuestra vida personal, interpersonal, socio-cultural, científica-técnica y religiosa por un mundo más humano todavía.

 

Recordamos el pasado, nos inquieta el presente, imaginamos el futuro. Buscamos la verdad. Somos quienes damos respuestas diversas al sentido de la vida, al medio que la rodea o aquello distante que se percibe aunque todavía no sea realidad. Vivimos en la finitud donde la infinitud del espacio y la eternidad provocan una tensión emancipadora a la vida cotidiana. Pero nuestro proceder en el cambio es fruto de otro ingrediente increíble que nos acompaña, la libertad. Por eso no son pocos quienes dicen que está actitud humana por el cambio, por la evolución, significa que nosotros estamos creados para la liberación.

 

La libertad es quizá nuestro privilegio más indescriptible pero más comprometedor en los cambios porlavida más humana. Pues la mayoría de las decisiones están vinculadas a una exigencia muy dinámica necesitada de escoger, proponer, buscar, saber, disfrutar… la cual nos puede conducir al acierto o al error, pero no nos detiene, por el contrario, impulsa a más.

 

La historia de la humanidad refleja la ruta de múltiples transformaciones sobre un mundo donde nadie es tan elocuente para comunicar su naturaleza cambiante como lo hace el ser humano. Evidencia que, sobre todo para quien tiene fe en Dios, también significa la herencia de un gen divino en el ser humano. Deducción que por otro lado nos revela no poner límites a las personas ni anatemizar al prójimo, cuando, en materia de libre expresión o conciencia deciden, para bien, subir la parada de cambiar cosas que en el pasado fueron novedoso relevo de otras.

 

Ahora, un enfoque de estas ideas hacia el campo político-socio-cultural de Cuba, indica que los cambios que aquí se realizan hoy o los que soñamos, proceden todos del mismo origen, de nuestra naturaleza y están más allá de ser simplemente para la igualdad de género o buenas relaciones con las iglesias o con los Estados Unidos. Tampoco son fruto de planes malévolos, ni diabólicos, ni fruto de las componendas de un imperio extranjero. Los cambios que soñamos proceden todos de nuestra naturaleza. Se trata, porque hablo de todos, de más alternativas para mejor realidad de vida en nuestro país. Por tanto, no hay un sistema, no hay un final político diseñado que pueda llamarse meta u objetivo de este pueblo, porque entonces sería una barrera a la naturaleza humana. En esto no hemos cambiado, el ser humano continúa su proceso desuperar barreras, es la humanización.

 

Me apego a otras muchas personas al decir que hoy debemos reforzar el contagio de los cambios en Cuba con la inclusividad de todos, con el diálogo entre todos. También entre todas las instituciones e instancias que proponen o sueñan alternativas para mejorar la vida. Por tanto, no entiendo a esta altura del silo XXI que se continúe desconfiando o marginando a comunes ciudadanos por querer modificar la realidad socio-política de Cuba. Ni que se pretendan cosas nuevas rechazando, a ultranza, realidades de bien común incorporadas en estos últimos sesenta años.

 

También me integro a criterios predecesores sobre el deber de buscar consensos que no signifiquen unanimidad ni uniformidad, pero sí unidad. Porque el camino, si hay justicia y respeto por los derechos humanos, será que entre todosrespetemos nuestra diversidad de alternativas de cambio. Así se minimizan errores, así garantizamos lo mejor que, sin ser definitivo nunca, será lo más racional posible. A nuestro favor hay mucha solidaridad como múltiples experiencias de la humanidad por aportar al ajiaco social cubano. No debe frenarnos al respecto las propagandas contrarias. Ellas son el exceso, los sobrantes o rebabas que conmueven o frenan a muchos. No bastan tampoco los cambios ofrecidos de forma unilateral. Hay que escucharlos, ciertamente valorarlos también, emprender lo útil. Pero lo mejor está aún por venir, todavía falta mucho sobre la mesa, donde debe haber de todospara toda la familia cubana.

 

Las personas somos modificadores del entorno, de la realidad socio-política, incluso de tradiciones religiosas. Pues todos estos son medios no son fines de la humanidad. De este modo, según el origen del cambio, no de las especies, la solución no es apartar, no es descartar sino participar juntos. Por ello la mejor justificación, la más auténtica, la creíble, es la de estar abiertos a nuestra diversidad de pensamiento de evolución sobre los contextos sociales, culturales, políticos y económicos. Nuestra naturaleza está diseñada para el cambio y para esto ha creado también variados mecanismos que logran que, la voluntad de tanta diversidad no sea un caos sino una riqueza, no sea una traición sino un principio altruista.

 

José Antonio de la Rosa Díaz (Guanajay, 1966).
Electricista.
Actialmente es trabajador por cuenta propia como reparador
de equipos electrónicos.
Es miembro del Consejo de Redacción de El Pensador.