Cultura

EL MéTODO BUMPING

Danilo Vega Cabrera | 16 Diciembre, 2018

“Reserva”. 132 x 175 cm. Acrílico sobre lienzo.

Es curiosa la manera en que Mayling Hernández juega con la noción de fotorrealismo pues, por un lado, muestra una fotografía descarnada apenas intervenida, casi virgen, para cumplir así con esta expresión y, por otro, manipula la imagen fotografiada hasta el punto que dudamos de su veracidad: ¿será realmente una foto? ¿o una pintura hiperrealista? (…) no satisfecha con tales polaridades, en otras obras oculta la fotografía hasta desaparecerla y convertirla en acrílico puro, en “pintura” saturada de fuertes colores. ¿Fotografía o pintura en expansión, nos quiere decir? Creo que ni una cosa ni otra, sino alertarnos sobre lo real, sobre lo imaginario, al explorar territorios históricamente sólidos y legitimados por la Historia

del Arte que ella hace palidecer sobre nosotros. (…) Dudas, ambigüedades, sospechas, son sus armas más preciadas en los inicios de su trayectoria artística.

Nelson Herrera Ysla: Mínimo discurso sobre el método (septiembre de 2014), palabras a la exposición “El método bumping”, Cienfuegos.

“El método bumping“ es una exposición que se recepciona mirando constantemente la información de los pies de obras.

Encontramos en estas fotografías impresas sobre lienzo e intervenidas con pintura acrílica, pero, ¿por qué nos vemos tentados a comprobar una y otra vez la técnica?, ¿dónde se encuentra la seducción de la sospecha? Son estos algunos de los cuestionamientos comunes ante las “duplicidades” que propone la artista, sin dudas abocada a confundir, a generar equívocos […] puede rozar el hiperrealismo, aunque la depuración de sus fotografías nos lleva necesariamente a la sospecha, a la caza de su pincelada. Los motivos visuales de esta creadora buscan sobretodo las continuidades, de ahí que las obras pretendan acercar, mediante elementos coincidentes, zonas en apariencia distantes.

[…] los objetos se maximizan para dotarlos de una gestualidad peculiar y volcar sobre ellos una cientificidad que los coloca en una suerte de probeta, en el ojo del huracán. De ese modo el trasiego entre fotografía y pintura conecta con dicha fluctuación objetual, no exenta de ironía, de interrogantes producidas por la ausencia de certezas […] para recrear una alegoría que discursa sobre fenómenos inevitablemente circunstanciales.

Maeva Peraza y Gretel Acosta: “Abrir las puertas: el método de Mayling Hernández” Noticias de Artecubano No. 10/2014

“El método bumping” lo descubrí en Cienfuegos en los últimos meses de 2014, a través de la exposición de Mayling Hernández Monzón (Santo Domingo, Villa Clara, 1987) en el Centro de Arte de esta ciudad y que ahora traemos a Santa Clara. La museografía allá dispuso al inicio las obras que con más claridad eran fotografías impresas sobre lienzo con algunas intervenciones. El público, mayoritariamente –en una ciudad en que todo pretende ser tan chic- quiso tomarse fotos al lado (o delante) de dos acrílicos quizás ubicables en los extremos codificados de la fotografía y la pintura: “Luz propia” y “El mejor ángulo del cielo” (la sicodélica Hope).

Porque al público promedio lo que interesa es solo que son pinturas bonitas y a lo sumo, intentará dilucidar si cada pieza es pintura realmente o es fotografía. Pues el planteamiento conceptual de Mayling –articulado en calidad de método (y en lo que evidentemente veo cómo la dualidad contenido y forma parece obligada a permanecer en nuestros análisis)- toca de cerca tanto el tópico de la representación cuanto las posibilidades semánticas de lo visual. Esta propuesta movida entre las aguas del ilusionismo pictórico y del verismo fotográfico, se concreta por un lado en la pura representación en que el espectador llega a cuestionarse las tramas de lo “real”, ese concepto a ratos también movedizo, más aún en una sociedad que construye de continuo verdades a partir de lo que en un principio pueden ser solo espejismos. Mas, desde otro ángulo, hablamos de una interpretación visual de la realidad dialogante con el contexto, con referencias ya inmediatas o universales (no creo que solo con “fenómenos inevitablemente circunstanciales”, de hecho me parecen asuntos más esenciales que contingentes); hablamos de la posibilidad de no ser metáfora vaciada de sentidos polisémicos para los posibles o presumibles significados, de la posibilidad de reflexionar sobre el hombre y (¿por qué no?) sobre la hora de esta ínsula sin siquiera mencionarla.

Es claro que en el hiperrealismo de los fotorrealistas del siglo pasado. Mayling encuentra un antecedente con posibilidades para un método muy basado en la continuidad, en lo expandible, en la absorción misma de un medio por otro. La Wikipedia que tengo a mano aclara que el “método bumping”, muy popular hoy para el cerrajero y para el delincuente, en general, consiste en abrir cerraduras mecánicas sin forzarlas, presionando la llave con un objeto de modo que se desbloquean los cilindros de la cerradura y se abre la puerta. Es la posibilidad entonces de que la creación abra cualquier cerrojo. No obstante, cuando el crítico Herrera Ysla anotaba que “El método bumping” se presentaba “a un público que poco a poco comienza también a dudar de todo lo que ve en este siglo XXI”, creí entender que todo eso tenía más que deberle a Jean Bauddrillard y su teorización de la hiperrealidad, que a las frías imágenes de los hiperrealistas devotos de la foto. Una hiperrealidad referida a un fenómeno circunstancial y episódico que el hiperrealismo: la gente puede empezar a dudar de lo que ve cuando la realidad, o los objetos del mundo en sí, empiezan a ser sustituidos por modelos, imágenes o discursos sobre ellos. Cuando importan más las sobreabundantes representaciones de las cosas que ellas mismas. El teórico francés hubiese escrito para este magnífico conjunto de catorce obras, las palabras vertidas en el año 2000 sobre la ilusión y la desilusión estética, a fin de que el método de Mayling adoptase, a partir de la probemática de la representación, una referencia o analogía plausible con su tiempo: “todas las formas de arte de un mundo indiferente están marcadas con el mismo estigma de la indiferencia. Sin embargo –nos sigue diciendo Baudrillard-, esto no es ni una condena  ni una denegación, sino simplemente el estado actual de las cosas. Una pintura que sea aunténtica tiene que ser indiferente a sí misma para poder reflejar un mundo indiferente. Entonces, el arte en general vendría a ser el metalenguaje de la realidad.”

 


  • Danilo Vega Cabrera

Crítico de arte.