Cultura

REDESCUBRIÉNDONOS A TRAVÉS DE MARX

Lissy Sarraff Mirabal y Eladio Guillermo Hernández Rivera | 12 Agosto, 2017

Karl Marx. Foto tomada de Internet.

“Las metáforas teológicas de Marx” es de esas obras que valen el sacrificio para acertar sobre algunas relaciones semíosicas fundamentales. Tomándonos la licencia de ampliar un punto las denominaciones originales de Dussel, dichas relaciones pueden definirse entre metáfora-modelo, fetiche-objeto y alter endótico-sujeto social. Incluso el papel de la abducción se hace notable en el análisis y síntesis de nuevas hipótesis, diversas y alternativas, a los saberes mejor establecidos en nuestros imaginarios.

Facilita transitar a problemáticas que rebosan el mero análisis de la obra de Marx en su papel a la conformación de la posmodernidad, contenido sin dudas mucho más interesante en plenitud y actualidad, donde no escapan tampoco contrastes y analogías entre márgenes de las semióticas de Seasure y Peirce.

Con lógicas comparativas inter-textuales Dussel logra extraer modelos compartidos entre saberes deudores entre sí, en una relación negada y hasta oculta en el discurso formal de sus análisis por separado donde se implican varias corporalidades teóricas que al punto parecían mutuamente excluyentes como la religión cristiana y el marxismo, o este último y el pensamiento occidental considerado más conservador.

El componente comunicativo informal que devela Dussel, como una especie de lenguaje extra-verbal implícito a lo largo de la extensa obra del autor de El Capital, debe, sin embargo, ampliarse, integrarse de otros factores contextuales, a contrastar en interpolaciones hacia la actualidad para continuar esclareciendo sus posibles significados para nosotros. Tarea con un importante antecedente en el pensamiento martiano, donde emerge una semiosfera más sencilla, y un mundo amplio e interconectado, coherentemente lógico, “otro” universo aún prácticamente desconocido pero común a todos.

Su prolongado letargo frente a nosotros, invisible entre mediaciones, escolasticismos, jerarquías, controles y disciplinamientos sin dudas calan en nuestras percepciones sobre el hombre, la sociedad, el arte y mas allá; oculto en el inconsciente colectivo e individual. Existe, sin embargo, ese mundo a la espera, enviándonos extraños pensamientos, sensaciones de carencias y vacíos, invitándonos a revivir la búsqueda muchas veces abandonada de nosotros mismos en nuevas espirales de desarrollo de autoconciencia.

Las transformaciones simbólicas que estamos viviendo en Cuba son un ejemplo de algunos de aquellos significados válidos no solo para los paisanos, sino también para otros espacios físicos o epistemológicos, donde el tedio de lo cotidiano o tradicional, la mera comodidad, el miedo a perderla, o las ansias por las ajenas, sin contar tradiciones de diverso tipo, pueden embotar la percepción de inmovilismo, escamotear la recesión de pensamiento de real desarrollo propio o, lo que es lo mismo, cobijar el anquilosamiento de prejuicios. Doquier es posible y necesario trabajar para intentar el acercamiento a otra semiótica, vista en toda su amplitud.

Aunque la motivación de Dussel se nos antoja un tanto indirecta, inspirada fundamentalmente ante el clima de incertidumbre reinante tras la “caída del muro de Berlín” entre amplios sectores de pensamiento, tendencias y movimientos “revolucionarios” en la arena internacional.

Un tanto en paradójica relación hacia quienes han logrado revolucionar al mundo en la praxis, considerados más “conservadores” que para nada podemos excluir en nuestros diálogos y análisis, ni considerarlos menos “revolucionarios”, ni menos realistas, que quienes manifiesten propuestas de nuevos cambios en lo adelante, o lo hayan hecho en el pasado reciente, porque el “otro” ni ha estado, ni estará cruzado de brazos.

En todas las vertientes del pensamiento humano actual la influencia del marxismo, es algo que comenzamos a abordar desde nuestro artículo anterior concluyendo sobre su constitución simultánea como una especie de religión secular, teoría emancipadora de la “clase obrera” y pilar de la sociología estructuralista del pensamiento considerado más “conservador” de Occidente. Pudiéramos adicionar que el marxismo concentra todos esos ingredientes de nuestras actuales sociedades de control y en la praxis ha demostrado sus fortalezas y vulnerabilidades para la vida social, más evidentes tras la caída del muro, no solo en Berlín, asunto, solo a veces, pendiente de reconocimiento.
De momento, los estudiosos del marxismo nos debemos una explicación de la obra de Karl Marx en el contexto de las hegemonías globales hasta finales del siglo XIX, en el contexto de esas oscilaciones entre lo que sería a la postre Francia, Inglaterra y Alemania, como nuevas potencias hegemónicas emergentes a la decadencia de los grandes imperios centenarios: Español y Otomano; el auge de los movimientos independentista y protestantista, al desgaste de los paradigmas religiosos del Medioevo Tardío, fundamentados sea en el cristianismo o en el islam y las crisis de secularización; así como el auge de la Ilustración y las revoluciones científico-técnicas marcadas por la incipiente industrialización.

Un momento histórico crítico sobre el que coinciden infinidad de visuales muy importantes, algunas de las cuales hemos comenzado a establecer al caracterizar a pensadores como Peirce y Martí. Estos a diferencia de Marx, nos aportan la mirada del observador más periférico, considerando que hasta ese momento el centro hegemónico global permanecía aún dentro de Europa, siendo disputado largamente a la institucionalidad de la Iglesia Católica, según es perfectamente palpable a partir del predominio de sus mediatismos:

1. La monarquía católica en España.2. Las bulas papales, en lo poco o mucho que se ha publicado sobre estos documentos, donde podemos darnos cuenta del papel de la Iglesia Católica hasta finales del siglo XVIII en el trazado del mapa geopolítico global.3. La Inquisición.4. El trabajo de diversas órdenes religiosas de la Iglesia Católica a escala global.5. La constante asistencia a los Estados Pontificios por las hegemonías europeas.

La necesidad de renovación en las lógicas de globalidad románico-europeas reafirmadas por la Hispanidad Católica a finales del siglo XV, no podía estar completamente ausente en la obra de Marx, como remarca Dussel, no menos bien impregnada a través del protestantismo luterano. Sin embargo esas aristas solo emergen a través del análisis semiótico, como se vislumbran en su obra, entre contraposiciones formales que se constituyen como una especie de disfraz para el tradicional afán conquistador adaptado ante aquellos “nuevos” tiempos.

En el fondo de los saberes de Marx hallamos, idéntica, la lógica hegemónica del “divide e impera” y los mismos mecanismos de su construcción que se heredan sucesivamente desde la Antigüedad Occidental y en los que es necesario asentarse para estar en condiciones para la re-construcción y re-significación de nuestro Occidentalismo.
Entonces hemos de ser capaces de volver al año 0, como el punto donde comenzamos cuentas nuevas para la “historia”. Es necesario recuperar el modesto manto del Cristo abandonado a suerte de un juego entre soldados, a devolver como Quijotes aquel raído disfraz conquistador, a detener martirologios milenarios.

Reconocer justamente los aportes de aquellos abuelos romanos de quienes somos deudores gracias al carácter fluido de la cultura, el de nuestros andaluces por su sangre de moros y cristianos, su fecunda tolerancia que se hizo Hispanidad y Primera Luz para una Europa Moderna. Son esos los marcadores de las raras cartografías epistemológicas indispensables al Hombre, que aún ha de descubrir su Nuevo Mundo, y no perecer.

Las propuestas teóricas de Marx, pesen a quien le pesen, solo permitirían posicionarse en supuestas ansias de construir una sociedad perfecta desde criterios predeterminados. Negarían la posibilidad de un desarrollo fruto de la participación de toda una Humanidad, ciertamente diversa, pero con capacidad real de integrarse paulatinamente y reorientarse hacia sus más elevados valores, capaz de erigirse sobre sus prejuicios de poder y violencia de una u otra forma. Sueños viejos, es verdad, pero que en las condiciones actuales quedan sin alternativas aparentes, como único margen a la más cruda realidad.

Lissy Sarraff Mirabal (La Habana, 1962). 

Ms. C. Universidad de las Artes, ISA. 

Licenciada en Educación Artística, especialidad Artes Plásticas. 

Artista Independiente e investigadora etnocultural. 


Eladio Guillermo Hernández Rivera (La Habana, 1963).

Ingeniero Aerofoto geodesta, graduado en Novosibirsk, antigua URSS. 

Ha trabajado en el Contingente “Blas Roca Calderío”, en los Órganos de la Administración del Poder Popular en Ciudad de La Habana, Artemisa y Mayabeque y en la empresa GEOCUBA. Actualmente se dedica a la investigación y al trabajo por cuenta propia. 

Participó en el evento del Centro de Estudios Martianos en La Habana bajo el tema “Martí y la Espiritualidad” del año 2008 y en abril del año 2016, y ese mismo tema en el Museo Fragua Martiana, bajo el tema: “Martí y el Mundo Árabe”.